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Expoliación
imperialista y fuentes de trabajo
¿Qué
programa frente las papeleras?
Por Roberto
Sáenz
“Fray
Bentos: al caminar por las callecitas cercanas a la costanera se descubren
algunas pistas. En la puerta de una rotisería, sobre un pizarrón negro que
promociona tartelines frescos, hay un cartel que reza «SI a las papeleras». A
sólo 35 kilómetros de aquí, en la ciudad argentina de Gualeguaychú, la
consigna opuesta se repite en comercios similares a ése: «NO a las
papeleras»
(La Nación, 19-3-06).
A
lo largo de los últimos dos meses, el conflicto alrededor de las papeleras
adquirió una dimensión nacional y regional, que en nuestro periódico –como
lo hizo el resto de la izquierda– hemos ido reflejando. Sin embargo, ha venido
existiendo una dificultad a la hora de levantar un claro programa
que responda a la doble exigencia del rechazo a la expoliación
imperialista y que, al mismo tiempo, sea internacionalista y desde la clase
trabajadora. Es que no puede haber un programa, desde la tradición del marxismo
revolucionario, que no tenga como criterio principal la unidad de los
trabajadores tanto del Uruguay como de la Argentina frente al problema. En
lo que sigue, intentaremos dar pasos para llenar este vacío, considerando el
conflicto desde un punto de vista más educativo.
Defendemos
los cortes frente a Kirchner y Tabaré
A
lo largo de 45 días se ha venido sosteniendo el corte de ruta en Gualeguaychú
y Colon, Entre Ríos. El primero acaba de ser levantado (producto de la fuertísima
presión combinada del gobierno K y Tabaré), pero el segundo se mantiene aún
en pie y amenaza con tirar al tacho de basura el espurio acuerdo entre ambos
gobiernos. Los cortes han tenido el mérito de que el conflicto por
la radicación de las pasteras [1] se proyectara tanto nacional como
internacionalmente y que nuestra posición es que no se levanten, busquen
activamente sumar fuerzas del lado uruguayo y defenderlos incondicionalmente
ante cualquier avance represivo de parte del gobierno K.
En
este marco, está claro que los gobiernos de Argentina y Uruguay se han puesto
de acuerdo para lograr una salida “negociada”: han acordado que las
papeleras se van a instalar y con la “paralización de las obras”
(para que trabaje una “comisión investigadora” por no más de tres meses)
se busca darle una salida “elegante” a Kirchner [2] y garantizar el
levantamiento total de los bloqueos. Si esta transacción aún tiene problemas
para implementarse es por la progresiva resistencia de los asambleístas
de Entre Ríos (en estos momentos, específicamente de Colón). En estas
condiciones, insistimos, estamos por la defensa incondicional de los mismos
ante cualquier medida represiva que se pretenda llevar adelante.[3]
Sin
embargo, toda esta circunstancia alrededor de la instalación de las papeleras
merece una reflexión más de fondo. Sobre todo en lo que hace a que programa
levantar frente a un conflicto tan intrincado.
Cuando los
estados meten sus narices
Como
venimos señalando, la posición de los marxistas revolucionarios frente a este
conflicto es compleja. No caben blancos o negros sencillos, dados los
sujetos y problemáticas en juego, que incluyen la intervención directa de
dos Estados en el problema. Hay una real contradicción que
se plantea entre el principio de preservación del medio ambiente de la
depredación capitalista e imperialista, por un lado, y, por el otro, la problemática
acerca de la ausencia de fuentes de trabajo y de un proceso de
“industrialización” en el Uruguay, bandera agitada de manera demagógica
por el gobierno pro-imperialista de Tabaré, pero que roza un problema real.
Como
está dicho, no se trata de un mero conflicto social al interior de un Estado
nacional, sino de una situación en la que intervienen el juego de las relaciones
entre Estados, que –en este caso particular– tiende a reducir el
grado de independencia de la acción de los sectores populares involucrados. En
estas circunstancias se tienden a producir cambios del frente de la lucha
de manera frecuente.
