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Petroleros
de Las Heras
Apuntes
de una lucha
Por
Isidoro
Cruz Bernal y Oscar Alba
El
conflicto de los trabajadores petroleros en Las Heras parece estar en vías de
resolución. La
salida favorable a los reclamos de los compañeros va más allá de esta pelea
como tal, ya que el conflicto se convirtió en una referencia nacional.
Escribimos estos “apuntes” tratando de reflejar algunas de las reflexiones
que nos trasmite nuestro compañero Héctor
Heberling instalado en Las Heras hace ya
varias semanas.
Cerca
del triunfo
La
actual coyuntura de la lucha es la de una pelea que aún no acabó, aunque parece
estar muy cerca del triunfo. Los compañeros del sector encuadrado en el
sindicato petrolero han logrado obtener el pago de los días de conflicto. Esto
no vino del cielo ni de la buena voluntad del gobierno, sino que fue posible
debido a paros en todas las empresas, desarrollados la semana pasada
cuando aún no había caído Acevedo y las condiciones de la lucha eran durísimas.
Por otra parte, los compañeros encuadrados en la UOCRA, que son los que cuentan
con la mayor parte de los presos (empresa INDUS), había realizado una
concentración en Pico Truncado frente al juzgado el viernes 17, día en que
varios compañeros fueron a declarar. Ese mismo día salió en libertad Ramón
Miranda, uno de los compañeros detenidos y ahora, en la nueva situación creada
por la caída del gobernador, están exigiendo con fuerza redoblada por la
libertad de TODOS su compañeros presos.
Otro
elemento importante fue la presencia de Hebe de Bonafini en Las Heras el fin de
semana pasado. Lamentable. El papel, prácticamente, de una funcionaria más. Es
que en consonancia con su incorporación al elenco oficialista, la dirigente de
la Asociación Madres de Plaza de Mayo fue a cumplir el triste papel de
“negociadora”: “ofreció”
la propuesta tramposa de separar el problema de los presos del conjunto de los
problemas reclamados por los trabajadores.
A
la vez, la operación política que estaba implicada era la de hacerla aparecer “llevándose
los laureles” por la libertad (eventual) de los compañeros detenidos y a blanquear
al gobierno nacional de toda responsabilidad represiva (ya que Kirchner le
endilgó la responsabilidad a sus subordinados, ya sean los gendarmes o el
renunciante Acevedo). Este operativo fracasó. Entre otras cosas a causa
de su vergonzosa negativa a acompañar una marcha por la libertad de los
detenidos impulsada por los trabajadores y sus familiares.
Es
que una vez más, las medidas de lucha independientes resultaron incompatibles
con cualquier variante kirchnerista. Para colmo, cuando la Comisión por la
libertad de los detenidos fue a llevarle la petición para que la firmara, los
compañeros descubrieron que el alojamiento de (la funcionaria) Bonafini corría
a cargo de la intendencia...
Significado
de la pelea de Las Heras
El
conflicto de los petroleros tiene una enorme importancia porque, además de ser
una pelea obrera de un sector clave de la producción y con métodos
duros, sucede en una coyuntura política que está cambiando, donde el gobierno
pretendía monopolizar la conmemoración del 24 de marzo, pero donde se le han
ido acumulando nubarrones en el horizonte: no es cosa de todos los días la caída
en no más de una semana de una Jefe de la Ciudad y un gobernador.
En
este marco, el gobierno de Kirchner -más allá de su pose “crítica” de los
90- pretende estatizar y monopolizar la memoria sobre los crímenes de la
dictadura. Respecto de esta importante cuestión, la pelea de Las Heras es
altamente significativa en dos planos.
En
primer lugar, deja a la vista la hipocresía kirchnerista, que la juega de
“progresista” y reprime a un sector de trabajadores que lucha para poder
vivir en mejores condiciones. En ese sentido, la lucha de los petroleros de
Las Heras descubre cuál es el verdadero contenido de la política de Kirchner
hacia los trabajadores en general y hacia el activismo obrero independiente en
particular: su compromiso con las formas más feroces de sobreexplotación
capitalista.
En
segundo lugar, la lucha de los petroleros (en la propia provincia del
presidente), no hace mas que confirmar de que el centro de la lucha contra el
gobierno y sus políticas es la propia clase obrera. Santa Cruz ya conoce
las luchas de los mineros de Río Turbio, la pueblada de Caleta Olivia en apoyo
a los docentes en el 2004 y ahora suma a los petroleros. El kirchnerismo puede
intentar arbitrar en las pujas intercapitalistas por aumentar el margen de
ganancia de unos sectores burgueses contra otros. Lo que bajo ninguna
circunstancia puede permitir, es que se avance hacia una pelea GENERALIZADA del
grueso de los trabajadores ocupados por aumento de salarios, contra la
precarización laboral, por la bandera de “a igual tarea, igual salario”,
porque todos los aumentos vayan al básico. En este sentido, los petroleros
salieron por la derogación del impuesto a las ganancias, por el encuadramiento
de los trabajadores de la UOCRA en el convenio petrolero y por la necesidad de
poner en discusión, a través de los legisladores,
el tema de la jubilación anticipada con 25 años de servicios sin límite de
edad y un 82% móvil. Es decir, todo un programa que de generalizarse, amenazaría
en hacer saltar por los aires el techo salarial K.
El
gobierno contó con la inestimable colaboración de la burocracia petrolera, que
no movió un dedo a favor de los trabajadores. Todo lo contrario: llevó a
cabo una campaña abiertamente marcartista contra sus dirigentes y el
“trotskismo”. Lo mismo ocurrió con el resto de la burocracia sindical:
tanto los “gordos” como el seudo combativo Moyano (que quiso llevarse los
laureles por el aumento del mínimo no imponible) y el progresismo burocrático
de la CTA.
Pero
además, en Las Heras, la represión que se desató contra los trabajadores,
deteniendo a compañeros indiscriminadamente, golpeándolos y maltratándolos.
Un hecho repudiable que muestra que el gobierno tuvo dos brazos para llevar
adelante esta tarea: uno, el de la “justicia”, que con el pretexto del
“asesinato del policía Sayago” involucro a delegados y activistas en la
causa como forma de descabezar el
conflicto; el otro brazo ejecutor fueron la policía santa cruceña y la
Gendarmería.
Cuando
el reclamo y la situación que se vivía en Las Heras alcanzó ribetes
nacionales (llegando hasta la jerarquía eclesiástica inclusive), el gobernador
Acevedo renunció y Kirchner apareció en la pantalla de los televisores
diciendo -en forma hipócrita- que él “jamás avalaría tal represión”. La
contracara de esto es la actitud ejemplar de los compañeros detenidos, que
mediante cartas desde la prisión, alentaron a seguir la lucha.
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