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Polémica
con el MES de Brasil (corriente interna del P-SOL)
¿Qué
orientación en Latinoamérica?
Por
Roberto
Sáenz
El
ciclo de rebeliones populares en América Latina y su actual fase de “mediación”
del mismo por parte de gobiernos de centroizquierda ha abierto un amplio debate
entre las corrientes que se reivindican marxistas revolucionarias. ¿Qué
orientación darse ante este proceso? ¿Qué posición tomar ante los nuevos
gobiernos de centroizquierda, nacionalistas burgueses o de frente popular? ¿Cómo
construir las necesarias alternativas de clase e independientes? Estos son
algunos de los interrogantes y problemas que están en debate.
El
MES (Movimiento de Izquierda
Socialista) de Brasil expresa una de las corrientes de la región que más
abiertamente plantea una orientación global extremadamente oportunista
tanto en su ámbito de actuación inmediata –el P-SOL del Brasil– como en
las orientaciones y políticas que plantea para otros países de la región.
Asimismo, su ubicación reviste importancia porque es una de las tendencias que
hacen parte de los Encuentros Internacionales que promueve ese partido y de los
cuales estamos participando como corriente Socialismo o Barbarie Internacional.
Encuentros que, pese a todos sus límites, tienen el valor de posibilitar
precisamente un debate internacional acerca de cómo colaborar para que
se pueda pasar del actual ciclo de rebeliones populares a autenticas revoluciones
sociales, y sobre los instrumentos políticos necesarios para ello.
Una
orientación global de renuncia a la independencia de clase
En
su revista Movimiento Nº 12 (enero-febrero 2006, en adelante M12),
presidido por la búsqueda de un “vehículo para llegar a las masas”, lo que
se despliega es una caracterización de los gobiernos, una política, un
programa, una estrategia y una orientación de construcción que, de conjunto,
configuran una perspectiva de renuncia a la independencia política de clase
y revolucionaria respecto de varios de estos nuevos gobiernos burgueses y/o
movimientos que claramente no son de la clase trabajadora. Lo que habría
que hacer sería subirse a la ola de estos nuevos movimientos como “vía
regia” para “llegar a las masas”.
“Seria
un gravísimo error no participar de este proceso. No es posible excusarse
usando como argumento que Hugo Chávez no sea un representante de la clase
trabajadora (...). La resolución de la III Internacional (...) afirma: «los
partidos comunistas de los países coloniales o semicoloniales de Oriente, que
todavía están en un estado más o menos embrionario, deben participar de cualquier
movimiento apto para abrirle un acceso a las masas». Exactamente de eso se
trata: las corrientes socialistas revolucionarias, que hoy son una minoría, deben
participar del movimiento bolivariano que va a expandirse en nuestro continente
y puede provocar nuevos procesos similares al de Venezuela (...). Sólo si
formamos parte de este frente único, que va a tomar formas regionales y
continentales, podremos abrir ese «acceso a las masas»”.[1]
Mas
allá de la completa exageración de ver al movimiento bolivariano
extendiéndose a escala de todo el continente [2], en lo que sigue intentaremos
llevar a cabo una crítica de esta ubicación desde un criterio de clase opuesto:
la necesidad de zambullirse en el proceso de lucha y recomposición de los
trabajadores desde el ángulo de la máxima independencia e intransigencia respecto
de la ola centroizquierdista, nacionalista y frente populista en curso.
Es
decir, utilizar la circunstancia que se nos presenta a los socialistas
revolucionarios pero no para “participar del movimiento
bolivariano”[3], sino para dar pasos cualitativos en la construcción –aun
cuando esto sea hoy “contra la corriente”– de alternativas
independientes a partir del desarrollo de la experiencia de amplios sectores
de la vanguardia y las masas con los límites de clase de estos gobiernos. Este
mismo proceso ya está dando lugar a la emergencia de movimientos más
amplios que un puñado de revolucionarios: movimientos políticos y sociales de
la clase obrera, no burgueses o pequeño burgueses como es el caso de los
“bolivarianos”, de la mano de gobiernos al frente del Estado capitalista.
