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Por
un 1º de mayo antigubernamental y en apoyo a los que luchan
No
al techo salarial
Abajo
la Santa Alianza de Kirchner, Moyano y los empresarios
El
acuerdo entre Kirchner y la burocracia sindical –Hugo Moyano y la CGT en
primer lugar, pero también por lo menos parte de la CTA– es un acuerdo
donde lo que primero que sobresale es el techo salarial miserable que
quieren imponer mediante las “paritarias”. Pero sus objetivos son mucho
más de fondo. Por un lado, busca mantener y preservar
la obra menemista: es decir, consolidan la fragmentación de la clase
trabajadora que se impuso en los 90. Fragmentación que comienza a ser
cuestionada en importantes sectores. Por el otro, busca marcar una raya, un
límite político de lo que es permitido. Los trabajadores, que con sus
luchas y reclamos comienzan a cuestionar este verdadero acuerdo político,
se enfrentaran directamente contra la Santa Alianza de la patronal, el
gobierno y la burocracia.
Kirchner
busca consolidar
la fragmentación y atomización de la clase trabajadora. La fragmentación
tiene muchos aspectos. La primera gran fractura es entre ocupados y
desocupados; que tiene como efecto inmediato mantener un piso salarial de no
subsistencia: el valor de los planes. En este segmento se encuentra el 15%
de la mano de obra en condiciones de trabajar. Una segunda gran división,
es entre los trabajadores en blanco y en negro que no baja del 45% de la
fuerza de trabajo y donde las diferencias salariales son cercanas al 50%.
Una tercera división se da con las tercerizadas, que dividen a los
trabajadores en la misma unidad productiva. Una cuarta fractura, se da con
los trabajadores por agencia o precarizados. En el mismo lugar de trabajo
conviven contratos, convenios y condiciones de trabajo distintos para
trabajadores que realizan las mismas tareas. Estos aspectos dan como
resultado una clase obrera fragmentada y que en muchos casos no reconoce a su hermano de clase. La Santa
Alianza de Kirchner, Moyano y los empresarios pretende, de todo esto, no
tocar nada. En las paritarias, de conjunto,
de la flexibilización laboral, la tercerización, la fragmentación
salarial, sindical y del tipo de contrato dentro del mismo lugar de trabajo,
la vía libre a la superexplotación y la precarización laboral, no se
habla. Ninguno de los actuales
convenios modifica en lo esencial
ni uno solo de esos elementos.
El
segundo objetivo del acuerdo y del techo salarial es seguir garantizando
las altísimas tasas de ganancia de los capitalistas, que con Kirchner
se están haciendo su agosto. Como lo señalan todas las estadísticas, la
productividad laboral alcanza niveles récord, junto con las ganancias
de los patrones, especialmente en la industria. Sin considerar la inflación,
sólo para compensar la productividad, la patronal debería conceder un piso
de aumento del 15%. Por supuesto, las paritarias que se están desarrollando
tienen esa cifra –o muy poco más, el 19%– como techo real. Eso
significa que a los trabajadores se los compensa malamente y en cuotas
respecto de un índice de inflación estimado y dibujado, pero el aumento de
la productividad se lo embolsan íntegramente los empresarios. Todo esto
con el cuento de “mantener el crecimiento económico y no generar inflación”.
Como
si fuese poco, todos los convenios que se están afirmando tiene cláusulas
de “paz social”, es decir, el compromiso de la burocracia de no
hacer olas por una año.
Al
mismo tiempo, hay que subrayar el carácter político de este pacto:
no se trata de algo meramente “sindical”. Tiene el objetivo –poco
disimulado– de evitar turbulencias para garantizar la reelección en el
2007. Es decir, la continuidad del conjunto de la política de la
argentina país “capitalista normal” que encarna el gobierno K luego de
las turbulencias del Argentinazo. De ahí que denunciemos este acuerdo como
una verdadera Santa Alianza. Insistimos, tiene un claro sentido político
y de gobernabilidad.
