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Prematuro
lanzamiento de la campaña electoral
Eran
pocos y cayó Lavagna
El
momento político post acto del 25 de mayo está teñido por un hecho
insoslayable: el lanzamiento oficial de la campaña electoral, cuando faltan más
de 15 meses para las elecciones. Desde el punto de vista del gobierno, esto
significa, obviamente, la puesta en marcha del operativo reeleccionista, aunque
Kirchner todavía intente sembrar dudas en el sentido de si será él mismo o su
esposa quien encabece el Frente para la Victoria (el candidato “será pingüino
o pingüina”, dijo hace poco).El objetivo de fondo de este operativo es claro:
instalar la atención de la vida política de las grandes masas populares –a
lo largo de meses y meses- en la disputa burguesa por el “botín” electoral,
achatando todo lo posible las luchas obreras y populares.
En
este marco, no sólo en el mundo K empezaron los aprestos electorales. Para
sorpresa y consternación tanto de oficialistas como de sectores de la oposición
burguesa, el ex ministro de Economía de Duhalde y Kirchner, Roberto Lavagna, se
ha lanzado a la escena como candidato con el apoyo de un sector de la UCR y el
duhaldismo. Hace esto con el guiño de un sector de la clase capitalista
local que ve con malos ojos no sólo los modales políticos “bruscos”
del kirchnerismo, sino, lo que es más importante, desaprueba ciertas veleidades
“estatistas” del actual gobierno y prefieren un rumbo más “ortodoxo”
y promercados.
En
busca de la alternancia
De
esta manera, se intenta ocupar un vacío político que se arrastra desde
hace tiempo: el de una oposición burguesa real al gobierno, que cierre
totalmente las puertas a la eventual emergencia política de la oposición
“social”. Se trata de algo que preocupa a los capitalistas y al
imperialismo, porque hace también a consolidar instituciones de un régimen político
que descansa casi exclusivamente sobre la imagen presidencial y que necesita
para fortalecerse más de la “alternancia”. La situación en la que
Kirchner abarca casi todo el escenario, dejando sólo algún resquicio a derecha
e izquierda, es no sólo anormal sino peligrosa para cualquier régimen
de la democracia burguesa, que requiere para su buena salud presentar cada
tantos años “alternativas”...
Esto
es lo que normalmente se expresa en el llamado sistema bipartidista, que
en Argentina (y en muchos países de América Latina) está en crisis total y
depende del constante armado y rearmado de “coaliciones” muy inestables.
Así, el PJ es un partido vaciado de contenido, y la UCR ya carece casi
hasta de forma. Es sintomático que Lavagna se identifique con el peronismo pero
haya sido funcionario de Alfonsín, y que reciba apoyo de sectores de ambos
partidos. Otra parte de la UCR (sobre todo los gobernadores provinciales) busca
un lugar bajo el ala de Kirchner, dependientes como son de los aportes del
Tesoro Nacional. Un tercer sector radical (muy magro, por cierto), el de
Stolbizer, busca un acuerdo con la ex radical de “centro izquierda”Carrió,
quien a su vez coquetea con otro ex radical pero de derecha, Ricardo López
Murphy. Éste, por su lado, viene de hacer una alianza con el ex peronista
Macri, y el acuerdo entre ambos y el neuquino Sobisch va derecho al naufragio.
La débil socialdemocracia vernácula, timoneada por Hermes Binner, estuvo cerca
de Kirchner y ahora tantea a Carrió, luego de haber protagonizado el Encuentro
de Rosario, frustrado espacio de centro izquierda donde estuvieron desde
Stolbizer hasta el Partido Comunista.
Este
panorama muestra el nivel de descomposición del sistema de partidos
tradicionales y de impotencia e inoperancia de los que hasta ahora venían
ocupando, casi por defecto, el rol de oposición burguesa.
La
aparición de Lavagna (que tiene el evidente objetivo de establecer un claro
foco opositor contra Kirchner), introduce –a la vez– “ruido” en la
marcha triunfal del gobierno y confusión en el espectro político, ya que a
la vez que baraja y da de nuevo el juego de las alianzas en la oposición, le
embarra un poco la cancha al oficialismo, que preveía que la reelección de
Kirchner –con rivales de la talla de Macri, Sobisch o Carrió– iba a ser un
paseo.
Frente
Clasista y Socialista
En
este marco, esta planteado el problema de cuál debe ser la orientación
de los sectores clasistas y la izquierda independiente en la actual coyuntura.
La primera tarea sigue siendo la de rodear de solidaridad cada pelea que
surja, rompiendo el cepo a las luchas, en la perspectiva de poner en pie una
verdadera Tendencia Clasista y un Encuentro de Trabajadores. Si por razones de
la coyuntura económica internacional u otras las condiciones de la economía
llegaran a cambiar, muchos planes electorales podrían aguarse y volver una
fuerte coyuntura de luchas. Por ahora, la realidad de las peleas obreras parece
más mediada, aunque el factor más dinámico y rico sigue siendo la
reorganización que se sigue desarrollando con fuerza desde abajo.
Al
mismo tiempo, la izquierda socialista y los dirigentes antiburocráticos y/o
clasistas tiene planteada la tarea de poner en pié un punto de referencia
independiente y clasista, opositor al gobierno K y a todas las fuerzas
patronales. Hay que elevar la oposición “social” presente –con alzas
y bajas desde el 2001– en oposición política de clase. Estratégicamente,
esto plantea poner en pie un Movimiento Político de Trabajadores. En la
coyuntura, hay que poner sobre la mesa la conformación de un Frente Clasista
y Socialista, el que podría estar integrado por los dos MST, el PO, el MAS
y el PTS, así como por los principales dirigentes y referencias clasistas
emergentes en el último periodo. Esto, claro está, implica dejar de lado las
veleidades electoralistas y autoproclamatorias, los acuerdos con “figurones”
patronales (tipo Mario Cafiero) o el seguidismo a corrientes que no defienden la
independencia de clase de los trabajadores.
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