|
Ciclo
de luchas de los trabajadores ocupados
¿Qué
estrategia en el movimiento obrero?
Por
Roberto
Sáenz
Desde
el año 2004 ha venido sucediendo un hecho de enorme importancia en el terreno
de la lucha de clases: el ingreso a la
pelea de importantes sectores de la clase obrera ocupada como no se veía
desde finales de la década del 80.[1] Contra los agoreros de la “muerte de la
clase obrera” y los teóricos de los “nuevos movimientos sociales”, en el
post argentinazo que hoy estamos transitando ha reaparecido con fuerza la lucha
reivindicativa de los trabajadores ocupados, sector de la clase obrera que,
claramente, se ha transformado en la
vanguardia de la lucha.[2]
Esto
ha ocurrido en condiciones de rebote cíclico (recuperación) de la economía y
cuando sobre todo los sectores más calificados y “formales” de la clase
obrera, ante la destrucción de la calificación laboral y un menor temor al
despido, logran hacerse valer en toda
una serie de duras huelgas.
Durante
este año, las luchas obreras seguirán siendo
el proceso más dinámico y el
mayor dolor de cabeza, junto con la inflación, para el gobierno K y sus aliados
de la CGT y la CTA. Esto se puede ver ahora con el caso de los petroleros de Las Heras.
Como se ha dicho, será el año de la “guerra
por el salario”. Peleas que,
juntamente con la marcha de la economía, definirán si se logra
avanzar entre sectores más amplios
de los trabajadores en hacer una experiencia con el gobierno K.
En
lo que sigue, trataremos de delinear una serie de trazos gruesos acerca de cuáles
deben ser las tareas
de los sectores independientes y combativos a la hora de llevar hacia
adelante este estratégico proceso de lucha y reorganización que se ha puesto
en marcha.
Los
asalariados pasan al frente
El
conjunto de conflictos que vienen desde el 2004 configuran un verdadero
ciclo de luchas, que si bien no
llega a ser un ascenso de conjunto –no alcanzan todavía a plantear el
problema de la huelga general–, sin embargo, visto como totalidad, ha venido
expresando un categórico proceso de luchas de los asalariados, estadísticamente
el mayor desde comienzos de la década
del 90.
El
listado es significativo y tiene la particularidad de que han habido importantes
triunfos (si bien parciales o sectoriales, sin afectar a gremios enteros) o al
menos “empates”, pero no derrotas de importancia, a pesar de lo que se ha
esmerado el gobierno K por atacar y aislar las luchas más duras con la acusación
indiscriminada de “piqueteros” y / o “trotskistas”, como es ahora el
caso de los petroleros.
Ferroviarios
del gran Buenos Aires; telefónicos de la Capital; los compañeros del Subte; la
tercerizada Taym (entre otras tercerizadas de limpieza); el duro conflicto del
hospital Garrahan; Lafsa; los compañeros del diario Crónica (con 9 heridos y
ocupación parcial del quinto piso del edificio); los docentes salteños; los
compañeros de hospitales de Córdoba (con la puesta en marcha de la nueva
experiencia de ATDEMIS); las opositoras del SUTEBA (con la experiencia de un
paro de seccionales del Gran Buenos Aires por fuera del sindicato); el conflicto
del pescado en Chubut y Mar del Plata; el conflicto en Aerolíneas Argentinas;
el corte de la Panamericana por parte de los obreros de Ford y Volkswagen
(dirigidos por la burocracia del SMATA); el importante conflicto de los docentes
universitarios; los no docentes en Mar del Plata (ocupando el rectorado por más
de un mes); los pasantes telefónicos de Atento; estatales de distintas
reparticiones, sectores y provincias; camioneros (Moyano); Sanidad (West
Ocampo). Ahora, a comienzos del 2006, presenciamos el corte de la ruta 2 por
parte de los compañeros de Gándara, el conflicto del Hospital Francés y la
lucha de Las Heras.
Este
listado no es para nada exhaustivo, sino que pretende ilustrar la tendencia al
ascenso de las luchas obreras.
