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Debate
en la izquierda venezolana
¿Qué
hacer en las elecciones presidenciales?
Por
Roberto
Sáenz
Como
señalábamos en nuestro periódico Socialismo o Barbarie Nº 78, las elecciones
presidenciales de diciembre en Venezuela han desatado un debate a nivel de la
vanguardia de ese país. Si bien desde Buenos Aires sería
equivocado dar una definición taxativa respecto de la táctica
electoral, se están esbozando grosso modo cuatro posiciones: los que apoyan
fervorozamente a Chávez, como el M-13 de Roland Denis, cuyo movimiento es
reivindicado contra
el PRS por varias de las corrientes del trotskismo (MES, grupo Praxis, etc);
un llamado de voto acrítico de los dirigentes obreros y del PRS vinculados a la UIT- MST- El Socialista (sometido
a duras presiones por su pelea contra la burocracia chavista en el seno
de la UNT ); el voto en blanco, levantado alegremente por grupos como el PTS,
sin responsabilidad alguna en ese país; y el planteo táctico de voto crítico
esbozado en su volante para el acto del 1º de Mayo por un sector de izquierda
del propio PRS, como es el caso de los compañeros del Petare.
En
lo que sigue, intentaremos fundamentar por qué la opción táctica del voto crítico
puede ser una alternativa valida y
completamente principista en el marco de la lucha por la independencia de clase
de los trabajadores en Venezuela en las actuales condiciones concretas.
El
contexto político
A
fin de año se realizan las elecciones en presidenciales en Venezuela. El
chavismo ya ha lanzado su campaña por los “10 millones de votos” como forma
de “plebiscitarse”. Las mismas se darán en un contexto donde Chávez está
dando claros pasos en la reabsorción e institucionalización del proceso
revolucionario. Como cortina de humo, refuerza la campaña alrededor de los
supuestos peligros de “ataque imperialista” los que, en la actual coyuntura,
no están a la orden del día. Al tiempo que hace acuerdos con distintos
sectores patronales, el chavismo está saliendo al ataque de la mayor
experiencia de organización que esboza un curso independiente de él. Se trata
del caso de la riquísima experiencia de la UNT (ver artículo aparte). Es que
el de Chávez, como gobierno nacionalista burgués que es, no puede admitir
la existencia de una organización obrera independiente del gobierno y el
Estado, razón por la cual está jugado a cooptar y/o dividir a la UNT,
derrotando al sector obrero mayoritario, encabezado por los compañeros
Orlando Chirino y Stalin Pérez Borges entre otros.
La
complejidad de la situación se basa en el hecho de que a pesar de la existencia
de una importante serie de luchas reivindicativas, la experiencia con Chávez
–no así con sus funcionarios y los partidos del Movimiento V Republica– ha
avanzado todavía poco entre las amplias masas trabajadoras. Por su parte,
la oposición burguesa, parece estar inclinándose hacia la abstención como vía
de deslegitimación y desestabilización del gobierno chavista, como lo hicieron
con buenos resultados en las últimas elecciones legislativas de fines del año
pasado. En estas condiciones, el PRS, que no tiene legalidad,
no puede presentar una candidatura obrera independiente, como sería
necesario.
Critica
del voto acrítico a Chávez
Es
el ABC de la política revolucionaria que junto con nuestro programa y
estrategia, existe la necesidad de levantar tácticas a través de las
cuales éstas se expresan. Esto es así sobre todo cuando se dirige o se tiene
responsabilidades sobre sectores reales de las masas o de una amplia vanguardia.
El
problema político real que hay en
Venezuela para las próximas elecciones es que todavía la mayoría de los
obreros son políticamente “chavistas”, incluso los más avanzados que se
agrupan en la UNT.[1]
Este problema no
puede desconocerse –en el terreno táctico– para cualquier orientación
que luche realmente por la independencia de clase. Es en esas
condiciones reales y no en las “ideales”, las que nos gustarían a
nosotros, y en el marco de que el PRS y la UNT dirigen (sin duda, mucho más
sindical que políticamente) a un sector real de la base obrera, es que se debe
llevar a cabo una política crítica y totalmente independiente del chavismo
también en el proceso electoral. Las adecuaciones en la manera de llevar
a cabo nuestra estrategia y política hacen justamente a las tácticas.