Esta
es una realidad que no puede perderse de vista y que es distinta a los
casos que se están multiplicando en el interior del país, respecto de las
explotaciones mineras: por ejemplo, la lucha del pueblo de Esquel contra la
radicación de una minera de oro u otros. Ubicarse respecto del “frente de la
lucha” es más sencillo dado que se da al interior del un Estado
nacional: es decir, entre el gobierno (y los empresarios) y los sectores
populares que se oponen a la radicación de la empresa expoliadora. En estas
circunstancias, no hay ni otro Estado, ni una población de otro país que
activa o pasivamente aparezca a favor de que la empresa se radique.
Está
claro que ése no es el caso de la controversia alrededor de las
papeleras, en el cual están interviniendo con todo los dos Estados nacionales y
donde la población de Fray Bentos aparece como rehén de la reaccionaria
política oficial de Tabaré.
La asamblea
de Gualeguaychú, Tabaré y Kirchner
Está
claro que el primer actor de este “drama” es la asamblea ambiental: un actor
popular semi-independiente, es decir, que en determinados momentos ha
expresado mayores o menores grados de independencia respecto del gobierno
provincial y nacional. Tuvo momentos claramente progresivos (marcha binacional
de comienzos del años 2005) y posteriormente otros de clara
instrumentalización por parte del gobierno de Busti, para nuevamente
retomar, con el corte de 45 días, un grado mucho mayor de independencia política.
Esto no obsta que haya venido levantando un programa unilateral,
“nacionalista”y estrechamente “ambientalista”.
Luego
están los gobiernos “progresistas” de Tabaré [4] y Kirchner. Tabaré
defiende los acuerdos del Estado uruguayo con los gobiernos de Finlandia y España
(y las respectivas empresas Botnia y Ence), que son de expoliación y
sometimiento de los recursos naturales de su país a estas empresas
imperialistas que sólo llevarán a cabo en territorio uruguayo la parte más
penosa, menos desarrollada de la producción (pasta de celulosa),
mientras que la fabricación de papel propiamente dicha se realizará en los países
imperialistas. La carta fuerte del gobierno del FA es el ya señalado uso demagógico
de la “creación de nuevos puestos de trabajo”[5] y el planteo acerca del
“derecho del país a industrializarse”.
Por
su parte, del lado del gobierno argentino, hay dos situaciones: por un lado,
Busti buscó desde el principio instrumentalizar el reclamo por razones
“políticas” (la búsqueda de su reelección), así como expresar intereses
de los sectores empresarios vinculados al turismo, entre otros. En el caso del
gobierno nacional, durante un tiempo dejó correr buscando “surfear”
sobre la “ola ambientalista”, hasta que la transformación del conflicto en
un enfrentamiento mayor entre Estados lo llevó a buscar una salida
“consensuada” a partir de reconocer el derecho del Uruguay a “llevar a
cabo los negocios que crea conveniente”. Es decir, ni Kirchner ni Busti se
mueven por razones de “principios” o por la “preservación de la
naturaleza” de la zona, sino por intereses espureamente
económicos, políticos y especulativos.[6]
Los obreros
uruguayos
Ya
hemos visto los actores de este “drama”. Veamos ahora al gran “ausente”:
los trabajadores uruguayos. Es que en la margen oriental del río,
lamentablemente, no se puede decir que haya habido un actor realmente
independiente.[7] La masiva marcha del viernes 18 en Fray Bentos fue claramente orquestada
desde la intendencia y el gobierno uruguayo con los trabajadores como
furgón de cola. Esto es lo que cuenta un informante independiente de esta
ciudad: “Fray Bentos está de fiesta. Blancos y colorados a la cabeza,
intendente conservador al frente, comerciantes y fuerzas vivas detrás.