Características
de la oleada reivindicativa
Esta
verdadera oleada de luchas obreras, ha tenido una serie de características:
a)
En primer lugar, un carácter más bien reivindicativo en la medida en que estas
peleas se han dado en condiciones de estabilización económica y política del
país, razón por la cual, en muchos casos, los compañeros no siempre ven su
enfrentamiento como yendo directamente contra el gobierno K. En general, las
nuevas direcciones independientes han tenido dificultades (o, peor, “ideologías”)
para enfrentar esta presión “sindicalista”, una de las primeras tareas
a encarar.
b)
Contradictoriamente, en el caso de las luchas más importantes, éstas han
tenido una gran proyección política
nacional como producto, precisamente, de su choque con el gobierno. Al mismo
tiempo, no logran extenderse o imponerse al conjunto de sus respectivos gremios,
en manos de la burocracia. Esto plantea un problema para el cual tampoco ha
habido una orientación clara: la necesidad de tener una estrategia y trabajar
desde las posiciones ganadas por una política de conjunto: es decir, por romper
el “statu quo” a nivel del gremio de conjunto, extendiendo la
experiencia antiburocrática y clasista más allá de los propios
“bastiones”.
c)
En el marco que venimos señalando, se ha tratado, fundamentalmente, de
conflictos por lugar de trabajo, al
frente de los cuales está una dirección independiente y/o clasista que se basa en métodos de
democracia de los trabajadores. La existencia de una conducción
independiente y vinculada a la izquierda combativa (organizada partidariamente o
no) es un elemento nuevo, importantísimo, producto de la deslegitimación de la
burocracia sindical y que plantea la necesidad de un ámbito de centralización de estas experiencias combativas en su
conjunto, cuestión trascendente que aún no asoma en vías de resolución, a
diferencia de experiencias como la UNT de Venezuela o Conlutas de Brasil.
d)
Salvo en los casos de los procesos de estricta “presión” dirigidos por la
burocracia, en general las luchas más importantes no han sido de gremios de
conjunto. Los sectores independientes y la izquierda no han conseguido aún
ganar gremios provinciales o nacionales. En
ese plano, la burocracia conserva el “monopolio” de la representación.
Horadar ese monopolio dependerá de un ascenso mayor de la lucha, pero también
de un paciente trabajo no sindicalista de puesta en pie de listas y agrupaciones
sindicales clasistas.
e)
Se ha debido apelar a métodos muy duros de lucha; resistiendo las directas provocaciones
gubernamentales (Garrahan, petroleros); ocupando secciones, pisos o vías férreas
(Subtes, ferroviarios, Crónica); enfrentándose físicamente con
“patovicas” contratados por las empresas (Atento, Crónica); en determinados
casos, directamente con la policía (ferroviarios, petroleros). En continuidad
con la experiencia del movimiento piquetero (cuestionamiento a la autoridad del
Estado) y de las fábricas recuperadas (cuestionamiento al imperio de la
propiedad privada), y como subproducto del Argentinazo, la actual oleada de
luchas, a pesar de su carácter reivindicativo, configura un categórico avance
respecto del legalismo
de las oleadas de luchas salariales de los 80.
f)
El importante peso, en la actual oleada de luchas, de sectores
de servicios privatizados, no casualmente dada su importancia en la economía
a la hora de los mecanismos de reproducción del capital, sobre todo en el caso
del sector del transporte (subtes y ferrocarriles). También sectores estatales
como la salud y educación y sectores tercerizados (limpieza en el subte,
ferrocarril y algunas fábricas) que tienen el valor de comenzar a enfrentar la
fragmentación de la clase obrera heredada de los 90. Las luchas por
“encuadramiento sindical” tienen la importancia de poner sobre la mesa el
planteo unitario de “a igual tarea, igual salario”.
