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La
crisis del MERCOSUR, los TLC’s, la “nacionalización” del gas en Bolivia y
el ALBA
¿Regateo
o perspectiva independiente?
En
los últimos días, una serie de conflictos han puesto en el centro de la escena
regional las relaciones entre los distintos gobiernos latinoamericanos.
La noticia más
“espectacular” ha sido la “nacionalización” del gas en Bolivia [1].
Esta abrió un frente de contradicciones con Lula (representante de Petrobras, y
considerado por el propio Evo como su “hermano mayor”...) Mas
“indirectamente” con Kirchner (agente político de la Repsol en la región y
preocupado por le precio del gas importado del altiplano). Ahí nomás viene
otra gran crisis: la desatada en el seno del MERCOSUR por el deterioro de las
relaciones entre Uruguay y Argentina (por el conflicto de las papeleras). En
realidad, ésta tiene como telón de fondo algo mucho más importante (a lo que
a las pasteras les sirve de coartada): la búsqueda del gobierno uruguayo de
cerrar un Tratado de Libre Comercio con el gobierno de Bush. Por si todo
esto fuera poco, hay más conflictos todavía: Chávez parece jugarla de “líbero”,
teniendo relaciones de privilegio con Kirchner y Lula, pero también con Evo
Morales; y por qué no con Uruguay y Paraguay. Y no está demás agregar que el
Paraguay de Duarte Frutos, también tiende a inclinarse hacia la firma de un
TLC con los Estados Unidos. Pero eso no es todo: días atrás Chávez anunció
la salida de Venezuela del grupo CAN (“Comunidad Andina de Naciones”) al
plantear que éste “no existe más” precisamente por la firma de Colombia,
Perú (aún no ratificada parlamentariamente) y la eventual de Ecuador de sendos
tratados de TLC con Estados Unidos. Esta salida se combinó con un durísimo
cruce de acusaciones entre el propio presidente bolivariano y Alan García (que
va al ballotage con Humala). Al tiempo de hacer esto, se realizaba una cumbre en
La Habana con la participación de Castro, Morales y el propio Chávez, para dar
recepción a Bolivia dentro del ALBA.
¿Qué
hay detrás de todos estos choques, conflictos y contradicciones? ¿Es esta la
manera en la que se impondrá la tan mentada “unidad latinoamericana” o se
trata más bien de la expresión de una contradicción de intereses, regateos y
disputas acerca de las formas de inserción en el mercado mundial de las
distintas burguesías “nacionales” y regionales”?
Tablero
de contradicciones
Tres
órdenes de contradicciones están actuando detrás de estos enfrentamientos y
hay que comprenderlas bien para ver el cuadro de conjunto. En primer lugar, la
orientación de colonización directa de la región por parte del imperialismo
yanqui y el choque de intereses que significa esto con la conformación de
sectores de las burguesías regionales y subregionales que tienen los suyos
propios, específicos y particulares, que no siempre “engarzan” directamente
con el amo del norte. En segundo lugar, las contradicciones al interior
de las relaciones entre los propios gobiernos patronales, estados y burguesías
dominantes de cada país y/o región del continente sur, que también poseen
sus intereses y necesidades específicas que no siempre son “homogéneas”.
Por último, pero no menos importante, las diversas contradicciones de todos
ellos (imperialismo y arco iris de gobiernos regionales) con el ciclo de
rebeliones populares que está significando un cuestionamiento –en lo
hechos– al capitalismo latinoamericano como tal y que para su reabsorción,
requiere –en varios grados– de un cierto replanteo de las relaciones de lisa
y llana colonización que se impusieron en la década del ’90 en toda la región.
Aunque se trate de un cuadro sumamente, se debe dar cuenta de la dinámica
de estos tres órdenes de contradicciones para entender el “tablero” político
regional y el verdadero rol de los gobiernos “populares” en el seno del
mismo.
Los
TLC’s como instrumentos de colonización directa
Como
venimos señalando, hay un conflicto de intereses con los Estados Unidos.
Es decir, el gobierno norteamericano sigue buscando las vías para lograr un
total sometimiento y colonización de la región a los intereses directos de su
país. Es que necesita (desesperadamente) la transformación de América del Sur
en un área de “libre comercio” (bajo su libre arbitrio) para hacer jugar
esta ubicación en la competencia económica internacional con los imperialismos
europeos, japonés y con China.
Empantanado
el ALCA como tal, luego del bochorno de Bush en Mar del Plata, ha lanzado una
contraofensiva alrededor de la firma de los TLC’s. Estos son tratados donde al
igualarse las condiciones de economías totalmente desiguales, lo que se
impone es una “cancha rayada” donde los intereses económicos más
directamente imperialistas se imponen –sin atenuantes– en los países que
los firman. Allí está la experiencia de México con el NAFTA, donde la
liquidación de la producción agraria y la puesta en pie de maquilas ha
generado la emigración de masas a Estados Unidos transformada en apasionante
movilización latina por sus derechos civiles y laborales. Ahí está la firma
del TLC con 6 naciones centroamericanas el año pasado, lo mismo que este
convenio ya firmado hace tiempo con Chile, Colombia y que ahora pretende ser
expandido al Perú, Ecuador y el propio gobierno del Frente Amplio uruguayo.
