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Un poco de historia
¡No más en mi nombre!
Por Iván Vanney
Desde Israel, para Socialismo o Barbarie
Lamentablemente, el título de este articulo –“¡No más en mi nombre!”– no es
del todo apropiado. Pese a los bombardeos que sufrimos los civiles israelíes por
parte del movimiento de resistencia contra la ocupación Hezbollah, la mayoría de
la población israelí apoya la iniciativa del gobierno sionista de atacar y
reocupar el Líbano.
¿Es realmente la invasión una respuesta “desproporcionada” al operativo llevado
a cabo por Hezbollah?
Si consideramos los factores que influenciaron a esta decisión bélica,
creeríamos que sí. Muchos medios especulan sobre el verdadero objetivo de
Israel, e incluso acusan al Estado sionista de haber planeado la guerra antes de
los hechos que, según el gobierno israelí, provocaron la reacción sionista.
Sin embargo, sabemos que Estados Unidos, a pesar de su apoyo incondicional a
Israel en todos sus conflictos, no esta contento con la masacre en el Líbano,
por ser su gobierno uno de los más pro-occidentales del mundo árabe y que
responde a sus intereses. Así, Condolezza Rice y Bush pidieron a Israel que se
abstenga de continuar la invasión e intentan persuadir a la nación sionista de
considerar a Siria como la culpable del operativo ejecutado por Hezbollah y de
mantener vínculos directos con la organización islámica.
Es sabido que desde las amenazas hechas por EEUU hace aproximadamente un año
contra Irán y Siria, ambos gobiernos pactaron un acuerdo de defensa mutua por el
cual si alguna de esas naciones sufriera una invasión, la segunda la asistiría
militarmente. De aquí que podemos deducir que si Israel atacara Siria, como
Estados Unidos pretende, y no el Líbano (“¡Hijo, has errado! ¡Era el país de al
lado!”) automáticamente Irán (el objetivo de Bush), quedaría implicado en la
guerra... en la que evidentemente intervendría Estados Unidos.
Pero, entonces, surge de nuevo la incógnita: si Estados Unidos (aunque defienda
a Israel ante la prensa internacional) no está detrás del ataque al Líbano, ¿por
qué Israel invadió al Líbano?
En estos momentos no es fácil analizar esto, y por ahora, desde Israel, sólo
podemos limitarnos a suponer y a descartar:
Sabemos que no se trata realmente de los dos soldados secuestrados por el
Hezbollah, como el gobierno de Israel alega en sus discursos, debido a que los
ataques no están principalmente dirigidos al Hezbollah, sino a la población
civil libanesa.
Un canal de televisión de Líbano fue destruido por la fuerza aérea israelí, así
como el único aeropuerto internacional de ese país y el principal puerto.
También, tras la apertura de las fronteras de Siria para los turistas en Líbano,
Israel decidió bombardear la principal ruta que une a ambos países: así, más de
70 civiles que viajaban fueron asesinados, incluyendo niños y se han reportado
más de cien heridos. También fueron bombardeadas bases militares del ejercito
oficial libanés que hasta el momento no ha reaccionado contra Israel.
Por esos motivos, podemos suponer que el objetivo no es Hezbollah.
Inmediatamente después del operativo de Hezbollah en el que los dos soldados
fueron secuestrados, Amir Peretz, el ministro de Defensa israelí, aseguró que
evitaría tomar medidas contra Siria. Aunque tratándose del gobierno de Israel
nunca tendremos la certeza de que sea cierto, militarmente sería inseguro para
Israel abrir un tercer frente, sobre todo cuando el frente del Líbano,
representado por una guerrilla pobremente armada, le ofrece a Israel una
resistencia contundente. Pero, políticamente, al nuevo gobierno de Ehud Olmert
–acusado por la mayoría de la población israelí y los partidos derechistas de
ser un gobierno incapaz de dominar el conflicto con Palestina– no se le
presentan muchas alternativas.
Hay algo que los lectores deben conocer sobre este país: en Israel la izquierda
o la derecha política no se diferencian exactamente por propuestas sociales o
económicas, sino por la política internacional. Los partidos que promueven la
paz son clasificados como “izquierdistas”, mientras que los de “mano dura” son
“derechistas”.