g)
El proceso de los petroleros marca la emergencia de un
sector estratégico: el proletariado industrial, creador de trabajo
productivo. No es el único caso: hubo procesos –muy controlados por la
burocracia– en las automotrices: Ford y Volkswagen de Buenos Aires, algún
movimiento en Volkswagen de Córdoba. Durante el 2004 estuvo el proceso en
Firestone (Buenos Aires), pero terminó en derrota. Está claro que el
proletariado industrial es el sector más
difícil, el más controlado por la burocracia –que tiene un monopolio casi
absoluto de la representación, salvo casos aislados– y donde más impera el “despotismo” de fábrica. Esto no es
casual: el proletariado industrial sigue siendo el
núcleo estratégico de la clase obrera, simplemente por el lugar que ocupa
en el conjunto de la economía capitalista: es decir, en el centro de la producción capitalista. En este sector, el conjunto de la vanguardia y la izquierda es muy débil,
salvo excepciones, y se imponen ingentes esfuerzos por avanzar.
h)
El listado configura un ciclo de luchas que, eventualmente, puede a lo largo del
2006 amenazar con “desbordarse”, ganar en simultaneidad y poner sobre el
tapete el problema del paro general, lo que hasta ahora no ha ocurrido. El
gobierno, la CGT y el CTA van a trabajar para que esto no ocurra.
i)
Las luchas obreras configurarán en el 2006 el
proceso más importante para la izquierda revolucionaria, a la cual debe dedicar
sus mayores recursos y esfuerzos.
En
síntesis, este proceso debe ser encarado a partir de las reivindicaciones más
inmediatas de cada sector –económicas y democráticas–, pero apuntando a
una estrategia no meramente sindicalista ni corporativa: es decir, que se plante
con una perspectiva de ir más allá de
la mera lucha sindical, ubicando al gobierno
patronal de Kirchner como el enemigo
de la clase obrera; que enlace a los sectores calificados con los descalificados
en la perspectiva de unidad de las filas
obreras, así como la unidad de clase
con los sectores aún desocupados; que busque romper el statu quo con la burocracia sindical a la hora de la
dirección de conjunto de los
gremios, avanzando a la vez en una instancia de frente único (Conferencia, Encuentro o Congreso de Trabajadores). Y
también que se plantee la perspectiva política estratégica de la necesidad de
que la clase obrera rompa de una vez con
el PJ en la vía de un Instrumento o Movimiento Político de los Trabajadores,
en la vía de la independencia política
de clase. Estas tareas son las que deberían constituir o configurar el
perfil programático de una verdadera Tendencia
Clasista, que aún está pendiente como tarea.
Burocracia:
en pie de guerra contra la vanguardia
La
burocracia ha venido haciendo esfuerzos por reubicarse. Cumplió su papel
contrarrevolucionario a la hora del Argentinazo siendo la
valla principal para el ingreso de los ocupados. No hay que olvidarse del
famoso paro general de un minuto cuando De la Rúa ya había caído. Con Moyano
al frente de la CGT, busca recuperar posiciones bien pegado a Kirchner, mientras
la CTA hace lo suyo en su ámbito de influencia.
Al
mismo tiempo, Moyano mantiene cierto juego propio en conflictos “de
bolsillo”, como los de “encuadramiento sindical”, con el objetivo de no
perder su perfil de “combativo”. Porque, precisamente, la CGT y la CTA
vienen trabajando para evitar que la
oleada de luchas adquiera una dimensión de conjunto y nacional.
Sin
embargo, el deterioro de la burocracia no ha parado: es profundo y estructural,
configurando un proceso de deslegitimación
y vaciamiento orgánico. Es en
este marco donde se inscribe el proyecto de Moyano, que tiene un carácter preventivo: evitar por
todos los medios un avance cualitativo
del nuevo clasismo que plantee la quiebra al monopolio histórico de la
burocracia peronista sobre la clase obrera.
De
ahí la guerra a muerte que tiene
planteada con la vanguardia independiente: no quiere saber nada con que se le
meta entre los ocupados y menos que menos los industriales; esto es, que se
repita en el núcleo central de la clase obrera lo que le ocurrió con los
contingentes desocupados. De ahí los choques y acusaciones al “trotskismo”
que se vienen multiplicando, ahora con la solicitada de la burocracia petrolera
contra los compañeros de Las Heras.
