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Un
estado que no es de los obreros
¿Es
Cuba “socialista”?
Por
Andrea Vázquez
El
fervoroso entusiasmo en algunos, simpatía y respeto en
otros, hacia Cuba, no parte de una ilusión. La lucha del
pueblo cubano a cuyo frente estuvieron Fidel Castro y el Che
Guevara demostró que se puede derrotar a una dictadura como
la de Batista, enfrentar al imperialismo yanqui, expropiar
el 90% de la producción industrial y el 70% de la agrícola
y lograr mejorar radicalmente la calidad de la vida material
de sus trabajadores. Estos hechos categóricos no
significan, para nosotros, que Cuba sea socialista (ni
siquiera un “estado obrero” como proclaman otras
organizaciones de la izquierda revolucionaria). Eso sí que
es una ilusión, creada y alimentada durante más de 40 años
por Fidel y los Partidos Comunistas de todos los países
para maquillar su política de capitulación a la burguesía
“democrática” en el mundo. Si dijeran toda la verdad
sobre la actual situación en la isla del Caribe, ¿qué
banderita les quedaría para agitar sobre su supuesta lucha
por el “socialismo”?
¿Por
qué Cuba no es socialista?
Porque,
en primer lugar, sigue predominando la necesidad
(aunque Cuba no sea Haití): no hay un desarrollo económico
altamente industrializado y un aumento de la producción que
permita una abundancia para no sólo cubrir sus necesidades
primarias, sino poder dedicar su vida a desarrollar la
ciencia, el arte y la cultura en función del progreso de la
humanidad.
Es
imposible este desarrollo en Cuba porque el socialismo sólo
puede ser internacional. Y desde que Fidel proclamó:
“Nicaragua no será otra Cuba”, profundizó su curso
nacionalista y limitó su “internacionalismo” a las
relaciones entre Estados, no apoyándose ni llamando a la
clase obrera de su país ni de los otros a la lucha a favor
de los explotados u oprimidos. ¿O acaso en su discurso en
la Cumbre de Córdoba, donde se proclamó
“marxista-leninista-extremista”, llamó a los
trabajadores argentinos a defender la lucha del pueblo
palestino y del Líbano contra el genocidio sionista?
No
es socialista (ni obrera) porque en ningún momento de esta
“transición socialista” desde el triunfo de la Revolución
(ni tampoco antes) los trabajadores y sus organizaciones
propias determinaron el rumbo económico y político a
seguir ni mucho menos el destino de la propiedad estatizada.
Aunque su Constitución establece que Cuba es un “Estado
socialista de trabajadores, independiente y soberano”, no
hay ningún trabajador que pueda “organizarse” por fuera
del Partido Comunista Cubano o afiliarse a otra central que
no sea la Central de Trabajadores de Cuba. Todo bajo un:
“Sí, Fidel”, que es “la autoridad que viene del
ejemplo”, según Felipe Pérez Roque, ministro de
Relaciones Exteriores de Cuba (*) pero que es la afirmación,
en los hechos, de que el ejemplo de la Revolución Cubana le
da chapa a Fidel y sus funcionarios para seguir
impidiendo la organización independiente de los
trabajadores y el pueblo cubano. La falta de democracia
no es sólo para los “gusanos” o para impedir la salida
del país de la doctora Molina (medida de la que estamos
totalmente en contra) sino para que ningún trabajador o
estudiante pueda cuestionar los dichos y los hechos del
gobierno.
Además,
las medidas o conquistas de la Revolución no se mantienen in
eternum; en muchas se ha retrocedido. La actividad
privada invadió más de un centenar de actividades económicas
desde 1993; la salud es un negocio que se cobra bien a los
ricos extranjeros, y se han recortado los beneficios
para el mismo pueblo cubano.
La
construcción de un futuro socialista para Cuba será obra
de una lucha revolucionaria de la clase trabajadora
cubana misma, de organizaciones y partidos auténticamente
obreros, internacionalistas y socialistas, y del apoyo de
las masas laboriosas de Latinoamérica y el mundo.
(*)
Discurso del 23/12/05 en la Legislatura de la Asamblea
Nacional del Poder Popular
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