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Chávez
entra al MERCOSUR
La contención del presidente “díscolo”
En las últimas
semanas ha sido intensa la actividad internacional de Kirchner. En España cerró
acuerdo con Zapatero por los intereses de Repsol y Aerolíneas Argentinas en
nuestro país; de vuelta en la Argentina, se firmó el acuerdo automotriz con
Brasil y, de paso, K. apoyó la reelección de Lula; días después, el gobierno
recibió a Evo Morales y se aprobó el aumento del precio del gas que compra el
país. Pero de toda esta “ronda” de actividad internacional, el gran anuncio
político fue el ingreso de Venezuela al MERCOSUR como miembro pleno. La
administración Bush (a pesar de las dificultades, roces y regateos con varios
gobiernos de la región) debe haber festejado la “contención” que significa este
hecho desde el punto de vista político.
Por
supuesto, esto fue ocasión ideal para que los presidentes y el periodismo se
despacharan con la guitarra de la “unidad latinoamericana”. Pero conviene mirar
la cuestión un poco más de cerca.
El ALCA en el freezer, el ALBA... al
baúl de los recuerdos
El
“relanzamiento” del MERCOSUR –después de las recientes crisis políticas en su
seno– tiene, para los gobiernos de “centroizquierda” en particular, un sentido
claro: el de buscar una mejor inserción regional en el mercado internacional
y la mundialización capitalista. Objetivo que en nada se distingue, en lo
esencial, del de su fundación, en los tiempos de Alfonsín y Sarney.
Se advierte, no
obstante, una diferencia “política”: el rol del Estado capitalista, hoy
más activo y orientado a la “protección” de determinados sectores
económicos. Básicamente dos sectores: por un lado, aquellos que pueden hacer
punta en un desarrollo de las exportaciones –con una presencia
decisiva de las multinacionales y alguna petrolera estatal–; por el otro,
busca dejarse cierto margen para una más que acotada inversión pública (de
importancia más política que económica).
Es decir, uno de
los cambios que introduce la “ola centroizquierdista” respecto de la década de
las “relaciones carnales”, es que los gobiernos capitalistas de la región ya no
tienen el carácter de gerentes políticos de un funcionamiento social totalmente
librado a las “fuerzas de mercado”... Más bien, son ahora administradores de
una realidad política, social y económica que ha pasado por las experiencias de
rebeliones populares, colapso económico y desintegración del sistema político
tradicional; así como de la necesidad de un regateo y arbitraje respecto de los
grandes grupos capitalistas de los cuales –respecto de varios de ellos– ofician
de agentes.
Pero este
doble rol, exige la recuperación de ciertos márgenes de acción estatal y de
políticas públicas de contención social y clientelismo. Y todo eso implica, por
supuesto, una base material: es decir, un Estado capitalista financieramente
capaz de instrumentar lo que se decide en la esfera política; y un rol de
loobistas arbitrando y fomentando los intereses de los grupos capitalistas
más afines.
Con lógicos
matices, a veces importantes, es en esta lógica que se inscribe la acción de
todos los gobiernos de “centroizquierda”, incluido Chávez. La retórica
del gobierno venezolano sobre una “unidad latinoamericana” asentada sobre
bases que no serían las de la lógica de relaciones comerciales entre estados
(capitalistas)– teñidas con un poco de color ideológico y algún acto de
solidaridad política– se estrella contra el hecho material del ingreso de
Venezuela al MERCOSUR.
Es
cierto que algunas formas de colaboración internacional ensayadas por Chávez
–sobre todo con Cuba y, en menor medida, con Bolivia– no se ajustan del todo al
patrón de relaciones clásicas entre estados sobre criterios comerciales. Sobre
estas prácticas se sostiene, en lo discursivo, la propuesta del ALBA. Pero con
este “golpe de timón” (“un hecho histórico” según el líder bolivariano...),
Chávez manifiesta su voluntad de integrarse al principal
mercado capitalista regional sin modificar ni una coma de sus condiciones de
origen, y con el objetivo
declarado de buscar una mejor inserción en la
mundialización y el mercado mundial capitalistas.
Así, detrás de
los discursos de Kirchner y Chávez en Caracas (en los actos por el aniversario
de la independencia de Venezuela), lo tangible son los negocios: grupos
capitalistas como Techint o Repsol se refriegan las manos con las “oportunidades
de inversión” que podrán tener bajo este “paraguas” político. Como aclaró
Lula, no se trata de “comprar ni vender ideología”, sino de “hacer negocios”
buscando una integración al mercado mundial en condiciones que no son
exactamente las que pretende EEUU y el ALCA, pero que siguen siendo 100%
capitalistas. Expresión también de que a determinadas multinacionales
radicadas en la región, les conviene “acordonarla” en su pelea competitiva con
otros grupos capitalistas.
Entrar mejor al mercado mundial
Desde que el
capitalismo es capitalismo, la competencia entre capitalistas ha sido connatural
a él. Mucho de lo que está en juego en estos “rutilantes” acuerdos, es
justamente lograr mejores condiciones de inserción de la región en este juego
competitivo económico mundial que se ha redoblado en los últimos años. Juego
competitivo –está claro– dentro de las propias condiciones que establece
el sistema mismo. No hay aquí ni un atisbo de medidas que vayan en un sentido
distinto (es decir, anticapitalistas), sino solamente un regateo por mejores
condiciones de “inserción”.
