|
Un
congreso vaciado de contenido
FUBA:
de la mayoría estudiantil no se habla
Por
Sergio
Pons
Agrupación Ya Basta!
Después
del fallido intento de hace 15 días de realizar el congreso de la Federación,
finalmente éste se llevó a cabo. En un marco de gran lucha contra Alterini y
la Asamblea Universitaria, tomando el Nacional Buenos Aires y Medicina y
luchando contra la patota no docente es que el movimiento estudiantil se pone en
el centro de la escena política.
En
este congreso se cruzaban varias cuestiones: en primer lugar por el intento de
la Franja Morada de crear una FUBA paralela, que desde nuestra agrupación
repudiamos enérgicamente, pero también por la discusión sobre qué programa
debe tener el movimiento por la democratización de la UBA y qué centros y
federaciones necesitamos construir. Partiendo de la base de derrotar a la
derecha y al gobierno con su política de dividir al movimiento estudiantil,
queríamos debatir con el activismo y la conducción de la Federación que la
lucha en la UBA debe ser encabezada con un programa claro: mayoría estudiantil
en los claustros, claustro único docente disolviendo el de graduados,
representación de los no docentes sin la patota y elección directa de todas
las autoridades. En cambio, la ambigüedad mostrada por la FUBA en su plebiscito
hace que acuerden con él desde los decanos progres aplicadores de la LES hasta
las corrientes kirchneristas (si quedara el gobierno universitario con 8
docentes, 5 estudiantes y 3 no docentes, se cumple el programa de la FUBA… y
la Venceremos).
Además,
creemos que la crisis de vaciamiento de estudiantes de la propia Federación
podría empezar a solucionarse votando un funcionamiento mas democrático para
la discusión y toma de decisiones, llevando a la FUBA a organizarse en base a
las asambleas de las facultades e interfacultades, y no que quede todo entre los
tres presidentes en el local de la FUBA de Uriburu.
Para
nosotros, realizar el congreso de la Federación de manera efectivamente abierta
podía empezar a marcar un punto de inflexión contra la costumbre de los
“congresos de rosca”, en los que sólo se reparten cargos entre las
corrientes pero no se discute una política de fondo con el movimiento
estudiantil. Fue por todo esto que nos jugamos a participar con fuerza y a
convocar a los compañeros activistas a ser parte del congreso abierto,
pero… no fue tal.
Las
comisiones abren el debate… mientras la conducción se prepara para liquidarlo
De
las tres comisiones votadas realizadas –situación política, democratización
y movimiento estudiantil–, en la que más debate hubo fue en la de
democratización, a la vez la de mayor convocatoria, con el triple de
participantes que las otras. Es que para el movimiento estudiantil ése era el
principal problema político que debía resolver el congreso. En esta comisión
dimos una pelea a brazo partido sobre por qué el eje del programa por la
democratización debe ser la mayoría estudiantil en los claustros. Sólo la
CEPA dijo estar en contra. A su vez, para que las votaciones no queden en manos
de las roscas superestructurales, planteamos la elección directa de las
autoridades, lo cual ya genera más debate porque ahora tanto el PO como la CEPA
están en contra. La discusión en la comisión empieza a mellar el programa que
sostiene la FUBA (materializado en el plebiscito) y queda sólo la propia
conducción defendiendo la política del plebiscito.
En
la comisión de movimiento estudiantil, planteamos que la FUBA debía cambiar su
estructura, dejando en claro que esta forma de conducirla deja afuera a los
estudiantes. Desde que la izquierda (Frente 20 de diciembre) conduce la Federación,
jamás se resolvió la política de la FUBA de manera abierta y democrática, y
esto lleva a que el activismo sienta a la Federación como algo ajeno. Nunca se
tuvo una política para organizar al activismo que lucha, ya que en una
universidad que nuclea 300.000 estudiantes, a la FUBA sólo la sustentan los
militantes de las corrientes de la conducción (a la vez que sus militantes se
sustentan en base a los “becarios” de la Federación).
Para
sintetizar; podríamos decir que es un gremio que se dirige con “decretos”
consensuados entre la CEPA, el PO y el MST 1, un método repudiado por la base
del movimiento estudiantil que no la incluye a la hora de decidir. Si esto fuese
reemplazado por un mecanismo de asambleas e Interfacultades cambiaría la tónica
de la FUBA y la relación con el activismo, que tomaría como propias cada una
de las resoluciones y discusiones.
Con
las propias comisiones debatiendo parecía ir todo encaminado normalmente, pero
por atrás el frente CEPA-PO-MST 1 estaba cocinando el estofado: querían hacer
votar la conducción en paralelo y puenteando a las comisiones. De hecho,
actuaban como si fuesen dos congresos distintos: uno que resolvía y otro que
discutía.
