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Bolivia:
Después de las elecciones del 2 de julio
Hacia
una constituyente pactada que no va a resolver los problemas
populares
Presentamos
a continuación el editorial de un nuevo número de
Socialismo Revolucionario, periódico de nuestros compañeros
de Socialismo o Barbarie Bolivia. Si bien han pasado dos
semanas desde que fue escrito, conserva toda su actualidad
en este período previo a la instalación de la
Constituyente.
El
domingo 2 de julio los bolivianos han elegido a los
representantes para la Asamblea Constituyente (AC) y se han
pronunciado respecto al Referéndum Autonómico (RA). Los
resultados de la votación han determinado la configuración
de la futura AC y han dividido al país en lo que hace a las
autonomías regionales, imponiéndose el NO nacionalmente,
aunque el SI resultó ampliamente triunfador en Santa Cruz,
Tarija, Beni y –más moderadamente– Pando.
En
lo que hace a la elección de asambleístas, se ha mantenido
la tendencia de las elecciones del pasado 18 de diciembre:
ciertamente, la expectativa social que ha llevado a Morales
al gobierno se ha mantenido e, incluso, profundizado,
“nacionalización” parcial y tramposa del gas mediante.
Así, el MAS ha logrado imponerse holgadamente, transformándose
en el único verdadero partido nacional. Esto, sin embargo,
no le alcanzó para obtener el porcentaje esperado.
Es
que el gobierno de Morales logró 135 de los 255 asambleístas
(por circunscripciones pluri y uninominales),
correspondiente a un importante 60% de la votación y a
alzarse con el triunfo en 7 de los 9 departamentos. Sin
embargo, reiteramos, quedó lejos del plebiscitario 70 u
80% que pidió y se propuso alcanzar. De ahí la
“cautela” que parecía predominar en su comando
electoral en las primeras horas del escrutinio.
Podemos,
de Tuto Quiroga, hizo una muy mala elección, con una
enorme caída respecto de la presidencial a sólo el 15% de
los votos, sufriendo en carne propia (entre otras cosas) el
actual apogeo de popularidad del que goza el gobierno. Aun
así se alzó con más de 60 asambleístas, como producto
del pacto de “sobre-representación” de las minorías
oligárquicas firmado previamente con el gobierno. También
obtuvieron representantes Doria Medina, el MNR, el MIR y
otra miríada de partidos o fracciones burguesas menores.
En
lo que hace al Referéndum Autonómico, la sumatoria de los
votos a nivel nacional muestra al NO habiéndose impuesto
con un 56% frente al 43% del SI. Sin embargo, en la medida
que el SI ganó ampliamente en Santa Cruz, Tarija, Beni y
–no tan holgadamente– en Pando, estas regiones ya han
puesto sobre la mesa que quieren, como primer punto, que la
AC sancione el nuevo régimen para ellas.
Constituyente
pactada
A
pesar del holgado triunfo electoral del MAS, éste se verá
obligado a pactar en la Constituyente. ¿Por qué?
Porque como lo determinó de antemano la “Ley de
Convocatoria a la Asamblea”, no había ninguna
posibilidad matemática de que ninguno de los partidos
contendientes se pudiera alzar con los 2/3 de votos que se
necesitan para cualquier decisión. Para la aprobación del
nuevo texto constitucional (y de todos y cada unos de sus
artículos), se requiere al menos del voto de 170 asambleístas,
y el MAS ni aun estableciendo alianzas con grupos afines
puede soñar en llegar a esta cifra. En estas condiciones, debe
pactar con la derecha y la burguesía cruceña,
mecanismo que fue promovido y aceptado ex profeso por el
propio MAS, Evo Morales y García Linera en oportunidad de
la negociación de la ley de convocatoria a la
Constituyente.
Éste
es el verdadero contenido de todas las medidas de
“blindaje”, “candado” o “cerrojo” al
funcionamiento de la AC: garantizar la esencial
continuidad de la propiedad privada y de la Bolivia
capitalista; de ahí el carácter “derivado” y no
realmente “fundacional” de la Constituyente. De ahí
que haya sido pura demagogia la propaganda electoral del MAS
acerca del “Pueblo Constituyente”. De ahí que García
Linera no haya tenido empacho en decir abiertamente que
“la Constituyente puede no cambiar nada; lo fundamental es
que los indígenas estampen con su firma” la legitimidad
del ordenamiento constitucional del país. Es decir, legalizar
la esencial continuidad de la Bolivia capitalista y racista,
más allá de tibias y parciales reformas.
Que
la COB presente un pliego de transformaciones
revolucionarias y llame a la movilización
Las
elecciones se han llevado a cabo bajo el clima de
tranquilidad que el gobierno le ha garantizado de antemano a
las oligarquías al “no aspirar a la hegemonía” ni a
cambios revolucionarios de fondo. Además, ya por anticipado
se había vetado la representación según “usos y
costumbres” de las organizaciones originarias, campesinas
y de trabajadores, mecanismo con el que García Linera se
había llenado la boca demagógicamente los años
anteriores.
En
estas condiciones y en ausencia de un Instrumento Político
de los Trabajadores, organizaciones obreras de enorme
importancia como la COB (y los trabajadores en cuanto tales)
han quedado completamente por fuera de la Constituyente,
lo que la vicia aún más como instrumento que pueda imponer
alguna transformación real.
Es
de esto mismo de lo que hablamos cuando la definimos como constituyente
pactada: de las garantías suplementarias otorgadas a la
burguesía en general y a la oligarquía cruceña en
particular de que nada de fondo se va a cambiar del orden
“constitucional” del país. Por eso se trata de una constituyente
“derivada” y no “originaria” o “fundacional”,
porque no se plantea verdaderas transformaciones
estructurales, revolucionarias en lo que hace al sistema, al
régimen político y al carácter del Estado capitalista y
racista predominantes en el país.
Sin
embargo, no puede excluirse que aun en estas condiciones de
total exclusión de representación obrera y originaria, la
Constituyente misma se transforme –aun distorsionada y
parcialmente– en una caja de resonancias de las
contradicciones dramáticas que siguen atravesando al país.
A pesar de todo lo pactada que es y de las garantías que se
han otorgado a la burguesía, no se puede descartar que
estos brutales problemas que atraviesan a Bolivia no se
vean reflejadas en diferencias, matices de opiniones y de
intereses (parciales) entre el gobierno y los sectores
burgueses y oligárquicos. Y que esta realidad
termine abriendo momentos de crisis y peleas en las alturas.
De
ser así y de crecer al compás de las próximas semanas la
expectativa en ella, será tarea de las organizaciones
obreras y de masas –en primer lugar, de la COB–
presentar ante la misma un pliego de reivindicaciones y
transformaciones de fondo para que la mayoría de la
población explotada y oprimida que la votó (o tiene
expectativas en ella) vaya haciendo la experiencia
con el carácter pactado, limitado y –en última
instancia– oligárquico que la Constituyente
necesariamente va a tener.
Esto
con la perspectiva de la puesta en pie de una auténtica Asamblea
Popular, Obrera, Originaria y Nacional, como la que se esbozó
en El Alto en oportunidad de las jornadas de mayo y junio
del 2005.
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