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UBA:
un debate con el PO
El
conflicto en la UBA y la elección directa
Por Martín
Primo
El
Partido Obrero, por medio de su rama juvenil, la UJS, lanzó en un volante
titulado “aportes a la discusión sobre la democratización” una
verdadera carga de metralla contra la consigna de elección directa: una
persona, un voto. Trataremos de desenmarañar el complejo de afirmaciones y
sentencias contradictorias o infundadas que se despliegan en ese texto.
Antes
de comenzar con su diatriba a la consigna democratizadora, los compañeros se
vieron en la obligación de dar cuenta de que en 2002 ellos fueron la
sostuvieron en el proceso de elección de director de Sociología. Ahora
explican que en aquel momento era correcta, porque era una “respuesta concreta
a una situación concreta”: “el movimiento estudiantil boicoteó la junta de
carrera, no podían elegir director. Los estudiantes, de contragolpe plantearon
la elección directa: una persona un voto, para que decidan todos antes que unos
pocos”.
Curiosamente,
si uno remplaza la “junta de carrera” por la asamblea universitaria, y el
“director” por el rector, las situaciones concretas de ayer y de hoy se
parecen bastante. Pero no obstante esto, los compañeros entienden que levantar
esta consigna es “como mínimo un error político de envergadura”.
Pero
leamos lo que escribían los principales referentes del PO en 2002: para
Alfonso, “Una histórica reivindicación de la UJS y el PO está a punto de
ser conquistada en la Facultad de Sociales de la UBA. (...) la carrera de Sociología se dispone a elegir de manera
directa a su director, quebrando los mecanismos antidemocráticos que rigen el
conjunto de las facultades y Universidades del país.” (PO 757, 6-6-02).
Rieznik, en tanto, aseguraba que “la elección directa abre un camino de lucha
por la conquista de sus reivindicaciones (docentes), colocándolo en el mismo
campo que el movimiento estudiantil, puesto que resuelve de manera progresiva la
crisis de poder de la carrera que hoy se encuentra formalmente acéfala” (PO
759, 20-6-02). Y Solano, finalmente, remacha que “la masividad de la votación
pone de relieve el acierto de la acción de la FUBA, cuando interrumpió la
asamblea universitaria de Shuberoff y Etcheverry para reclamar la elección
directa del rector” (PO 761, 4-7-02). Parece que los compañeros dan más
vueltas que una veleta en pleno huracán Katrina.
Cuando
el PO se dedica a la futurología
Los
compañeros afirman que la elección directa es una propuesta de tipo
bonapartista, puesto que el rector es elegido por todos y los consejeros de cada
claustro por una parcialidad, lo que transformaría al rector en una especie de
“presidente” que aplastaría la representación estudiantil. A sabiendas de
la fragilidad de este argumento, puesto quien gobierna la UBA no es el rector
sino el cogobierno integrado por los claustros, los escribas del PO se ven
obligados a transformarse en Nostradamus y aventurar profecías: “más allá
de lo que digan estrictamente los estatutos, está realidad sería
inevitable”. Para que su profecía se materialice, se deberían violar los
estatutos que reconocen como autoridad al Consejo Superior (cogobierno). Pero el
problema no está en el ataque de misticismo, sino en una postura derrotista que
afirma que los estudiantes serían “inevitablemente” derrotados en una hipotética
lucha por defender, ante los avances de los sectores más reaccionarios, un
sistema de gobierno que los ubicaría en mejores condiciones y que como producto
de la lucha habrían logrado cristalizar en el estatuto.
La
especificidad de la lucha por las directas es superar las transas y roscas que
se esconden en el seno de los órganos del cogobierno y echar un poco de luz en
esos compartimentos estancos a la comunidad universitaria. El compañero
Alfonso, otrora dirigente de la UJS en Sociales y presidente del CECSO, así lo
entendía cuatro años atrás al afirmar en defensa de la elección directa y en
contraposición al sistema actual: “Este método de representación [la elección
indirecta] es el que permitió perpetuar a Shuberoff durante 16 años como
rector de la UBA, sobre la base de roscas y prebendas con las camarillas
profesorales, beneficiarias directas del arancel y la privatización” (PO 757,
6-6-02).
La
amalgama entre elección directa y elección ponderada
Luego
los compañeros se despachan con una amalgama que busca que lectores distraídos
confundan la elección directa –una persona un voto–, sostenida por las
agrupaciones que luchamos por la democratización, con la propuesta de elección
ponderada [1] apoyada
por Schuster, Kirchner y el BM.
El
PO nos cuenta la experiencia de las elecciones “directas” ponderadas
que impuso Schuster en la facultad de Ciencias Sociales. Allí, el frente de
izquierda Oktubre, a pesar de ganar cómodamente las elecciones a Centro de
Estudiantes, perdió la votación a Director de Carrera. Su explicación es que
“los candidatos a directores más prestigiosos son de la gestión, es decir de
las camarillas (...) Oktubre no llegó a postular candidatos en muchas carreras
porque no había ningún profesor dispuesto a aceptar”.