Es en este marco
que debe comprenderse uno de los principales anuncios producidos por Kirchner y
Chávez: el rutilante “Bono del Sur”. Este se emitiría en conjunto entre
la Argentina y Venezuela, y es una muestra palmaria de lo que estamos señalando.
Es que ya ambos gobiernos habían hecho un buen negocio con la compra venezolana
de bonos de deuda argentinos. Ahora, se busca conseguir financiamiento en común
en el mercado financiero internacional con un bono en dólares, con garantía de
los Estados pero bajo jurisdicción extranjera (al mejor estilo del
festival de bonos de Cavallo). Así lo admitió el propio ministro de Finanzas de
Venezuela, Nelson Merentes, quien justificó la medida diciendo que se busca “la
mayor liquidez posible, que deberá reflejarse en una tasa de interés inferior”
de esta “salida creativa para recuperar y ampliar las fuentes de
financiamiento” (Clarín, 6-7-06).
¿Cuál será el
destino de los fondos recaudados mediante el “Bono del Sur”? Simple: obra
pública (con contratistas privados), y financiamiento de deuda (para beneplácito
de los acreedores). En una palabra, darle armas financieras al Estado para que
apuntale el proyecto político (y los grupos económicos afines) de los
respectivos gobiernos. ¿Es este el “MERCOSUR más político” que pide Chávez?
En cuanto a los
“grandiosos objetivos” del MERCOSUR (así “remozado”), démosle la palabra al
ministro de Finanzas venezolano: “Queremos armar un mercado regional (...) [una]
capital financiera de América del Sur, que concentre las operaciones y
pueda transar los bonos de los países emergentes. Esto debería ir acompañado
por la creación de una nueva forma de medir el riesgo país, porque son economías
que están creciendo”...
Más claro, agua:
somos “países emergentes” –“dignos”, eso sí–, y queremos nuevas y mejores
condiciones en el marco de la mundialización... capitalista. Eso es todo. ¿Dónde
quedaron el supuesto “socialismo del siglo XXI” y el ALBA “antiimperialista”?
Por la Unidad Socialista de
Latinoamérica
La contención de
Chávez en el MERCOSUR, muestra los limites del discurso de “integración”
latinoamericana de la actual ola de gobierno centroizquierdistas. La
aceptación de todas las normas y criterios de un espacio económico que en nada
ha beneficiado a los trabajadores y que es un ámbito privilegiado de grandes
grupos económicos capitalistas (como las automotrices y otros) sirven para
comprobar los límites de clase de estos gobiernos.
¿Qué queremos
decir con los “limites de clase”? Que dándole más importancia al Estado en la
regulación de las economías y actuando como “loobistas” –en ultima
instancia– de grandes grupos económicos (que se aprovechan de las
“economías de escala” que facilitan estos espacios de “unidad” comercial),
evidentemente no se puede avanzar un paso en una unidad latinoamericana que
verdaderamente pueda estar al servicio de las masas laboriosas.
La parodia actual es como la
repetición de la tragedia de la “independencia” del siglo XIX, y de todos los
mitos de los próceres “fundadores”, que encabezaron una pelea por la
independencia política de España, sólo para caer en la colonización económica de
Inglaterra, al tiempo que se dedicaron a decapitar una a una las autenticas
rebeliones que surgían desde abajo y que tenían reales perspectivas
emancipadoras.
Hasta ahora, ninguno de estos gobiernos
han podido (ni se han visto obligados) a “decapitar” los proceso de luchas de
masas, hoy “mediados” en la actual confianza popular en los gobiernos
“progresistas”. Pero esto no va a durar eternamente. Como amenazó la crisis de
las bolsas en las últimas semanas, en algún momento la situación de la economía
se va a “dar vuelta” y volverá a emerger la lucha popular.
Pero para
preparar las condiciones para el retorno de la lucha obrera y popular a una
escala superior, hoy hay que explicar pacientemente que no se puede tener
ninguna confianza en estos nuevos gobiernos que aparecen como
“progresistas” (y venden “espejitos de colores”), pero que siguen siendo
agentes de los capitalistas. Porque de la mano de estos últimos, sometidos
por uno y mil lazos al capitalismo mundial y garantes de la continuidad de la
explotación de los trabajadores en cada país, no puede ver la auténtica unidad
(en sentido popular) de la región.
Esto sólo podrá
venir de la mano de sus clases explotadas y oprimidas que con la clase obrera al
frente, que son las únicas que no tienen nada que perder con una auténtica
ruptura con el imperialismo. Porque el grito de guerra de los obreros,
campesinos y demás sectores populares deberá ser por la Unidad Socialista de
Latinoamérica.
¡Ninguna
confianza en los gobiernos “progresistas”!
¡Impulsar la
más intransigente independencia política y organizativa de los trabajadores!
¡Por imponer
gobiernos obreros, campesinos y populares camino a una Federación Socialista
Latinoamericana!
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