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Ante
la constituyente pactada
Por
una Bolivia Socialista, Obrera, Originaria,
Campesina y Popular
Como
no podía ser de otra manera, días atrás fue anunciado que
durante el trabajo de la Asamblea se garantizará el
“funcionamiento de todos los poderes del Estado”: es
decir, el actual parlamento y demás instituciones del régimen
político seguirán operando normalmente. Otro ejemplo de
que estamos frente a una constituyente “derivada” y de
ninguna manera “fundacional”, como insistió en su
propaganda electoral el MAS de Evo Morales.
El
debate que instala la Constituyente –a pesar de sí
misma– es precisamente el de la futura conformación del
país. La burguesía “Camba” del Oriente quiere la
continuidad lisa y llana del neoliberalismo de los 90 y
garantías al control monopólico de la renta gasífera y
petrolífera mediante un régimen de “autonomías”. Evo
Morales, por su parte, a lo más que aspira es a la
introducción de tibias reformas que no cuestionan el carácter
capitalista y opresor de la república fundada en 1825. Toda
su trampa política consiste en otorgar formalmente
derechos a la población originaria, declarando al
Estado “multietnico” y/o “multinacional”, pero que
en ausencia de transformaciones económico-sociales de
fondo, no podrán ser realmente aprovechadas. Si hay un
principio sagrado que la Constituyente no va a cuestionar es
el de la propiedad privada.
En
estas condiciones, hay toda una serie de organizaciones e
instituciones originarias que cuestionan el hecho de que no
se va a declarar el estado como Estado Aymará, denunciando
que, entonces, la reivindicación originaria está siendo
utilizada en forma “demagógica” y que la opresión va a
continuar.
Por
nuestra parte, está claro que no levantamos programáticamente
ninguna de las perspectivas anteriores: creemos que la única
perspectiva correcta es la de una Bolivia Socialista,
Obrera, Originaria, Campesina y Popular, que respete el
incondicional derecho a la autodeterminación de los pueblos
originarios, en la perspectiva de la lucha por la
Unidad Socialista de Latinoamérica. Es decir, una
perspectiva no de imposible retorno romántico al
Tiwantinsuyu (área ocupada antiguamente por la población
indígena durante el imperio de los Incas), sino el avance
en un camino anticapitalista y socialista de desarrollo de
las fuerzas productivas del país en manos de sus
trabajadores y trabajadoras.
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