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El
1° de mayo
No
a la precarización laboral
Por
un encuentro obrero
Todas
las miradas apuntaron hacia el Norteamérica, ¿podrían los trabajadores
inmigrantes, en su gran mayoría latinos, parar la producción, retrasar las
cosechas, cerrar los negocios, detener la construcción de edificios, boicotear
los productos norteamericanos y marchar masivamente en el corazón del sistema
imperialista mundial? Y… pudieron. A pesar de las amenazas, a pesar de las
marchas paralelas que llamaron la iglesia y los gobernadores “progres”. A
pesar de los despidos, las suspensiones y las amenazas. La fuerza de los
trabajadores inmigrantes se hizo sentir (ver pag. 8 y ss.). El golpe repercutió
en todo el mundo.
Una
nueva clase obrera comienza a dar sus primeros pasos
En
los cuatro puntos cardinales hubo manifestaciones, paros y luchas. Veamos el
mapa de este primero de Mayo:
En
Alemania, en distintas manifestaciones, alrededor de 500.000 trabajadores
marcharon contra las reformas laborales que prepara la Canciller Angela
Merkel. En España, miles de personas se manifestaron en varias ciudades
bajo el lema "empleo estable en la igualdad". En Francia,
los sindicatos organizaron 110 manifestaciones en todo el país contra el
trabajo precario tras la victoria lograda el mes pasado contra el CPE y en
rechazo del nuevo proyecto que prepara el gobierno de Dominique de Villepin.
En Polonia, varios centenares de manifestantes desfilaron en Varsovia
para denunciar el desempleo, mientras en Grecia la jornada estuvo
marcada sobre todo por huelgas de marineros así como de empleados de autobús y
de metro. En Irán (sí, en Irán), varios miles de trabajadores
protestaron en las calles de Teherán por los sueldos atrasados y la
precariedad.
Las
celebraciones del Día del Trabajo se iniciaron en Asia. En Nepal
los manifestantes inundaron nuevamente las calles de Katmandú después de casi
tres semanas de protestas para pedir la abolición de leyes sociales impuestas
por el odiado rey Gyanendra. En Camboya, cientos de trabajadores
desafiaron la prohibición de manifestar desfilando por el centro de Phnom Penh.
En Tailandia, miles de trabajadores marcharon hasta la sede del gobierno
en Bangkok exigiendo un aumento del 25% del salario mínimo. En Indonesia,
varias decenas de miles de personas se reunieron en las principales ciudades y
en la capital, Yakarta. Los sindicatos denunciaron una legislación que
autorizaría los contratos de trabajo más flexibles y que suprimiría las
indemnizaciones por despido.
Este
mapa pone de relieve que la condición obrera está más
viva que nunca y que los trabajadores comienzan a recuperar el centro de la
escena político-social reafirmando –en los hechos– que son una clase
mundial.
Enfrentando
la división en las filas obreras
Sería
necio no ver que la condición obrera ha sufrido transformaciones; que las
condiciones laborales donde se desarrolla han sufrido dramáticos cambios. Los
dogmáticos dirán que la explotación es la misma. Efectivamente, pero las
condiciones de esa explotación no son las de antaño. La condiciones de la
producción y reproducción de plusvalía han
asumido nuevos métodos. En este comienzo del siglo XXI, la
clase trabajadora está más fragmentada y parte de esa fragmentación se
sostiene en la precarización del empleo.
Precaria
es la condición del trabajador inmigrante y sin papeles en Norteamérica y en
el mundo. Ahí está la tragedia de Caballito que atestigua ese mal mundial.
Pero precaria también es la condición de casi la mitad de los trabajadores no
registrados en Argentina. Precaria es la situación que quieren imponerles a los
jóvenes trabajadores franceses y alemanes. Precaria es la situación de la
juventud trabajadora en España. Precaria es también la situación de las
tercerizadas. Precaria se vuelve la situación obrera con las deslocalizaciones
de industrias. Precaria es la vida del trabajador en las minas mexicanas o
argentinas. Por eso, el grito de guerra de esta nueva clase obrera que surge es
no a la precarización en todas sus formas y con todas sus caras.
Otra
característica que empieza a mostrar a esta nueva clase obrera es su carácter
multiétnico. Bastaba ver las imágenes de la gran marcha de Los Angeles:
mexicanos, nicaragüenses, negros, blancos, amarillos, una fuerte presencia de
trabajadores llegados del lejano oriente. Esas imágenes se repetían en
Alemania, España y Francia.
Por
un Encuentro Obrero y un Movimiento Político de Trabajadores
En
este marco, en la Argentina el Primero estuvo marcado por una fuertísima
presencia de las organizaciones de la izquierda, en particular las del
socialismo revolucionario, el trotskismo. Contra viento y marea, en una
coyuntura marcada por los acuerdos de la CGT, el CTA, los empresarios y el
gobierno, se logró realizar igualmente un importante acto en la Plaza de Mayo y
en varias ciudades del interior del país.
En
la Plaza se juntaron varios miles de compañeros, de los cuales, desde nuestro
partido, aportamos nuevamente una importante columna: más de 800 compañeros,
junto con el compañero Andrés Fontes del Subte, compañeros del Hospital Francés,
del Garrahan, docentes de varias seccionales, obreros de varias fábricas del
gran Buenos Aires, trabajadores del diario Crónica, del FTC, de la juventud del
Ya Basta.
Nos
hicimos presentes con dos banderas que creemos de gran actualidad y en las que
hay que avanzar: la necesidad de trabajar para la urgente convocatoria a un
Encuentro Obrero (cada vez más necesario para evitar el aislamiento de las
duras luchas que están por delante). Así como la otra gran necesidad (en el
terreno más estrictamente “político”): dar un canal para que la amplia
vanguardia que se viene expresando se proyecte políticamente:
un Movimiento Político de Trabajadores.
Estas
dos tareas, junto con el apoyo incondicional a todas las luchas obreras, son las
decisivas del próximo período. Al tiempo que rodeamos cada lucha para
romper el techo salarial y el cerco político del gobierno, los empresarios y la
burocracia, hay que desarrollar la polémica alrededor de ambas tareas.
Lamentablemente, en el caso del acto del Primero, no fue posible incorporar
estas tareas en el documento que se leyó, por la oposición expresa o de hecho
de la mayoría de las otras corrientes. Por nuestra parte, en estas condiciones,
redoblaremos la lucha política y la polémica para que sean incluidas en la
agenda de tareas que es imprescindible llevar a cabo en este período.
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