Esto
es, desde instrumentos políticos de trabajadores hasta fuertes corrientes
y/o partidos socialistas
revolucionarios insertos en la clase obrera, según corresponda al estadio de
construcción en cada caso. Porque no hay que perder de vista –aunque la
fase de mediación sea más o menos larga– que es precisamente ante la
emergencia de este tipo de gobiernos cuando mayores son las posibilidades
de dar este paso.[4] A condición, claro está, de mantener la máxima
intransigencia, aun cuanto esta independencia necesariamente incluya la
mayor audacia y flexibilidad táctica posible dentro de un
marco congruente con la propia estrategia de clase.
Por
ejemplo, en Bolivia está planteada una dura pelea por la construcción de un
Instrumento Político de Trabajadores sobre la base de mineros y la COB, no la
militancia al interior del MAS de Morales.[5] O el impulso de la experiencia muy
progresiva (mas allá de cualquier límite) del PRS y la C-CURA en la propia
Venezuela, precisamente por fuera del “movimiento bolivariano”, incluso
en sus expresiones mas “radicalizadas” pero aun así chavistas como el M-13
de Roland Denis. Instrumentos políticos de este tipo también se comienzan a
plantear en países como Paraguay, y que en otros casos toma más la forma de
partidos socialistas “amplios”, como es el caso en Brasil del propio P-SOL,
o, sindicalmente, la experiencia del CONLUTAS.
Es
este tipo de orientación independiente, este tipo de movimientos más
amplios –en los que los socialistas revolucionarios somos una minoría o
participamos de frentes únicos de tendencias y buscamos construirnos como ala
revolucionaria socialista consecuente en su interior–, lo que esta a la orden
del día. Es esa pelea al interior de la amplia vanguardia la que, de
ganarse, nos puede el “acceso a las masas”. Se trata de un camino opuesto
al que pretenden los compañeros por el expediente de la “gran política”:
es decir, de un “atajo” que renuncia a una sólida construcción orgánica
e independiente.
El
carácter de los nuevos gobiernos
Esta
ubicación nos lleva a un problema más general: la caracterización de
los nuevos gobiernos en Latinoamérica. Con el comienzo del siglo XXI y la
irrupción del proceso de rebeliones populares en la región, han surgido una
serie de gobiernos burgueses de características distintas respecto de la
tónica prevaleciente a lo largo de los 90.
Tenemos
gobiernos burgueses normales como es el caso de Tabaré Vásquez, Lula y
Bachelet extremadamente “conservadores”, continuistas y neoliberales. En un
lugar “intermedio” hay otro gobierno burgués más o menos “normal” como
el de Kirchner. Pero, al ser el “hijo burgués” del Argentinazo, la línea
continuista es, en este caso, “post-neoliberal”, es decir, matizada con una
serie de concesiones y cambios en la regulación del capitalismo argentino
propio de su origen como subproducto de la rebelión popular.
En
honor a la verdad, respecto de estos gobiernos, no hay con los compañeros
del MES, en principio, mayores diferencias: se ubican en la oposición (otra
cosa es que esta oposición sea de clase) a Lula, Kirchner, Bachelet y
Tabaré.
Sin
embargo, cuando nos desplazamos hacia la “izquierda” del arco iris
gubernamental, hacia circunstancias de mayor “anormalidad”, las cosas
cambian. Es decir, se acaba la oposición e “independencia” cuando nos
referimos a los casos de gobiernos como el de Chávez, Evo Morales e, incluso,
al posible de Ollanta Humala en el Perú. En estos casos, explícitamente, se
plantea que hay que colocarse como ala de “extrema izquierda” del
“campo” de estos gobiernos y/o movimientos. Es decir, habría que
militar no sólo dentro de la “corriente bolivariana continental”, sino
también del Partido Nacionalista Peruano de Humala.[6]
No
es casual que en estos casos, la pintura de los rasgos y carácter de clase de
estos gobiernos quede como mínimo difusa e imprecisa, al tiempo que se
acentúan en demasía los elementos reales o eventuales de enfrentamiento
al imperialismo de un Chávez, un Evo o un Humala respecto de su verdadero
carácter de clase (gobiernos burgueses “anormales”, nacionalistas o de
frente popular). Esto llega a configurar un curso de capitulación a
ellos mismos [7] y a los movimientos policlasistas que encarnan.
