Socialismo o Barbarie, periódico, Nº 84, 07/08/06
 

 

 

 

 

 

Bolivia: Después de las elecciones del 2 de julio

Hacia una constituyente pactada que no va a resolver los problemas populares

Presentamos a continuación el editorial de un nuevo número de Socialismo Revolucionario, periódico de nuestros compañeros de Socialismo o Barbarie Bolivia. Si bien han pasado dos semanas desde que fue escrito, conserva toda su actualidad en este período previo a la instalación de la Constituyente.

El domingo 2 de julio los bolivianos han elegido a los representantes para la Asamblea Constituyente (AC) y se han pronunciado respecto al Referéndum Autonómico (RA). Los resultados de la votación han determinado la configuración de la futura AC y han dividido al país en lo que hace a las autonomías regionales, imponiéndose el NO nacionalmente, aunque el SI resultó ampliamente triunfador en Santa Cruz, Tarija, Beni y –más moderadamente– Pando.

En lo que hace a la elección de asambleístas, se ha mantenido la tendencia de las elecciones del pasado 18 de diciembre: ciertamente, la expectativa social que ha llevado a Morales al gobierno se ha mantenido e, incluso, profundizado, “nacionalización” parcial y tramposa del gas mediante. Así, el MAS ha logrado imponerse holgadamente, transformándose en el único verdadero partido nacional. Esto, sin embargo, no le alcanzó para obtener el porcentaje esperado.

Es que el gobierno de Morales logró 135 de los 255 asambleístas (por circunscripciones pluri y uninominales), correspondiente a un importante 60% de la votación y a alzarse con el triunfo en 7 de los 9 departamentos. Sin embargo, reiteramos, quedó lejos del plebiscitario 70 u 80% que pidió y se propuso alcanzar. De ahí la “cautela” que parecía predominar en su comando electoral en las primeras horas del escrutinio.

Podemos, de Tuto Quiroga, hizo una muy mala elección, con una enorme caída respecto de la presidencial a sólo el 15% de los votos, sufriendo en carne propia (entre otras cosas) el actual apogeo de popularidad del que goza el gobierno. Aun así se alzó con más de 60 asambleístas, como producto del pacto de “sobre-representación” de las minorías oligárquicas firmado previamente con el gobierno. También obtuvieron representantes Doria Medina, el MNR, el MIR y otra miríada de partidos o fracciones burguesas menores.

En lo que hace al Referéndum Autonómico, la sumatoria de los votos a nivel nacional muestra al NO habiéndose impuesto con un 56% frente al 43% del SI. Sin embargo, en la medida que el SI ganó ampliamente en Santa Cruz, Tarija, Beni y –no tan holgadamente– en Pando, estas regiones ya han puesto sobre la mesa que quieren, como primer punto, que la AC sancione el nuevo régimen para ellas.

Constituyente pactada

A pesar del holgado triunfo electoral del MAS, éste se verá obligado a pactar en la Constituyente. ¿Por qué? Porque como lo determinó de antemano la “Ley de Convocatoria a la Asamblea”, no había ninguna posibilidad matemática de que ninguno de los partidos contendientes se pudiera alzar con los 2/3 de votos que se necesitan para cualquier decisión. Para la aprobación del nuevo texto constitucional (y de todos y cada unos de sus artículos), se requiere al menos del voto de 170 asambleístas, y el MAS ni aun estableciendo alianzas con grupos afines puede soñar en llegar a esta cifra. En estas condiciones, debe pactar con la derecha y la burguesía cruceña, mecanismo que fue promovido y aceptado ex profeso por el propio MAS, Evo Morales y García Linera en oportunidad de la negociación de la ley de convocatoria a la Constituyente.

Éste es el verdadero contenido de todas las medidas de “blindaje”, “candado” o “cerrojo” al funcionamiento de la AC: garantizar la esencial continuidad de la propiedad privada y de la Bolivia capitalista; de ahí el carácter “derivado” y no realmente “fundacional” de la Constituyente. De ahí que haya sido pura demagogia la propaganda electoral del MAS acerca del “Pueblo Constituyente”. De ahí que García Linera no haya tenido empacho en decir abiertamente que “la Constituyente puede no cambiar nada; lo fundamental es que los indígenas estampen con su firma” la legitimidad del ordenamiento constitucional del país. Es decir, legalizar la esencial continuidad de la Bolivia capitalista y racista, más allá de tibias y parciales reformas.

Que la COB presente un pliego de transformaciones revolucionarias y llame a la movilización

Las elecciones se han llevado a cabo bajo el clima de tranquilidad que el gobierno le ha garantizado de antemano a las oligarquías al “no aspirar a la hegemonía” ni a cambios revolucionarios de fondo. Además, ya por anticipado se había vetado la representación según “usos y costumbres” de las organizaciones originarias, campesinas y de trabajadores, mecanismo con el que García Linera se había llenado la boca demagógicamente los años anteriores.

En estas condiciones y en ausencia de un Instrumento Político de los Trabajadores, organizaciones obreras de enorme importancia como la COB (y los trabajadores en cuanto tales) han quedado completamente por fuera de la Constituyente, lo que la vicia aún más como instrumento que pueda imponer alguna transformación real.

Es de esto mismo de lo que hablamos cuando la definimos como constituyente pactada: de las garantías suplementarias otorgadas a la burguesía en general y a la oligarquía cruceña en particular de que nada de fondo se va a cambiar del orden “constitucional” del país. Por eso se trata de una constituyente “derivada” y no “originaria” o “fundacional”, porque no se plantea verdaderas transformaciones estructurales, revolucionarias en lo que hace al sistema, al régimen político y al carácter del Estado capitalista y racista predominantes en el país.

Sin embargo, no puede excluirse que aun en estas condiciones de total exclusión de representación obrera y originaria, la Constituyente misma se transforme –aun distorsionada y parcialmente– en una caja de resonancias de las contradicciones dramáticas que siguen atravesando al país. A pesar de todo lo pactada que es y de las garantías que se han otorgado a la burguesía, no se puede descartar que estos brutales problemas que atraviesan a Bolivia no se vean reflejadas en diferencias, matices de opiniones y de intereses (parciales) entre el gobierno y los sectores burgueses y oligárquicos. Y que esta realidad termine abriendo momentos de crisis y peleas en las alturas.

De ser así y de crecer al compás de las próximas semanas la expectativa en ella, será tarea de las organizaciones obreras y de masas –en primer lugar, de la COB– presentar ante la misma un pliego de reivindicaciones y transformaciones de fondo para que la mayoría de la población explotada y oprimida que la votó (o tiene expectativas en ella) vaya haciendo la experiencia con el carácter pactado, limitado y –en última instancia– oligárquico que la Constituyente necesariamente va a tener.

Esto con la perspectiva de la puesta en pie de una auténtica Asamblea Popular, Obrera, Originaria y Nacional, como la que se esbozó en El Alto en oportunidad de las jornadas de mayo y junio del 2005.