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Repudiamos la convocatoria de
Juan Carlos Blumberg
Una Plaza reaccionaria
La convocatoria de Juan Carlos
Blumberg a la Plaza de Mayo para “pedir seguridad”
polarizó el escenario político. Por un lado, aglutinó a
la oposición burguesa al gobierno, incluyendo la derecha más
rancia y oportunistas como Castells; por el otro, salió
D’Elia como vocero “extraoficial” de Kirchner a
pegarle al empresario. Pero entre ambos “contendientes”
de los de arriba, empezó a generarse una saludable
respuesta de parte de sectores afectados por la “mano
dura” y el gatillo fácil. Todo esto muestra que el de la
seguridad, como cualquier otro problema social, no es
“ajeno a las ideologías”: todo depende del cristal de
clase con el que se lo mire.
En
una coyuntura signada por una baja de los conflictos obreros
y populares, y que tenía como principal tema de la agenda
política el lanzamiento anticipado de la campaña
electoral, Blumberg volvió a escena ayudado por el comienzo
del juicio oral por el secuestro y muerte de su hijo. Con la
manija de los medios más reaccionarios y el respaldo homogéneo
de todas las fuerzas de derecha del país, Blumberg convoca
a reclamar “seguridad” por primera vez a la Plaza de
Mayo, en un gesto significativo.
El
ingeniero empresario intentó despegarse de toda
intencionalidad política porque, dijo, “la seguridad no
tiene ideología, no es de derecha ni de izquierda”, y negó
que la marcha fuera contra Kirchner. El gobierno respondió
de dos maneras. El jefe de gabinete, Alberto Fernández,
hizo una aséptica declaración de que “todo el mundo
tiene derecho a manifestarse” y que al gobierno “no le
molesta” la convocatoria. Por otro lado, el subsecretario
de Tierras para el Hábitat Social y ex piquetero Luis D’
Elía salió con los tapones de punta contra el ingeniero y
contra la marcha, incluso amenazando con hacer una
“contramarcha”. Para D’Elía, la marcha será
simplemente el acto de lanzamiento de la candidatura de
Blumberg.
Una
vez lanzada la iniciativa, logró polarizar a todo el arco
político y social: no hubo partido, organización social o
movimiento que no saliera a sentar posición a favor o en
contra de la marcha. Esta vez, a diferencia de la marcha de
Blumberg en 2004, que contó con la presencia del PO, salvo
el MIJD de Castells –con argumentos insostenibles– toda
la izquierda se pronunció contra la asistencia. Desde el
MAS, queremos desarrollar por qué consideramos esta
convocatoria completamente reaccionaria y hay que
repudiarla.
El contenido de la marcha: Plaza K versus Plaza de
derecha
La
movida de Blumberg no tiene, por supuesto, la
“inocencia” política que trata de mostrar el ingeniero.
Tampoco tiene el simple carácter de acto electoral que le
adjudica D’Elía. Sin embargo, es cierto que hay una
diferencia con la marcha de las velas de abril de 2004 y
otras posteriores.
En
efecto, en ese momento Blumberg era una figura estrictamente
“social”, aunque su perfil, su origen de clase y sus
propuestas eran desde el inicio burguesas y reaccionarias
hasta la médula. Hoy, después de haber recibido
ofertas de Macri y López Murphy para ser candidato a
gobernador bonaerense y después de dos años de trajinar
los medios, la figura de Blumberg es más “mixta”:
tiene un perfil ya no sólo social sino también político,
aunque por ahora no se identifique con ningún partido.
El
propio Blumberg abonó ese doble perfil, cuando
declaró que no tenía intención de pensar en
candidaturas... hasta el fin del juicio oral (que será
relativamente pronto), lo que lógicamente todos entendieron
como una voluntad de lanzarse a la política partidaria
inmediatamente después.
Esto dio pie a
que todos los partidos y espantajos de derecha se
encolumnaran detrás del ingeniero, que le da un barniz de
“representante de las víctimas de un problema general de
la sociedad” a lo que empieza a transformarse en un
tramado político en el sentido estricto del término. Así,
Blumberg aglutina el apoyo de figuras “no directamente políticas”,
desde Bernardo Neustadt hasta Cecilia Pando, pasando por
militares retirados y nostalgiosos de la dictadura militar,
hasta Luis Patti, Macri, Lopez Murphy, el Partido Demócrata,
el nazi Alberto Asseff, Patricia Bullrich y personajes políticos
por el estilo. Ahora resulta que hasta Lavagna, aun sin
concurrir, apoya la marcha.
Desde
el punto de vista de la concurrencia, ya se pueden prever
algunos cambios. Por ejemplo, algunos de los que
ingenuamente respaldaron a Blumberg porque “querían
seguridad” ya se desasnaron, mientras que muchos sectores
de clase media alta y alta que odian a Kirchner y el
“estilo K”, se sumarán a la marcha esencialmente por
adhesión a lo que Blumberg representa social y políticamente,
incluso más que por el reclamo de seguridad (que también
comparten).
Por otra parte, a nadie se le escapa que una
convocatoria importante tendría una lectura y una proyección
políticas inmediatas. Las comparaciones entre la “Plaza
K” del 25 de mayo y la “Plaza opositora” del 31 de
agosto serían inevitables, sobre todo si se llegan a juntar
las decenas de miles de personas que se esperan. Y aunque
Blumberg seguramente no hará anuncios de candidaturas, una
Plaza llena sin duda le garantizaría un lugar en el armado
de una coalición electoral burguesa anti Kirchner.
Ésa
es la primera razón por la que la convocatoria es reaccionaria:
forma parte de un operativo político –aunque por ahora no
estrictamente electoral– de conformación de una
alternativa patronal de derecha a Kirchner. Enseguida
pasaremos a la segunda razón, que es el contenido de sus
propuestas “sociales”, al problema de la falta de
seguridad.
