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Anulación
sin indemnización de la privatización de YPF y de todos los contratos
petroleros
Por
la expropiación de Repsol bajo control de
los trabajadores
Si
bien las medidas anunciadas por Evo Morales no han constituido una auténtica
nacionalización de las empresas gasíferas y petroleras en Bolivia, el solo
hecho de que fuercen una renegociación de los contratos con Petrobras, Repsol y
demás multinacionales le ha metido presión a los demás gobiernos
“progresistas” de la región.
La
reciente reunión en Puerto Iguazú entre Lula, Kirchner, Chávez y Morales fue
convocada de urgencia para que sobre todo los dos primeros auspicien de
representantes y mandaderos diplomáticos de Petrobras y Repsol en defensa de
sus intereses a la hora de la renegociación de los contratos con el Estado
boliviano. Si bien no apoyamos políticamente la “nacionalización”
de Morales por limitada e inconsecuente, defendemos el derecho
soberano que tiene el pueblo boliviano de fijar la política de hidrocarburos
que le parezca, e incluso defendemos las inconsecuentes medidas tomadas por el
propio Morales de los “aprietes” de las multinacionales, el imperialismo y
los gobiernos “amigos”.
Tribulaciones
del vocero de Repsol
En
este marco, se habla de que Kirchner podría imitar la medida de Morales y hacer
alguna anuncio espectacular en el acto del 25 de Mayo. No seria la primera vez
que el gobierno busque hacer demagogia tomando una medida en apariencia
“soberana”, pero que en el fondo no sea mas que una forma de relegitimar el
saqueo de los 90. Esto ya ha ocurrido, por ejemplo, en el caso de las leyes
laborales, donde la derogación de la ley Banelco no significó nada
desde el punto de vista de acabar o al menos limitar la esclavitud laboral que
impera en los lugares de trabajo. Los avances que ha habido en este sentido en
importantes sectores de vanguardia, como el Subte y otros, sólo se han debido a
la lucha de sus trabajadores.
Todo
el contexto hace prever que cualquier medida que podría anunciar Kirchner tendrá
por encima de todo el carácter de una trampa para escamotear la posibilidad
de que se ponga en pie una auténtica campaña por la expropiación sin
indemnización de Repsol-YPF y el paso al control y / o administración obrera
de la compañía.
El
gobierno “nacional y popular” ya tiene listas las excusas: “Sencillamente,
no podemos nacionalizar los hidrocarburos como hizo Evo. Si caducáramos las
concesiones, la propiedad revertiría a las provincias y no a la nación. Es uno
de los muchos errores de la Constitución de 1994. Lo peor es que nosotros
tuvimos mucho que ver con ese error” (Página 12, 7-5-06).
Efectivamente, en el terreno de la privatización de YPF como en otros, Kirchner
tuvo un papel protagónico como el mejor alumno del “modelo
neoliberal” de Menem, contra el cual ahora tanto despotrica. De ahí la relación
de privilegio que tiene desde hace más de una década con Repsol.
Saqueo
descarado
Desde
entonces, el saqueo de las multinacionales es descarado. Para colmo, al
no haber invertido un peso en exploración, el horizonte de reservas no para de
bajar (hoy está en no más de 8 años), lo que plantea para el futuro próximo
la acentuación de la crisis energética que ya padece hoy el país y su
transformación en importador neto de combustibles. La contrapartida de esto
han sido las ganancias récord de Repsol en la Argentina (en torno a los
2.000 millones de dólares promedio cada año), que convierten al país en
la mina de oro de la empresa a nivel internacional.
Como
dice un analista: “antes que preocuparse por el muy leve impacto que podría
tener el encarecimiento del gas marginal que se le compra a Bolivia, resulta más
urgente preguntarse qué sucede domésticamente con el reparto de la renta
hidrocarburífera y con el horizonte de autoabastecimiento que está dejando la
actividad privada. Según un informe de la CEPAL, el costo de producción del
barril del petróleo en nuestro país es de sólo 2,6 dólares. Pero aun cuando
este costo fuera de 6 dólares, como dice Repsol, o de 12, como señaló el
ministro De Vido, la distancia hasta los 70 dólares que cotiza el barril en
el mercado internacional da la idea de los márgenes extraordinarios de
ganancias en manos de las empresas” (Página 12, 7-5-06).
Poner
en pie una campaña por la expropiación de Repsol
El
ciclo de rebeliones populares en la región ha puesto sobre la mesa el
cuestionamiento a la entrega de los 90 y la recuperación de los recursos
naturales de manos de las multinacionales. Estos mismos vientos comienzan a
soplar en nuestro país. Y aquí es donde mueren las palabras del gobierno K,
que se dice “progresista” pero que en los hechos es un agente directo
de grandes capitalistas y multinacionales exportadoras, como Techint y la propia
Repsol. De la mano de este gobierno es imposible que venga una autentica
expropiación de las empresas petroleras. Al mismo tiempo, no se puede
descartar algún anuncio demagógico (Repsol está hablando de que podría
vender el 25% de sus acciones), pero que en lo esencial apuntará a
relegitimar el saqueo y escamotear una creciente reivindicación
antiimperialista.
En
estas condiciones, desde la vanguardia obrera y las corrientes de izquierda,
es hora de poner en marcha una sistemática y firme campaña por la expropiación
de Repsol y demás multinacionales petroleras.
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