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Irán
¿Nueva
guerra colonial en Medio Oriente?
Por
Claudio
Testa
Mientras
la matanza en Iraq no tiene miras de acabar, el imperialismo parece estar
gestando un nuevo genocidio. Se ha iniciado contra Irán una campaña parecida a
la que precedió la invasión de Iraq. Recitando el libreto escrito en
Washington, los domesticados medios occidentales comienzan a vomitar las mismas
falsedades. Hasta el pretexto es similar. Antes fueron las (inexistentes)
“armas de destrucción masiva” que Saddam estaba a punto de arrojar contra
Occidente. Ahora se bate el parche con las “bombas atómicas” de Irán...
que irían a llover sobre los países “democráticos” de un momento a otro.
Los
casos de Iraq e Irán presenta también otro
elemento común de decisiva importancia: ambos tienen inmensas reservas de petróleo (e Irán también de gas), en
momentos en que el crudo amenaza dar otro salto después de haber sobrepasado el
pico histórico de 60 dólares el barril. Y en el horizonte se dibujan problemas
aún más graves: la posibilidad a mediano plazo de una inédita crisis mundial
de la energía. En este contexto, es lógico que Bush y sus reconciliados
compinches de Europa sientan una creciente ansiedad por “liberar” al pueblo
de Irán de la “tiranía”... y de su petróleo, como han hecho con Iraq.
La
“bomba atómica” de Irán no existe, y no se entiende además porqué el
gobierno iraní empezaría a usarla, si lograse fabricarla. Sería un suicidio
nacional. Si de verdad el régimen iraní se ha propuesto tener armas atómicas,
la explicación es simple: Bush, al iniciar su presidencia, comenzó a amenazar
por igual a Iraq y a Corea de Norte. A Iraq, que no tenía armas atómicas, lo
invadió. Pero con Corea del Norte, que logró fabricar bombas atómicas, Bush
“se fue al mazo”. El régimen de Irán parece haber sacado las conclusiones
del caso. La responsabilidad en la extensión del armamento nuclear es,
entonces, del imperialismo yanqui.
Lo
más hipócrita e indignante es que el escándalo por la terrible “bomba de Irán”
lo hacen las potencias imperialistas que acumulan miles de artefactos nucleares
capaces de borrar cien veces del mapa al género humano. Les hace coro la pútrida
Organización de las Naciones Unidas (ONU) y su inefable secretario Kofi Annan,
jefe de la pandilla internacional que se hizo multimillonaria robando los fondos
del programa “Petróleo por alimentos”, presuntamente destinado a paliar el
hambre en Iraq antes de la invasión.
Efectivamente,
la ONU viene jugando un papel fundamental en las provocaciones imperialistas
contra Irán, en primer lugar mediante el Organismo Internacional de Energía Atómica
(OIEA). El rol de la OIEA y sus “inspectores” pinta de cuerpo entero la
farsa del “derecho internacional”, los “organismos internacionales” y la
propia ONU. Desde hace décadas, Israel ha acumulado un arsenal nuclear
calculado en 400 bombas, sin que a ningún inspector de la OIEA ni a Kofi Annan
se les haya ocurrido husmear por allí. Pero cuando Irán decide poner en marcha
una planta procesadora de uranio (que además, en principio, funciona para fines
pacíficos, para proveer combustible a sus reactores nucleares), entonces se
descarga la “condena internacional”.
Amenazas
imperialistas, pero en una situación distinta
Son
notorias, entonces, las semejanzas con las “campañas” mediáticas y diplomáticas
que precedieron a la guerra de Iraq. Sin embargo, al mismo tiempo, hay que
subrayar que la
situación política mundial y de los EEUU son hoy bien diferentes.
Bush
se lanzó en marzo del 2003 a la aventura de invadir Iraq cuando venía con el
apoyo por los atentados del 11 de septiembre de 2001 y después de que la invasión
de Afganistán había sido un paseo triunfal. Hoy la posición del gobierno Bush
en particular y del imperialismo yanqui en general es notoriamente más endeble.
