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El
clasismo de los 70
La
actualidad de una experiencia del
movimiento obrero argentino
Por Oscar Alba
Como
parte de las actividades por el 24 de marzo, en la Facultad de Ciencias Sociales
(UBA) se organizó una charla con distintos panelistas. El compañero Oscar
Alba, por el MAS, puso el acento en el desarrollo de la movilización y
organización obreras, cuyo cercenamiento fue uno de los primeros objetivos del
golpe militar. Por otra parte, contra la campaña del gobierno y sus aliados de
que sólo las Madres tienen autoridad para hablar sobre los desaparecidos, está
demostrado que la clase obrera y las corrientes políticas que militaban en su
seno fueron el blanco principal de la represión.
La
conmemoración de los treinta años del golpe militar del 24 de marzo de 1976
puso nuevamente sobre el tapete la convulsionada década del 70, una etapa que
significó una de las más ricas en experiencias de lucha que tiene el
movimiento obrero en nuestro país. Desde este punto de vista, es muy importante
extraer de esa experiencia los elementos que nos permitan enriquecer el actual
proceso de luchas salariales, por mejores condiciones laborales y en defensa de
las fuentes de trabajo. Luchas que ponen como norte estratégico la recomposición
sobre bases realmente clasistas del movimiento de los trabajadores. En este
sentido, el hecho de que sectores importantes de trabajadores ocupados entren a
la pelea contra la política del gobierno y la patronal y traten de construir
una dirección alternativa a la burocracia sindical peronista abre la
posibilidad de llevar adelante esa tarea. Es en este sentido que iremos
presentando una serie de notas sobre las experiencias de lucha política y
sindical que se dieron en la vanguardia obrera de los setenta.
El
surgimiento de una vanguardia de luchadores clasistas
El
Cordobazo, esa gran movilización obrera y estudiantil de mayo de 1969 que hirió
de muerte al gobierno de Onganía significa la irrupción de una corriente
clasista que tuvo como referentes importantes, en ese momento, a los plenarios
del Sitrac-Sitram y, en otro nivel, al movimiento de los gremios combativos
cordobeses. Entre ellos descollaron Luz y Fuerza, con Agustín Tosco a la
cabeza, y el SMATA, luego de que la Lista Marrón dirigida por René Salamanca
triunfara sobre la burocracia de Elpidio Torres.
El
desarrollo de esta corriente clasista se fue desarrollando en los años
posteriores al Cordobazo. Así surgieron la CGT clasista de Salta de Armando
Jaime y la dirección combativa del ingenio Ledesma, encabezada por Melitón Vázquez.
En
1974, luego de una gran huelga, los trabajadores de la UOM de Villa Constitución
imponen una nueva dirección, con Alberto Piccinini como secretario general de
la seccional que agrupaba a trabajadores de Acindar, Marathon y Metcon, entre
sus principales fábricas. También en el llamado cordón industrial de San
Lorenzo, sobre el litoral santafecino, surgieron comisiones internas y cuerpos
de delegados combativos y que se reclamaban clasistas.
En
Buenos Aires surgieron poco antes de mediados de 1975 nuevas direcciones y
agrupaciones de oposición a la burocracia sindical peronista en fábricas como
Ford, De Carlo, Corni, Cormasa, Búfalo, TENSA, Blindex, Standard
Electric, Productex, Pinturas Mi Luz, La Hidrófila, Laboratorios Squibb
y Matarazzo, entre otras, en la zona norte. En La Matanza se destacaban las
direcciones metalúrgicas antiburocráticas de Santa Rosa e Indiel, por ejemplo.
En Capital Federal, a inicios de los 70, también aparecen nuevas direcciones en
Citroen, Lumilagro, Química Estrella, Sudamtex, Grafa, Envases Centenera y la
agrupación AUDEC (Agrupación Única de Educadores Combativos), entre otras.
En
1974, la comisión directiva de la UOM de Villa Constitución llama a un
plenario nacional antipatronal y antiburocrático, que se realiza en una cancha
de fútbol de Villa Constitución y al que asisten dirigentes, delegados y
activistas de todo el país. Este plenario fue una instancia muy importante,
pues concentró a esta vanguardia que venía
consolidándose en muchos gremios y fábricas. El debate central que allí
se planteó fue alrededor de avanzar hacia una forma organizativa superior. Por
un lado, estaban los compañeros que sostenían que había que conformar una
Coordinadora Nacional que posibilitara llevar adelante acciones comunes
tendientes a levantar una alternativa a la burocracia sindical peronista. Esta
posición estaba sustentada, fundamentalmente por los compañeros que respondían
al Partido Socialista de los Trabajadores (PST). Por otro lado, estaban los
compañeros que planteaban que aún no estaban dadas las condiciones para que
madurara una organización de ese tipo y que había que seguir fortaleciendo
cada proceso. Esta moción era apoyada por Tosco, Salamanca, Di Pascuale y
Piccinini, entre otros.