La
base material de todo esto, es hacerle pagar a los trabajadores las
superganancias empresarias y evitar la recuperación efectiva del poder de
compra del salario. Kirchner intentará mantener el índice de inflación
bajo control. Si eso se logra, la rentabilidad empresaria se mantiene y la
protesta de los trabajadores no se hace sentir demasiado, piensa el
gobierno, la reelección será “pan comido”.
La
Santa Alianza en acción
Ese,
claro es el esquema oficialista, al que se pliega una burocracia sindical
que es parte integrante fundamental de la administración K. Pero la
realidad puede ser otra. Se puede pelear por hacer saltar por los aires
este pacto de miseria salarial y fragmentación laboral. Desde ya hace un
par de años que se vive una importante ola de conflictos que han marcado el
ingreso a la lucha de importantes sectores de la vanguardia obrera. Los
compañeros del subte –hace un par de años– hicieron punta cuando
impusieron la jornada de seis horas. Luego vino la ola de reivindicaciones
–en sectores terciarizados– por el pase al convenio principal. También
las peleas por un encuadramiento que garantice que “por igual tarea se
obtenga igual salario”. Lo mismo que las luchas –en distintos
sectores– por aumentos salariales en serio. Recientemente, ha habido
varios conflictos importantes. En particular, el de los petroleros y de la
construcción de Las Heras, docentes neuquinos y los trabajadores y
terciarizados del subte, tomaron envergadura nacional por la feroz
represión que se desató sobre ellos. En el caso de los petroleros y el
subte, salieron a enfrentar precisamente la fragmentación y división de
los trabajadores, a través del reclamo de encuadrar a todos los compañeros
en el convenio más favorable. Y en estos casos es
fundamental tener en cuenta que, a diferencia de muchas de las luchas
“sindicales” que presenciamos en los últimos años, no se trata de
reivindicaciones “defensivas”, sino que buscan recuperar el terreno
perdido, lo que les da un carácter mas “ofensivo”.
Lo
hacen con métodos cada vez más duros y ejerciendo la democracia de los
trabajadores. Enfrentan un gobierno que también se pone duro, mostrando
su verdadera cara antiobrera y una burocracia temerosa que su ejemplo de
lucha consecuente y democracia de bases se extienda al conjunto de la clase
trabajadora. De ahí los ataques al “seudo-trotskismo” que se han
reiterado los últimos días de la boca del propio Moyano o funcionarios
cegetistas como Recalde. Porque ésta ultima también es una razón para la
Santa Alianza: quieren cortar de cuajo el proceso de recomposición de
los trabajadores, el que podría tener una importancia estratégica cuando
una nueva crisis se avecine.
Lucha
sindical, lucha política
La
Santa Alianza de Kirchner, Moyano y los empresarios, se propone cortar
de cuajo todo reclamo de ese tipo y
canalizar el descontento por las vías “institucionales”. Por eso mismo,
todo conflicto que intente romper el techo del 19% o modificar cualquier
pieza del engranaje, se encontrará con una actitud más dura de parte del
gobierno... y de la burocracia.
Los
ejemplos mencionados ilustran esto. Los compañeros de Santa Cruz contaban –en
nuestra edición anterior– que
estaban “solos”: ningún sector patronal ni de la burocracia los
apoyaba, y sólo podían contar con sus propias fuerzas y la
colaboración de la izquierda y los sectores clasistas.
Lo
mismo se vio en el caso del subte. En ocasiones anteriores, el gobierno se
las había ingeniado para aparecer como “mediador” entre los
trabajadores y la empresa. Esto provocó bastante confusión en sectores de
la base e incluso del Cuerpo de Delegados. Tenían la ilusión de que
Kirchner estaba “de su lado”. Esto ha cambiado drásticamente: el
“mediador amigo” que “pagaba los aumentos con subsidios” mostró su
verdadera cara, la de un represor implacable que no dudó en
mandar la Gendarmería a apalear a los trabajadores y a defender las
maniobras rompehuelgas de Metrovías. Sin contar con el manijazo que le dio
a la campaña antiobrera en los medios masivos.
