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¿Federación
de repúblicas... capitalistas o Federación Socialista?
La
opción por los “movimientos sociales” en detrimento de la clase obrera
Roberto
Sáenz
Someramente,
desde el punto de vista estratégico, es sabido que los compañeros del MES
sostienen la tesis de que el “debilitamiento” de la clase obrera habría
llegado a tal punto que lo más dinámico serian los “nuevos movimientos
sociales”. Esto ha aparecido en una serie de textos a lo largo de los
últimos años y se reitera, nuevamente, en los artículos que estamos
criticando.
“Chávez
y la revolución bolivariana existen en un nuevo contexto de la situación
latinoamericana, en la cual se mezclan las crisis de los gobiernos
neoliberales con la emergencia de insurrecciones y movilizaciones populares.
En estos procesos, principalmente campesinos e indígenas –pero donde la
clase obrera estuvo siempre presente- se levantaron reivindicaciones democráticas
y antiimperialistas, mas que clasistas.
Podemos
afirmar que de alguna manera estos movimientos son mas progresistas,
pues permiten la formación de un bloque de clases explotadas con una política
nacional conjunta”.
Realmente,
no se sabe a que se refieren los compañeros cuando habla de “la formación
de un bloque de clases explotadas con una política nacional conjunta”
(pastiche que suena “frente-populista”). En todo caso, lejos de ser los
movimientos campesinos e indígenas (muy progresivos, pero no “mas
progresistas” respecto de la emergencia de la clase obrera) un elemento de
fortaleza de las rebeliones populares, ha sido, precisamente, la ausencia de
la centralidad de la clase trabajadora en la primera fase del actual ciclo
político, la carencia social mas determinante para que se pudiera
imponer la actual mediación centroizquierdista de las rebeliones.
Por
si esto fuera poco, resulta sorprendente que siquiera se den cuenta que
tanto en el caso del nuevo gobierno de Evo Morales, como en la experiencia
de la UNT en Venezuela o, mas claramente aun, en el caso argentino frente a
Kirchner, la dinámica es la opuesta: los “movimiento sociales” están
siendo y son fácilmente cooptables por el Estado, al tiempo
que el sector social de los explotados y oprimidos de quien mas
consecuentemente están viniendo los elementos de oposición y contradicción
con los nuevos gobiernos, es precisamente la clase obrera ocupada.
Es
decir, lejos del impresionismo y al calor de una recuperación –si
bien no estructural- de la economía a nivel continental, sectores capitales
de la clase obrera ocupada están recuperando el lugar estratégico y
central muy superior por razones objetivas y subjetivas, frente a la endebles
social y política que muestran los “nuevos movimientos sociales”
como el MST de Brasil, las corrientes indigenistas en Bolivia (el MAS y el
MIP). E, incluso, los movimientos de desocupados (es decir, de trabajadores
en sentido amplio, pero sin arraigo laboral y estructural) en la Argentina.
Este
mismo análisis (o perspectiva estratégica) respecto del sujeto social de
la transformación y de la centralidad (o no) de los trabajadores en la
necesaria alianza obrera, campesina, originaria y popular que se necesita en
Latinoamérica, se entronca y tiene consecuencias en la orientación del
trabajo en la región. Hace parte, justamente, de la perdida –que
venimos señalando- de toda perspectiva política independiente y del
llamado a construirse al interior de movimientos burgueses o pequeño
burgueses que no son de la clase obrera. Una cosa se condice con la
otra.
¿Qué
integración latinoamericana?
Nos
interesa desarrollar, como ultimo punto de esta polémica, una critica
respecto de los planteos programáticos del MES en lo que hace a la
integración latinoamericana y el papel del ALBA en la misma.
Dicen
los compañeros: “El proceso bolivariano pone a la izquierda
revolucionaria frente a un desafió. Defensora de la idea de una Federación
de Republicas Socialistas, tiene el desafió de posicionarse –o no- en ese
terreno concreto frente al imperialismo y a los gobiernos entreguistas. La
Federación Socialista fue una palabra de orden aplicada en la época del
apogeo de la revolución cubana, cuando Fidel y el Che habían puesto en
marcha la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad) y después la
Tricontinental. Ahora existe un contexto diferente, nuevo, sobre el cual es
preciso actuar y que obliga a pensar una política concreta para este
momento concreto. Política que permita incidir en el proceso de lucha de
clases y esto no se puede hacer repitiendo las mismas palabras de orden del
pasado de manera litúrgica. El ALBA ubica a la integración
latinoamericana de manera objetiva y esta dando pasos concretos en ese
sentido (...). El ALBA significa también un paso importante para la
toma de conciencia antiimperialista de las masas latinoamericanas, ya que no
existe otra alternativa que llegue a ellas. Hoy es posible establecer un
nuevo dialogo con el movimiento de masas de cada país, presentar una opción
frente al imperialismo (...). A partir de esta situación y con esta política
es que se puede presentar de manera mas clara la idea de la Federación
de Republicas Latinoamericanas”.
