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Cursos
de verano
Capitalismo
y patriarcado: matrimonio por conveniencia
Por Inés
La
comprensión de que el marxismo revolucionario debe pensar permanentemente la
vigencia de las elaboraciones clásicas, así como su actualización respecto de
los cambios de la lucha de clases y de la configuración del capitalismo
contemporáneo, es lo que guía nuestros esfuerzos en el estudio y la
formación, como parte de las herramientas de los revolucionarios para combatir
al capitalismo. Parte de esto es la elaboración que hemos iniciado acerca de la
ubicación de la lucha específica por la emancipación de las mujeres en el
marco del capitalismo. Como parte de los cursos
de formación del verano, realizamos un taller sobre la opresión de género el
fin de semana del 4 y 5 de marzo, del que participamos alrededor de 30
compañeras y compañeros.
Tomamos
la cuestión de la liberación de la mujer como un aspecto de nuestra militancia
cotidiana y a partir de nuestra participación en las campañas por el derecho
al aborto legal, gratuito y seguro, en la campaña por la libertad de Romina
Tejerina, en nuestra participación en los Encuentros de Mujeres.
Nuestro
esfuerzo también es para comprender cuál es la relación entre al capitalismo
y el patriarcado como dos sistemas que no son exactamente lo mismo, por origen
histórico y por funcionamiento, pero que son mutuamente dependientes.
El
taller se organizó a partir de una introducción general sobre la historia de
la “mitad invisible”, para destacar la visión patriarcal de la historia
oficial que se ha encargado de hacernos creer que la historia de la humanidad se
reduce a la historia del “hombre”. Esta historia sesgada soslaya, por
ejemplo, que uno de los inventos más cualitativos en la historia de la lucha
por la supervivencia y la relación con la naturaleza, la agricultura, fue
centralmente femenino.
Los
ejes sobre los que armamos el taller fueron: a) origen histórico de la
opresión de la mujer, y b) relación entre capitalismo y patriarcado. Quedó
como tema para futuros talleres la relación entre sexo, sexualidad y género y
cuál es el lugar de la opresión a las minorías sexuales en la lucha contra el
capitalismo patriarcal.
Sobre
el origen histórico de la opresión tomamos por supuesto el libro de Engels El
origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Este texto clásico es insoslayable, ya que todo el feminismo
discute con o contra Engels. Para nosotras, la piedra fundamental del análisis
sigue siendo totalmente vigente, en el sentido que está demostrado que hay una
relación histórica en la aparición de la opresión hacia las mujeres cuando
comienza la propiedad privada de los medios de vida, es decir, cuando una parte
de la sociedad vive del trabajo que realizan los otros, y con la aparición y
desarrollo del Estado como aparato que garantiza esa explotación.
La
familia patriarcal, dice Engels, es la derrota histórica del sexo femenino. En
la familia la mujer es el obrero, la esclava que está atada a las tareas de
reproducción de la fuerza de trabajo, tarea que es gratuita y que se convierte
en su lápida.
Complementamos
el trabajo de Engels con la actualización de la periodización de la historia
humana que hace la antropóloga marxista Kathleen Gough sobre las sociedades
cazadoras recolectoras, las sociedades agrícolas y finalmente las sociedades de
clase con Estado.
Por
otra parte, analizamos el lugar del trabajo doméstico en el funcionamiento del
capitalismo a partir del análisis sobre este debate que realizan Paloma Uría,
Empar Pineda y Monserrat Oliván en “Capitalismo, patriarcado ¿trabajo,
plusvalía?”. Sobre el debate de algunas feministas que ven al trabajo
doméstico como una rama de la producción capitalista, las autoras señalan que
el trabajo doméstico es funcional al capitalistmo. La burguesía se
“ahorra” el gasto de reproducción de la fuerza de trabajo, a partir del
trabajo privado realizado por las mujeres en el hogar, trabajo que no es parte
de la producción social, pero que es necesario para su funcionamiento.
