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México:
la lucha de los mineros de Michoacán
Fox
y el PRD se unen para reprimir a los obreros
Por
Oscar
Alba
El
gobierno nacional del Partido Acción Nacional y el gobierno del estado de
Michoacán, en manos del PRD, tienen las manos manchadas de sangre minera tras
la salvaje represión del 20 de abril, que dejó como saldo dos compañeros
muertos. Pero los trabajadores no retroceden, y las multitudinarias
manifestaciones del 1º de mayo mostraron que su ánimo de lucha está más
firme que nunca.
El
2 de abril estalló la huelga en el complejo siderúrgico Lázaro Cárdenas-Las
Truchas, en la ciudad puerto de Lázaro Cárdenas, en el estado de Michoacán,
al oriente del país. Lo que desató el conflicto fue la política del gobierno
del presidente Fox de lanzar un
ataque contra el sindicato minero, expulsando a su principal dirigente,
Napoleón Gómez Urrutia, imponiendo a Elías Morales, un personaje de su entera
confianza, y desconociendo la organización en la planta.
Ante
esta situación los mineros tomaron la planta. La Secretaría de Trabajo
declaró ilegal la huelga y ordenó el desalojo. Pocos días antes de la
represión, en una gira, el presidente Vicente Fox (PAN) le aseguró a Felipe
Manuel Maya Bucio, secretario de seguridad e higiene de la sección 271 del
sindicato minero, que no habría agresión a los trabajadores. “48 horas
después, vemos como el Presidente incumple su palabra”, declaró Bucio (La
jornada de Morelia).
El
jueves 20 de abril, a las siete de la mañana arriban al complejo siderúrgico
800 efectivos de la policía local, la policía federal y grupos antimotines
para desalojar a los trabajadores que habían tomado la planta y llevaban ya 19
días de huelga. Las fuerzas represivas ingresaron por la parte trasera de la
acería y tomaron por sorpresa a los trabajadores que se encontraban agrupados
en el portón principal. Esto hizo que, en un primer momento, los mineros se
dispersaran. “Sin embargo, dos horas después arribaron más obreros, y con
palos piedras, varillas y hasta máquinas excavadoras replegaron a los policías
al interior de la planta, por el mismo lugar donde llegaron” (Idem).
Las
balas asesinas de la policía se cobraron la vida de dos obreros: en el
enfrentamiento cayeron José Luis
Castillo Zúñiga y Héctor Álvarez Gómez, representante sindical en la
comisión mixta de la empresa Mittal Steel. También fueron heridos de bala
varios trabajadores. “Cuando Mario Alberto Castillo se desplomó, tras
recibir la bala que le destrozó el cráneo, un policía le puso el pie en la
cabeza y, envalentonado, gritó frente a los otros obreros que se hallaban a
unos metros: «¡A ver, vengan por él! ¿Lo quieren? ¡Pues vengan por
él!»” (La jornada, 22/4)
El
enfrentamiento duró siete horas, y fue fundamental la llegada de obreros de
otras plantas que se unieron solidariamente para enfrentarse también con la
policía. Ante el embate de los trabajadores, la policía se tuvo que replegar y
los obreros pudieron mantener el control de la planta. Poco después, el
ejército y la marina se apostaron en los centros neurálgicos de la ciudad.
Horas
después del enfrentamiento, alrededor de las seis de la tarde, con la policía
ya replegada, se realizó una marcha de alrededor de mil mujeres, esposas e
hijos y familiares de los trabajadores, que partió del monumento al minero,
para repudiar la represión y exigir la renuncia del Secretario de Trabajo,
Francisco Javier Salazar Sáenz. La movilización recorrió las calles de
Lázaro Cárdenas hasta llegar a la puerta dos de Sicartsa donde estaban los
huelguistas
La
patronal justifica la represión del gobierno
Desde
la vereda opuesta a los trabajadores rápidamente se hicieron oír las voces
patronales. Ricardo Rubí Bustamante, presidente de Consejo Coordinador
Empresarial, dijo que el sector “está de acuerdo con la aplicación de la
ley. Para eso está la fuerza pública: para someter a los ciudadanos que violan
la legislación”. Por su parte, Eduardo Sánchez Martínez, dirigente estatal
de la Confederación Patronal de la República Mexicana aseguró que no se puede
hablar de represión con respecto a lo que ocurrió en Sicartsa, ya que la
policía y el Grupo de Operaciones Especiales actuaron con “apego a la ley y
al estado de derecho”.
