|
Francia
Los
desafíos políticos de un gran movimiento social
Por Claudio Testa
Después
del terremoto que significó en noviembre la revuelta de los jóvenes excluidos
de los suburbios, ahora ha entrado en escena la juventud trabajadora que cursa
en los liceos (escuelas secundarias) y sobre todo en las universidades.
Esta
movilización ha conquistado la simpatía y el apoyo de los dos tercios de la
población francesa, y especialmente del resto de la clase trabajadora. La
potente ola de este movimiento ha sido posible no sólo por su carácter juvenil
–son los jóvenes los que han hecho todas las revoluciones de la historia–;
también ha sido un factor decisivo que en su medio tengan escaso poder las
burocracias de la CGT, CFDT, FO y otros sindicatos, que han sido maestros en
contener el descontento de los trabajadores, y aislarlos y traicionarlos cuando
pese a todo salen a luchar.
Sin
embargo, aunque no pueden controlar directamente el movimiento, en las últimas
semanas las burocracias “obreras” han realizado las más desesperadas
maniobras para acabar con él. Es una tarea difícil para los esforzados burócratas,
porque se trata de frenar y llevar finalmente a la derrota al gran movimiento de
los estudiantes-trabajadores, pero al mismo tiempo deben hacerlo fingiendo
que lo apoyan con entusiasmo.
El
método que vienen aplicando es el mismo utilizado en otros países.
Posiblemente figure en el capítulo 1 del “Manual Internacional del Burócrata”,
porque no difiere en nada de lo que hemos visto en estas latitudes. La maniobra
principal es, cuando la cosa no da para más, hay que llamar a alguna
movilización pero sin continuidad alguna, a ver si de esa forma la
gente se “desahoga”... y se finalmente se cansa.
Consecuentes
con eso, los burócratas de la CGT, CFDT y FO se han negado a tomar una medida
que está al alcance de la mano (y que ha sido parcialmente exigida por la
coordinadora estudiantil), que es la de la huelga general interprofesional. Con
el inmenso apoyo que tiene la pelea contra el CPE, el llamado a la huelga
general paralizaría Francia y significaría no sólo la caída del CPE, sino
también del gabinete Villepin y muy posiblemente del propio presidente Chirac.
Pero
tanto los burócratas sindicales como los dirigentes de la “izquierda” –en
primer lugar del Partido Socialista (PS)– se oponen totalmente a poner fin a
un gobierno repudiado por la inmensa mayoría de los trabajadores.
Así,
al mismo tiempo que los burócratas de la CGT, CFDT y FO hacen “su trabajo”
a nivel del movimiento obrero, el PS y sus socios operan a nivel político. El
PS aparece como “enemigo” del CPE. Pero al CPE le opone un
“contra-proyecto de empleo de jóvenes”, que viene a ser lo mismo que el CPE
pero con otro nombre.
La
estrategia del PS es oponerse, de palabra, al CPE, para tratar de que todo
se postergue y derive hacia las elecciones generales del 2007. “Esperen
hasta el 2007 y vótennos”, ésa es la salida del PS que está detrás de sus
actuales discursos “de izquierda”. Su oposición verbal al CPE es parte
principal y anticipada de su campaña electoral del 2007. Pero la experiencia de
la alternancia “derecha-izquierda” en el gobierno de Francia desde hace más
de 20 años dice que el PS y la derecha son lo mismo. Más allá de la demagogia
preelectoral, el “social-liberalismo” del PS no difiere ni en una coma de
los planes de la “derecha” para liquidar los restos del “Estado de
bienestar social” de posguerra. La única diferencia es que ahora están en el
llano, y tratan entonces de aprovechar los tropiezos de Chirac para juntar votos
en vistas al 2007.
Esto
plantea problemas políticos capitales a los estudiantes-trabajadores que están
en lucha. Y también a las organizaciones de la extrema izquierda –como la
Liga Comunista Revolucionaria–, que tienen un peso significativo en el
escenario político de Francia.
En
ese sentido, la extrema izquierda y gran parte de la vanguardia están cruzados
por debates políticos importantes pero a veces confusos, donde la cuestión de
las elecciones del 2007 tiene un peso innegable. Aquí no podemos desarrollar
estas discusiones. Sólo digamos que existe el peligro de que con el pretexto de
la “unidad contra el neoliberalismo” se vaya al desastre de hacer el juego
al PS o a algunas de sus corrientes o socios. Es que ahora, con los vientos que
corren desde el triunfo del No en el referéndum de la Constitución europea,
muchos han adoptado la atractiva y vendedora etiqueta del
“antiliberalismo”... que para ellos no significa por supuesto ni
anticapitalismo ni socialismo, ni tampoco el poder de la clase trabajadora.
Sea
cual fuere el desenlace del presente movimiento de los jóvenes trabajadores, es
de capital importancia que sirva para potenciar una alternativa política de
la clase trabajadora, absolutamente independiente de la podrida
“izquierda” del régimen en todas sus variantes.
|