Ahí
fue cuando empezó una polémica crucial: nuestra agrupación fue la única en
pelear a fondo para que la votación de la conducción se hiciera luego de votar
el programa político. En ese momento la conducción plantea suspender las
comisiones e ir al lugar donde los delegados iban a votar. Nosotros quisimos
proponer una moción de orden cuyo eje era aprobar lo discutido en comisiones
primero. Pero allí se empezó a vislumbrar que el congreso no tenía nada de
abierto: el frente de los
CEPA-PO-MST 1 no dejó mocionar nada, mandando un cordón de seguridad para que
no podamos ingresar del todo al lugar donde se votaba y amenazando con golpear a
los compañeros que queríamos presentar la propuesta.
Con
esto quedaba claro el único objetivo buscado con el congreso: relegitimar la
conducción en términos estatutarios, preparando un boicot a la discusión de
las comisiones. Finalmente, se vota la conducción, que gana el Frente 20 de
diciembre, al cual se suma en la vicepresidencia el MST 2. A propuesta nuestra
se realiza el plenario para la votación de lo debatido en comisiones seguido
del anterior, intentando con esto evitar la dispersión de los compañeros
independientes que fueron al congreso a discutir una política hacia la UBA y la
FUBA.
El
boicot de la conducción a la mayoría estudiantil
Finalmente
se empezaba con la votación de la política. Repitiendo lo vivido en el
frustrado Congreso contra la LES del año pasado, el bloque CEPA-PO-MST 1 vaciaría
de contenido el congreso. Ante la discusión de cómo encarar la lucha y no sólo
el cronograma de actividades, la conducción fue muy clara: de eso no se habla.
Querían evitar el papelón que significaba votar en contra de que la
democratización debe tener otro programa que el del gobierno K, de que los
planes de lucha se deben votar desde las bases, de que necesitamos abrir la FUBA
al activismo, de que es necesario construir un movimiento estudiantil abierto y
democrático.
La
manera de evitar la discusión fue proponer una moción al principio de las
resoluciones que decía... ¡que no se podía votar nada programático en el
propio congreso de la Federación! ¡Un congreso que no dice nada sobre la política!
La compañera Inés de nuestra agrupación en Filosofía, quiso explicar la moción
de por qué el congreso de la Federación debía votar el programa, pero la
conducción no respetó ni el mínimo derecho democrático de argumentar una
moción y solo hizo votar en contra de que se vote; llevando la discusión
programática a un seminario para dentro de 40 días. Es decir, en vacaciones,
para votarlo dentro de 60. Esto ya era el colmo: el máximo organismo de la
Federación no podía votar su programa, y con esto la presidencia vaciaba de
hecho al propio congreso. Fue entonces que desde nuestra agrupación evaluamos
que ese congreso ya no tenía ningún sentido y decidimos retirarnos: si el
congreso no discutía el programa, su único propósito era rosquear cargos. Con
esto se desperdiciaba una gran oportunidad de cambiar el rumbo y la política de
la FUBA, y se abre aún más la brecha entre la conducción de la Federación y
el activismo de base.
A
qué FUBA vamos
En
estas mismas páginas venimos desarrollando los elementos de crisis que
atraviesan la Federación, y la solución que decidió el Frente 20 de diciembre
fue la más burocrática de todas: seguir conduciendo al movimiento estudiantil
sin respetar ni dar cuenta en lo más mínimo de los mandatos de las asambleas
de base, discutiendo todo entre cuatro paredes y ahora en consenso con la CEPA.
Esto es importante destacarlo, ya que es un consenso con una corriente que no
está por la anulación de la LES, ni por la mayoría estudiantil, ni por
enfrentar a todos los candidatos de la Asamblea Universitaria, ni por una
democratización a fondo, ni por congresos estudiantiles abiertos. Es por este
consenso que la política para la lucha del movimiento estudiantil está siendo
impuesta por la CEPA, en complicidad con el PO y el MST 1.Con este acuerdo se
van acentuar más aún los rasgos burocráticos de la FUBA, yendo a una
estructura cada vez más opuesta a experiencias valiosas como el Centro de
Sociales.
Ante
este dilema se abren dos caminos: o se le regala la dirección del movimiento
estudiantil al frente CEPA-PO-MST, o llenamos de activistas las asambleas,
Interfacultades y congresos y hacemos volar por los aires los acuerdos de
aparato y a espaldas del movimiento estudiantil. En el congreso estuvimos cerca
de ganar la votación programática (191 a 170), y eso indica que la pelea política
está muy pareja.
Para
nosotros, hay que construir herramientas políticas que sirvan para la lucha y
la organización. Hay que poner los centros y federaciones al servicio de la
masificación del movimiento estudiantil, haciendo asambleas de facultades e
Interfacultades, para discutir democráticamente cómo continuamos la lucha
contra la Asamblea Universitaria, el Consejo Superior, contra Alterini y
resistiendo a la patota, contra la Ley de Educación Superior y por una
universidad al servicio de los trabajadores y el pueblo.
|