La
aventura de Iraq desembocó en una guerra de guerrillas contra el odiado
ocupante en la que EEUU se ha demostrado incapaz de vencer, aunque todavía no
ha sufrido una debacle como la de Vietnam. El apoyo popular a Bush se ha venido
abajo en su país. Y en el mundo el imperialismo yanqui enfrenta una “crisis
de hegemonía”, un creciente cuestionamiento a su dominación. Lo que está
sucediendo en América latina es parte de eso.
Estados Unidos no está más
fuerte, sino mucho más débil que cuando entró triunfalmente a Bagdad hace
tres años. Hoy el principal debate de la política estadounidense es cómo ir
retirándose de Iraq sin que eso luzca como una humillante derrota, parecida a
la Vietnam en 1975. El historiador Immanuel Wallerstein sintetiza bien el estado
actual del gobierno norteamericano: en el 2005 se ha producido un “colapso de
la autoridad de Bush”, que está como en un “deslizamiento de lodo” que
“en política son situaciones en las cuales, no importa lo que uno haga,
siempre pierde”.
¿Las
amenazas de una nueva guerra colonial de Medio Oriente, esta vez contra Iraq,
son entonces un mero “bluff”, como los acostumbrados en el póquer?
En
principio, todo parece indicar que Estados
Unidos no está como para pensar en nuevas aventuras militares y menos en Medio Oriente, donde sigue recibiendo una buena paliza.
Sin embargo, no hay seguridad de que un gobierno como el de Bush se mueva con
esquemas “racionales”. La misma ocupación de Iraq fue una aventura en el
fondo delirante, de la que en su momento todos los analistas serios, de
izquierda o derecha, predijeron con rara unanimidad su fracaso.
Por
otra parte, la política no es un juego de ajedrez con reglas y movimientos
“racionales”. El gobierno de Bush podría elucubrar que una nueva aventura
militar, si logra hacer creíble la “inminente amenaza atómica” de Irán,
uniría otra vez tras de sí a la mayoría de la opinión pública, y le
permitiría salir del pantano en que se está hundiendo. No sería tampoco la
primera vez que un gobierno pretende resolver sus problemas interiores mediante
una guerra en el exterior.
Entonces,
la notoria debilidad de la administración Bush no
es de por sí una garantía de que la pandilla de
criminales de Washington no piense en salir de la crisis huyendo “hacia
adelante”.
¿Huir
hacia adelante con una guerra nuclear “limitada”?
Esto
tiene que ver con el “tipo de guerra” contra Irán que se está discutiendo
abiertamente en los círculos imperialistas... y no sólo en Washington, sino
también en los gobiernos de Europa occidental, como el de Francia, que de “crítico”
de Bush ha pasado a dar un apoyo condicionado a sus aventuras coloniales.
Dada
la desastrosa experiencia de Iraq, es muy difícil que el imperialismo yanqui,
incluso con el sostén de sus viejos y nuevos socios europeos, pueda proponerse
en Irán la invasión y ocupación del país. Aunque venciese al ejército
regular iraní en una guerra “convencional” y lograse ocupar la totalidad
del territorio, eso sólo marcaría el comienzo de una guerra
popular de guerrillas de
dimensiones aún mayores a la actual de Iraq.
Asimismo
significaría un salto en el desarrollo
de la misma resistencia iraquí. Es que el imperialismo yanqui ha venido
aprovechando y exacerbando con cierto éxito las divisiones sectario-religiosas
(chiítas y sunnitas) y étnicas (árabes y kurdos) que existían en Iraq.
Aunque con eso no ha logrado derrotar a la resistencia ni menos aún montar un sólido
régimen títere, esas divisiones han debilitado el combate antiimperialista.
Pero,
para eso, el imperialismo yanqui ha pagado un alto precio: el de dar un espacio de poder considerable a los aparatos religiosos y políticos del
chiísmo, la mayoría de ellos estrechamente relacionados con el régimen
teocrático de Teherán.
