Socialismo o Barbarie, periódico, Nº 74, 10/03/06
 

 

 

 

 

 

Carta de lectores

No a las papeleras

Por Marcelo, de Junín

Con una gran sorpresa he leído el artículo sobre las papeleras en Gualeguaychú en SoB N° 73, firmado por Isidoro Cruz Bernal. Me parece que la cuestión presenta algunos puntos para el debate, por lo que envío este texto.

La irrupción de los llamados movimientos sociales ha provocado diferentes respuestas. Desde un sector que comúnmente se reconoce “autonomista” se los ha glorificado como el nuevo sujeto que puede enfrentar al capitalismo y presentar una alternativa al mismo. A la enorme fragmentación que presenta la sociedad contemporánea se la enfrentaría con una alianza entre los fragmentos o identidades, sin que ningún sector juegue un papel estratégico. Un nuevo sujeto social, la multitud ocupa el rol que históricamente le correspondía a la clase trabajadora. Hacen énfasis en “cambiar el mundo sin tomar el poder” y rechazan la política y los partidos.

Desde otros sectores de la izquierda ha habido una reacción inversa. Como los movimientos no son capaces de transformar la sociedad, ya que no intervienen directamente sobre la producción, donde está el poder de la clase dominante, solo cabe descalificarlos o ignorarlos. Cuestiones como la opresión nacional, el racismo o la ecología, son de cuarto orden y serán resueltos por el socialismo.

IC Bernal ha elegido esta última posición y para fundamentar su elección recurre a los tradiciones más comunes de un amplio sector de la izquierda argentina: así califica (o, mejor, descalifica) a la Asamblea Ambientalista de Gualeguaychú por chauvinista, anti-obrera, reaccionaria y el infaltable rótulo de pequeña burguesa. No aporta ni siquiera una declaración periodística como prueba de sus afirmaciones, y mediante un rápido análisis dictamina que la base social de la Asamblea sería una clase media acomodada, perteneciente a una provincia económicamente y socialmente atrasada, y casi condenada a sucumbir al estado burgués.

Es curioso que en su extenso artículo no mencione una sola vez a los trabajadores de Gualeguaychú, por lo que debemos suponer que o no participan en la Asamblea, o que en función de su análisis sociológico serían una ínfima minoría que no se puede tener en cuenta. El problema de estas dos variantes es que en un caso no se podrían explicar las masivas movilizaciones y, en el otro, estaría limitando la presencia de la clase trabajadora como tal a tres o cuatro provincias. Por lo que nos quedaríamos sin entender lo que pasa hoy en Santa Cruz.

Cualquiera que haya seguido un poco a la distancia el conflicto debe tener presente el rol del Gobernador Busti y su apoyo a los cortes, las limitaciones políticas de la movilización, y sus expectativas en Kirchner, la falta de perspectiva al pensar que un conflicto de esta dimensión se pueda resolver localmente, centrándose en exigir al gobierno para que “nos defienda del gobierno uruguayo”.

También que, como pasa en estos fenómenos, los trabajadores intervienen individualmente, dispersos en el conjunto y no con sector social y que por cuestiones materiales (mayor disposición de tiempo para informarse e intervenir, mayor nivel cultural) y políticas (la falta de avance de su conciencia que atraviesa a los trabajadores argentinos de conjunto), sean intelectuales o sectores medios quienes lleven la voz cantante.

Pero las limitaciones no justifican el dogmatismo sectario como respuesta a nuevos problemas. Ya la oposición del pueblo de Esquel a la explotación minera y de Ezeiza contra el basurero nuclear preanunciaban la aparición de estos nuevos procesos, que ocupan un lugar central en la percepción de los sectores populares afectados.

No hay aquí un “enfrentamiento nacionalista de carácter reaccionario”. Hay una profunda reacción popular contra dos empresas sostenidas por todo el arco político patronal uruguayo, con el gobierno del Frente Amplio a la cabeza, que vienen a envenenar el río, un río que es parte integrante de la cultura y la vida esa sociedad, incluida la clase trabajadora.

Que ésta no pueda hoy encabezar esa resistencia en Gualeguaychú no significa que no exista, ni que la misma le sea ajena. Exigirle el paso del localismo provinciano al internacionalismo proletario, por sí sola y forzada por el conflicto, como hace ICB, mostrándose como el sector social capaz de liderar los reclamos que afectan al grueso de la sociedad y que la comprensión que la defensa de la naturaleza depende del socialismo, es negar la necesaria lucha política que el partido debe llevar a cabo al interior de la propia clase. Esa lucha política no se da en un aula, sino en los procesos reales, tratando de ligar a través de la propia experiencia las reivindicaciones puntuales con la salida de fondo, y donde los militantes revolucionarios también tenemos mucho para aprender, y para ganar, si abandonamos el púlpito.