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Los
petroleros y el 24 de Marzo
¡No
bajar la guardia!
“La
Gendarmería se tiene que ir, la brigada debe terminar con las amenazas y los
burócratas del sindicato deben respetar el mandato de los trabajadores.
Denunciamos la militarización de las áreas petroleras enviando la Gendarmería a
los pozos y el riesgo en cuestiones de seguridad que esto implica para los
trabajadores. También denunciamos sobre el accionar mafioso de la brigada de
investigación, típico de la dictadura
militar, que en autos sin patente, días atrás levantó de su casa y frente
de su familia, a uno de los delegados para llevarlo a un galpón de Vialidad con
el objetivo de amedrentarlo e incriminarlo, como en los más oscuros días de
nuestra historia” (Boletín de los trabajadores petroleros “Las Heras en
lucha).
Acabamos
de realizar una importante movilización en Buenos Aires (y otras provincias) en
apoyo a la lucha de los compañeros
de Las Heras. Simultáneamente, se realizó la marcha en la propia Las Heras
para la cual viajó una representativa delegación de dirigentes obreros y de la
izquierda, entre los cuales se encuentra nuestro compañero el “Chino”
Heberling.
¿Cuál
es la importancia de estas acciones?
El
hecho de que aún el conflicto no está resuelto: no se sabe aún si los compañeros
cobrarán los días caídos por su lucha; no está claro si la totalidad de los
trabajadores que estaban encuadrados en la UOCRA de manera efectiva han pasado a
pertenecer al gremio petrolero. Pero, por sobre todo, están pendientes dos
cuestiones absolutamente centrales: aún no está resuelto el reclamo principal
de la lucha: que se les deje de cobrar el impuesto a las “ganancias”. Y para
colmo, está puesta en marcha una persecución política y judicial por los
incidentes frente a la comisaría, donde la Santa Alianza del gobierno de
Kirchner, la roñosa burocracia sindical petrolera de la zona (que es la que
lleva la vanguardia en la campaña “anti-trotskista”) y el poder judicial,
parecen decididos a ganar tiempo sólo para terminar llevando a la cárcel
–eventualmente– a vecinos o trabajadores por la supuesta autoría de la
muerte de Sayago.
Es
decir: el conflicto no está resuelto. La Gendarmería sigue en la zona intimidando
a los compañeros y a la población en general y para nada se puede
descartar una nueva provocación:
que no se cumpla con los justos reclamos de los compañeros; que se termine
metiendo en la cárcel a algún compañero (trabajador o vecino) imputandole una
responsabilidad que no es más que la del gobierno nacional, provincial y la
propia policía ante la provocación montada en la noche del 7 de febrero, justa
y categóricamente respondida por los trabajadores.
Contra
K y en defensa de los petroleros
En
este marco, ya han comenzado las discusiones alrededor de la marcha del 24 de
marzo, nuevo aniversario del golpe. Esta vez, la fecha tiene un significado
especial porque se cumple un aniversario redondo: 30 años del golpe. Pero no
solo por esto: desde el gobierno y las corrientes de “izquierda” cooptadas
por él buscan montarse en el aniversario o, al menos, que la movilización no
sea dirigida contra K. Montan la demagogia de costumbre alrededor de que se
trataría de “un gobierno popular”, como lo ha venido repitiendo una y otra
vez Hebe de Bonafini. Según ella, estaríamos frente a un gobierno “amigo”,
que “está del lado de los sectores populares”.
Esto
es una pura fantochada. El gobierno de Kirchner es un gobierno peronista y
patronal, que sobre las brasas aún calientes de la rebelión popular del 2001, ha
venido a garantizar –en lo esencial– las transformaciones más de fondo
(antiobreras y antipopulares) que se vienen imponiendo en el país desde la mismísima
dictadura. Es verdad que K se ha visto obligado
a llevar a cabo un cambio en la regulación del capitalismo argentino (dado
el grado de descontento social y el nivel de la crisis a la que llegó hace unos
pocos años). Pero como todos los indicadores sociales lo muestran, el
fortalecimiento de unos sectores patronales en detrimento de otros (verdadero
contenido de la política K), se ha hecho sobre una línea de continuidad que
hace de la Argentina de hoy, el momento de más injusta distribución de la
riqueza de las últimas décadas.
Los
hechos de la realidad de todos los días desmienten las pretensiones acerca del
gobierno “popular”: ahí esta el caso de los petroleros para certificar el
carácter antiobrero del gobierno. Y
no sólo antiobrero: hay que ir a Las Heras para ver como está militarizada la
ciudad. Es decir, como denuncian los propios compañeros, está utilizando (en
su propia provincia) las mismas prácticas
represivas e intimidatorias de la dictadura militar.
Pero
esto marca una tercera línea de continuidad de los gobiernos capitalistas: se
trate de dictaduras o democracias (ambas burguesas) el pato de la boda es
siempre, en primerísimo lugar, la clase obrera. Es decir, fueron los grupos de
tareas los que se instalaron en los playones de las grandes fábricas –como
por ejemplo la Ford– al servicio de hacer desaparecer a los mejores compañeros,
a los más luchadores. Fue la dictadura la que se encaramó para liquidar el
proceso de lucha obrero que hizo temblar a la Argentina capitalista a comienzos
de la década del ’70: esta es la razón de fondo de su saña antiobrera, saña
que sigue hoy evidentemente bajo otro métodos (los de la democracia de ricos)
en el gobierno “popular” de Kirchner (y Repsol).
Tareas
inmediatas
Esto
nos plantea una serie de tareas inmediatas: la primera es mantener la guardia bien alta alrededor de la lucha de los petroleros;
por la plena satisfacción de sus reivindicaciones; para que se vaya ya la
Gendarmería de Las Heras y ante el peligro inminente de que sean arrestados
vecinos o trabajadores.
Al
mismo tiempo, la lucha de los petroleros y los peligros que se ciernen sobre
ellos, deben ser parte del programa y las
consignas de la movilización del 24 de marzo; así como hay que pelear para
que la misma se manifieste clara y expresamente contra el gobierno de Kirchner.
En
este marco, desde las corrientes de la izquierda obrera, hay que llevar adelante
un plan de actividades que resalten el hecho de que el principal objetivo de la
represión fue –no casualmente– la vanguardia obrera. Vanguardia que, como
nunca antes en la historia del país, comenzaba a poner sobre la mesa el
cuestionamiento al sistema capitalista, la perspectiva del poder de los
trabajadores. Bandera de enorme actualidad y que debe ser retomada hoy manteniéndose
en la oposición intransigente a los actuales gobiernos de mediación
centroizquierdista latinoamericanos con la perspectiva de que el actual ciclo de
rebeliones populares pueda ser transformado en revolución social.
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