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Bolivia
El
engaño de la Constituyente pactada
Un
gran tema en la agenda del nuevo gobierno es el de la Asamblea Constituyente, un
reclamo muy sentido entre las masas, sobre todo por los sectores originarios,
ante todo por el carácter opresor y racista del Estado boliviano. La mayoría
de la población ve en la Constituyente la posibilidad y el ámbito donde se
puedan resolver sus problemas imponiendo su mayoría numérica por la vía
electoral.
Es
en este sentido que la Asamblea Constituyente podría o bien transformarse en
una caja de resonancia frente a la fragmentación política, económica y social
del país, o bien encauzar un proceso de relegitimación del régimen y
estabilización política. Es en este sentido que va a trabajar el gobierno del
MAS. Ha sido categórico García Linera en que pretenden llevar adelante un
pacto con los distintos sectores patronales y de las regiones.
En
este marco, junto con la negociación de “autonomías” con las regiones
petroleras habrá concesiones menores de tipo democrático para dejar contentos
a los sectores más excluidos. Pero que, lamentablemente, al no generarse las
condiciones económico-sociales para poder aprovecharlas, pueden no terminar
siendo más que papel mojado.
Desde
el punto de vista de la derecha y los sectores más reaccionarios, buscarán
atenuar el carácter “unitario” del Estado para hacer valer el peso de las
autonomías. Esto guarda estrecha relación con el monopolio de los recursos
naturales que buscan para sí. Por su parte, el MAS y la burguesía del
Altiplano afirman la “unidad” del Estado porque necesitan que el reparto de
los ingresos por los recursos petroleros llegue a todas las regiones del país.
Pero en todo caso, lo que el nuevo gobierno no cuestiona es el carácter
capitalista del Estado boliviano, y la Constituyente, como la concibe el MAS, es
sólo como una serie de reformas a nivel del régimen político para su
relegitimación, pero sin un solo objetivo de transformación social real.
La
Asamblea Constituyente, por sí misma, no resuelve las tareas planteadas en las
calles por las masas populares. Si no cambian radicalmente las condiciones
materiales y de vida de las mayorías explotadas y oprimidas, las medidas de
“democratización” serán sólo formales. Ésta y no otra es la trampa de la
Constituyente pactada de Morales y Linera. Porque no será de la mano de ellos
que vendrá la verdadera Constituyente Revolucionaria que se exigió en los
levantamientos populares. Y que aunque declare formalmente el carácter multiétnico
y multicultural del país, no acabará realmente con el racismo imperante en
Bolivia.
Concesiones
a la burguesía cruceña
Al
cierre de esta nota se aprobaba la “Ley de Convocatoria a la Constituyente”.
Esto significa que finalmente se ha “concertado” una Constituyente que nada
tiene que ver con la que ha pedido el pueblo en las calles. Los “supuestos”
y “rumores” de que la Constituyente estaba “en riesgo” constituyeron una
pantalla tras la cual se negoció, cediendo ante la propuesta cruceña, una
Constituyente totalmente amañada.
El
proyecto gubernamental contemplaba un número de 210 asambleístas, mediante la
elección de tres por cada una de las 70 circunscripciones uninominales; los
candidatos sólo pueden presentarse por medio de partidos u organizaciones
ciudadanas constituidas. Y si durante la campaña Evo Morales propagó la idea
de llevar a delante una Asamblea Constituyente con poderes ilimitados mediante
la cual se refundaría el país, tanto su proyecto como el que finalmente se
aprobó dejan por lo menos dos cosas claras. La primera, que mintió al prometer
que la Asamblea contemplaría formas de representaciones comunitarias y
corporativas, pues ya ha quedado descartaba la participación de pueblos y
organizaciones indígenas y campesinas dada por usos y costumbres, así como la
de los sindicatos. Frente a esto, Morales sólo pidió “comprensión” a sus
seguidores. Y la segunda, que se ponen en duda los objetivos mismos de la
Asamblea, ya que lejos de poseer “poderes ilimitados”, se basará sobre y
respetará los poderes constituidos. Y esto no tiene nada que ver con
“refundar al país”, con la ejecución de medidas radicales que impliquen
transformaciones de fondo. Hoy queda claro que en lo que siempre hubo consenso
en la burguesía es en que la Constituyente debía ser “derivada” y no
“originaria”, como se prometió tiempo atrás.
Así,
es que el proyecto del ejecutivo suscitó críticas y resistencias. Pero la que
finalmente se impuso fue la posición de Santa Cruz, apoyada por Podemos, UN,
MNR y otros. La ley aprobada plantea una Asamblea compuesta por 255
constituyentes, de los cuales 210 serán elegidos en las 70 circunscripciones,
tres en cada una de ellas; dos por primera mayoría y dos por segunda. Los
restantes 45 serán elegidos cinco por cada circunscripción plurinominal
departamental: dos para la mayoría y uno para la segunda, tercera y cuarta
fuerza. Y los candidatos serán registrados a través de partidos políticos,
agrupaciones ciudadanas o por pueblos indígenas. Así, excusándose en el hecho
de que para la aprobación de la “Ley de convocatoria a la asamblea” se
necesitaba de dos tercios en el Parlamento, que sólo podrían lograrse mediante
acuerdo entre el gobierno y la oposición, Morales también ha cedido a esta
presión.
Nuevamente
el gobierno del MAS echa por tierra parte sustancial de las promesas electorales
y ni siquiera en los más elementales derechos democráticos cede a los sectores
y a la población en general que en diciembre lo votó y depositó esperanzas en
su gobierno.
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