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Contra
la masacre Israelí y la complicidad K
Todos
con la causa palestina
Hagamos
un gran acto
En
el plano internacional toda la atención y la bronca están
enfocadas en el accionar terrorista de Israel contra el Líbano,
a la vez que continúa –con mucha menor cobertura de la
prensa– la agresión a los palestinos en Gaza. La masacre
de Qana, donde Israel asesinó a más de 50 civiles –en su
mayoría, niños, ancianos y discapacitados, todos ellos de
escasos recursos que no podían pagar el traslado a zonas más
seguras– avivó la indignación contra el verdadero
genocidio que están perpetrando los sionistas.
Increíblemente,
o no tanto, este gobierno, que se presenta como el campeón
de los derechos humanos y de las víctimas del terrorismo de
Estado, jamás repudió esa masacre bestial ni ninguna de
las barbaridades cometidas por el ejército israelí contra
la población de origen árabe. En una manifestación de
suprema hipocresía, Kirchner, en vez de romper relaciones
con el Estado genocida o al menos condenar públicamente sus
crímenes, pone al mismo nivel las milicias de
Hezbollah y el accionar de Israel. ¡Miserables: el mismo
gobierno que, respecto de la dictadura argentina, rechaza la
“teoría de los dos demonios” –que iguala las
responsabilidades del terrorismo de Estado con las fuerzas
guerrilleras–, la aplica al pie de la letra para el Líbano
de hoy!
De
hecho, la tibieza de los pronunciamientos del gobierno sobre
la situación en Medio Oriente, ponen a Kirchner a la
derecha del propio Kofi Annan, el secretario general de
la ONU, de reconocida foja de servicios para legitimar o
dejar correr cuanta porquería han hecho los yanquis en el
mundo.
No
hay ninguna casualidad: la lógica de preservar las buenas
relaciones con Israel es la misma lógica de la sobreactuación
de Kirchner sobre el caso Hilda Molina en la Cumbre de Córdoba.
El criterio que preside ambos gestos es el mismo: demostrarle
al Departamento de Estado yanqui que, lejos de ser un
gobierno “problemático”, Kirchner es un verdadero
factor de estabilidad y un aliado confiable en una región
ya demasiado convulsionada para el gusto de EE.UU.
Frente
a esta miserable capitulación, y ante la continuidad de los
crímenes de Israel, lo que se impone, desde el punto de
vista de la solidaridad internacional con los pueblos árabes
bajo el fuego sionista-imperialista, es redoblar la campaña
de denuncia a Israel y darle continuidad a la importante
marcha unitaria del pasado 27 de julio.
Reiteramos
entonces nuestro llamado a las organizaciones democráticas
y, en primer lugar, a los partidos de la izquierda
revolucionaria (PO, ambos MST’s y PTS), a poner en pie
un gran acto unitario en solidaridad con los pueblos
palestino y libanés y en repudio a la salvaje agresión
sionista.
No
puede haber más dilaciones; hay que darle una continuidad a
la campaña en una escala superior a lo que hemos realizado
hasta ahora: la causa de los pueblos árabes contra el
estado terrorista de Israel, gendarme del imperialismo
yanqui, puede estar entrando en una fase que puede ser
decisiva. No es momento de dar largas al asunto: llegó
la hora de actuar en común en el más breve plazo.
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