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Historia
La
Internacional, una canción obrera revolucionaria
Por Isidoro
Cruz Bernal
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La
Internacional
Arriba
los pobres del mundo
de
pie los esclavos sin pan.
Y
gritemos todos unidos:
¡Viva
La Internacional!
Removamos
todas las trabas
que
oprimen al proletario,
cambiemos
al mundo de base
hundiendo
al imperio burgués
(Estribillo)
Agrupémonos
todos
en
la lucha final
y
se alcen los pueblos
por
La Internacional
Agrupémonos
todos
en
la lucha final
y
se alcen los pueblos con valor
por
La Internacional
No
más salvadores honremos
ni
César, ni burgués ni Dios
que
nosotros mismos haremos
nuestra
propia redención
Dónde
tienen los proletarios
el
disfrute de su bien.
Tendremos
que ser los obreros
los
que guiemos el tren.
Agrupémonos
todos....
(se
repite estribillo)
El
día que el triunfo alcancemos
ni
esclavos ni dueños habrá.
Los
odios que al mundo envenenan
al
punto se extinguirán.
El
hombre del hombre es hermano
cese
la desigualdad.
La
tierra será un paraíso,
la
patria de la humanidad.
Agrupémonos
todos...
(se
repite estribillo)
Nota:
esta versión que transcribimos es la más conocida en castellano. Los
lectores que hayan vistos la película “Tierra y libertad” (o leído
una floja novela de Alejo Carpentier titulada “La consagración de la
primavera”) se habrán encontrado con este cambio en la primera estrofa:
Arriba parias de esta Tierra / de pie famélica legión / los
proletarios gritan guerra / hasta el fin de la opresión. En esta
versión también se observan otras diferencias en las estrofas que
siguen; se conserva no obstante una unidad de concepción y de espíritu
que se mantiene a través de las distintas versiones. Por otra parte, hay
que decir que muchas veces se canta la versión “corta”, esto es, las
dos primeras estrofas y el estribillo solamente. |
En
1888, en la ciudad francesa de Lille, un obrero metalúrgico de cuarenta años
se dirige a su trabajo. Se llamaba Pierre Degeyter.
Era carpintero y tornero calificado. Ese día de noviembre de 1888, Pierre cantó
a sus compañeros de trabajo una canción que había compuesto el anterior fin
de semana en un pequeño armonio. Los compañeros sugirieron unas leves
modificaciones, pero habían quedado encantados con la canción. Meses después,
un coro obrero estrenó la canción y se imprimieron 6.000 ejemplares de tirada.
Había nacido “La Internacional”. En diez años la canción se hizo conocida
en toda Europa y, veinte años después, en todo el mundo. Su letra y su música
sonaron en la mayor parte de las experiencias revolucionarias de fines del siglo
XIX y de todo el siglo XX.
Eugène
Pottier, poeta de la Primera Internacional y de la Comuna
La
historia de “La Internacional” empieza antes que Pierre Degeyter compusiera
la canción. “La Internacional” comenzó como poema. El compositor obrero
encontró el poema en un libro de Eugène Pottier y tomó la letra de éste.
Pottier
nació en 1816, un año después de la derrota de Napoleón Bonaparte y del
comienzo de los intentos de restauración reaccionaria que trataban (inútilmente)
de borrar las consecuencias históricas de la Revolución Francesa. Pottier
también fue obrero toda su vida. A los catorce años escribió su primer canción
titulada “Viva la libertad”. En su vida alternó diversos oficios obreros
con la tarea de militante revolucionario socialista, especializado en la
propaganda política a través de la poesía y la canción.
En
1848 Eugène Pottier asiste al estallido de las revoluciones europeas, la mayoría
de ellas impulsadas por las reivindicaciones nacionales. Pero le toca participar
en la revolución que se va a diferenciar del resto de este ciclo
revolucionario. Pottier va a estar en las barricadas de París en 1848, en las
que la burguesía y la clase obrera van a enfrentarse, política y socialmente,
como clases antagónicas. De todas
formas, una de las consecuencias comunes que va a tener el fracaso de la ola
revolucionaria nacional-democrática europea será el fuerte debilitamiento de
la organización obrera a nivel internacional. Ya fuera porque la represión
burguesa desmantelara por todo un período a los organismos de la clase obrera
(como fue el caso de Francia después de 1848) o porque, como en Italia y otros
países, los trabajadores van a centrar su organización en un plano puramente
nacional (a veces de hecho o, peor aún, recurriendo a ideologías de cuño
nacionalista como el solidarismo nacional de Mazzini).