Sindicatos de memoria gloriosa como furgón de cola. Una gran multitud
proclama el derecho de los trabajadores a participar, con salarios decorosos, en
la construcción del inmenso templo de nuestros verdugos. Junto a los poderosos
y los lacayos de las transnacionales desfila gente que, hace unos meses nomás,
revisaba basura en Mercedes y hoy tiene un salario botniano. Gente de
familias buenas que vienen en asentamientos dolorosos, donde entre tablas y
nylon se decoloran banderas rojas, azules y blancas de la esperanza todavía
reciente. Las promesas resultaron una realidad de trabajo para dos años,
dignidad laboral ahora y muerte anunciada del Río de los Pájaros después,
pero ¿a que otra alternativa prenderse?”[8]
Ante
los rumores de la “posible suspensión de las obras”, el sindicato de la
construcción [9] planteó el reclamo de la “continuidad de la fuente de
trabajo y de los salarios”, al mismo tiempo que se está hablando de la
posible “ocupación de la obra”. Ahora bien: ¿qué hacer si los
trabajadores se decidieran a tomar las plantas? En ese caso “extremo”, los
trabajadores sí podrían crearse una base que los transformara en un actor
independiente. Con esta contradicción: dos sectores populares, en las dos márgenes
del río, levantando programas, a priori, opuestos. Éste es el problema de
programa a resolver respecto de la controversia de la radicación de las
pasteras: es decir, la necesidad de levantar un único programa por
encima de las fronteras nacionales, de unidad de los trabajadores y sectores
populares de ambas márgenes e independiente y en contra de ambos gobiernos
patronales.
"Un
estado dentro del estado"
“Este
tema no es simplemente contaminación o no contaminación, sino que es un tema
del modelo de país, que acá lo que se esta debatiendo es qué país va
a ser Uruguay en el futuro. Y se están generando grandes dudas en sectores del
Frente Amplio (...) Ven que esto es un continuismo de lo que
hicieron los colorados y los blancos en los gobiernos anteriores. Un continuismo
en el modelo de país que venía funcionando hasta entonces y que parece
depender de la apertura a la inversión extranjera y de un modelo
exportador de productos básicamente primarios. Por eso insisto en que no
son papeleras, son plantas de celulosa, que hoy en día es un commodity,
o sea, una materia prima que se exportaría en base a la explotación de
nuestros recursos naturales que son el suelo, el agua, la flora y la
fauna”.[10]
Éste
debe ser el ángulo de la crítica a las papeleras en el lado uruguayo: visto
desde la totalidad de la política de sometimiento al imperialismo que
expresa el gobierno del FA. Porque el acuerdo firmado entre el Estado
uruguayo con sus homólogos de Finlandia, España y las empresas es un escándalo.
Algunos analistas lo caracterizan como la constitución de “un estado al
interior del estado uruguayo”, en base al “Acuerdo de Protección
de Inversiones”. En el caso de la empresa Botnia se señala que“los
inversores que sufran pérdidas por revueltas, insurrecciones o manifestaciones
serán indemnizados en efectivo, en moneda de libre conversión e inmediatamente
transferible”.[11] Y hay más puntos leoninos (artículos
5, 6 y 9) que muestran el carácter expoliador del acuerdo: cesión de
jurisdicción a tribunales internacionales, constitución de “zona franca”
en los puertos y áreas de las pasteras, la ya señalada indemnización por
parte del Estado uruguayo frente a cualquiera movilización o huelga de
trabajadores que pudiera afectar la producción de las papeleras, compromiso de
no expropiación (“directa” o “indirecta”) de las pasteras bajo ninguna
circunstancia.
Este
“acuerdo” de verdadero vasallaje colonial fue firmado y
ratificado parlamentariamente por los dos partidos burgueses clásicos del
Uruguay: los colorados y los blancos, y aunque en su momento el FA posó de
“opositor”, ahora lo lleva adelante a pie juntillas.
Clase y
naturaleza
Toda
esta situación plantea problemas más generales. En este sentido, hay que dejar
sentado con claridad la especificidad del problema ecológico, no
reducible al problema de clase. Porque una cosa son las relaciones entre las
personas a la hora de la producción material (relación de explotación del
trabajo humano) y otro plano es la relación de la humanidad como un todo con la
naturaleza. Relaciones que, bajo el capitalismo, son de explotación y / o
expoliación de la naturaleza de manera “no sustentable”,
propia de un sistema que tiende a socavar los dos “manantiales” de
la riqueza: el trabajo humano y la naturaleza. Hay un vínculo de
“solidaridad” entre ambos tipos de relaciones. Es decir: una sociedad de
clase, de explotación como es el capitalismo imperialista, no casualmente es
una sociedad de expolio de la naturaleza en función del criterio de la ganancia
capitalista.
