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México
Más de un millón contra el fraude
Por
Claudio Testa
El escandaloso fraude en las elecciones presidenciales, que informamos en el
número anterior de Socialismo o Barbarie, no está quedando sin respuesta.
El domingo 16, una marcha iniciada días antes hacia la capital mexicana culminó
en la concentración más grande de la historia de México. El informe
oficial de la policía fue de 1.100.000 manifestantes. Como en todas partes, en
México la policía siempre “rebaja” las cifras reales. Esto permite suponer que
la movilización puede haber alcanzado el millón y medio o quizá más.
Las fotos lo dicen todo. Una es del Zócalo, donde cabe varias veces la Plaza de
Mayo de Buenos Aires. La otra muestra la Av. Reforma, que es casi tan ancha como
nuestra Av. 9 de Julio. La multitud se extendió desde allí hasta el Zócalo a lo
largo de 2 kilómetros.
El reclamo es que ante el notorio fraude “cibernético” se haga un recuento “voto
por voto, casilla por casilla”. Por supuesto, tanto el gobierno como el IFE
(Instituto Federal Electoral, que fiscalizó los comicios) se niegan
terminantemente a hacer este conteo. La misma posición mantiene el candidato
oficialista, Felipe Calderón Hinojosa. Éste debería ser el primer interesado en
disipar dudas que manchan de ilegitimidad su mandato, pero también tiene “cola
de paja”. La decisión “legal” sobre el conteo está en manos del Tribunal
Electoral del Poder Judicial, que es presumiblemente otro organismo de la
“trenza” de derecha en el poder.
López Obrador, que convocó y encabezó la movilización del domingo 16, hizo en
ella un discurso muy prudente llamando a una “resistencia civil pacífica”. Pero,
al mismo tiempo, dejó en claro que si no se hace el recuento “casilla por
casilla, voto por voto”, Calderón será un “presidente ilegítimo”.
López Obrador es un político de “centro-izquierda” cuyo programa no difiere
mucho de un Lula o un Kirchner. Por supuesto, su línea no es defender este
reclamo democrático mediante la movilización revolucionaria de las masas que lo
siguen y que marcharon sobre la capital de México. Pero estas situaciones se
saben cómo empiezan pero no cómo terminan... y a veces van más allá de lo que
quisieran sus direcciones.
Una cosa es segura: si, como se espera, el Tribunal Electoral del Poder Judicial
avala el fraude, aunque López Obrador “se vaya al mazo”, el próximo gobierno
será efectivamente un “presidente ilegítimo”. Esta “crisis de legitimidad”
abre una situación política nueva en un país que había sido, hasta ahora, un
puntal del “orden yanqui” en la región.
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