“Hoy
en Venezuela, el gobierno de Chávez está liderando un proceso de lucha contra
el imperialismo. Además de eso, presentó una propuesta concreta [!] de
transición al socialismo en el siglo XXI. Chávez es parte y resultado
de un proceso de crecimiento revolucionario de Venezuela, surgido a partir de la
rebelión popular de 1989 en Caracas. Es un gobierno que se apoyó en la
movilización de masas, que derrotó dos veces los planes golpistas del
imperialismo –golpe y referendo[8]– y que gobierna esencialmente respaldado
en un sector del ejército, institución que sufrió un proceso de polarización
después de los golpes del imperialismo. Esto junto al hecho de ser un país que
puede sostener transitoriamente un modelo económico relativamente
independiente, basado en su producción petrolera, hoy nacionalizada” (M12, p.
18).
En
este análisis extremadamente unilateral se destaca el real elemento
“antiimperialista” del gobierno chavista (uno de los componentes de la
realidad), pero se pierde completamente de vista el criterio de clase
a la hora de la evaluación del carácter de estos gobiernos y movimientos como totalidad.
Esto es, el hecho de que desde el punto de vista de una profundización
anticapitalista y desde la clase obrera del proceso revolucionario venezolano,
Chávez no es “parte y resultado” de él, sino una mediación.
Incluso se llega al extremo de plantear que Chávez habría presentado una
propuesta “concreta” del socialismo en el siglo XXI, cuando a todas
luces no se trata de una auténtica propuesta socialista, sino de
“economía mixta” o, a lo sumo, con elementos de “capitalismo de
Estado”.
Respecto
de la caracterización de las bases sociales del gobierno chavista, se
identifican centralmente dos: parte importante del ejército y el petróleo
nacionalizado, lo cual no es equivocado, aunque sí insuficiente.[9]
Al mismo tiempo, a lo largo de la revista se oscila identificándolo
indistintamente como gobierno “burgués” o “pequeño-burgués”. Pero la
caracterización de clase queda totalmente subordinada a la
valoración política del carácter independiente del imperialismo del
chavismo.
Siendo
éste un elemento de enorme importancia y una contradicción real, nunca puede
llevar a diluir el hecho de que Venezuela bajo Chávez sigue teniendo un
gobierno burgués (aunque “atípico”); sigue siendo una sociedad capitalista.
Sociedad capitalista respecto de la cual Chávez es, en última instancia, un defensor
[10] e, insistimos, una mediación en relación a una perspectiva de
auténtica revolución socialista.[11]
La
caracterización de estos gobiernos hace a la valoración de conjunto de su política
desde el punto de vista de los intereses inmediatos e históricos de la clase
obrera. Y en ese sentido, considerando el proceso más general de las
rebeliones populares, no son gobiernos que vengan a profundizarlas en sentido
anticapitalista y socialista. Por el contrario, se trata de enormes mediaciones,
donde incluso los roces y enfrentamientos con el imperialismo y la auténtica
búsqueda de grados de independencia y autonomía [12] están al servicio de
poner en marcha una serie de importantes reformas –hemos definido al gobierno
de Chávez como un reformista que hace reformas–, pero que de ninguna
manera configuran medidas de fondo que apunten a cuestionar el sistema
capitalista imperante en cada país y en el continente todo. Perder de vista
esta ubicación estratégica sólo puede abrir la vía a la capitulación
política.
¿Frente
Único Antiimperialista?
Como
ya ha ocurrido otras veces en la historia del movimiento trotskista, la vía de
esta capitulación se pavimenta con la “táctica” del Frente Único
Antiimperialista (FUA). Los compañeros del MES sostienen que en las
condiciones de enfrentamientos con el imperialismo de algunos de estos nuevos
gobiernos (sobre todo el de Chávez), lo que se impone es “no ser sectarios”
y trabajar con la política del FUA.