En
este marco, no se puede negar que las
tendencias a la estabilización de la economía y el apoyo mayoritario de los
trabajadores a Kirchner han dado elementos para este operativo preventivo. Sin
embargo, la procesión va por dentro: se trata de un
flujo de fondo, de un proceso de recomposición de la clase trabajadora
atado a coordenadas profundas y que no se
va a cortar así nomás. Y constituye uno de los elementos mas importantes
de continuidad entre el Argentinazo y el post Argentinazo. Viéndolo
desde otro ángulo: desde antes del 2001 la vanguardia independiente ha venido
ganando posiciones, que en general, aun debilitadas –piqueteros y fábricas
recuperadas– no ha perdido, al tiempo que gana otras nuevas (asalariados
ocupados).
Al
mismo tiempo, actúa como elemento conservador el hecho de que la clase obrera
no haya roto con el PJ y siga cruzada por una conciencia mayormente
reivindicativa. Es un hecho que no ha
habido entre amplios sectores una radicalización política y de clase en el proceso del Argentinazo.
Y también que a nivel de las nuevas generaciones obreras, si bien la
identificación peronista es prácticamente inexistente, lo que aún domina sea
el apoliticismo, un cierto
preocuparse por uno y “los demás que revienten”.
Estos
elementos ponen blanco sobre negro –queremos insistir en este punto– los
enormes límites
de un proyecto con rasgos “sindicalistas”: en última instancia, en las
actuales condiciones de regionales de rebelión popular, el proceso
de recomposición de la clase
obrera sólo puede ser político. Es decir, requiere del avance de un sector importante hacia
la independencia de clase, hacia la construcción de un instrumento político
de los trabajadores, independiente de todos los partidos patronales.
Es la pelea de la UNT y el PRS en Venezuela y debería ser el caso del IPT de la
COB en Bolivia, por nombrar algunos ejemplos.
La
emergencia de un nuevo clasismo
El
ingreso a la lucha de importante sectores de los ocupados tiene su expresión
“subjetiva” en el surgimiento de un nuevo clasismo,
sobre todo a nivel de los sectores más de vanguardia. Este “clasismo”
recién está comenzando
a emerger, muy por detrás de la clásica experiencia de los 70. Tiene por
ahora más rasgos antiburocráticos
que propiamente clasistas. Sin embargo, se trata de una experiencia que podría
potencialmente desbordar estos límites
reivindicativos, cruzado como está por determinaciones políticas,
aun cuando éstas no sean asumidas
conciente y consecuentemente por la mayoría de sus integrantes.
Esta
vanguardia ha ido expresándose a lo largo de los últimos años en las diversas
expresiones de la recomposición de la clase trabajadora. Es decir, en un
momento fueron “hegemónicas” las experiencias de los movimientos de
desocupados y las fábricas recuperadas. Hoy
el centro está en los sectores de la clase obrera ocupada.
En
este marco, ha habido distintos intentos de agrupamiento de la vanguardia que,
en general, han terminado abortados por las limitaciones en cada caso a la hora
de levantar un programa verdaderamente de unidad de la clase obrera en su
conjunto.
Ahora
mismo hay una nueva reconfiguración en curso en la vanguardia, así como un
creciente debate a su interior respecto de la mejor orientación para avanzar.
Este debate tiene que ver, centralmente, con el
programa que se debe enarbolar a la hora del proceso de recomposición de la
clase obrera, que tiene hoy una importancia central porque hace a la orientación
más estratégica con la que se
interviene en el proceso de la lucha y de reorganización.
Al
mismo tiempo, la otra gran limitación del “nuevo clasismo” es que no ha
llegado aún a configurar una alternativa más global, no ha logrado poner en
pie un organismo de verdadero
frente único de conjunto [3], donde tenga clara centralidad la clase obrera
ocupada, apoyada por una representación de los trabajadores desocupados y demás
sectores populares.
Tareas
para el 2006
El
próximo período estará marcado por una serie de tareas para las corrientes
independientes y revolucionarias. La
central será el vuelco al apoyo y sostenimiento de la “guerra salarial” que
se esta poniendo en marcha. Rodear
de apoyo a los principales conflictos, enfrentar la campaña sucia del gobierno
y la burocracia para desprestigiarlas, alentar el proceso de organización
independiente y de su centralización en alguna instancia de conjunto, serán
parte de las principales tareas del año que comienza.
Esto
implicará poner en pie experiencias de unidad
de las filas obreras, unidad de clase y coordinación de sectores en lucha.