Los
gobiernos de mediación centroizquierdistas y sus motivaciones
Pero
esta orientación choca con contradicciones económicas y políticas. Económicas,
porque aún en medio del profundo proceso de “mundialización” de los
capitales que se ha venido viviendo en las últimas dos décadas, las distintas
burguesías regionales [2] tienen intereses propios y los quieren hacer valer
frente a sus competidores mas poderosos. Es el caso del MERCOSUR, espacio
privilegiado de una serie de multinacionales automotrices, de la alimentación,
siderúrgicas y agroindustriales que, obviamente, no quieren verse desplazadas
(de manera directa) por determinados capitales con base en el país del norte.
Políticas, porque los distintos gobiernos que han llegado al poder en el último
período (de manera preventiva para evitar el estallido de una gran crisis o a
caballo del desvío de una rebelión popular), se ven necesitados de
instrumentar una serie de medidas gatopardistas, concesiones y cambios en la
regulación de las economías, que les permita aplacar las furias populares y
paliar –aunque sea superficialmente– las crisis económicas y sociales.
Obviamente, cuanto menor haya sido la crisis, mas conservador y continuista
neoliberal –en sentido estricto– son los gobiernos. Ahí esta el caso de
Lula y Tabaré. Cuanto mayor haya sido la crisis, se verifica un determinado
grado de “radicalización”: es el caso de Kirchner, Morales y Chávez, que
expresan un arco iris que va, en lo esencial, desde la búsqueda de una
relegitimación de las medidas de los ‘90 (aunque con claras
“mediaciones”, “correctivos” y/o “concesiones”) en el caso K, hasta
determinados grados de “reformas” reales o supuestas (nunca sacando los pies
del plato del capitalismo) en los casos de Morales y Chávez.
Los
TLC’s, el MERCOSUR y los gobierno de Lula, Kirchner, Tabaré y Duarte Frutos
Aún
con los reales matices entre ellos, los gobiernos de Lula y Kirchner expresan lo
que venimos señalando: en el fondo, una incuestionada subordinación económica
y política al imperialismo, pero no precisamente en los incondicionales términos
que pretende (sobre todo en el terreno económico) el debilitado (y muchas
veces, “caprichoso”) gobierno de Bush. De ahí (de estas
contradicciones) que sea evidente que –a nivel del MERCOSUR– el conflicto
por las papeleras esté sirviendo de coartada para el “progresista” gobierno
de Tabaré para un escandaloso acuerdo de colonización del vecino país. Es
decir, una inesperada cuña del gobierno yanqui para hacer valer estas
relaciones de total e incondicional colonización de la región que pretenden
imponer.
Pero
esta realidad no hace del MERCOSUR un acuerdo “progresista” y “popular”.
Nada de esto. Expresa más bien lo que venimos señalando: cierta
resistencia de las burguesías regionales y subregionales (muchas veces
asociadas a sectores del propio capital norteamericano y a capitales europeos)
de su propio “coto de caza”. Es decir, la defensa de SU espacio de
superexplotación de los trabajadores.
Es
decir, la región, como tal, juega en la competencia internacional de capitales
que caracteriza al capitalismo desde que es capitalismo (la multiplicidad de
capitalistas) y que hace de la misma, el espacio privilegiado para aquellos que
–en las ultimas décadas– han aprovechado el acuerdo como un espacio económico
de mayor escala del que podría ser el de Brasil o la Argentina de manera
individual. Grupos capitalistas que –hoy por hoy– no quieren verse
desplazados en este ámbito.
Pero
al mismo tiempo, como el MERCOSUR se trata de un acuerdo sobre la base de los
criterios de la pura ganancia y no de “solidaridad”, está claro que
los países chicos (como Paraguay y Uruguay) han tenido todas las de
“perder”. Y son hoy (lo reiteramos), precisamente la cuña de Bush para
forzar una relación de lisa y llana colonización.
¿Regateos
o camino independiente?
Este
espectáculo de tironeos, pujas y peleas de intereses muestran cuan ridículos
son los cantos de sirena de la “unidad latinoamericana” de la mano de los
gobiernos patronales “progresistas” que –en ultima instancia– expresan
y no pueden dejar de expresar (en el terreno político) la competencia de
capitales que es el alma íntima del capitalismo. Es decir, de esa
competencia de capitales y de estos mismos capitalistas (más entrelazados que
nunca al imperialismo más allá de las contradicciones especificas o
particulares), debería ser evidente que no puede venir la tan mentada
“unidad”. Es que en el fondo, no hay otro “patrón” en los
comportamientos que no sea el que viene de los intereses de Estado y
de “sus” capitalistas. El “hermano mayor” se pelea con el
“menor” por los intereses de Petrobras en Bolivia. Kirchner se pelea con su
“socio estratégico” Lula por las desigualdades del MERCOSUR, Evo ídem con
K por el precio de venta del gas a la Argentina; Tabaré, resulta ser una de las
mas directas cuñas de Bush en la región. Insistimos: ¿cuál es el patrón de
los comportamientos detrás de la actuación de todos estos gobiernos que se
llenan la boca de la “unidad latinoamericana”? Lo resumió muy bien Evo
Morales meses atrás: “un gobierno debe saber hacer negocios”. Es
decir: debe saber regatear, no “rendirse incondicionalmente” como fue la
tónica de los ’90. Por esto también ha hablado de que con las empresas
petroleras de su país “hay que ser socios, no aceptarlas como patrones”.