Quizás
nos equivoquemos (los compañeros nos sabrán disculpar). Pero en la redacción
del ultimo renglón, se les “paso” el carácter “socialista” de
la Federación... Sin embargo, nos parece que por la lógica de toda su
posición, no es así. No se trata de la ausencia involuntaria de una
“palabra”. Hay un grave problema de lógica política: el planteo
del ALBA, con todo lo que de elementos contradictorios
“antiimperialistas” –por lo menos, en los papeles- tiene (o pueda
tener) respecto de las orientaciones centrales del imperialismo, no es una
propuesta de carácter anticapitalista.
Es
decir, el planteo “concreto” del MES “para la situación concreta”,
termina siendo la utopía reaccionaria de una estrategia que viene
fracasando en la región desde hace 200 años: una perspectiva de unidad
latinoamericana de la mano de corrientes burguesas o pequeño-burguesas.
Una perspectiva que en este terreno (como en el del frente único
antiimperialista) rompe con la lógica de la revolución permanente en
beneficio de una estrategia etapista. No es casual que -en este
planteo- este también presente
esa lógica del “mientras tanto” (utilizada para justificar el apoyo político
al gobierno chavista), solo que bajo la formula de llamado a “posicionarse
en el terreno concreto”.
En
defensa de esta orientación, se argumenta que el ALBA estaría ubicando
“a la integración latinoamericana de manera objetiva y esta dando
pasos concretos en ese sentido”. Pero lo que de pizca de verdad
contiene este argumento (y eso hay que aprovecharlo revolucionariamente), es
que el planteo del ALBA (como el del “Socialismo en el siglo XXI) colocan
sobre la mesa debates ausentes hace años y desde ese punto de
vista cumplen un rol “progresista”; lo que no quiere decir, para nada,
que puedan resolver el problema de la integración.
Es
decir, la cruda verdad es que el ALBA no ha dado un solo paso concreto
que haya colocado la integración latinoamericana como un proceso que ya es
“objetivo”, sino que -a lo sumo- ha servido de cobertura para
acuerdos económicos de Estado (muchos de ellos “lícitos”, como los que
tienden a evitar el aislamiento económico de Venezuela) o para negocios
regionales con grandes grupos capitalistas. Recientes trabajos de
Claudio Katz
(que, honestidad obliga, es menos critico que nosotros
respecto del ALBA) nos permiten poner más elementos sobre la mesa.
“Venezuela
no es estructuralmente distinta del resto de Sudamérica. Padece el mismo
nivel de inequidad social, subdesarrollo agrario y raquitismo industrial. La
pobreza afecta al 80% de la población y el empleo informal abarca las tres
cuartas partes de los trabajadores (...). El asistencialismo social, la
distribución de tierras improductivas y créditos al cooperativismo
permiten iniciar una redistribución progresiva del ingreso. Pero remontar
la regresión social (...) y revertir el desempleo estructural (...)
presupone inversiones estatales de grandes dimensiones. No alcanza con el
‘desarrollo endógeno’ en las ciudades y la erradicación de tierras
improductivas en el campo (...). Un gran paso se ha dado con la expulsión
de la gerencia transnacionalizada que controlaba PDVESA (...). Pero el
principal freno del proceso bolivariano se localiza dentro de la
propia administración chavista (...). La experiencia demuestra que las
conquistas congeladas se diluyen (...). Chávez ha declarado varias
veces su admiración (por la revolución cubana), pero no implementa las
medidas de ruptura con el capitalismo que se adoptaron en Cuba en los años
’60 (...). Las convocatorias regionalistas (...) no tuvieron gran
recepción entre sus colegas de centroizquierda (...). En cierta medida
estas iniciativas brindan cobertura a los negocios que ya entrelazan a
varios grupos capitalistas. Pero de estos convenios no surge la
integración autónoma que ambiciona Chávez. Este objetivo requeriría
implementar transformaciones que ningún gobierno centroizquierdista esta
dispuesto a llevar a cabo. Para que Petrosur revierta la sumisión energética
de la región habría que reestatizar el petróleo en Argentina y Brasil
(...). Pero es evidente que Kirchner y Mesa (ahora Morales) mantienen
alianzas estratégicas con Repsol para preservar la privatización del
sector (...). La expectativa chavista de contagiar el espíritu bolivariano
a los gobiernos centroizquierdistas choca con un obstáculo estructural: las
clases dominantes de la región preservan la conformación centrípeta que
históricamente bloqueo su asociación (...). El sueño de Bolívar y San
Martín no podrá concretarse mientras estos grupos capitalistas manejen el
poder”.
