Socialismo o Barbarie, periódico, Nº 80, 08/06/06
 

 

 

 

 

 

UBA: un debate con el PO

El conflicto en la UBA y la elección directa

Por Martín Primo

El Partido Obrero, por medio de su rama juvenil, la UJS, lanzó en un volante titulado “aportes a la discusión sobre la democratización” una verdadera carga de metralla contra la consigna de elección directa: una persona, un voto. Trataremos de desenmarañar el complejo de afirmaciones y sentencias contradictorias o infundadas que se despliegan en ese texto.

Antes de comenzar con su diatriba a la consigna democratizadora, los compañeros se vieron en la obligación de dar cuenta de que en 2002 ellos fueron la sostuvieron en el proceso de elección de director de Sociología. Ahora explican que en aquel momento era correcta, porque era una “respuesta concreta a una situación concreta”: “el movimiento estudiantil boicoteó la junta de carrera, no podían elegir director. Los estudiantes, de contragolpe plantearon la elección directa: una persona un voto, para que decidan todos antes que unos pocos”.

Curiosamente, si uno remplaza la “junta de carrera” por la asamblea universitaria, y el “director” por el rector, las situaciones concretas de ayer y de hoy se parecen bastante. Pero no obstante esto, los compañeros entienden que levantar esta consigna es “como mínimo un error político de envergadura”.

Pero leamos lo que escribían los principales referentes del PO en 2002: para Alfonso, “Una histórica reivindicación de la UJS y el PO está a punto de ser conquistada en la Facultad de Sociales de la UBA.  (...) la carrera de Sociología se dispone a elegir de manera directa a su director, quebrando los mecanismos antidemocráticos que rigen el conjunto de las facultades y Universidades del país.” (PO 757, 6-6-02). Rieznik, en tanto, aseguraba que “la elección directa abre un camino de lucha por la conquista de sus reivindicaciones (docentes), colocándolo en el mismo campo que el movimiento estudiantil, puesto que resuelve de manera progresiva la crisis de poder de la carrera que hoy se encuentra formalmente acéfala” (PO 759, 20-6-02). Y Solano, finalmente, remacha que “la masividad de la votación pone de relieve el acierto de la acción de la FUBA, cuando interrumpió la asamblea universitaria de Shuberoff y Etcheverry para reclamar la elección directa del rector” (PO 761, 4-7-02). Parece que los compañeros dan más vueltas que una veleta en pleno huracán Katrina.

Cuando el PO se dedica a la futurología

Los compañeros afirman que la elección directa es una propuesta de tipo bonapartista, puesto que el rector es elegido por todos y los consejeros de cada claustro por una parcialidad, lo que transformaría al rector en una especie de “presidente” que aplastaría la representación estudiantil. A sabiendas de la fragilidad de este argumento, puesto quien gobierna la UBA no es el rector sino el cogobierno integrado por los claustros, los escribas del PO se ven obligados a transformarse en Nostradamus y aventurar profecías: “más allá de lo que digan estrictamente los estatutos, está realidad sería inevitable”. Para que su profecía se materialice, se deberían violar los estatutos que reconocen como autoridad al Consejo Superior (cogobierno). Pero el problema no está en el ataque de misticismo, sino en una postura derrotista que afirma que los estudiantes serían “inevitablemente” derrotados en una hipotética lucha por defender, ante los avances de los sectores más reaccionarios, un sistema de gobierno que los ubicaría en mejores condiciones y que como producto de la lucha habrían logrado cristalizar en el estatuto.

La especificidad de la lucha por las directas es superar las transas y roscas que se esconden en el seno de los órganos del cogobierno y echar un poco de luz en esos compartimentos estancos a la comunidad universitaria. El compañero Alfonso, otrora dirigente de la UJS en Sociales y presidente del CECSO, así lo entendía cuatro años atrás al afirmar en defensa de la elección directa y en contraposición al sistema actual: “Este método de representación [la elección indirecta] es el que permitió perpetuar a Shuberoff durante 16 años como rector de la UBA, sobre la base de roscas y prebendas con las camarillas profesorales, beneficiarias directas del arancel y la privatización” (PO 757, 6-6-02).

La amalgama entre elección directa y elección ponderada

Luego los compañeros se despachan con una amalgama que busca que lectores distraídos confundan la elección directa –una persona un voto–, sostenida por las agrupaciones que luchamos por la democratización, con la propuesta de elección ponderada [1] apoyada por Schuster, Kirchner y el BM.

El PO nos cuenta la experiencia de las elecciones “directas” ponderadas que impuso Schuster en la facultad de Ciencias Sociales. Allí, el frente de izquierda Oktubre, a pesar de ganar cómodamente las elecciones a Centro de Estudiantes, perdió la votación a Director de Carrera. Su explicación es que “los candidatos a directores más prestigiosos son de la gestión, es decir de las camarillas (...) Oktubre no llegó a postular candidatos en muchas carreras porque no había ningún profesor dispuesto a aceptar”.