En
el segundo eje pusimos en tensión las posiciones del feminismo burgués, que no
ve la relación entre la opresión de las mujeres y la existencia del
capitalismo. Si bien hay muchas líneas dentro de las feministas burguesas,
básicamente consideran que se puede terminar con el patriarcado dentro del
sistema capitalista, consiguiendo la “igualdad” de las mujeres, por ejemplo,
en el acceso a los puestos de trabajo con igual salario, en ocupar puestos
dentro de los gobiernos burgueses, en ser presidentas de empresas. Parte de
ellas suponen que la llegada de Michelle Bachellet al gobierno chileno es
progesivo sólo por el hecho de que es mujer, sin importar qué política
representa.
En
el otro polo están los análisis de la izquierda tradicional que sólo ve el
problema del capitalismo, y niega toda especificidad de la lucha de las mujeres.
Esta concepción sostiene que las relaciones burguesas subsumen toda otra
relación y la vuelven secundaria. Como la relación fundamental de la sociedad
es la explotación de los burgueses sobre los trabajadores y las mujeres
pertenecemos a una u otra clase, ésa es nuestra ubicación y no hay problemas
específicos. A lo sumo se ve la cuestión de la mujer como un problema de orden
puramente “ideológico”, que no tiene ninguna raíz material, y que por lo
tanto la lucha por la emancipación de la mujer se reduce a la lucha por el
socialismo.
Para
este debate incorporamos un capítulo de La revolución traicionada de
León Trotsky, donde se demuestran las grandes conquistas que significaron para
las mujeres rusas la toma del poder en octubre de 1917. Rusia fue el primer
país que concedió el aborto legal y gratuito. Y más aún, se dieron pasos
importantes hacia la socialización del trabajo doméstico, paso ineludible para
romper las cadenas que atan a las mujeres, sobre todo las mujeres obreras. El
estalinismo y la burocratización de la URSS fueron un retroceso en todo sentido
para las condiciones de la transición hacia el socialismo, y esto se verificó
también en que Stalin promulgó en 1930 una ley de familia que volvía para
atrás todo el terreno conquistado en materia de socialización del trabajo
doméstico. En 1936 se volvió a prohibir el aborto, con el argumento de que ya
en el socialismo las mujeres podían disfrutar las mieles de la maternidad sin
penuria económica.
Nuestras
conclusiones sobre estos debates, someramente, tienen que ver con ubicar la
relación del capitalismo y el patriarcado como una relación de mutua
dependencia. El sistema patriarcal, anterior al capitalismo, garantiza la
opresión de todo el sexo masculino sobre todo el sexo femenino para perpetuar
el acceso desigual a los medios de producción y dar un lugar de segunda a las
mujeres en todas las sociedades de clases hasta la actualidad. Por su parte, el
capitalismo, que instaura la división de la sociedad en dos clases centrales
antagónicas, la burguesía y el proletariado, se sirve del patriarcado para
poder funcionar y existir. Esto es, el capitalismo necesita que las mujeres
estemos oprimidas para garantizarse la reproducción sin gasto de la fuerza de
trabajo. Por otra parte, el primer ejército laboral de reserva lo constituimos
las mujeres, las primeras en sufrir la desocupación, la mayoría de los
indigentes del mundo. Al mismo tiempo, el capitalismo se sirve de la condición
de inferioridad de las mujeres, convertidas en objetos sexuales al servicio del
goce masculino, prohibiendo en casi todo el mundo que controlemos nuestra
sexualidad. Para esto prohíbe el aborto y nos cercena el acceso a los métodos
anticonceptivos, lo que afecta en primer lugar a las mujeres pobres. Nos somete
a condiciones de violencia y abuso tanto en el matrimonio como en el trabajo y
en la calle.
El
capitalismo, entonces, es patriarcal. Es decir, no es posible terminar con la
opresión de las mujeres bajo el capitalismo. Para dar la lucha hasta el final
por la liberación de las mujeres hay que terminar con el capitalismo. Al mismo
tiempo, el fin del capitalismo no garantiza automáticamente el fin del
patriarcado, como queda demostrado en la experiencia de la revolución rusa. El
combate por la liberación de las mujeres se da junto con la lucha por la
emancipación de todos los explotados y oprimidos. Y es central a la hora de
plantearse una lucha sin cuartel contra el capitalismo, porque el patriarcado es
uno de los pilares sobre los que se sostiene la burguesía para dominar y
reinar, para mantener el mundo a su imagen y semejanza.
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