“La
situación latinoamericana nos pone cuestiones y nuevos procesos que tenemos que
abordar a partir de nuestro punto de vista socialista revolucionario. Con relación
a Venezuela: ¿la política es sólo la defensa del país frente al
imperialismo, o también apoyamos al ALBA contra el ALCA y las medidas
antiimperialistas de integración latinoamericana del gobierno de Chávez? Si
respondiéramos afirmativamente a esta tarea, se trata de una política de
frente único antiimperialista” (M12, p.17). A lo que se agrega: “eso exige,
para los revolucionarios latinoamericanos, una política audaz, una política de
apoyo al ALBA, a las medidas progresistas del gobierno venezolano, y al
mismo tiempo la defensa de la nación venezolana frente al imperialismo. No
se trata sólo de un apoyo circunstancial; para el imperialismo la derrota
del proceso bolivariano es una cuestión estratégica. Ser parte de ese frente
antiimperialista es la mejor –o la única– manera de construir la
organización socialista, revolucionaria independiente también en la propia
Venezuela” (M12, p. 18).
Los
compañeros sostienen la tesis de que no se trata sólo “de la defensa de la
nación venezolana frente al imperialismo” (de lo que estamos
incondicionalmente a favor) o incluso de la defensa circunstancial del
propio gobierno de Chávez ante cualquier nuevo intento golpista o ataque del
imperialismo (defensa que sostenemos también de manera incondicional). Lo que
exigen es una estrategia de apoyo político a las medidas que el mismo
toma que se consideran “progresistas”. Es decir, exigen de los
socialistas revolucionarios una capitulación total, una rendición
incondicional frente al gobierno chavista, como la “mejor o única”
manera de construir la organización revolucionaria “también en la propia
Venezuela” al tiempo que se critica por derecha al PRS.
Lo
que hemos visto en el pasado como tragedia pretende ser reeditado ahora como farsa.
Porque la orientación del “apoyo a las medidas progresivas” de un
determinado gobierno burgués y la aplicación de estas “tácticas” de FUA
(convertidas en estrategia) han jalonado, una tras otra, toda una historia de
capitulaciones a gobiernos enemigos de la clase obrera. En nombre de estas
orientaciones, desde el estalinismo en adelante y lamentablemente también en el
caso de varias corrientes trotskistas, se justificaron capitulaciones tremendas
como en el caso del POR en Bolivia en 1952.
A
sabiendas de este grave antecedente, los compañeros intentan justificar
“teóricamente” el pasarse con armas y bagajes a esta estrategia:
“Nosotros, revolucionarios latinoamericanos formados en el trotskismo, hemos
abordado históricamente las tareas antiimperialistas con ejes claros que nos
diferenciaron de las corrientes que defendían la revolución por etapas (...).
Sosteníamos y sostenemos que las tareas democráticas y antiimperialistas son
reivindicaciones que la burguesía no puede resolver hasta el final (...) que es
la clase obrera (...) quien puede llevar adelante un enfrentamiento consecuente
con el imperialismo y hacer un puente con las tareas socialistas” (M12, pp.
17-18). Hasta aquí –aunque es sólo una letanía–, los compañeros se
mantienen en el terreno de la tradición del marxismo revolucionario. Pero el
problema viene inmediatamente después: “Mientras tanto, afrontamos
situaciones donde gobiernos burgueses o pequeño burgueses mantuvieron
importantes embates con el imperialismo y en determinado momento, desempeñaron
un papel progresista. Trotsky apoyaba entusiastamente la nacionalización del
petróleo realizada por el gobierno mexicano de Lázaro Cárdenas” (M12, p.
18). Y se reitera con las Tesis de Oriente de la III Internacional que “es
indispensable forzar a los partidos burgueses nacionalistas a adoptar la
mayor parte posible de este programa agrario y nacionalista” (M12, p. 18).
Estas
definiciones concentran varios problemas.[13] Uno no menor es que en el
“mientras tanto” se lleva a cabo una estrategia completamente incongruente
con nuestra perspectiva socialista general. Por un lado, ya hemos dejado señalado
que la estrategia “etapista” para Oriente y el mundo semicolonial fue dejada
de lado por los revolucionarios a partir de la experiencia de la segunda
revolución china (1925-1927) y la formulación final de las Tesis de la
Revolución Permanente.