Insistimos, parte importantísima de la lógica que está por detrás de los
gobiernos “progresistas” es aprender a hacer negocios (capitalistas) en mejores
condiciones. En esto consiste parte importante de su “antiimperialismo”.
Es
decir, dotarse de instrumentos y recursos que les permitan la
“gobernabilidad” de una región que quedó devastada por la fase de
neoliberalismo “puro y duro” de los ’90 y que terminó en el actual ciclo
de rebeliones populares. No será la primera vez que en nombre de los
intereses generales de los capitalistas, se deban sacrificar intereses particulares,
aunque entre estos intereses “particulares” estén incluso los de grandes
multinacionales o determinados proyectos del imperialismo yanqui. Porque
como ya lo ha mostrado la historia, los intereses generales de la clase
capitalista expresados (en circunstancias de crisis) por gobiernos nacionalistas
burgueses o de frente popular, siguen siendo antagónicos a los intereses de
los trabajadores y las clases populares.
No
hay (ni puede haber) una verdadera integración latinoamericana por la vía de
acuerdos de estados y sin expropiación de los capitalistas: ahí es donde
mueren las palabras de un Chávez, un Evo o, incluso, un Fidel Castro.
Es
precisamente aquí donde entra a jugar la cuestión del ALBA, la que aparece
como eventual ejemplo de una integración “antiimperialista” y
“solidaria”. Sin embargo, esto es más complejo de lo que podría parecer a
primer vista [3]. “¿Puede erigirse esta
asociación junto a las clases
dominantes de Latinoamérica? O el sujeto del nuevo proyecto son los oprimidos o
el proyecto pierde significación transformadora. Los regionalismos de corte
popular y perfil capitalista son antagónicos, ya que favorecen intereses
sociales completamente opuestos. Para las clases dominantes la integración
es un campo de negocios y un instrumento de reforzamiento de su poder. En
cambio, para los trabajadores, campesinos, desempleados y pequeños comerciantes
o productores, la unidad regional constituiría un eslabón hacia la emancipación
social. Si el ALBA intenta converger con los capitalistas, deberá facilitar los
acuerdos entre gobiernos y los negocios entre empresarios que perpetúan el
status quo”[4].
El
actual curso “institucional” de Chávez en la propia Venezuela, el
enfrentamiento a la huelgas obreras de Evo a pesar de la “nacionalización”
del gas; es decir, su real carácter de gobiernos burgueses, no auguran ningún
curso “emancipador real” por más contradicciones (parciales) que
efectivamente tengan con el imperialismo. Esto sólo puede venir de la lucha
independiente de los trabajadores y de no depositar ninguna confianza en estos
gobiernos de conciliación de clases.
Notas:
1-
La “nacionalización” del gas de Morales, nos tomó sobre el cierre de esta
edición. Por lo delicado e importante del problema, lo cubriremos en extenso en
la próximo edición. Sin embargo, podemos adelantar que por más
contradicciones que efectivamente genera con las empresas concesionarias, de
ninguna manera se trata de una verdadera nacionalización lisa y llana de las
empresas imperialistas. Es decir, es completamente distinta del caso
de los dos antecedentes de la propia Bolivia: la Gulf Oil y la Standart Oil (en
los años 1937 y 1969) y que es lo que reclamó el pueblo boliviano en las
calles en octubre del 2003 y junio del 2005. Por el contrario, tiene más el
contenido de forzar una renegociación de los contratos que,
efectivamente, logre aumentar de manera importante los ingresos del Estado
por el concepto de la explotación del gas. Esto en un particular momento:
cuando el precio del petróleo a nivel internacional está viviendo una situación
de excepcional renta petrolera (el precio del barril supera los 70 dólares).
En el fondo, parte importante de lo que se pretende lograr, es un reparto más
equitativo de esta renta entre el Estado boliviano y las empresas
multinacionales. Esto, al tiempo que el Estado logra una mayor participación
y regulación del negocio del gas. Regulación y participación no en las manos
directas de los trabajadores, sino del gobierno burgués de Morales.
2-
No hay que perder de vista que siguen existiendo elementos de diferenciación al
interior de los distintos sectores patronales por ramas, por país, por región,
etc. Esto es propio de la competencia de múltiples capitales que es
inherente al capitalismo como tal, aún a pesar de las tendencias a la
formación de monopolios.
3-
Para un abordaje mayor del tema del ALBA, ver en estas mismas paginas: “¿Federación
de repúblicas... capitalistas o federación socialista?”
4-
Claudio Katz, “Las disyuntivas del ALBA”, en www.socialismo-o.barbarie.org.
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