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Francia:
se ganó una importante batalla, pero...
La
guerra sigue
El
retroceso del gobierno francés frente al movimiento contra el “Contrato
Primer Empleo” (PCE) que profundizaba la precarización laboral, es una
resonante victoria de los jóvenes estudiantes y trabajadores.
Con
toda razón –como lo pinta nuestra corresponsal en París– “en la calle
estamos felices. Esta semana sonreímos en las
manifestaciones. No celebramos con champagne, como lo hicieron las
burocracias sindicales, porque nuestros medios no nos lo permiten... y porque
sabemos que los ataques continuarán y que uno de los mayores obstáculos son y
serán esas centrales sindicales... Esta victoria la garantizó la unidad y la
organización ejemplar de los jóvenes en todo el país. El movimiento supo
luchar de manera independiente a través de su autoorganización: las asambleas
generales soberanas, con delegados elegidos y revocables. Estas formas de lucha
hicieron la fuerza del movimiento y representan también en sí mismas una
victoria. Asimismo, la solidaridad de los trabajadores activos, a pesar de las
maniobras de los sindicatos, que hacían de todo para movilizar lo menos
posible. Por último, también la simpatía y adhesión del pueblo en general:
según las encuestas, 82% de la población quería el fin del CPE”.
Pero
también, dentro de esta justificada alegría, comienzan las necesarias
reflexiones del balance... Así, la Coordination étudiant (Coordinación
Estudiantil), reunida en Nancy el domingo 16, subraya la magnitud de la
victoria... pero con toda razón alerta también que la lucha sigue...
y por profundos motivos.
“Desde
1995, es la primera vez –dice el “Appel de Nancy”– que una
movilización permite lograr un retroceso semejante del gobierno... Pero, contra
lo que dicen los medios y las direcciones sindicales, no hemos logrado el
conjunto de nuestras reivindicaciones... Debemos continuar luchando...
“El
retroceso del gobierno ha dado confianza a millones de personas, que han tomado
conciencia de sus propias fuerzas...”
“Además,
hemos desarrollado lazos concretos con los trabajadores asalariados: asambleas
generales comunes, intervenciones hacia las empresas, pero también acciones
comunes (bloqueos económicos, cortes de vías de comunicación, etc.). Es la
extensión del movimiento a los trabajadores asalariados lo que aterrorizó al
gobierno...”
Pero
la Coordinación registra que no sólo sigue vigente el resto de la legislación
que impone la precarización laboral, sino también, más en general, el
marco económico, social y político que obligó a salir a las calles a los jóvenes
y los trabajadores:
“Nuestra
lucha ha revelado una crisis social y política. No se trata de un acceso de
fiebre ordinaria, sino de una manifestación de crisis de todo el sistema
social. La lógica capitalista ha sido puesta en el banquillo de los acusados.
El capitalismo no puede ya acordar ninguna reforma social positiva. Por el
contrario, necesita desmantelar las antiguas conquistas sociales. Todos los
lamentables jefes de la derecha y de la izquierda gubernamental llevan adelante,
con matices de método, la misma política al servicio de un sistema económico
depredador” (Appel de
Nancy, 16-4-06).
Este
diagnóstico de la Coordinación Estudiantil sintetiza el balance y las
perspectivas de este gran movimiento que está teniendo repercusiones más
allá de Francia y Europa. Así, una periodista del periódico latino “El
Diario - La Prensa” de Nueva York titulaba de esta forma su columna del
martes 18: “La protesta francesa ganó; es
nuestro turno”.
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