Eugène
Pottier era uno de los pocos partidarios franceses de los planteos
internacionalistas consecuentes de Marx y Engels, plasmados en el Manifiesto
comunista de 1848. El enfático llamado a la unidad internacional de los
trabajadores, que aparece en el texto inaugural del socialismo revolucionario,
recién va a tener eco en 1864 con la fundación de la Asociación Internacional
de los Trabajadores, la Primera Internacional, que expresó un reagrupamiento de
las más importantes corrientes obreras de Europa. La Primera Internacional era
una demostración palpable de que una parte importante de la clase obrera del
Viejo Mundo advertía que, para oponerse con mayor éxito al despotismo del
capital, debía dejar de lado la competencia entre trabajadores (ya sea entre
obreros de diferentes países o entre obreros de una misma rama de producción)
y hacer eje en los puntos reivindicativos en común. Éste era el primer paso
para formular un planteo estratégico más de fondo. Eugène Pottier fue un
partidario militante de la Asociación y, dentro de las luchas internas de esta
primera organización obrera internacional, se adhirió a las posturas más
revolucionarias e internacionalistas.
Participó
muy protagónicamente del gran acontecimiento que cerró ese período heroico
del movimiento revolucionario: la Comuna de París de 1871. Eugène Pottier fue
elegido miembro de la Comuna en la votación realizada el 26 de marzo de 1871 en
todas las circunscripciones del París en manos de la clase obrera. Pottier sacó
3.352 votos en un total de casi 3.600 emitidos en su distrito. Eso lo habilitó
a formar parte del primer gobierno obrero revolucionario de la historia.
La
represión de los reaccionarios posterior a la Comuna (que se cobró más 30.000
víctimas), la ciudad convertida en ruinas humeantes, los juicios sumarios, las
deportaciones, los que buscaban escapar a la venganza burguesa fueron el telón
de fondo en el que Eugène Pottier, en medio de la rabia, la impotencia y la
derrota, escribió el poema “La Internacional”.
Pottier
pasó su exilio en Inglaterra y en EEUU. Hacia 1880 pudo volver a Francia. Al
hacerlo se incorporó al naciente Partido Obrero, uno de los núcleos que
originaron al Partido Socialista.
Eugène
Pottier murió el 8 de noviembre de 1887. Una gran columna de obreros parisinos
acompañó sus restos al cementerio de Père Lachaise, que fueron enterrados
junto a los héroes de la Comuna de 1871. Su entierro no transcurrió de forma
rutinaria. La policía atacó al multitudinario cortejo, llevándose numerosos
detenidos. Fue, de una forma involuntaria y paradójica, el último homenaje con
que la burguesía distinguió a este escritor que supo ligar su arte a la lucha
contra la explotación. La autosatisfecha Francia burguesa reconocía en el
fallecido poeta a un enemigo de su dominación.
Pierre
Degeyter, obrero y músico
Un
año después de la muerte de Pottier, Pierre Degeyter abrió un libro de poemas
de éste. Le gustó “La Internacional” y empezó a trabajar para ponerle música.
Pierre Degeyter buscaba canciones para el coro que dirigía. Su búsqueda era
ardua ya que no había mucho material, a causa de que los compositores de corte
académico no se interesaban en la vida material de la clase obrera como tema de
composición. Mucho menos en un repertorio de canciones revolucionarias que
hiciera hincapié en la lucha contra el capitalismo y la unidad internacional de
los trabajadores.
A
los 7 años, cuando Mozart iniciaba sus primeros trabajos, Pierre Degeyter
trabajaba 9 horas en una hilandería. Al terminar el turno aprendía a leer y
escribir en forma autodidacta. Después se anotó en cursos nocturnos de las
materias que más le interesaban: dibujo, armonía e instrumentación. Cantó en
coros y después, como ya apuntamos, los dirigió. Es importante destacar su
fuerte voluntad y constancia, ya que no resulta nada fácil, después de 9 o 12
horas de trabajo, ensayar dos horas, tocar un instrumento y estudiar teoría
musical, con el inconveniente adicional de no haberlo aprendido a una edad
temprana sino en su plena adultez.
Pierre
Degeyter vivió toda su vida en condiciones materiales muy estrechas. Solamente
después que cumplió los 80 años le dieron una pensión y recibió un cierto
reconocimiento, en gran parte por ser el compositor de “La Internacional”,
una canción revolucionaria que le erizaba los pelos a la burguesía porque le
traía a la memoria el espectro de la revolución social. Pero esa canción creó
un cerco en torno suyo. Fue despedido de su empleo y tuvo que vivir gran parte
de su vida realizando trabajos ocasionales.
Contar
esta historia y socializarla entre el conjunto de compañeros que leen este periódico
es importante, porque implica tomar conciencia del significado y el sentido que
tienen las tradiciones del movimiento obrero y revolucionario. No hace falta
abundar sobre la cantidad de compañeros militantes presos y asesinados por la
represión de los capitalistas que hallaron en esta canción una forma de darse
fuerza a sí mismos en los momentos difíciles y cruentos de la lucha de clases,
o que supieron entonarla como un acto de desafío frente a sus verdugos. Contar
esta historia sirve para recordar que los que hicieron “La Internacional”
eran militantes del movimiento obrero revolucionario, que hacer la canción no
les hizo la vida más fácil, sino más difícil, y que ambos supieron estar a
la altura de su decisión y su compromiso.
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