Socialismo o Barbarie, periódico, Nº 78, 00/05/06
 

 

 

 

 

 

El futuro del movimiento en EEUU

¿Independiencia de clase o subordinación a
los políticos de la burguesía?

Por Claudio Testa

En último análisis, todos los problemas y perspectivas del movimiento se resumen en esta cuestión.

Hasta ahora, el principal secreto de las inmensas movilizaciones y del éxito del paro-boicot es que el movimiento se ha venido desarrollado en buena medida por fuera de las jaulas de la burocracia sindical y del “abrazo del oso” de los políticos demócratas, los curas y los vividores de las ONGs. Sin embargo, desde antes del 1º de mayo, los oportunistas de todo pelaje se están atropellando para subirse a la mesa... y las próximas elecciones legislativas les redoblan el apetito.

Parece haber, entonces, un amplio sector de organizaciones y direcciones independientes (que empujaron al paro-boicot y lograron imponerlo contra los curas, los políticos burgueses y los dirigentes vendidos). Pero precisamente este gran triunfo determina que el movimiento esté ante un inmenso desafío, en una encrucijada: cómo se construye y organiza democráticamente a nivel nacional, qué programa y qué direcciones establece.

Esto se resume en la cuestión de si se constituye como un movimiento con direcciones y programa claramente independientes. Esto es crucial, en primer lugar, para las reivindicaciones de los inmigrantes.

No es por casualidad que hoy el capitalismo estadounidense pretenda establecer una legislación antiinmigrante brutal, sin paralelo en toda la historia de EEUU. Esto no se debe a la “maldad” de los republicanos más conservadores, sino a una necesidad profunda del capitalismo yanqui. Por eso los mismos demócratas no dan ninguna alternativa “reformista” en serio frente a la legislación salvaje ya votada por muchos de ellos en la Cámara de Representantes.

Lograr la única medida que puede resolver el problema de los inmigrantes –la amnistía para todos– será imposible sin una durísima lucha. Y esa lucha se puede ganar. Entre otros motivos, porque el gobierno de Bush y el mismo imperialismo yanqui están en una crisis por el fracaso de sus aventuras bélicas y la creciente oposición mundial y latinoamericana a su dominio. Ahora, la movilización de los inmigrantes agrava esa crisis.

Pero no se puede vencer en este duro combate metidos en el chaleco de fuerza de los políticos demócratas, los obispos y los burócratas de sindicatos y ONGs. Su línea no es la movilización ni menos luchar hasta el fin, sino desviar todo a las negociaciones y al lobby en las trastiendas del Congreso. Eso sería inevitablemente la derrota del movimiento.

La victoria de los trabajadores inmigrantes tiene entonces una ineludible condición: la total independencia política, programática y organizativa del movimiento. No se puede luchar con las manos atadas.