En
este mismo sentido, existe un valioso y educativo texto de Nahuel Moreno que,
obviamente, los compañeros del MES no desconocen: La traición de la OCI,
referido a la capitulación de esa organización trotskista francesa al gobierno
de Miterrand en 1981. Allí se sostienen posiciones opuestas a las del
MES.
“Una
de las expresiones especificas mas importantes de la teoría de los campos
burgueses progresivos fue formulada por la propia Internacional Comunista: es el
frente único antiimperialista. Posteriormente, esta teoría fue desarrollada de
manera oportunista por Stalin y Mao y por las corrientes revisionistas del
marxismo y el trotskismo (...). El contenido principal de esta teoría puede
sintetizarse así: el eje estratégico del partido revolucionario en los
países atrasados es la conformación de un frente único antiimperialista con
la burguesía nacional (...). El eje de la política (...) no es lograr la
independencia de clase del proletariado y, en ese marco, estudiar la
conveniencia táctica de hacer tal o cual acuerdo limitado y circunstancial con
algún sector de la burguesía, sino exactamente lo contrario. Lo
permanente, lo estratégico es el acuerdo con la burguesía” (N. Moreno, La
traición de la OCI, cap. 3).
Parece
escrito para la polémica de hoy. Porque precisamente los compañeros del MES
levantan el dedo acusador contra los que sostenemos la tesis del frente único
solo “circunstancial” en caso de ataque golpista o militar al gobierno de Chávez.
Esto es así porque para ellos “lo permanente, lo estratégico” es el
acuerdo –el “frente único antiimperialista”– con el chavismo, y no
“lograr la independencia de clase del proletariado”.
Lo
mismo cabe respecto de la totalmente oportunista política de “apoyo a las
medidas progresivas” de un gobierno burgués (aun “anormal”) como el de Chávez.
Esto es un pecado de leso socialismo revolucionario, de leso trotskismo e
incluso de la mejor parte de la tradición de la corriente morenista.[14]
Moreno
también se refiere explícitamente al tema: “La pregunta es: ¿es posible
apoyar los pasos o medidas progresivas de un gobierno burgués y no apoyar a
dicho gobierno? Nosotros creemos, con Trotsky, que no: que apoyar los «pasos
/ medidas» de un gobierno burgués es solidarizarse políticamente con el
mismo (...). En cuanto a los «pasos / medidas» jamás los apoyamos,
pero sí tenemos la obligación de utilizarlos, cualquiera sea el carácter
del gobierno burgués que los otorgue (...). Como marxistas revolucionarios, no
podemos juzgar cada medida de un gobierno por separado: «ésta es buena,
la apoyo; ésta es mala, la rechazo», sino en el marco de su política de
conjunto. Si un gobierno es burgués (...) por lo tanto también lo son
todas sus medidas, por «progresivas» que parezcan. En síntesis, juzgamos cada
medida de un gobierno en el marco de su política general y en relación a la
lucha de clases, jamás aisladamente (...). Nada de esto significa que no
lucharemos por medidas reformistas, pero entendiendo siempre que éstas son un subproducto
de la movilización revolucionaria de la clase obrera” (N. Moreno, cit. cap.
11).
Es
síntesis, el “apoyo a las medidas progresivas” y el “frente único
antiimperialista” con el gobierno chavista son un desastre político que sólo
puede operar de taparrabos –sirviéndole al propio Chávez,
cotidianamente, de coartada– frente al carácter burgués de su
gobierno. Lo que esta planteado es otra cosa: una estrategia intransigente de
independencia política de clase, y en ese marco es una obligación la
defensa –incondicional, pero “circunstancial”–del gobierno de Chávez
frente a cualquier embate militar o golpista del imperialismo.
Notas:
1.
