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Historia
del 1° de Mayo
Los
mártires de Chicago ante la justicia burguesa
Por Isidoro
Cruz Bernal
En
el número anterior no alcanzamos por falta de espacio a rescatar el valioso
testimonio de entereza política y moral dado por los militantes
anarcosindicalistas condenados por la justicia de la burguesía norteamericana a
causa de su lucha en favor de las 8 horas. Editamos parte de los alegatos, que
duraron tres días, en los que explicaron las razones de su lucha y se
convirtieron en acusadores del sistema que los asesinaría. Sus discursos fueron
dirigidos, por encima del miserable tribunal, a todos los trabajadores del
mundo. En ellos aparecen sus convicciones políticas y humanistas, algunos temas
doctrinarios [1] o la protesta ante el atropello de la justicia burguesa.
“El
socialismo tal como nosotros lo entendemos significa que la tierra y las
máquinas deben ser propiedad del pueblo. Cuatro horas de trabajo cada día
serían suficientes para producir todo lo necesario para una vida confortable.
Sobraría tiempo para dedicarse a la ciencia y al arte... Es un error emplear la
palabra anarquía como sinónimo de violencia, pues son cosas opuestas...
Nosotros propagamos la violencia también, pero solamente contra la violencia,
como medio necesario de defensa” (Michael Schwab).
“La
función del capital se reduce a apropiarse y confiscar para su uso exclusivo y
su beneficio el excedente del trabajo de los que crean la riqueza... la mayoría
cuyo modo de vida consiste en vender su trabajo a los capitalistas... lo único
que posee y que produce para sí es su jornal; las sedas, joyas y palacios son
para otros. El sobrante de su trabajo no se le paga, pasa directo al capital. No
hay efecto sin causa. El socialismo es el efecto de esa injusticia social. El
socialismo invita al pueblo a que examine, discurra, investigue, razone y
conozca todos los hechos sociales que producen la miseria, el hambre, la
ignorancia y el crimen. Nosotros deseamos que todas las fuerzas de la
naturaleza, que todas las fuerzas sociales, que la fuerza gigantesca, producto
del trabajo y de la inteligencia de las generaciones pasadas, sean puestas a
disposición del hombre, y sometidos al hombre para siempre. Éste y no otro es
el objeto del socialismo” (Albert Parsons).
“Éstas
son mis ideas. Constituyen una parte de mí mismo. No puedo renunciar a ellas,
ni lo haría aunque pudiera. Y si creéis que podéis destruir esas ideas que
cada día ganan más terreno, si pensáis que podéis destruirlas enviándonos a
la horca, si queréis una vez más condenar a la gente a la pena capital porque
se ha atrevido a decir la verdad –y os desafío a citar una sola mentira que
hayamos dicho–, os repito, si la muerte es la pena que se impone al que
proclama la verdad, ¡pagaré ese elevado precio desafiante y orgullosamente!
Llamad a vuestro verdugo” (August Spies).
“Repito
que soy enemigo del «orden» existente, y repito que lo combatiré con todas
mis fuerzas mientras que me quede vida. Desprecio vuestro orden, vuestras leyes,
vuestra autoridad basada en la fuerza. ¡Colgadme por ello!” (Louis Lingg).
“Odio
y combato no al capitalista individual, sino al sistema que le concede esos
privilegios. Mi mayor deseo es que los trabajadores sepan quiénes son sus
amigos y quiénes sus enemigos” (George Engel).
Louis
Lingg se suicidó en su celda. Spies, Engel, Fischer y Parsons fueron ahorcados.
Schwab, Neebe y Fielden fueron condenados a cadena perpetua. En la cárcel no
perdieron el tiempo. Schwab, por ejemplo, escribió una refutación de las
reaccionarias teorías criminológicas de Lombroso.
Los
asesinados fueron acompañados por sus familiares [2] hasta sus últimos
momentos. A su funeral asistieron 25.000 trabajadores. August Spies, en el
momento en que ajustaron el nudo corredizo de la horca y les pusieron las
capuchas a él y a sus compañeros, dijo estas palabras: “Llegará un tiempo
en que nuestro silencio será más poderoso que las voces que hoy
estranguláis”. Frase que no solamente se aplica al episodio que segó su vida
sino también al contenido moral y humanista que conlleva la lucha de los
explotados por su emancipación.
Notas:
1.
No debe sorprender el hecho de que las declaraciones de Spies, Engel, Parsons,
etc hablen indistintamente de socialismo y de anarquía. La mayoría de las
corrientes del anarquismo (salvo los anarquistas individualistas) se veían a
sí mismas como socialistas libertarias, enfrentados al socialismo, según
ellos, “autoritario” de Marx. No obstante en el fragmento que transcribimos
del discurso de Parsons se distingue una exposición popular de la teoría de la
plusvalía de Marx.
2.
Vaya como ejemplo de esto la encantadora carta que recibió Lingg de una tía:
“Querido Louis: Suceda lo que sea, aunque sea lo más malo, no te muestres
débil ante esos miserables”.
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