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El
futuro del movimiento en EEUU
¿Independiencia
de clase o subordinación a
los políticos de la burguesía?
Por
Claudio Testa
En
último análisis, todos los problemas y perspectivas del movimiento se resumen
en esta cuestión.
Hasta
ahora, el principal secreto de las inmensas movilizaciones y del éxito del
paro-boicot es que el movimiento se ha venido desarrollado en buena medida por
fuera de las jaulas de la burocracia sindical y del “abrazo del oso” de
los políticos demócratas, los curas y los vividores de las ONGs. Sin embargo,
desde antes del 1º de mayo, los oportunistas de todo pelaje se están
atropellando para subirse a la mesa... y las próximas elecciones legislativas
les redoblan el apetito.
Parece
haber, entonces, un amplio sector de organizaciones y direcciones independientes
(que empujaron al paro-boicot y lograron imponerlo contra los curas, los
políticos burgueses y los dirigentes vendidos). Pero precisamente este gran
triunfo determina que el movimiento esté ante un inmenso desafío, en
una encrucijada: cómo se construye y organiza democráticamente a nivel
nacional, qué programa y qué direcciones establece.
Esto
se resume en la cuestión de si se constituye como un movimiento con direcciones
y programa claramente independientes. Esto es crucial, en primer lugar,
para las reivindicaciones de los inmigrantes.
No
es por casualidad que hoy el capitalismo estadounidense pretenda establecer una
legislación antiinmigrante brutal, sin paralelo en toda la historia de EEUU.
Esto no se debe a la “maldad” de los republicanos más conservadores, sino a
una necesidad profunda del capitalismo yanqui. Por eso los mismos demócratas no
dan ninguna alternativa “reformista” en serio frente a la legislación
salvaje ya votada por muchos de ellos en la Cámara de Representantes.
Lograr
la única medida que puede resolver el problema de los inmigrantes –la amnistía
para todos– será imposible sin una durísima lucha. Y esa lucha se
puede ganar. Entre otros motivos, porque el gobierno de Bush y el mismo
imperialismo yanqui están en una crisis por el fracaso de sus aventuras
bélicas y la creciente oposición mundial y latinoamericana a su dominio.
Ahora, la movilización de los inmigrantes agrava esa crisis.
Pero
no se puede vencer en este duro combate metidos en el chaleco de fuerza de los
políticos demócratas, los obispos y los burócratas de sindicatos y ONGs. Su
línea no es la movilización ni menos luchar hasta el fin, sino desviar todo a
las negociaciones y al lobby en las trastiendas del Congreso. Eso sería
inevitablemente la derrota del movimiento.
La
victoria de los trabajadores inmigrantes tiene entonces una ineludible
condición: la total independencia política, programática y organizativa
del movimiento. No se puede luchar con las manos atadas.
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