¿A
dónde pretendemos ir con todo esto? Muy sencillo: a compañeros dirigentes
obreros como Chirino o Stalin, en plena pelea contra las corrientes chavistas en
el seno de la UNT, (sin posibilidad de presentar una candidatura obrera
independiente como debería ser el caso), plantearles la discusión del voto en
blanco nos parece totalmente fuera de lugar. Sería el camino para que
pierdan la dirección de la mayoría de los obreros de la UNT, que, al mismo
tiempo que defienden la independencia de la Central respecto del Estado y el
propio gobierno, aún son chavistas.
Sin
embargo, despejado esto, sí cabe con ellos una discusión central: el voto a
Chávez, de no existir otra alternativa, debe ser levantado claramente de manera
crítica, porque de otra manera termina siendo un injustificado e injustificable
apoyo político a un gobierno burgués. Lamentablemente, no es así como lo
plantean los compañeros, como se puede ver en reiteradas declaraciones de
Chirino o en las resoluciones del reciente Congreso de la UNT, que tienen más
el carácter de apoyo político a Chávez que otra cosa.
Los
compañeros del MST-El Socialista (UIT) han escrito correctamente que el voto
es algo táctico.[2] Pero justamente lo que no es táctico, sino políticamente
de principios, es nuestra política. Y ésta no puede ser más que
totalmente crítica e independiente de Chávez. Y la manera en que vienen
levantando el voto a Chávez estos compañeros en el seno de la UNT, hasta
ahora, no ha respondido a esta exigencia elemental.
Voto
en blanco: cuando una táctica transformada en estrategia
Tomemos
otro caso: el del PTS y la JIR.[3]
Para los compañeros, la cosa es fácil. Buscan colocarse siempre a
“izquierda”, no importa si para esto es necesario amalgamar las
posiciones de todas las demás corrientes que le “compiten”, ni darle la
menor importancia a las condiciones concretas en que se debe llevar a cabo la
política revolucionaria. Un caso de deshonestidad intelectual que muestra
rasgos de secta política.[4]
Nuestra
corriente pretende caracterizarse por defender intransigentemente la centralidad
de la clase obrera y su acción autodeterminada e independiente; una corriente
que tiene entre sus bases fundacionales, el no reconocer siquiera
“excepcionalmente” –como sí lo hace el PTS– que pueda haber
revoluciones socialistas sin el rol central y dirigente de nuestra clase.
Pero
al mismo tiempo, no pretendemos educar a nuestra militancia ni –menos
que menos– a la vanguardia obrera en general, en los criterios de secta de
basar toda nuestra estrategia de construcción en la pose de estar supuestamente
“a la izquierda” de las demás tendencias políticas, sino en dar las
respuestas que consideramos correctas según sean las exigencias y el terreno
real de la lucha de clases. Es decir, a dar respuestas auténticamente
revolucionarias.
Un
criterio de elemental honestidad intelectual y revolucionaria obliga a reconocer
que cuando una tendencia política tiene responsabilidades reales sobre
amplios sectores de vanguardia (o incluso franjas de masas), hay que tener en
cuenta esta cuestión a la hora de formular las tácticas. Como los compañeros
del PTS no dirigen nada en Venezuela, como los compañeros no tienen en
cuenta –como marco de referencia obligado– al propio PRS y la C-CURA (dos
importantes conquistas, más allá de todos los límites que puedan tener), les
resulta gratis el planteo del voto en blanco [5], blandiendo la espada de
que serían “los únicos revolucionarios”. Para este operativo, transforman
un problema que siempre ha sido táctico en la tradición del marxismo
revolucionario en algo estratégico.[6]
El
análisis concreto de la realidad concreta hoy en Venezuela indica que, hoy por
hoy, el PRS no tiene legalidad y no puede presentar candidaturas propias.
Ésta es la perspectiva por la que hay que trabajar y habría que balancear si
esto no ha sido así incluso por el propio retraso que han tenido los
compañeros en poner en pie el PRS. Efectivamente, esta realidad es una
desgracia, y la debilidad del PRS mismo, el problema más grave del proceso
revolucionario en Venezuela es la ausencia de un fuerte partido revolucionario
en el país.[7]
Pero,
al mismo tiempo, los revolucionarios tenemos que partir de la realidad tal
cual es, no de cómo nos gustaría que fuera en nuestra imaginación. Esta
es una exigencia del propio método leninista.[8]
En
estas condiciones, no deja de ser una alternativa válida [9] el planteo táctico
de acompañar críticamente la experiencia de la base obrera con el chavismo,
haciendo un voto crítico que tenga como centro un pliego de denuncias y
exigencias al propio gobierno, que debería arrancar por defender la
independencia más absoluta de la UNT del gobierno y el Estado y que, en
sustancia, Chávez no puede cumplir. Como lo dicen los propios compañeros del
PRS-Petare: “(...) se debe promover la independencia de clase frente al Estado
capitalista, llamando a que todo apoyo electoral al gobierno se haga mediante un
Pliego de Peticiones. Y preparando desde ahora las candidaturas
obreras-campesinas-populares que disputen en el futuro todos los espacios políticos”.