Ni Blumberg ni Kirchner
A Blumberg y a quienes lo apoyan les conviene
presentar la cuestión de la inseguridad como algo que
“nos iguala a todos”, porque “somos todos
ciudadanos” y “el crimen nos afecta por igual”.
Pareciera que se trata de encontrar una sola y la misma
salida para toda la sociedad.
Pero
en una sociedad dividida en clases, no hay propuestas
sociales que dejen contentos a todos. El “miedo” que
dice tener Macri a caminar por las calles porteñas no es
el mismo que el de un joven del Gran Buenos Aires que va
a bailar un sábado. Por otra parte, la “mano dura”
–con leyes votadas hace dos años a instancias de las
marchas de Blumberg– no sirvió para bajar los índices de
delincuencia, cuyo origen es mucho más profundo que la
escasez de policías con licencia para matar que pide la
derecha. Incluso –lo que es menos conocido– Elisa Carrió
reclama un plan de seguridad copiado del archireaccionario y
racista programa de “tolerancia cero” del ex alcalde de
Nueva York Rudolph Giuliani.
También
a lo largo de estos años hemos escuchado desde el gobierno
decir que “la seguridad no es de izquierda ni de
derecha”. Y el oficialismo llevó adelante e hizo votar
muchos de los reclamos de Blumberg en el Congreso. Esta es
la razón por la cual organizaciones como las “Madres del
dolor” no son más que una utilización del sentimiento
de los familiares que la integran al servicio de
los intereses de un gobierno que es garante y legitimador
de las razones de fondo de la “inseguridad”: la
persistencia de los niveles de pobreza y exclusión social
característicos del capitalismo semicolonial argentino
Sin
embargo, ha sido auspicioso que en medio de la polarización
creada por la marcha haya ocurrido un hecho nuevo: emergió
una respuesta desde el sector social afectado por “la
otra” inseguridad que, aunque no se delimita
expresamente del gobierno K, aparece como bastante
independiente. Se trata del rechazo a la
“inseguridad” de la impunidad represiva, del gatillo fácil
y la corrupción policial y judicial. A diferencia de otras
asociaciones, se trata de un grupo de familiares de víctimas
de la violencia policial y estatal que salió a
confrontar duramente la marcha y los argumentos de Blumberg,
mediante una solicitada y apariciones en los medios.
Muestra que es posible pensar una “política de
seguridad” distinta a la del gobierno K o a pedir “más
policía”, “más cárceles” y transformar el paisaje
social en una gran penitenciaría o un barrio cerrado.
En
el texto firmado por los familiares de Natalia Melmann,
Miguel Bru, Ezequiel Demonty, Mariano Wittis y otras víctimas
de la inseguridad causada por las fuerzas de seguridad y la
desidia estatal, se hacen consideraciones más serias para
abordar el problema que la histeria asesina de los ricachos
capitaneados por Blumberg y de algunas franjas populares a
los que logran confundir. Reproducimos algunas de ellas:
“La
violencia que condiciona nuestra sociedad tiene orígenes
mucho más profundos y complejos que la visión utilitaria
con la que se quiere tratar el tema en estos días (...)
queremos recordar que la policía de mano dura llenó de
cuerpos las calles y probó que no es la solución, es parte
del agravamiento del problema (...) ¿De qué sirve aumentar
las penas si las cárceles son depósitos de personas y
terminan siendo una universidad de delincuencia y degradación
humana? La solución está del lado de la educación, la
recuperación y la reinserción de quienes han delinquido.
(...) Los primeros en entrar y salir de las cárceles son
los poderosos comprando voluntades (...) dando el ejemplo de
que es posible violar la ley impunemente. Cuando se habla de
menores, ¿no deberíamos empezar por preguntarnos qué
hacen en la calle en lugar de la escuela? (...) Si queremos
hablar de seguridad, hablemos de políticas de Estado que
abarquen la educación, la salud, la igualdad de
oportunidades, la asistencia a la niñez en peligro, trabajo
para sus padres y vivienda para sus familias (...) Este es
un camino largo y arduo, pero es el único camino que toda
sociedad humana debe asegurar para todas y todos, Vale la
pena, porque la próxima víctima puede ser tu hijo”.
Una posición independiente
Desde
el MAS queremos subrayar que es precisamente el cumplimiento
de todas estas premisas lo que no está en la agenda no ya
de Blumberg, sino tampoco de este gobierno. Porque
Kirchner prefiere coquetear con el ingeniero y votarle las
leyes que pide antes que cortar de manera efectiva –no en
los discursos, sino en los hechos– la continuidad de la
política represiva de las fuerzas de seguridad. Y esto es
parte de la lógica profunda de un gobierno que se dice
“defensor de los derechos humanos”, pero que deja intactos
los criterios y la formación del aparato represivo del
Estado. Pero además, porque en la Argentina K, donde la
distribución de la riqueza es la más injusta que se tenga
memoria, mal se pueden resolver muchos de los problemas que
están en la base de la “inseguridad”.
Por
lo tanto, no hay que embanderarse con uno u otro sector
patronal: ellos dirimen intereses que no son los de los
trabajadores y los sectores populares. En el terreno de
la “seguridad”, también, hay que construir una posición
independiente: es decir, desde los intereses de la clase
trabajadora.
¡Repudiemos
la marcha reaccionaria de Blumberg y la derecha!
¡Disolución
de la corrupta y represora policía y todos los aparatos de
seguridad!
¡Basta
de seguridad privada para privilegiados!
¡Que
la seguridad de los barrios populares pase a manos de los
vecinos y trabajadores!
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