Lo más revolucionario que pueden hacer los movimientos desocupados combativos
es apoyar las luchas obreras para que triunfen: es decir, volcar
el peso de movilización que aún conservan para evitar el aislamiento de las
huelgas, planteando en ese mismo marco su programa de trabajo genuino y
reducción de la jornada laboral.
En
tercer lugar, existe un problema estructural: no se puede dirigir los procesos y
enfrentar la burocracia desde afuera. Está planteado para prácticamente todas
las tendencias de la izquierda una mayor
inserción estructural de compañeros en los lugares de trabajo, sobre todo
en lo que viene más atrás y donde la izquierda tiene mucho menos peso: el proletariado industrial, que viene en una franca recuperación en el
nivel de empleo y en la reactivación de importantes ramas de la producción.
En
este marco, está planteado el ya señalado debate estratégico frente a las
visiones estrechamente “reivindicativas” de varias de las corrientes de la
izquierda partidaria o de los compañeros de la vanguardia sin partido. En las
condiciones de profunda heterogeneidad y división en las filas de la clase
obrera, hay que levantar programas de
unidad de las filas obreras y de unidad de clase.
Es
decir, hay que buscar las mil y una formas de enlazar la lucha de los sectores más
avanzados y calificados con una lucha de conjunto de la clase trabajadora. Esto
es inseparable de buscar siempre la “nivelación
hacia arriba”: es decir,
enfrentar la campaña K que busca deslegitimar
las luchas de los trabajadores que vienen a la vanguardia de la pelea con el
argumento de que se trataría de un sector “privilegiado” que “gana
demasiado”.
Otro
punto clave ya señalado es evitar caer en el mero “sindicalismo”: es decir,
dar una pelea a brazo partido por unir la
lucha sindical y la política. No puede aceptarse la excusa de que “los
compañeros no ven la responsabilidad de Kirchner”. Precisamente ahí está la
tarea de los sectores más concientes y avanzados: hacer entender a nuestra
clase la verdadera naturaleza patronal del gobierno de Kirchner, como puente
hacia la perspectiva de un nuevo movimiento obrero verdaderamente clasista y revolucionario que
se plantee acabar con la explotación capitalista en nuestro país.
Por
último, sigue pendiente, como dijimos, la necesidad de poner en pie una auténtica
Tendencia Clasista, al tiempo que se
da la pelea por un organismo de frente único más de conjunto, llámese Conferencia,
Encuentro o Congreso de Trabajadores. Este
planteo podría ser encarado en oportunidad del próximo 1º de Mayo.
Notas:
1.
Tomando a título ilustrativo el mes de noviembre de 2005, resultó
significativo que fuera el más conflictivo de toda la serie de este mes en los
últimos 16 años. Según el informe del Centro de Estudios para la Nueva Mayoría,
sólo hubo tres noviembres más conflictivos en los últimos 25 años: los de
1988, 1989 y 1986, una década no casualmente marcada por la alta conflictividad
laboral.
2.
No se trata sólo de un proceso nacional. Internacionalmente,
y sobre todo a nivel de Latinoamérica,
aun con todo tipo de desigualdades, se está viviendo un proceso
de ingreso a la lucha de sectores de la clase obrera ocupada y/o de nuevas
experiencias de organización. En nuestra región, donde más entró la clase
obrera como clase en la lucha –y una lucha con ribetes revolucionarios– ha
sido el caso de Venezuela, que
tratamos con detalle en nota aparte. Sólo recordaremos que en ese país es
donde –a pesar de y muchas veces directamente contra Chávez– las
experiencias de control obrero y “cogestión” revolucionaria son las más
avanzadas. También es más avanzada la puesta en pie de una organización
sindical nacional de conjunto como la UNT, que tiene en su seno y peleando por
su dirección a dirigentes obreros que vienen de la tradición del “maldito”
trotskismo.
3.
Esta perspectiva es clave porque ninguna de las actuales corrientes o tendencias
“sindicales” tiene por sí misma hegemonía al interior de la experiencia de
la recomposición. Aquí se reproduce en parte lo mismo que pasa a nivel político
en la izquierda.
|