Esta
batalla por el voto crítico creemos que puede ser una de las alternativas válidas
a pelear en el seno del PRS y no la abstracción fuera de todo tiempo y lugar
del voto en blanco, que el único efecto práctico que puede tener no es lograr
muchos obreros “votoblanquistas”, sino entregar empaquetada la UNT al
chavismo.
No
a la campaña de los “10 millones”
Lo
que venimos señalando no quiere decir que haya que sumarse a la antidemocrática
y plebiscitaria campaña de los “10 millones de votos para Chávez”. Todo lo
contrario. La eventualidad de un voto crítico debe ir de la mano del categórico
rechazo a esta campaña, a la cual le capitulan prácticamente todas las
corrientes de la izquierda. Se trata de una necesidad política elemental,
que lamentablemente –hasta ahora– los compañeros del PRS no han encarado
correctamente.
Por
el contrario, los compañeros del PRS y de la UNT no deberían perder un minuto
en el tema del voto a Chávez, ni menos que menos “organizar actos
electorales” (como figura en las resoluciones del Congreso de la UNT). El eje
de su política y actividad revolucionaria no debe ser y no puede ser el llamado
a votar a Chávez, sino la crítica y la exigencia al chavismo y el avanzar
en la organización política y sindical independiente. Es sobre esto que
creemos debe basarse una política revolucionaria frente a la coyuntura
electoral en Venezuela, y es en estos términos que creemos que se debe poner
hoy la discusión en el seno del PRS.
Notas:
1.
Por otra parte, ha comenzado un proceso de experiencia política con Chávez,
aun indirecto, pero claramente reflejado en el ultimo congreso de la UNT en el
rechazo a Marcela Máspero, al FBT y otros sectores chavistas, que quedaron en
minoría.
2.
Ver sus textos presentados para el debate de la autoconvocatoria en
www.corrientepraxis.org.ar
3.
Juventud de Izquierda revolucionaria, un pequeño grupo que en Venezuela es
parte de la Fracción Trotskista, al igual que el PTS argentino.
4.
La total arbitrariedad en las polémicas no hace parte de la tradición auténtica
del marxismo revolucionario, sino de las practicas burocráticas del
“trotskismo de Yalta”, tan cuestionado por los compañeros.
5.
Quizá dentro de unos meses no sea tan barato si los “escuálidos” y el
imperialismo también se juegan por la abstención y el voto en blanco. En ese
caso, los compañeros del PTS-JIR estarían en serios problemas para discutir su
táctica con los trabajadores. Pero igualmente para la definición definitiva de
una u otra táctica hay que terminar de ver cómo queda el escenario electoral.
6.
El voto no es un problema de “principios”, siempre ha sido un problema táctico.
Es decir un medio, una “forma” subordinada al contenido de la política
revolucionaria. Lo que es de principios es precisamente la política, que
siempre debe ser independiente y critica respecto de las candidaturas y/o
gobiernos burgueses, incluyendo frentes políticos y/o electorales de colaboración
con sectores de la burguesía, o aunque más no sea su “sombra”.
7-
Por no hablar del desastre
oportunista de los que plantean que “ha sido un error constituirlo”,
que “es más de lo mismo”, que levanta “un Muro de Berlín entre los
obreros y los revolucionarios” y que “lo mejor sería disolverlo”, como es
el lamentable caso del valioso grupo de compañeros jóvenes que integran Praxis
en la Argentina.
8.
Como ensaña Lenin, la eventualidad del voto crítico es como un
“compromiso” que debemos llevar adelante los revolucionarios con nuestra
propia clase en la pelea de ganarla para la independencia de clase y
revolucionaria.
9.
Insistimos en que no queremos dar una definición taxativa, desde Buenos Aires,
de una cuestión táctica. Sólo esbozamos el debate acerca de las posibilidades
que hay dentro del terreno de nuestros principios.
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