Las
piezas del tablero se acomodan de manera cada vez menos ambigua: gobierno,
burocracia y patronal se unen para que el pato lo paguen los trabajadores.
Es por esa razón que el espacio para una política estrechamente
“sindicalista” (característica de los compañeros que se agrupan en el
MIC, pero no sólo de ellos), que intente plantear el conflicto sólo
“entre trabajadores y patrones”, sin mencionar el rol decisivo del
gobierno, es cada vez más reducido. Sucede lo contrario: prácticamente
cualquier conflicto obrero real (no maniobras burocráticas, que
también las hay; así como contradicciones entre algunos sectores
desplazados de la burocracia) de cierta importancia, va a pasar a tener un
carácter casi inmediatamente político. Porque –queriéndolo o no,
sabiéndolo o no– todo intento de salir del chaleco de fuerza de salarios
y condiciones de trabajo que pretenden imponer se convierte en una amenaza
para todo el esquema kirchnerista. Y ya hemos visto que el gobierno piensa
obrar en consecuencia.
Rodear
de todo nuestro apoyo las luchas
Viva
la huelga general latina en los Estados Unidos
Por
un 1º de mayo contra la Santa Alianza de K y Moyano
En
estas condiciones, el rodear de todo el apoyo las luchas en curso, es
de inmensa importancia: en cada una de ellas se juega la subsistencia de
estas condiciones de miseria salarial y explotación laboral, así como la
continuidad del proyecto K y el profundo proceso de reorganización de los
trabajadores. Porque el malestar por abajo es muy grande. Ahora mismo, en
las fabricas del neumático, los compañeros están que trinan contra la
burocracia del SUTNA que anunció un paro y –precisamente en el mismo
instante– lo levantó “acatando la conciliación obligatoria”. O los
compañeros del Hospital Francés, que siguen en lucha contra el vaciamiento
del hospital y realizan un acto el próximo lunes.
Es
en estas condiciones que se avecina un nuevo 1ª de Mayo. Nuevamente en
manos de la izquierda y la vanguardia clasista va a quedar el día de lucha
internacional de los Trabajadores. Jornada que –junto con la del 24- va a
ser comparada en su capacidad de movilización con el acto K del 25
de Mayo. Con dos objetivos: por un lado, aunque parezca “abstracto”,
habrá que subrayar el hecho inmenso de la eventual huelga general de
trabajadores latinos en los Estados Unidos. De llevarse a cabo de manera
exitosa, no hace falta decir la enorme importancia y repercusión
internacional que esto tendrá entre la clase obrera de todo el mundo.
En
segundo lugar, desde el punto de vista nacional y de nuestra lucha cotidiana
aquí, el perfil del acto debería esta claro: un acto de frente contra
el gobierno K y la Santa Alianza con la burocracia de Moyano y la CTA.
Un acto obrero en apoyo a las luchas obreras mas importantes. Un acto
que debe poner sobre la mesa la urgente y necesaria convocatoria a la realización
de un Encuentro Obrero para el 29 de mayo (aniversario del Cordobazo) como
forma de dar pasos en el agrupamiento antiburocratico de la vanguardia.
Encuentro –en el seno del cual– seguiremos bregando por la
necesidad de que se ponga en pie una verdadera Tendencia Clasista, la
que sigue faltando para dar un impulso más decidido y político a la
recomposición de nuestra clase.
En
este ultimo sentido, es que desde el nuevo MAS nos jugaremos a repetir una
importante columna como la que organizamos para el 24 de marzo. Pero en este
caso, buscando destacar mas el perfil de trabajadores, viendo la posibilidad
de tener delegaciones de algunos sectores obreros.
Por esto mismo, es que reiteramos el llamado a los compañeros del
Garraham, del hospital Francés, otros sectores de trabajadores en lucha y
los compañeros del PTS, a organizar en común el 1° una columna clasista
para entrar a la Plaza.
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