Revista Movimiento Nº 12, pp. 18. En el III Congreso de la Internacional
Comunista (1922) cuando fueron redactadas y votadas las famosas “Tesis de
Oriente”, la estrategia para los países coloniales era explícitamente
etapista: de ahí que se postulara la táctica del “frente único
antiimperialista”, para realizar primero la revolución burguesa que despejaría
luego la vía para la maduración de los elementos de la próxima
revolución, ahora si, obrera y socialista. Pero cualquier trotskista formado
sabe que al calor de la experiencia de la segunda revolución china y la redacción
final de las Tesis de la Revolución Permanente, Trotsky se pasó a un punto de
vista “permanentista” en todo el mundo. En esas condiciones, la táctica del
FUA y la causa común con movimientos políticos burgueses o pequeño-burgueses quedaba
descartada en beneficio de un curso de independencia de clase. Los compañeros
del MES no hacen ni mención de esta postura, que por supuesto no desconocen.
2.
Esto reproduce como farsa las fantasías alrededor de la OLAS castrista
en la década del 60, que sin embargo se apoyaban en un fenómeno de obvio mayor
impacto que el chavismo, como la revolución cubana.
3.
La orientación es entonces subirse al carro de todo tipo de movimientos que están
ligados a, o se están expresando en, los nuevos gobiernos burgueses.
Movimientos que evidentemente no tienen como centro la clase trabajadora y no
son independientes de una y otra representación burguesa o pequeño burguesa.
Es decir, 150 años después de las conclusiones de Marx respecto de la revolución
de 1848, se postula la renuncia a la independencia política de la clase
trabajadora,. Y todo esto como “vía regia” para el “acceso a las
masas”.
4.
Es parte del acervo y tradición del marxismo revolucionario el que al mismo
tiempo que estos gobiernos bonapartistas “sui generis” o de frente popular
constituyen siempre fuertes mediaciones respecto de una salida obrera y
socialista, en el curso de la experiencia de las masas con las limitaciones de
clase de los mismos (y en el marco de la continuidad del ascenso de las luchas),
tarde o temprano se abre la perspectiva del giro a la izquierda de amplios
sectores, lo que coloca a la orden del dia la posibilidad de la pelea por
una autentica vía revolucionaria de la clase trabajadora: el poder de la clase
obrera.
5.
Posición esbozada por el Partido Obrero de Argentina.
6.
El grupo peruano ligado al MES llamado LLC (La Lucha Continúa) está dentro
del PNP de Humala.
7.
Esto es lo que explica que los compañeros del MES (y grupos menores como es el
caso de Praxis de la Argentina), cuestionen la existencia misma del PRS de
Venezuela como esbozo de corriente política obrera independiente del chavismo:
“¿Esa construcción pasa necesariamente hoy por la proclamación de un
partido político independiente? (...). En ese plenario de los 600 dirigentes
firmantes hay no pocos fervientes chavistas, aun con sus críticas, dudas y
planteos (...). Pero ese conglomerado de activistas y luchadores que quieren
profundizar la revolución desde el campo bolivariano no pueden ni quieren
conformar hoy por hoy un partido independiente que compita con Chávez,
aunque quizás sí puedan y quieran ir construyendo un movimiento o herramienta
política como extrema izquierda crítica y revolucionaria del proceso”
(“Apuntes sobre la izquierda en Venezuela”, Corriente Praxis. En
www.socialismo-o-barbarie.org). Queda clara aquí, palmariamente, la ubicación
que venimos criticando: no hay que colocarse como corriente obrera independiente
de estos gobiernos y/o movimientos, sino como “extrema izquierda crítica”
dentro del campo gubernamental. Ver, respecto de esta escandalosa posición,
la muy buena crítica del compañero Nelson Gamez, militante del PRS (disponible
en nuestra página web internacional citada).
8.
Para tener una visión de la verdadera dinámica de la derrota del golpe y del
lock out patronal (no casualmente, los compañeros se “olvidan” de este
evento clave que marco el ingreso con todo de la clase obrera como tal en el
proceso revolucionario venezolano), ver “Venezuela en el ciclo de las
rebeliones latinoamericanas”, de Rodolfo Torres, en SoB Nº 73.
9.