Sin
embargo, esto no quita que –al mismo tiempo– se puedan expresar situaciones
de hecho donde, aparentemente, ambos principios aparezcan como irreconciliables:
esto es lo que pasa, a primera vista, en el caso de las papeleras.
Es
decir, una situación donde la creación de puestos de trabajo (desde ya, en
condiciones de expoliación y sometimiento imperialista, mero “pan para hoy y
hambre para mañana”) aparezca en directa contradicción con la
preservación del medio ambiente natural, del “laboratorio” natural de la
humanidad. Es decir, hay aquí una aparente “contradicción de
principios” esgrimidos como antagónicos en ambas márgenes del río.
Sin
embargo, desde un claro ángulo de clase e internacionalista, este
“antagonismo” no es tal a la hora de levantar un programa que ponga la
producción social bajo el control de los trabajadores y que no se base en
criterios de expoliación de los recursos naturales de los países
semi-coloniales, como es el caso del Uruguay y la Argentina.
Un programa
ecológico, internacionalista y de clase común
Debería
estar claro que los socialistas revolucionarios no podemos levantar dos
programas frente a este pelea: uno para caer “simpáticos” en
Gualeguaychú y otro para intentar hacer pie entre los trabajadores de Fray
Bentos. Esto seria un crimen chauvinista. Se trata, por el contrario, de
levantar un único programa ecológico, internacionalista y de clase para
ambas márgenes del río.
Esto
no es tan sencillo, porque los sectores más “radicales” de la asamblea
ambientalista levantan la bandera de “no a la contaminación” a secas: es
decir, están en contra de la radicación de papeleras en cualquier condición
de tecnologías. El gobierno del FA y la burocracia sindical del lado
uruguayo están por la aplicación a rajatabla del convenio firmado con las
pasteras en las actuales condiciones. Es decir, su radicación en condiciones
de saqueo y expoliación.
Desde
ya que estamos totalmente en contra del programa proimperialista del
gobierno de Tabaré y de la burocracia sindical. Pero tampoco acordamos en un
todo con el programa levantado por la asamblea ambiental. Estamos a favor de
la industrialización del Uruguay: es decir, no somos “románticos”, sino
que apostamos al desarrollo de las fuerzas productivas. Opinamos que
–hasta cierto punto– hay creada una situación de hecho en la medida que
existe una enorme plantación forestal que ya lleva 15 años de ir depredando el
campo uruguayo y llevándolo al monocultivo. En estas condiciones, no estamos en
contra de la instalación de papeleras en toda circunstancia. Es aceptable su
instalación de la misma bajo cuatro condiciones:
-
que desembarquen con la tecnología menos destructiva de la
naturaleza, por más costosa que sea.
-
que se trate verdaderamente de papeleras y no simplemente de “pasteras”, es
decir, que se siga enteramente en el Uruguay y el resto de la región el
proceso de industrialización del papel, sumando cadenas que agregan más valor.
Esto es, papeleras que produzcan papel, no meramente pasta de celulosa.
-
que se cambie el sitio de radicación (es un escándalo que estén prácticamente
frente al Ñandubayzal).
-
que se pongan de manera inmediata bajo el control de sus trabajadores, única
garantía de la aplicación de los puntos anteriores.
Ésta
sería, a nuestro modo de ver, la única manera en que el desembarco de las
papeleras podría constituir un hecho progresivo para ambas márgenes del río
y para el desarrollo de la clase obrera sin reventar la naturaleza. Un
programa que podría ser prenda de unidad de los trabajadores y populares
de ambas márgenes y de lucha independiente respecto de los gobiernos de
Uruguay y la Argentina. Es decir, un programa ecológico, internacionalista
y de clase. Un programa que, en las actuales condiciones, no puede menos que
correr el riesgo de caer “antipático” tanto en Fray Bentos como en
Gualeguaychu. Lo lamentamos mucho: los revolucionarios no buscamos “caer simpáticos”,
sino dar respuestas socialistas y de clase a los desafíos que nos plantea
nuestro tiempo.