Finalmente,
en la votación, tuvo mayoría la segunda posición, con lo cual, a nuestro
entender, se perdió una posibilidad de avanzar en la organización de esa
vanguardia combativa. Ese año comenzó la escalada represiva del gobierno
peronista de Isabel contra la vanguardia obrera. La propia seccional de la UOM
de Villa, después de una feroz represión, es intervenida, y Piccinini y otros
delegados son detenidos. Posteriormente, en Córdoba, un golpe de la derecha
peronista echa al gobernador y muchos dirigentes combativos, entre ellos Tosco,
deben pasar a la clandestinidad. En tanto, la Triple A (Alianza Anticomunista
Argentina) asesinaba cotidianamente a militantes y activistas de izquierda.
En
junio de 1975, el ministro de Economía, Celestino Rodrigo, anula los convenios
laborales que significaban importantes aumentos salariales
para los gremios. Los obreros de las grandes fábricas se movilizan. Es
así como surgen las coordinadoras obreras de zona norte, sur, Matanza y Capital
norte, entre las principales. Durante más de diez días, las grandes fábricas
de Capital Federal y Gran Buenos Aires paran y se movilizan diariamente a la CGT
bajo la consigna “14.250 o paro nacional” [1], reclamando de esta manera a
la burocracia la huelga general. La burocracia llama, finalmente, a una huelga
general de 48 horas y las Coordinadoras la codirigen. Cuando la huelga entraba
en su segundo día, el gobierno anuncia la homologación de los convenios. Esto
constituyó un golpe político al gobierno que hizo renunciar a varios
ministros, entre ellos José López Rega, ministro de Bienestar Social de Isabel
Perón y creador de la siniestra Triple A. En septiembre, otro ministro de
Economía, Mondelli, intenta un nuevo ataque a los trabajadores y las
Coordinadoras vuelven a movilizar. El gobierno retrocede otra vez y es en ese
momento que la burguesía y los militares resuelven preparar el golpe militar.[2Î
Algunas
conclusiones
El
clasismo de los 70 fue un movimiento esencialmente político-sindical, puesto
que planteó la pelea contra la patronal y la burocracia y la necesidad de una
transformación revolucionaria de la sociedad, luchando por una revolución
socialista. Por eso estuvo cruzado por profundos debates políticos alrededor de
las vías políticas en función de esa estrategia revolucionaria. Y fue un
movimiento en donde coexistieron distintas organizaciones de izquierda, ya que
los dirigentes y activistas obreros eran militantes de esas organizaciones. Sin
duda, el golpe militar vino a cortar el desarrollo de esta vanguardia. Un
desarrollo que, como vemos, no fue lineal ni monolítico.
Desde
el punto de vista político estratégico existían, a grandes rasgos, tres
concepciones: la guerrillera sostenida por el ERP y los Montoneros, la
reformista frentepopulista que tenía como principal referente al Partido
Comunista y la de independencia de clase que planteaba la necesidad de construir
un partido obrero revolucionario, entre quienes se contaban los que conformábamos
el Partido Socialista de los Trabajadores.
Tenemos
que sacar todas las conclusiones posibles de este proceso que llevó adelante
una generación de trabajadores que se abrió hacia una perspectiva de cambios
revolucionarios. El análisis necesario no puede ser académico, como tampoco lo
fue en aquel momento. Hoy debe servir para marcar tanto los aciertos como las
limitaciones de aquella vanguardia para enriquecer el actual proceso de luchas
que, sin duda, incorpora nuevos sectores obreros y nuevos problemas a resolver.
La
presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, dijo en su discurso
de defensa del destituido jefe de gobierno de la Ciudad, Aníbal Ibarra, que
“nuestros desaparecidos lucharon por esta democracia”.Nada más falso.
Quienes fueron muertos, encarcelados y perseguidos por la dictadura militar, con
sus profundas diferencias, y que debatieron duramente no pelearon por la mugre
de régimen de esta “democracia” para ricos. Los hicieron por un verdadero
cambio revolucionario de la sociedad.
Notas:
1.
La 14.250 era la Ley de Convenciones Colectivas laborales. La burocracia
sindical, encabezada por Casildo Herrera (secretario general de la CGT) y
Lorenzo Miguel (secretario general de la UOM) estaba enfrentada con López Rega,
pero no quería largar la huelga general contra el gobierno. Las movilizaciones
eran multitudinarias y muchas fábricas estuvieron paradas una semana antes de
que se largara la huelga general.
2.
Frente a los preparativos del golpe, la burocracia sindical no tuvo unidad. Un
sector fue ganado para golpe y otro sector mantuvo expectativas en que aún había
tiempo para negociar. De todas maneras, una vez proclamado el golpe ningún
sector de la burocracia se opuso.
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