Es
obvio que Chávez “entiende” perfectamente esto. Y mas allá de las
palabras y los gestos altisonantes, la política de acuerdos de Estados
por arriba, sin el impulso real a una orientación de lucha de
clases, de liquidación de la gran propiedad privada, en nada puede
modificar esta conformación estructural de la región. Es ahí donde
mueren las palabras del “comandante” y el ALBA.
Este
es el contenido y la lógica última del ALBA: acuerdos de Estados que,
efectivamente, podrían tener elementos de una opción alternativa al ALCA,
pero que por la vía que se pretenden implementar o es una cobertura
a negocios con sectores capitalistas (por ejemplo, el caso del
mega-gasoducto sudamericano que se esta proyectando) o un callejón sin
salida, sin ninguna practicidad.
Esto
no es algo que las “nuevas condiciones” -de las cuales hablan los compañeros
del MES- hayan cambiado. Es decir, no es “nuevo” el hecho de que no haya
ninguna posibilidad estructural de “integración latinoamericana” sin
un curso claro anticapitalista. En todo caso, lo realmente “nuevo”
-en condiciones de mundialización del capital- es que esto es un
millones de veces menos posible que en el pasado.
Al
respecto, “(...) mas allá de la retórica de Chávez, la inmensa
transnacionalizacion de las economías de todo los países de la región y
los vínculos que ya mantienen con el mercado mundial hacen completamente
irreal e ilusoria la predica ‘latinoamericanista’ (...). Desde ya
que esta unidad es una aguda necesidad de los pueblos del continente: no
poco del atraso y sometimiento de la región tienen que ver con que –a
diferencia de Estados Unidos-, en Sudamérica, luego de la independencia, se
dio lugar a una miríada de estados relativamente pequeños que impidió el
desarrollo de economías de escala y, por tanto, de sus fuerzas productivas.
A la vez que, en vez de lograrse un desarrollo realmente independiente, la
independencia de un imperio en decadencia como el de España dio lugar a una
renovada dependencia respecto de la potencia imperialista en ascenso en
aquella época: Inglaterra (...) en el siglo XX, Estados Unidos. Pero si en
el siglo XIX y XX este proceso de emancipación (...) no pudo venir de la
mano de las ‘burguesías nacionales’, ¿cómo podría serlo ahora,
cuando estas mismas burguesías no son mas que un mito, cuando prácticamente
no quedan burguesías propiamente nacionales?”.
Conclusión:
mas que nunca, un proceso que supere las fronteras y estados nacionales, no
vendrá del “frente único antiimperialista” con la corriente
“bolivariana continental”. Solo puede venir de un curso independiente:
de la mano de la clase obrera que en alianza con el resto de los explotados
y oprimidos impongan mediante los métodos de la lucha de clases, los Estados
Unidos Socialistas de Latinoamérica.
Revista Movimiento nº12, pp.18.
Es decir, posicionémonos “tácticamente” ahora (en “el terreno
concreto de la situación concreta”
y “mientras tanto” las cosas vayan evolucionando) y dejemos
la –molesta- estrategia –que nos pone “Muros de Berlín” hacia
las masas- para después...
Ya hemos escrito que consideramos un derecho y “progresivas”
la medidas económicas de protección reciproca con Cuba. Pero no es
esto lo que da el tono y el contenido real del resto de las relaciones
económicas de Chávez con los demás países latinoamericanos: “Que
Chávez le tienda una mano a Cuba mediante el aporte de petróleo a
cambio de la brigada de médicos y alfabetizadores enviados a Venezuela,
es progresivo y, a todas luces, atenúa los efectos del bloqueo yanqui y
el aislamiento económico de la isla. Pero la cosa no pasa de ahí: hace
décadas que Castro practica la misma política reaccionaria de acuerdos
de estados y que de ninguna manera impulsa un curso desde abajo,
anticapitalista, en los países de la región”. Idem, Roberto Sáenz.
Se trata de un serio
economista marxista ampliamente conocido en la vanguardia de la región.
Claudio Katz, “Centroizquierda,
nacionalismo y socialismo”. En revista “Socialismo o Barbarie” n°19.
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