Insuficiente, porque hay que dar cuenta que desde el Referéndum de mediados de
2004 el gobierno chavista ha ido avanzando en un acuerdo tácito o explícito
con importantes sectores de la burguesía venezolana.
10.
Respecto de la lógica y racionalidad de clase de gobiernos como el de Chávez,
tenemos la siguiente caracterización: “Los gobiernos bonapartistas «sui
generis» [gobiernos como los de Perón, Nasser, Getulio Vargas, Paz Estensoro,
etc, característicos de la segunda posguerra] consiguieron apoyo en las masas
haciéndoles concesiones. Éstas, en ocasiones, chocaron con los mezquinos
intereses inmediatos de las burguesías nativas, aunque esas concesiones
fueron hechas con vistas a los intereses históricos y de más largo plazo de
desarrollo capitalista nacional independiente (…) Una característica
fundamental de estos regímenes es que expropiaron políticamente a la clase
trabajadora y las masas populares. Hicieron todo lo posible para que no
tuviesen una expresión política propia e independiente” (en “¿Revolución
Bolivariana?”, de Roberto Ramírez, Rebeliones en América Latina, Ed.
Antídoto, 2005). Esto puede servir como marco para la compresión de las
crecientes peleas y tensiones al interior de la UNT entre el sector clasista y
el gubernamental. Difícilmente el chavismo vaya a aceptar una central obrera
verdaderamente independiente del gobierno.
11.
Es sobre la base de las enseñanzas de la experiencia histórica que podemos ser
categóricos respecto del “plan concreto para el socialismo del siglo
XXI” acerca del que divaga el MES: es una absurda y oportunista ilusión
creer que Chávez vaya a “expropiar al capitalismo”. Esta posición es
rezuman los compañeros del MES por todos los poros, aunque no se animen a
escribirlo. Entre las corrientes latinoamericanas del movimiento trotskista, en
ausencia de todo balance crítico de las revoluciones de posguerra y de toda
comprensión de que globalmente estamos en otro ciclo histórico y político absolutamente
distinto al de posguerra, se sigue fantaseando acerca de la posibilidad de
que “bajo presión”, gobiernos o corrientes burguesas o pequeño burguesas
puedan “romper con el capitalismo y abrir la vía de la revolución
socialista”. Una vez más, la ausencia de balance crítico hace estragos
a la hora de una auténtica estrategia de clase y socialista .
12.
Hasta Kirchner ha esbozado –en defensa de los intereses generales de la
burguesía en nuestro país–– gestos y rasgos de relativa autonomía, aun
cuando estos sean 100% capitalistas. Por ejemplo, el pago total de la deuda al
FMI en la búsqueda de mayores márgenes de maniobra. Lo mismo ha hecho Lula.
13.
Respecto del ejemplo que ponen los compañeros del supuesto “apoyo” de
Trotsky a Lázaro Cárdenas que “Trotsky comparaba el papel histórico de Cárdenas
con el de Abraham Lincoln. Pero, al mismo tiempo, formulaba una clara
caracterización de su gobierno y planteaba a la vanguardia y a los trabajadores
una política independiente. Frente al ataque del imperialismo por
la nacionalización del petróleo, Trotsky sostenía: «La causa de México,
como la causa de España (en guerra civil contra el fascismo), como la causa de
China (invadida por el imperialismo japonés), es la causa de la clase obrera
internacional». Pero simultáneamente decía: «El proletariado internacional no
tiene ninguna razón para identificar su programa con el programa del gobierno
mexicano. Los revolucionarios no tienen ninguna necesidad de cambiar de
color». Creemos que se impone decir algo parecido en relación a Venezuela y Chávez.
La causa de Venezuela y su pueblo es la causa de la clase obrera
internacional (...). Pero no hay ninguna razón para identificar nuestro
programa con el de Chávez” (en “¿Revolución Bolivariana?”. Roberto
Ramírez, Rebeliones en América Latina, cit.).
14.
No así de la corriente pablo-mandelista del movimiento trotskista, que hizo
escuela de esta orientación tanto en el Occidente capitalista, como en los países
del Este europeo y China.
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