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Cromañón:
el “zamorismo” torpedea el juicio a Ibarra
Una
clara traición
Por
Roberto
Ramírez
El
inmenso operativo político, clientelista (y financiero) desplegado desde las
alturas del poder para salvar a Ibarra – principal responsable en la Ciudad
del sistema de corrupción que llevo a la tragedia del 30 de diciembre 2004–
ha logrado varios triunfos en los últimos días. A tal punto, que es
posible que Ibarra consiga “zafar”.
Todo
el sistema clientelista que se mueve alrededor del presupuesto comunal más
suculento de Argentina está movilizado. Es una legión que abarca desde los
directivos de 70 clubes de barrio hambrientos de subsidios y los artistas que
actúan en los vastos programas culturales de la Ciudad hasta la multitud de
“contratados” a los que se obliga a concurrir a las “movilizaciones” pro
Ibarra pasando lista, y la gente de los comedores barriales que dependen del
presupuesto. Con ellos, el 2 de marzo está planeado un acto en Plaza de Mayo de
apoyo a Ibarra. Asimismo, Kirchner, que aparecía como “neutral” para no
compartir los costos políticos de una eventual caída del jefe de Gobierno
porteño, ha venido bajo cuerda operando fuertemente para salvarlo.
Pero
si Ibarra logra “zafar”, su principal
salvavidas será la escandalosa renuncia del legislador zamorista Gerardo
Romagnoli como miembro de la Sala Juzgadora. Esto no sólo significó un
ataque violento a la legitimidad del enjuiciamiento a Ibarra –“un
show”, “un circo”, según
Romagnoli–, sino que también abrió, por diversos motivos, el camino jurídico
tanto a la nulidad del procesamiento
como a la absolución lisa y llana
del jefe de Gobierno.
Los
padres y familiares de las víctimas han calificado de “traición”
la conducta de Romagnoli (plenamente avalada por el resto de Autodeterminación
y Libertad, es decir, Luis Zamora y su esposa, la legisladora Noemí Olivetto).
Lo
de Romagnoli luce como otro “caso
Borocotó”. Incluso varios padres –como el abogado José Iglesias– han
denunciado que ha sido “el
vicepresidente del Banco Ciudad, Pablo Enrique Maggioli, quien ‘habría
pagado’ ” este servicio. Según Iglesias, “Maggioli,
a la sazón cajero de Ibarra... negoció esta actitud con la diputada Noemí
Olivetto” (La Nación, 18-2-06)
Por
supuesto, es difícil probar la compra de votos y voluntades de legisladores
(cosa que, por otro lado, es una práctica diaria en todas las
“democracias” de los ricos, empezando por la domiciliada en Washington). Sin
embargo, hay algo evidente: ya sea que les
hayan pagado o ya sea que trabajen
gratis, lo de Romagnoli y Olivetto-Zamora es una traición. Los familiares tienen plena razón al calificar así su conducta.
El
viejo truco del “todo o nada” para encubrir una traición
Los
argumentos balbuceados por Romagnoli-Olivetto no resisten el menor análisis.
Responden al viejo truco del “todo o nada”. Es como si un rompehuelga, en un
conflicto por salarios, dijese: “no hay que luchar por aumento de sueldo; hay
que luchar contra la explotación capitalista; por eso, yo carnereo la
huelga”.
El
juicio es “un circo”, sostienen Romagnoli-Olivetto. Y, en parte, como “emanación”
de un parlamento burgués, tiene inevitablemente algo de eso. Más en
general, toda la democracia burguesa y todos
sus parlamentos tienen, en cierta medida,
rasgos de “circo” o de “show”. La Legislatura de la Ciudad, también.
Pero si eso es motivo para renunciar a la Sala Juzgadora, ¿por qué no renuncian también a sus mandatos? Ante esta simple
pregunta de los periodistas, Romagnoli-Olivetto sólo contestan tartamudeando y
atornillándose a sus bancas... y a sus jugosas dietas. Allí se les acaba el
“todo o nada”.
El
otro argumento a “todo o nada” es el siguiente: Ibarra no es el único
responsable; también hay responsabilidad en otras funcionarios, legisladores,
etc. Entonces, como no se juzga a todos... no hay que juzgar a Ibarra.
