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¿Cuba
en el MERCOSUR?
A Córdoba a hacer negocios
Los rumores sobre la llegada de Fidel Castro a la cumbre del Mercosur se dan
en el marco del flamante ingreso de Venezuela a la asociación. Ya en nuestro
número anterior adelantábamos que esta jugada no se trataba en absoluto de
ninguna forma de bloque “progresivo”, sino de un acuerdo entre Estados y
gobiernos capitalistas con el objetivo declarado de mejorar su inserción en el
mercado mundial y garantizar buenos negocios. No ya para los estados en tanto
tales, sino para las empresas y grupos económicos amparados por los gobiernos
que gestionan esos estados.
El
aspecto político de la cuestión es que Brasil y Argentina ofician de
“contenedores” del socio “rebelde” –papel que Chávez, por supuesto, acepta de
buen grado–, mostrándose así como estados “responsables” que hacen
voluntariamente el trabajo que el Departamento de Estado yanqui, por sí solo, no
podría.
La eventual presencia de Castro tampoco es casual. Así como los socios
“grandes” del Mercosur operan como colchón contra algún exabrupto de Chávez,
según el economista marxista Claudio Katz, “algunos diplomáticos del
establishment regional programan un paso ulterior con la eventual
incorporación de Cuba a esta asociación. El objetivo de esta absorción sería
facilitar la paulatina restauración del capitalismo en la isla” (“El
torbellino de la integración”, en www.socialismo-o-barbarie.org).
En todo caso, a medida que se va clarificando la agenda del encuentro, el
perfil reaccionario y 100% capitalista no sólo se confirma sino que se
acentúa (para no hablar de los matices decididamente repugnantes, como
los vinculados a los negocios con Israel).
Del “Mercosur político” a los negocios
No se trata de análisis forzados ni interpretaciones maquiavélicas. El propio
secretario de Comercio y Relaciones Económicas Internacionales, Alfredo
Chiaradía, explicó que el tema central de la agenda es avanzar en la
liberalización de los mercados de servicios, en particular
telecomunicaciones y turismo, dado que Brasil, Uruguay y Paraguay todavía tienen
legislación “proteccionista”. Así, el secretario Chiaradía dijo que “para el
país tal medida es «ganancia plena» porque ya tiene su sector de servicios
abierto desde la década del 90” (La Nación, 14-7-06).
¿“Para el país”? ¡La ganancia será para las empresas radicadas en
Argentina, porque, como dice Katz en su estudio, “los gobiernos de Sudamérica
coordinan negocios para beneficiar a las grandes empresas de cada país, en
desmedro de las necesidades y reivindicaciones de la mayoría de la población”
(cit.).
Dicho sea de paso, aquí también muere la cháchara kirchnerista de denuncia del
“modelo de los 90”: ¡Chiaradía se felicita de que la misma “apertura” que se
hizo en los 90 ahora se extienda al resto del Mercosur! Es decir, el gobierno
argentino no sólo no se opone a las “políticas de Estado” neoliberales,
sino que es punta de lanza para su implementación en la región.
Pero los buenos negocios no terminan aquí. En la cumbre también se firmará un
reformado Protocolo de Contrataciones Públicas del Mercosur. Para la Cancillería
argentina, esto “constituye el primer paso en la apertura gradual de los
mercados de contrataciones públicas de la región”.
Más
“apertura”, es decir, más negocios para la “patria contratista”, que ahora
accederá a licitaciones en cualquier país del Mercosur en igualdad de
condiciones: “Las firmas argentinas podrán competir como si fueran nacionales en
licitaciones en Brasil, Paraguay y Uruguay” (La Nación, 14-7-06).
Mientras los presidentes hacen discursos para la tribuna, los grupos locales y
extranjeros se frotan las manos y cuentan platita.
Y
para Cuba también hay una zanahoria, que será la firma de un acuerdo de
complementación económica entre el Mercosur y la isla. El acto convenio elimina
o reduce los aranceles a la importación de 1.300 productos y el próximo elevará
la cantidad a 2.700. Si Castro viene, viene por esta razón, no por el mero gusto
de hacer discursos inflamados.
Lo
decisivo de la cumbre, entonces, es apuntalar “un gran mercado regional
con independencia de los gobiernos vigentes
en cada país. Pero justamente este perfil refuerza el carácter regresivo del
Mercosur (...) La ampliación de la asociación del Cono Sur se consumó siguiendo
(...) patrones de rentabilidad, competencia y garantías al capital” (Katz,
cit.). Es decir, no un “Mercosur
político” entre
gobiernos de tal o cual signo
ideológico, sino de acuerdos entre
Estados, esto es, justamente, “con
independencia de los gobiernos vigentes”,
siguiendo el principio burgués de la continuidad jurídica de los estados en los
acuerdos comerciales y diplomáticos.
Si hacen falta pruebas, veamos los encendidos
elogios de Pescarmona a Kirchner en la reunión cumbre de la burguesía argentina,
el coloquio de IDEA. Para Pescarmona, dueño de IMPSA y presidente de IDEA, “este
Gobierno hace cosas buenas por los empresarios”
(Clarín, 19-7-06). ¡Por supuesto: gracias al acercamiento a Venezuela, su
empresa se aseguró magníficos negocios en ese país!
Éste es el verdadero Mercosur que se busca
construir en Córdoba: el que “hace cosas buenas por los empresarios”.
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