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Ante
las declaraciones de Hebe de Bonafini
¿Se
acabó la resistencia?
Por
Ana
Vázquez
Con
la convocatoria a la Marcha 25º de la Resistencia los días 25 y 26 de enero,
cuando se cumplen 1500 jueves en la Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini anuncia que
ésta será la última, aunque continuarán con la ronda de los jueves.
La
reivindicación del rol indiscutido de vanguardia de las Madres de Plaza de Mayo
en la lucha por los desaparecidos en la más terrible dictadura que vivió el país
no escapa a ningún luchador por los derechos humanos y democráticos ni menos a
los socialistas que hemos compartido junto con otros organismos una lucha que
llevó muchas vidas, como la de Azucena Villaflor, entonces presidenta de esa
organización.
A
pesar de la dureza del momento, compartimos también con ellas agudas
discusiones políticas sobre cómo mejor encarar la difícil tarea que nos
agrupaba, sobre cómo mejor llevarla adelante y luchando por la unidad y la
confluencia, aunque tuviéramos distintas formas de ver las cosas.
Polemizamos
también sobre varios acontecimientos políticos como el atentado a las Torres
en Nueva York, y sobre todo desde la asunción del gobierno de Kirchner, a quien
cada vez más han girado en su apoyo, transformando la última Marcha de la
Resistencia del 2004 casi en un acto oficial.
Pero
hoy es otra la discusión la que encaramos con Hebe de Bonafini. No es sobre cómo
mejor seguir la lucha, ni por qué opinamos que no hay que apoyar a este
gobierno, sino cómo cuelga los guantes de boxeo y por qué.
Ella
lo fundamenta de esta manera: “Con 1.500 jueves
en la Plaza y 25 Marchas de la Resistencia creemos que ya es momento de cerrar
un ciclo (...) Primero porque a muchas de nosotras ya se nos hace difícil
aguantar durante toda la marcha, algunas incluso tienen dificultades para
caminar, y además porque somos concientes de que ya
no tenemos un enemigo en la Casa Rosada (…) Las Madres estamos viejas y el enemigo no está ahí. ¿Para qué
seguir?”.
No
hay por qué mezclar las cosas. Si las Madres decidían dejar de ir a las
marchas por razones de salud de sus integrantes, nadie iba a reprocharles nada.
La verdadera razón del abandono de la “resistencia” es que el gobierno de
Kirchner no sólo no es visto como un “enemigo”, sino que se lo declara
abiertamente amigo y aliado, y se lo defiende de quienes lo critican.
Las
Marchas de la Resistencia siempre tuvieron entre sus consignas los reclamos
democráticos contra el gobierno de turno. Como Hebe de Bonafini no puede evitar
que esos reclamos se cuelen en las marchas, opta por la solución más brutal:
con tal de que no critiquen a “su” gobierno, prefiere levantar la Marcha.
Ella
misma deja en claro de qué se trata: “Primero tuvimos allí a la dictadura,
luego a los que vendieron al país, a los que negociaron. Ahora
estamos viviendo un momento político
interesantísimo, en el país y a
nivel latinoamericano”. Y remató con su estilo tolerante marca
registrada: “el que no lo ve así es un ciego” (Clarín,
14-1-06).
Si
además de que las Madres tienen “dificultades para caminar”, los opositores
a Kirchner tenemos dificultades para ver, no extraña que Hebe de Bonafini
considere que las marchas no tienen sentido. Pero su trayectoria no le da
derecho a decidir por los miles de luchadores y activistas por los derechos
humanos que, aunque tengan simpatías por Hebe –y hasta por Kirchner–,
puedan pensar que todavía quedan muchos motivos para marchar.
¿Ya hubo
“juicio y castigo a todos los culpables” gracias a K?
Por
supuesto que no comparamos a este gobierno y este Estado con la dictadura
militar. Tampoco tiene un signo igual con los que la sucedieron, desde Alfonsín
en adelante. Pero que no sea lo mismo no quiere decir que el gobierno K sea
“el adalid de los derechos humanos” ni que no haya motivos para seguir
luchando.
En
primer lugar, el reclamo por el cual empezaron a nuclearse las Madres no se ha
terminado porque no hay todavía, a casi 30 años del golpe, juicio y castigo a
todos los militares involucrados en la represión. Y el gobierno de Kirchner
tampoco ha hecho nada para que alguno vaya preso. Muchos procesados, alguna
detención que entran por una puerta y salen por la otra, alguno preso en sus
casas, pero no hubo castigo todavía para los miles involucrados. Ese es el
primer hecho por el cual la lucha por los desaparecidos no puede ser sólo
testimonial, por la memoria, sino que debe ser por una reivindicación concreta
y actual que no ha sido cumplida.
La
lucha contra la represión kirchnerista continúa
Además,
la lucha contra la represión y por las libertades democráticas es una
necesidad de hoy. Según declaraciones de la Correpi (Boletín Informativo Nº
358, 16-1-06) es el gobierno que “tiene el récord absoluto de gatillo fácil,
torturas, muertes en cárceles y comisarías desde 1983”. El gobierno
“progresista” y “piola” tiene encerrados todavía a Cristian Ruiz en
Caleta Olivia por reclamar trabajo, a Ricardo “Chacho” Berrozpe, por
protestar contra Bush, por dar sólo dos ejemplos. Trabajadores apaleados como
los telefónicos, doscientas familias desalojadas violentamente en el Chaco,
gatillo fácil en todos los lugares del país. ¿No hay ningún problema democrático,
de vida, de libertad para expresarse y reclamar por el cual salir a luchar? ¿Con
Kirchner se acabaron los problemas democráticos?
El
ataque a la vida y a la integridad física y mental de los trabajadores no es sólo
con las balas y los palos. Hay un sistemático bombardeo desde la explotación
laboral cotidiana. ¿Expresión de qué es sino los 14 mineros accidentados de Río
Turbio, los de los trabajadores de la construcción, los de los pibes que andan
arriba de las motos, los de los trabajadores de los frigoríficos? ¿Qué fue la
masacre de 194 jóvenes en Cromañón?
Son
estos ejemplos y muchos más porque estamos sufriendo un verdadero genocidio
social, que es producto de que, justamente, no se ha solucionado ninguno de los
problemas de fondo de los trabajadores y el pueblo. Y la única forma de luchar
para solucionar los problemas de fondo es empezar por luchar contra este
gobierno que lo permite. Deroga las leyes de Obediencia Debida y Punto Final,
cambia las cúpulas militares y crea el Museo de la Memoria no sólo para
intentar poner punto final con al tema del terrorismo de Estado y de los
desaparecidos en nuestro país, sino también para intentar reconstruir unas
fuerzas represivas más legitimadas para enfrentar en el futuro las luchas de
los trabajadores y el pueblo.
Al
revés de lo que opina Hebe de Bonafini, hoy la lucha por los compañeros
desaparecidos de ayer está presente y viva en la lucha por los derechos democráticos
de los trabajadores y la juventud hoy. Contra las persecuciones, los
procesamientos, por la libertad de los presos, por el juicio y castigo a los
asesinos y torturadores, contra la esclavitud laboral.
Por
la más amplia unidad por esta pelea, enfrentándonos al gobierno que distribuye
la riqueza a favor de los capitalistas y los banqueros, es como creemos que hay
que seguir adelante.
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