La verdadera explicación excede el problema de que la izquierda estaba limitada en sus candidatos. Las elecciones a Centro de Estudiantes son optativas y votan los sectores que están más comprometidos con la Universidad y la lucha de los estudiantes; es en ese auditorio donde la izquierda encuentra principalmente a sus interlocutores. Las elecciones a Director de Carrera son obligatorias, lo que provoca que los compañeros que están más preocupados por la defensa de la Universidad se vean diluidos en una marea de votos compuesta por sectores menos comprometidos que tienden a votar a las opciones más de centro.

Por otro lado, la explicación del PO no dice nada sobre la elección directa; sólo nos da argumentos en favor de la necesidad de imponer el claustro único docente para derrotar a las camarillas en su claustro y sumar a más de 30.000 docentes, que donde sin duda saldrán candidatos dispuestos a dar la pelea contra la universidad de las empresas.

Lo cierto que mientras la elección directa una persona un voto arrasa con la lógica de las camarillas y las transas, la elección ponderada sólo le da un barniz democratizante que tiene como única finalidad perpetuar el voto calificado y la camarilla profesoral.

Gobierno universitario y gobierno de los trabajadores

El PO trata de cruzar el debate del gobierno universitario con el del gobierno obrero y el socialismo. Un despropósito que busca tapar su falta de comprensión y esconderla bajo lo que Lenin llamaba “fraseología seudo-revolucionaria”.

El programa de democratización no soluciona todos ni definitivamente los problemas de la Universidad, y menos aún los de los trabajadores. Sólo propone dotar de mejores armas a los estudiantes y a los sectores progresivos de la Universidad para encarar la pelea por una Universidad al servicio de las necesidades de los trabajadores y el pueblo.

En el marco del dominio de la burguesía todas las conquistas, que en principio son progresivas (como lo fue el sufragio universal, consigna histórica del Movimiento Cartista inglés, la primera forma de organización que se dio el movimiento obrero contra el voto calificado) pueden terminar siendo reabsorbidas o puestas contra los oprimidos si no consiguen derribar ese dominio e imponer un gobierno propio. Pero oponerle a la democratización el gobierno obrero es de un izquierdismo infantil que sólo demuestra desconcierto frente a las problemáticas y peleas concretas de los estudiantes.

Por eso en su “tesis 8ª”, los compañeros comienzan diciendo que “la crisis actual de la UBA no tiene que ver con la falta de democracia, sino con la crisis abierta por el proceso de privatización”… y a continuación nos describen la crisis del capitalismo. Es decir, el problema no es la democratización, sino el capitalismo. Por supuesto que la causa última de la situación de la Universidad es el régimen social imperante. Pero esta explicación general no puede disolver la explicación particular, sino que debe ser puesta en función de la lucha actual de los estudiantes en vez de contraponerla a la necesidad de democratizar la UBA.

Por otro lado, es un grosero error escindir la lucha por la democratización de la problemática más de fondo de la Universidad. La crisis de la UBA está ligada al fracaso del proyecto de la LES, que tenía como uno de sus objetivos la consolidación de la Universidad de las camarillas al servicio de las empresas y el imperialismo. La actual crisis del régimen universitario, que se traduce en la pelea por la democratización, es parte y consecuencia de la crisis más general.

Claro que si la democratización no modifica en nada las relaciones de fuerza porque “la crisis actual de la UBA no tiene que ver con la falta de democracia”, y no pone en mejores condiciones a los sectores progresivos dentro de la Universidad, ¿para qué perder fuerzas y tiempo en esta lucha? La postura del PO demuestra demasiado, y refleja una inconsecuencia con la lucha de hoy. Tal vez por eso, luego de negarle al activismo estudiantil el derecho a decidir el programa de su lucha, ahora aliente expectativas en el Consejo Superior alterinista para que éste resuelva la convocatoria a un plebiscito para decidir el programa que el PO, en alianza con el MST-Alternativa y la CEPA, acordaron a espaldas de los estudiantes.

La salida al conflicto de la UBA no pasa por ese camino, sino por el de una lucha del conjunto de los estudiantes, junto con docentes y no docentes que estén por la democratización de la Universidad, para imponer la mayoría estudiantil, el claustro único docente, el claustro no docente sin patotas y la elección directa: una persona, un voto.


Nota:

1. La elección ponderada consiste en otorgarle a cada claustro, más allá del número de integrantes, una proporción previamente determinada en el total de la elección. Por ejemplo, los estudiantes son miles en la universidad, pero sólo cuentan con una representación del 25%. Si una fuerza consigue el 50% de los votos en el claustro estudiantil, esto se traduce como el 50% del 25% que le corresponde por la ponderación de los claustros. Es decir que este 50% se reduce a un 12,5%. Pero en el claustro docente, la camarilla, que son unos pocos, tienen el doble de representación que los miles de estudiantes, y así consiguen con un puñado de votos (multiplicados por la ponderación) licuar las decisiones de la mayoría de la comunidad universitaria.