Tanto
el régimen iraní como sus allegados en Iraq han jugado un papel tan traidor
como infame frente a la ocupación estadounidense. A pesar de los
enfrentamientos que mantiene desde hace décadas con EEUU, la burocracia político-religiosa
de Teherán ha alentado a sus correligionarios de Iraq a no
apoyar la resistencia y a colaborar y participar en el régimen títere.
Incluso todo un sector, ligado desde su origen al régimen iraní, actúa como
“escuadrones de la muerte” asesinando y aterrorizando a los sectores
populares que sostienen la resistencia. Se trata de la notoria Brigada Badr, que
reúne unos 5.000 facinerosos dedicados a cometer asesinatos, violaciones y
saqueos, y aterrorizar a la población sunnita y a los chiítas adversarios de
la ocupación. El interrogante es qué va a pasar con todo esto si Estados
Unidos retribuye con una guerra los servicios que le ha prestado en Iraq el régimen
de Teherán.
Estados
Unidos, metido en el atolladero de Iraq, no puede pensar en invadir y ocupar
también Irán. Pero ya se ha pensado la solución a este “inconveniente”: un bombardeo atómico “limitado” contra Irán. ¡Aunque parezca
tan increíble como aterrador, esto es lo
que se está discutiendo en la dirigencia imperialista... y no sólo en
Estados Unidos!
Los
“democráticos” estados europeos toman la posta
Hace
pocos días el ex “pacifista” Chirac, presidente de Francia, fue a los
medios para amenazar con arrojar bombas
atómicas contra los países que apoyen al “terrorismo internacional”.
Estas declaraciones tuvieron una importante repercusión mundial. Es que si bien
Chirac no daba nombres, era evidente que Irán
es el primer candidato a ser
“atomizado” por el pequeño Bush de los Champs Elysées.
Digamos
de paso que esta anécdota refleja un cambio
táctico en las relaciones interimperialistas. En el 2003, Francia y
Alemania aparecieron como antiyanquis, “pacifistas” y “opositoras” a la
invasión de Iraq. Pero a lo que se oponían estos “defensores del derecho
internacional” no era a la guerra colonial, sino al proyecto “hegemonista”
y “unilateralista” de Bush, que dejaba de lado a sus socios-rivales, los dos
principales imperialismos continentales: Francia y Alemania. Su exigencia de
hacer pasar todo por el carril de la ONU y su “Consejo de Seguridad” implica
que EEUU no puede hacer nada sin la aprobación de Francia y Alemania (como
también de Rusia y China).
El
debilitamiento provocado por su fracaso en Iraq, obligó a un giro táctico de Washington: Bush ha regresado, de hecho y
parcialmente, al “multilateralismo” relativo de Clinton. Trata de negociar y
acordar todo lo que puede con Alemania y Francia, y de hacer bendecir sus
aventuras coloniales con el óleo santo de la ONU. Y esto viene funcionando. La ONU ha “legalizado” las ocupaciones de
Iraq y Afganistán, y varios gobiernos europeos que eran “críticos”, hoy
están contribuyendo al esfuerzo de guerra del imperialismo yanqui. Así,
Francia y Alemania están entrenando tropas del ejército títere de Bagdad, y
Zapatero envía regimientos españoles a Afganistán... lo que deja disponibles
más soldados norteamericanos para Iraq. Anotemos al margen que esto termina con
otra fábula del “progresismo”
latinoamericano: el supuesto carácter “democrático” y “no
imperialista” de las potencias europeas.
La
oposición franco-alemana a la guerra de Iraq no significa la ruptura de la
profunda asociación económica y política que mantienen los tres centros del
imperialismo, EEUU, Europa y Japón. De la misma manera, ahora los actuales
acuerdos no implican tampoco la liquidación de la no menos profunda rivalidad
interimperialista. Así, Zapatero, al mismo tiempo que envía tropas a Afganistán,
contesta con un rotundo no a la pretensión de Washington de que no venda armas
a Chávez.