La
verdadera explicación excede el problema de que la izquierda estaba limitada en
sus candidatos. Las elecciones a Centro de Estudiantes son optativas y votan los
sectores que están más comprometidos con la Universidad y la lucha de los
estudiantes; es en ese auditorio donde la izquierda encuentra principalmente a
sus interlocutores. Las elecciones a Director de Carrera son obligatorias, lo
que provoca que los compañeros que están más preocupados por la defensa de la
Universidad se vean diluidos en una marea de votos compuesta por sectores menos
comprometidos que tienden a votar a las opciones más de centro.
Por
otro lado, la explicación del PO no dice nada sobre la elección directa; sólo
nos da argumentos en favor de la necesidad de imponer el claustro único docente
para derrotar a las camarillas en su claustro y sumar a más de 30.000 docentes,
que donde sin duda saldrán candidatos dispuestos a dar la pelea contra la
universidad de las empresas.
Lo
cierto que mientras la elección directa una persona un voto arrasa con la lógica
de las camarillas y las transas, la elección ponderada sólo le da un barniz
democratizante que tiene como única finalidad perpetuar el voto calificado y la
camarilla profesoral.
Gobierno
universitario y gobierno de los trabajadores
El
PO trata de cruzar el debate del gobierno universitario con el del gobierno
obrero y el socialismo. Un despropósito que busca tapar su falta de comprensión
y esconderla bajo lo que Lenin llamaba “fraseología seudo-revolucionaria”.
El
programa de democratización no soluciona todos ni definitivamente los problemas
de la Universidad, y menos aún los de los trabajadores. Sólo propone dotar de
mejores armas a los estudiantes y a los sectores progresivos de la Universidad
para encarar la pelea por una Universidad al servicio de las necesidades de los
trabajadores y el pueblo.
En
el marco del dominio de la burguesía todas las conquistas, que en principio son
progresivas (como lo fue el sufragio universal, consigna histórica del
Movimiento Cartista inglés, la primera forma de organización que se dio el
movimiento obrero contra el voto calificado) pueden terminar siendo reabsorbidas
o puestas contra los oprimidos si no consiguen derribar ese dominio e imponer un
gobierno propio. Pero oponerle a la democratización el gobierno obrero es de un
izquierdismo infantil que sólo demuestra desconcierto frente a las problemáticas
y peleas concretas de los estudiantes.
Por
eso en su “tesis 8ª”, los compañeros comienzan diciendo que “la crisis
actual de la UBA no tiene que ver con la falta de democracia, sino con la crisis
abierta por el proceso de privatización”… y a continuación nos describen
la crisis del capitalismo. Es decir, el problema no es la democratización, sino
el capitalismo. Por supuesto que la causa última de la situación de la
Universidad es el régimen social imperante. Pero esta explicación general no
puede disolver la explicación particular, sino que debe ser puesta en función
de la lucha actual de los estudiantes en vez de contraponerla a la necesidad de
democratizar la UBA.
Por
otro lado, es un grosero error escindir la lucha por la democratización
de la problemática más de fondo de la Universidad. La crisis de la UBA está
ligada al fracaso del proyecto de la LES, que tenía como uno de sus objetivos
la consolidación de la Universidad de las camarillas al servicio de las
empresas y el imperialismo. La actual crisis del régimen universitario, que se
traduce en la pelea por la democratización, es parte y consecuencia de la
crisis más general.
Claro
que si la democratización no modifica en nada las relaciones de fuerza
porque “la crisis actual de la UBA no tiene que ver con la falta de
democracia”, y no pone en mejores condiciones a los sectores progresivos
dentro de la Universidad, ¿para qué perder fuerzas y tiempo en esta lucha? La
postura del PO demuestra demasiado, y refleja una inconsecuencia con la lucha de
hoy. Tal vez por eso, luego de negarle al activismo estudiantil el derecho a
decidir el programa de su lucha, ahora aliente expectativas en el Consejo
Superior alterinista para que éste resuelva la convocatoria a un plebiscito
para decidir el programa que el PO, en alianza con el MST-Alternativa y la CEPA,
acordaron a espaldas de los estudiantes.
La
salida al conflicto de la UBA no pasa por ese camino, sino por el de una lucha
del conjunto de los estudiantes, junto con docentes y no docentes que estén por
la democratización de la Universidad, para imponer la mayoría estudiantil, el
claustro único docente, el claustro no docente sin patotas y la elección
directa: una persona, un voto.
Nota:
1.
La elección ponderada consiste en otorgarle a cada claustro, más
allá del número de integrantes, una proporción previamente determinada en el
total de la elección. Por ejemplo, los estudiantes son miles en la universidad,
pero sólo cuentan con una representación del 25%. Si una fuerza consigue el
50% de los votos en el claustro estudiantil, esto se traduce como el 50% del 25%
que le corresponde por la ponderación de los claustros. Es decir que este 50%
se reduce a un 12,5%. Pero en el claustro docente, la camarilla, que son unos
pocos, tienen el doble de representación que los miles de estudiantes, y así
consiguen con un puñado de votos (multiplicados por la ponderación) licuar las
decisiones de la mayoría de la comunidad universitaria.
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