No
se entiende por qué el enjuiciamiento de Ibarra –el hombre que está en la cúspide
de la pirámide de corrupción de la Ciudad–, impediría, de
por sí, establecer las responsabilidades de los que están en los escalones
inferiores... Para dar un ejemplo: cuando el juicio a las Juntas, muchos
–también Zamora– estuvimos en contra de que se juzgase sólo a Videla, Massera y compañía. Exigíamos que todos
los represores fuesen a juicio... y ante tribunales populares...
Pero hubiésemos actuado como videlistas encubiertos si, por ese hecho,
hubiéramos dicho que el juicio y condena no correspondían, que eran “un
circo”, por ejemplo. Y cuando Menem dispuso la amnistía, la lucha concreta
fue para que no se anulara de esa manera el juicio y condena a Videla. En ese
momento, nadie –Zamora incluido– dijo: “si no se juzga y condena a todos,
no hay que enjuiciar ni condenar a Videla”.
El
“horizontalismo” de AyL en acción
Romagnoli,
pretende presentar su acción de torpedear el juicio a Ibarra como una mera
“opinión política”. Con esto, dice, “estoy
demostrando mi libertad de conciencia”. (La
Nación, 18/02/06) En verdad está demostrando algo muy distinto. Que a él no
le importan en lo más mínimo ni la opinión ni la conciencia de los demás.
Y, en primer lugar, de los afectados por la masacre de Cromañón,
los padres y familiares de las víctimas que están movilizados.
Si
su “conciencia” le dictaba que el juicio era “un show”, tenía un camino
democrático para resolver el
problema: reunir a los padres y familiares, plantear su punto de vista y pelear
por convencerlos, sobre la base de que finalmente haría lo que ellos
decidiesen. Si Romagnoli hubiese actuado así, no habría un solo reproche que hacerle, por más equivocada que
fuese su política de “todo o nada”. Tampoco habría sospechas de soborno,
como las que hoy tiene la gran mayoría.
Pero
los “horizontalistas” de AyL han revelado –y no por primera vez– que la democracia
de las bases en lucha les importa un comino. Su absoluto desprecio a la opinión de los familiares movilizados sólo
se compara con la monumental demagogia acerca del “horizontalismo” y la
“democracia” con que se inauguró AyL. Decían que eran los campeones de
“caminar preguntando” a la gente...
¿Por qué no les “preguntaron”, entonces, a los familiares qué debían
hacer?
Donde
mueren las palabras: ¿quién se benefició con esto?
Pero
una evaluación cabal no puede centrarse en palabras
y argumentos, sino en hechos.
Lo de Romagnoli, no es una mera “opinión”
subjetiva, sino una acción –su renuncia como miembro de Sala Juzgadora–, con consecuencias objetivas,
tanto políticas como jurídicas.
Para
evaluar eso, la pregunta que corresponde (y que aclara todo) es: ¿quién
se benefició con su renuncia? Y aquí la evaluación es unánime. No hay
dos opiniones distintas:
“Favorece
a Ibarra una deserción en el tribunal que lo juzga... Es difícil llegar a 10
votos para destituirlo”, titulaba La
Nación (17-2-06); “Fuerte embestida de Ibarra: dijo que el juicio está
«herido de muerte» [por la renuncia de Romagnoli]...esto refuerza la
estrategia que [Ibarra] siguió desde el principio y que consiste en minar la
imagen de la Sala Juzgadora” (Clarín,
18-2-06); “«Lo de Romagnoli era lo que faltaba», remarcó el Jefe de
Gobierno” (Página 12, 18-2-06); “euforia en la Casa Rosada por la renuncia
de Romagnoli... adelantaron a La Nación
que Ibarra va a ser absuelto” (La Nación,
18-2-06); “Los ibarristas celebraron la argumentación de Romagnoli porque coincide
con sus propios planteos sobre el juicio político: «Lleva
al extremo los argumentos que nosotros mismos planteamos»” (Página 12, 17-2-06)
Este
giro en la situación del juicio a partir del sabotaje de Romagnoli, no sólo motivó la
“euforia” de Kirchner. El martes pasado, el presidente puso fin a la comedia
de su “neutralidad”. Llevó a Ibarra a la Casa Rosada, para abrazarlo frente
a toda la prensa. Gracias a Romagnoli, Kirchner está más seguro de que Ibarra
podrá “zafar”.
A
esta altura, ya mueren las palabras. Son los hechos los que hablan por sí
mismos.
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