Notas:
1.
Es más apropiado hablar de “pasteras” que de papeleras, porque las empresas
que van a ser puestas en pie sólo llevaran a cabo la primer parte del
procesamiento de la madera para obtener pasta de celulosa, mientras que
el resto del proceso de industrialización, el que agrega más valor, se
realizaría en en el norte del mundo.
2.
Éste ya había afirmado en el verano que Uruguay tenía “derecho a hacer los
negocios que le convengan”.
3.
Esta posición elemental la sostenemos aun cuando consideremos que la asamblea
ambiental levanta un programa completamente unilateral, limitadamente
nacionalista. A pesar de esto, el corte por tiempo indeterminado de los
puentes en Gualeguaychú y Colon constituyó una medida esencialmente progresiva
e independiente.
4.
El gobierno del Frente Amplio compite con Lula y Bachelet entre los más
derechistas del “progresismo”. Está claramente embarcado en un
proyecto de redoblar el sometimiento al imperialismo yanqui por vía de
los acuerdos de “protección mutua de inversiones” y de “libre
comercio”, con la excusa de que los Estados Unidos son el “mayor socio
comercial del Uruguay”.
5.
Es sabido que la mayor creación de puestos de trabajos se va a producir en los
años de construcción de las plantas. Luego, dado su desarrollo tecnológico,
la operación de las plantas sólo requiere de algunos centenares de
trabajadores e, incluso, muchos de los más calificados vendrían del
exterior. Sin embargo, en lo inmediato, el emprendimiento está sirviendo
para operar una reactivación económica de la ciudad de Fray Bentos y su área
circundante, marcada por el flagelo de la desocupación y la crisis social como
producto de la decadencia de la de la industria frigorífica, que caracterizó
la actividad económica de la zona, hace ya varias décadas.
6.
Distintos medios de comunicación se han encargado de señalar y documentar las
empresas de celulosa que operan en el país con los mismos métodos de tecnología
que pretenden instrumentar Botnia y Ence, acerca de las cuales el gobierno K no
ha dicho palabra.
7.
Esto no quiere decir que no existan voces ambientalistas y sectores a la
izquierda del FA que no hayan criticado por izquierda el proyecto del gobierno y
su demagogia “industrialista” que toma de rehenes a los trabajadores en
condiciones de amplio desempleo y retroceso industrial del país. Es
decir, en condiciones en que pone a la población frente al hecho consumado de
que “hay una gran inversión” de largo plazo “con la industrialización de
los bosques de eucaliptos”.
8.
Gonzalo Abella, escritor fraybentino. El autor agrega: “Bien: la gente acepta
por ahora la única opción laboral que el gobierno neoliberal y las
transnacionales les ofrecen, y cierran los ojos para no ver el estupor y
el desencanto en los ojos de los jóvenes entrerrianos, de esos estudiantes
provincianos que renuncian al baile del sábado para pintar pasacalles y relevar
a sus orgullosos abuelos en los cortes de rutas”.
9.
El sindicato de la construcción es carne y uña con el proyecto de las
papeleras, completamente integrado al gobierno del FA.
10.
Laura Vales, Página 12, 6-3-06.
11.
Respecto de este primer punto, da la impresión –aclarando que no conocemos el
tema en profundidad ni, obviamente, somos especialistas– que la propuesta técnica
que ha venido sosteniendo Greenpace tiene aspectos convincentes: “Este no es
un problema de un solo país sino de toda nuestra región, y por eso demandamos
un plan de producción limpia para esta industria (...). Junto con el plan de
producción limpia (que debería implementarse tanto en Uruguay como en la
Argentina), hemos planteado tres puntos: que las plantas que planean instalarse
en Fray Bentos sean trasladadas separadamente y reubicadas lejos de todo centro
urbano y turístico, que se realice un reordenamiento forestal y que se prohíba
la radicación de plantas de celulosa con capacidad superior a las 700.000
toneladas anuales de pulpa” (Página 12, 3-3-06).
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