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Movimiento
Intersindical Clasista
El
problema es el programa
Por
Roberto
Sáenz
Recientemente
se constituyó una corriente al interior de la vanguardia llamada Movimiento
Intersindical Clasista. Este paso recogió, a su manera, un problema real: la
necesidad de avanzar en un agrupamiento de los sectores antiburocráticos, tarea
pendiente desde el comienzo del proceso del Argentinazo. Es un hecho que hubo
distintos intentos y experiencias (Bloque Piquetero y ANT, fábricas
recuperadas, etc.), pero todas cruzadas por el problema de la incapacidad
o imposibilidad de levantar un programa para el conjunto de la clase trabajadora.
Y, por lo tanto, constituían experiencias parciales o meros “corralitos”,
sin un verdadero criterio de frente único de conjunto.
En
el MIC se agrupan sectores de la actual vanguardia, mayoritariamente estatales.
Se trata de compañeros integrantes del Cuerpo de Delegados del Subte (que es la
representación más importante), a los que se han sumado las corrientes
sindicales de ambos MSTs y compañeros estatales que vienen del Partido
Comunista. Es de la partida Marín, adjunto del moyanista Iadarola de la dirección
de Telefónicos seccional Buenos Aires e integrante de la dirección de la CTA
(elemento contradictorio con el carácter antiburocrático del movimiento). Pero
el principal problema esta en el programa
y el perfil adoptado por esta tendencia sindical.
Rasgos
sindicalistas y anti-partidos
Los
14 puntos que caracterizan al MIC tienen básicamente dos problemas. El primero
es el peligro de separar la lucha reivindicativa de la lucha política: es increíble
que entre los 14 puntos ni una sola vez
se identifique con nombre y apellido al gobierno de Néstor Kirchner.
Dice
el 2º punto: “Que impulse la organización de los trabajadores para luchar
contra la opresión, la explotación y la exclusión creciente que pretenden las
patronales, el estado y sus gobiernos”. Efectivamente, eso es lo que pretenden
nuestros enemigos de clase. Pero precisamente por esto se trata en cada caso de identificar concretamente quién está al frente hoy de imponer esa
“opresión, explotación y exclusión”. Los compañeros plantean
reiteradamente el argumento falaz de que “la base no ve ni hace responsable a
K de sus problemas”. Justamente ahí esta parte fundamental de nuestra tarea
si pretendemos ir a una recomposición de conjunto de nuestra clase. Entre otras
elementales razones, porque en la región en general y en nuestro país estamos
enfrentando gobiernos que se presentan como “populares” o incluso “de los
trabajadores”.
Entonces,
no se trata del enfrentamiento a los gobiernos “en general”, sino a estos
gobiernos de mediación y engaño en particular, que vienen a liquidar el
ciclo de rebeliones populares que se ha puesto en marcha.
El
segundo y grave problema es el tufillo antipartidista del conjunto de los 14 puntos. Que haya
tendencias sindicales de partidos como los MSTs en el MIC no quiere decir nada
en este sentido, salvo que los compañeros (eventualmente por injustificables
razones tacticistas) han cedido a este aspecto reaccionario del agrupamiento.
Dicen
los 14 puntos: “Que desarrolle una organización sindical, independiente del
Estado, los gobiernos, las patronales y los partidos políticos, defendiendo el
derecho de cada trabajador a participar en ellos y expresar sus ideas
libremente”.
Pero
aquí hay dos graves problemas: es correctísimo sostener la independencia más
absoluta respecto del “Estado, los gobiernos, las patronales y los partidos
políticos”... patronales. Cosa muy
distinta es no diferenciar esta
“independencia” de relaciones que son de
otro orden, entre organizaciones obreras:
es decir, entre los sindicatos (o corrientes sindicales), los organismos de
frente único de lucha y los partidos de la izquierda obrera y revolucionaria.
Esta
no distinción tiene un segunda y muy clara consecuencia de tipo
“sindicalista”: se defiende el derecho a la organización política de los
trabajadores sólo a titulo individual:
“el derecho de cada trabajador a
participar en ellos y expresar libremente sus ideas”. Pero para expresar
libremente las “ideas”, muchas veces los trabajadores se agrupan entre compañeros
que tienen un mismo “programa” y el agrupamiento de un grupo de personas alrededor de un programa es un
partido.
El
problema es que, justamente, los partidos como tales han sido excluidos de la organización obrera.
Esto es un desastre por donde se lo mire y expresa una capitulación a los elementos más atrasados –no a los más avanzados– de la vanguardia.
Al
sostener el MIC la reaccionaria posición de independencia absoluta
de las organizaciones obreras de los partidos de la izquierda se aproximan mucho
a los planteos de la corriente sindicalista en la revolución en Alemania
(comienzos de la década del 20) o a los anarquistas en la Revolución Rusa: “Soviets
sin partidos”; es decir, organizaciones obreras sin partidos. Insistimos:
para defender los 14 puntos los trabajadores sólo pueden participar de los
partidos a título individual. Es
decir, no pueden dar peleas organizadas al interior de las organizaciones
sindicales de la clase.
Esto
es grave y configura, en realidad, una idea de reemplazo a los partidos por
parte de los movimientos sociales o sindicales. Porque, en definitiva, el que
termina asumiendo el rol de “partido” es la propia tendencia sindical, que
se transforma en el “partido” de los sin partido.
Todo
esto no niega, evidentemente, el hecho real de la responsabilidad del
comportamiento aparatista de la izquierda. Allí está el bochornoso ejemplo de
las trompadas entre compañeros del PO y el MST en una asamblea popular, por
nombrar sólo un caso. Ni que la mayoría de las tendencias de la izquierda
revolucionaria tengan un sistemático comportamiento de instrumentalizar las
organizaciones obreras. Esto es un problema real, pero no se va a resolver
improvisando una “teoría” y una
“estrategia” que vaya en contra de los intereses más de fondo del
progreso de los trabajadores.
Para
que el MIC pudiera transformarse en una alternativa de conjunto, debería cambiar
sustancialmente su programa. De lo contrario, corre el riesgo de
transformarse en un “corralito” más: el del sector más definidamente
sindicalista de la nueva vanguardia.
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