Mientras
tanto, el gobierno del estado de Michoacán, encabezado por Lázaro Cárdenas
Batel (del PRD), en un primer momento, se lavó las manos del asesinato de los
dos mineros y de la acción del desalojo. Entonces, afirmó descaradamente que
el GOE –grupo de la Secretaría de Seguridad Pública estatal– iba
desarmado. Pero el lunes 25 de abril, el propio gobernador del estado declaró
que su gobierno asumía la responsabilidad por los agentes que dispararon en el
enfrentamiento. “Estos agentes tendrán que ser castigados como tendrán que
ser castigados sus jefes. Yo no autoricé, en ningún momento, que llevaran
armas”, explicó Lázaro Cárdenas a la televisión mexicana (Provincia,
22/4)
Un
día después del enfrentamiento de los mineros con la policía, representantes
del equipo gubernamental llegaron hasta Lázaro Cárdenas a buscar un arreglo al
conflicto. La heroica resistencia obrera al desalojo obligó al gobierno de Fox
a tratar de negociar. Junto con esto, en Morelia, capital del estado de
Michoacán, se conocían las renuncias del secretario de Seguridad Pública de
Michoacán, Gabriel Mendoza Jiménez, y de Jaime Liera, coordinador de la
Policía Ministerial.
Los
trabajadores han planteado condiciones para sentarse a la mesa de negociación.
En primer lugar, el desistimiento de la empresa, del Grupo Villacero, de por lo
menos 30 demandas penales contra dirigentes sindicales mineros. Y que la empresa
reconozca a Gómez Urrutia como legítimo representante de los mineros. También
plantean que se vayan la policía estatal y
la federal de la zona del conflicto.
El
Sindicato Nacional de mineros solicitó a su vez la investigación sobre los
responsables de los asesinatos de Castillo Zúñiga y Alvaro Gómez y las
agresiones recibidas por otros trabajadores, algunos de los cuales se encuentran
en grave estado.
La
lucha continúa
El
24 de abril, a cinco días del enfrentamiento, aún no había ninguna oferta en
concreto de la representación del gobierno hacia los trabajadores. Lo cual
indica que la lucha, lejos de resolverse, va a continuar.
El
sector minero en México agrupa a 270.000 trabajadores y lleva alrededor de dos
meses en lucha. Desde la trágica explosión en Pastas de Conchas, donde
murieron 63 mineros y se realizó una huelga general, ha habido paros en varias
empresas mineras del país. La patronal minera dice que por cada paro tiene
pérdidas de 5 millones de dólares.
Sicartsa
es el complejo siderúrgico más grande y la mayor productora de varilla
corrugada en América Latina. Como
otros centros mineros, fue una empresa estatal hasta que la ola privatizadora de
los 90 llegó a ese sector industrial. El año pasado, los trabajadores de este
complejo, mediante una gran huelga lograron imponer un aumento salarial superior
al “techo” que venía estableciendo el gobierno de Fox. También se vienen
registrando huelgas en otras minas.
Este
1º de mayo, más de cinco mil trabajadores, en su mayoría miembros de las
secciones 271 y 273 de Mineros, apoyados por telefónicos, maestros, empleados
municipales y de la salud, entre otros, marcharon por las calles de la ciudad
Lázaro Cárdenas exigiendo cárcel para los asesinos de los dos trabajadores
muertos el pasado 20 de abril.
“Los
manifestantes partieron del entronque de la Avenida Lázaro Cárdenas con la
autopista a Morelia, y durante todo el trayecto de más de cinco kilómetros
destruyeron toda la propaganda de los candidatos del PAN a la Presidencia de la
República, Felipe Calderón Hinojosa, y del diputado federal por este lugar,
Pablo Aguilar Serrato, la cual incendiaron, además de pintorrear edificios
públicos y comercios, con leyendas de «Fox y Batel, asesinos de mineros»” (Cambio
de Michoacán, 2-5). La marcha terminó con un
acto en la puerta de Sicartsa.
En
Morelia se manifestaron 75.000 trabajadores el 1º de mayo, levantando como
consignas centrales la solidaridad con la lucha de los inmigrantes en Estados
Unidos y el apoyo a los mineros.
En
el Distrito Federal, en el acto que realizaron los llamados sindicatos
independientes, el dirigente telefónico Francisco Hernández Juárez,
sostuvo que “este apoyo impulsa más la opción para convocar a una huelga
general antes de las elecciones del 2 de julio” (Notimex). Participaron del
acto centrales obreras como la Confederación Revolucionaria de Obreros y
Campesinos (CROC), la Federación Democrática de Sindicatos de Servidores
Públicos, los gremios universitarios, de telefonistas y de servicios aéreos,
entre otros.
Sin
duda, la lucha de los mineros de Michoacán se está convirtiendo en el punto
más alto de la lucha de los trabajadores mexicanos contra la política
antiobrera del presidente Fox. Se plantea entonces la necesidad de avanzar en la
unidad obrera sobre la base de la independencia de las organizaciones sindicales
del Estado y el gobierno y la democracia directa de los trabajadores. En este
marco, se impone construir una herramienta política para terminar con el
régimen y la voracidad capitalista en el “patio trasero” del imperialismo
yanqui.
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