El mejor reflejo de este cambio
táctico es el “frente único” que se ha configurado contra Irán.
Al revés de la división que precedió a la invasión de Iraq, hoy no sólo
existe una coalición EEUU-Europa contra Irán, sino que incluso algunos
gobernantes europeos “se pasan de rosca” en comparación con el alicaído
Bush. Chirac es un buen ejemplo. Por otra parte, la cruzada anti-Irán sintoniza
bien con la campaña “islamofóbica” que alientan los gobiernos y las
burguesías europeas y en particular de Francia.
El
papel de Israel
En
este complicado tablero geopolítico, Israel aparece como el
candidato a asestar el “primer golpe” (quizás nuclear) contra Irán.
Hay un antecedente: en junio de 1981, Israel bombardeó el reactor nuclear
Osirak en Iraq. Ahora el gobierno de Israel ofrece sus servicios para una
operación similar, pero que significaría esta vez el inicio de una conflagración
de mayores dimensiones.
Esta
siniestra “candidatura” no sólo es postulada abiertamente por parte del
mismo gobierno de Israel. Al mismo tiempo, los sectores afines dentro de EEUU
(el llamado lobby sionista), de gran influencia en las filas neoconservadoras y
en la administración Bush, vienen desde hace tiempo haciendo una furiosa campaña
pro guerra contra Irán.
Este
tema ha dividido las opiniones en el establishment
político y militar norteamericano. Aunque en general parece haber consenso en
incrementar las presiones contra Irán –en una primera etapa recurriendo al
Consejo de Seguridad de la ONU para que vote “sanciones”–, no hay acuerdo
sobre hasta dónde llegar.
Según
diversos analistas, además del previsible desacuerdo de la mayoría de la opinión
pública existe una fuerte oposición en sectores del Pentágono, del
Departamento de Estado, de miembros del Congreso y, lógicamente, en la mayoría
de los comandantes militares activos y retirados que están sirviendo o han
servido en Iraq. Es que una aventura de ese tipo podría iniciar en Medio
Oriente una “reacción en cadena”, cuya primera manifestación sería el
paso a la lucha armada de amplios sectores del chiísmo iraquí.[1]
Es
necesario poner otra vez en las calles al movimiento mundial contra la guerra
imperialista
Por
supuesto, en todas estas amenazas hay también una parte de “bluff” del
imperialismo para forzar a Irán a doblegarse. Incluso los más acérrimos
partidarios de las negociaciones y acuerdos con Teherán postulan la necesidad
de esgrimir públicamente el garrote –inclusive el garrote nuclear– para
obligar a un acuerdo.
Pero
estas consideraciones no deben hacernos minimizar el peligro. Estas cosas tienen
su propia dinámica, que muchas veces ha ido más allá y escapado del control
de los “aprendices de brujo” que las iniciaban. Como decíamos al principio,
sería una conclusión unilateral y mecánica creer que la crisis de la
administración Bush excluye la
posibilidad de una nueva guerra (¡que esta vez podría ser nuclear!) En todo
caso, no podemos confiar en la “sensatez” del grupo de criminales de guerra
que gobierna EEUU... y menos de sus bárbaros socios de Israel.
Esto
implica una urgente necesidad política: poner nuevamente en marcha el
movimiento contra la guerra, especialmente en Estados Unidos y Europa. En muchos
de esos países han comenzado ya a
prepararse marchas para el 18 y 19 de marzo. Es precisamente en ese mes que
Israel y EEUU amenazan con desatar un ataque contra Irán.
¡Volvamos
a poner de pie en todo el mundo un gran movimiento contra la guerra
imperialista!
Nota:
1.-
Para un análisis más detallado, ver de James Petras, “La
próxima conflagración en Oriente Próximo”, y de Mike Whitney, “¿Cuenta
regresiva a la guerra con Irán?”, publicados en la edición del 22-1-06
de www.socialismo-o-barbarie.org
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