Kadima, el nuevo partido del primer ministro Ehud Olmert, sigue los pasos de su
antecesor, Ariel Sharón, nada estúpidos por cierto. Si bien la comunidad
internacional siempre culpó a Sharón por las masacres que ordenó y en las que
participó, en el ultimo tiempo de su mandato –sin variar el objetivo y sus
deseos de conquista y opresión de los palestinos– decidió abandonar el camino
militar y lograr sus objetivos por otros medios: la prensa internacional, la
“diplomacia” y un discurso “pacifista”. Es por eso que la “zoociedad” israelí lo
denominó como un “izquierdista infiltrado”.
Ehud Olmert, un pobre hombre que repentinamente heredó el trono a causa de los
problemas de salud de Sharón, siguió su línea política, la preferida por la
“zoociedad” israelí, consciente de su imagen internacional. ¿Qué mejor que una
retirada dolorosa, imágenes de TV mostrando a judíos expulsando a otros judíos
en Gaza y nuevamente el dolor de Israel y su “sacrificio por la paz”, para
provocar un giro en la opinión internacional? Las masacres contra el pueblo
palestino ya carecían de efectividad, y la solución fue la famosa “retirada
unilateral”, lo que en términos reales significa la permanencia de la ocupación
en los territorios sagrados, las fronteras definitivas decididas únicamente por
Israel. Pero, para el mundo, esto fue solamente una retirada de los territorios
ocupados.
Pero a Ehud Olmert y a EEUU inmediatamente se les presentó un problema: las
elecciones en Palestina, las más democráticas del mundo árabe, que dieron el
triunfo a Hamas.
Era la nueva piedra en la bota sionista: un gobierno que prohibiría el interés
en prestamos bancarios, que invirtió durante un año todos sus ingresos en la
reconstrucción de Palestina, colegios y hospitales, un gobierno capaz de
demostrar que Palestina puede ser un Estado independiente y progresar más aún
que Israel y bajo leyes más democráticas, dando acceso a su ciudadanía sin
importar el origen racial, y admitiendo el matrimonio mixto, a diferencia de
Israel. Un gobierno que ofreció la paz a cambio del retorno a los territorios de
1967… Pero Hamas responde a Irán... Hamas representa al Islam más peligroso para
Occidente, por tener representación cristiana en el parlamento palestino y a
mujeres, demostrando no ser un partido retrógrado, como Israel y Estados Unidos
alegan para llevar a cabo sus guerras.
Desde el comienzo de su mandato, Israel y Estados Unidos no cesaron de probar
distintas tácticas para derrocar a ese gobierno: desde someter al pueblo
palestino al hambre hasta intentar asesinar al primer ministro palestino… Pero
la oportunidad de asestar un duro golpe contra Palestina se presentó hace tres
semanas, cuando en un operativo militar Hamas secuestró a dos soldados israelíes
en respuesta al asesinato de más de veinte civiles, incluyendo niños…
Nuevamente la “zoociedad” israelí cuestionó al gobierno de Olmert y lo acusó de
no estar capacitado para dominar la situación con Palestina. Amir Peretz, el
ministro de Defensa de Israel no está capacitado en absoluto para su estatus,
habiendo cumplido el servicio militar con un rol de muy baja categoría militar,
un hecho reconocido por él mismo y por la “zoociedad” israelí.
La presión social sobre los dos principales líderes de Israel se acentuó y
decidieron desencadenar la conocida masacre en Gaza, en la que aproximadamente
cincuenta palestinos fueron asesinados, y gran parte de Gaza destruida, una
acción que recibió el visto bueno de la mayoría de la población y el apoyo de
los partidos de derecha.
Tres semanas más tarde, desde el Líbano, Hezbollah, siguiendo el ejemplo de
Hamas, en otro operativo, tomó prisioneros como objeto de intercambio a dos
soldados israelíes, provocando la misma reacción por parte del gobierno de
Olmert, nuevamente apoyado por la mayoría de la “zoociedad” israelí.
A mi juicio, considerando tanto la política interna como internacional de
Israel, el ataque al Líbano no se debe a una estrategia elaborada en conjunto
con Estados Unidos, sino a la política interna y a la inexperiencia del nuevo
gobierno. Sin embargo, a pesar de las declaraciones del ministro de Defensa
acerca de Siria, y teniendo presente la presión de Washington, no queda
descartada la posibilidad de aprovechar este conflicto para invadir Irán, usando
a Siria como carnada.
Por mi parte, y en nombre de todos los judíos del mundo que queremos un estado
en paz, que ya no nos avergüence más, digo: ¡no más muerte en mi nombre!
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