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Bolivia:
asumen Evo Morales y García Linera
Jugando
con las ilusiones populares
Por
Carla
Punkoya
Con
un contundente 53,7% en las últimas elecciones del 18 de diciembre, Evo Morales
se ha convertido en el primer presidente constitucional “indígena” del país.
Este hecho, ha trascendido las fronteras y el 22 de enero del 2006, seguramente
tendrá su lugar en la historia como el día en que por primera vez en 513 años
un “originario” ha llegado a la presidencia con mayoría absoluta.
Simpatizantes
e invitados llegaban desde todas partes. Entre ellos, once presidentes
latinoamericanos (Chávez, Kirchner y Lula, infaltables), el Príncipe de
Asturias, el subsecretario de Bush para Asuntos Hemisféricos, Tom Shannon, el
secretario de la OEA Miguel Insulza, intelectuales y artistas como el escritor
Eduardo Galeano y el cantautor argentino Piero, y partidos y organizaciones y
sociales de distintos países. Todos se dieron cita y asistieron sonrientes a la
transmisión del mando del país al presidente aymará. El triunfo electoral y
la posesión de Morales suscitaron interés en el mundo entero y llenan de
anhelo a miles y miles de bolivianos que apoyan y apuestan al proyecto del MAS.
La fiesta fue de multitudes. La expectativa es grande, la ilusión desbordante.
En
ese marco de entusiasmo y celebración, Evo Morales y Álvaro García Linera, ya
en funciones y desde el Palacio de Gobierno primero y la Plaza San Francisco
después, dirigieron al país y al mundo sus primeras palabras.
En
sus respectivos discursos, fue primero García Linera quién destacó este hecho
como “histórico”, señalando que “el 18 de diciembre Bolivia optó por el
cambio y ha logrado resolver ese empate catastrófico”, haciendo alusión a
los cinco años de crisis social, política y económica y la lucha por el
gobierno “que enfrentaba a algo viejo que no moría y a algo nuevo que no nacía”.
Luego, reafirmó la necesidad de construir un “Estado fuerte”, un “Estado
para todos”. “No queremos más un Estado sin pueblos indígenas”, dijo,
sino “un Estado donde valgan lo mismo una falda que una pollera, un poncho que
una corbata”.
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Construyamos
un Instrumento Político de Trabajadores, independiente del Frente Popular
Plantar
bandera frente al nuevo gobierno
Morales
se ha jactado en su asunción de que “el MAS es el Instrumento Político para
la Soberanía, dignidad y liberación de los Pueblos”. Lamentablemente, esto
no es así: estamos frente a un proceso
que no significará, en última instancia, más que un colosal engaño a las
expectativas e ilusiones populares.
De
cara al nuevo período de expectativas que se abre a partir de ahora. Y en un
ambiente –más simbólico que real– en el que tanto se habla de
“izquierdas”, los socialistas revolucionarios afirmamos una vez más que ahora
es cuando se debe plantar bandera con respecto al nuevo gobierno. Ahora es cuando: hoy más que nunca se hace necesario reafirmar la
independencia de clase de los trabajadores y oprimidos y la necesidad de
construir esta alternativa.
Llamamos,
sin sectarismos y acompañando al mismo tiempo la experiencia de nuestra gente, a
no confiar ni dejarnos engañar por el nuevo gobierno del MAS. Porque no
es nuestro gobierno, es el gobierno de los que pretenden esconder que NO somos
iguales. Un gobierno que pretende reconciliar los intereses de los
trabajadores con el de los patrones, los intereses de los campesinos con el de
los terratenientes, el de los muertos y reprimidos con el de sus verdugos y
represores. Hoy más que nunca reafirmamos que: “juntos,
en una nueva alianza con los hermanos campesinos y sectores populares y
oprimidos, la liberación de los trabajadores será obra de ellos mismos o no
será”.
Hoy,
más que nunca, se hace necesario poner en pie, y bien en alto, las
reivindicaciones planteadas en la agenda de octubre, postergadas una y otra
vez. Hoy más que nunca es necesario
construir nuestro propio instrumento político, independiente del Estado, sus
partidos e instituciones, para dar la pelea política en todos los terrenos.
Los desafíos ya se han planteado. Y el primero de ellos es el de mantenerse
firme y no capitular a las políticas pro capitalistas del MAS.[1]
Poner
en pie el IPT de cara a la Constituyente
En
este sentido, y siendo concientes de la maniobra que implica la Constituyente
que levanta el MAS, se hace concreto el hecho de que este ámbito será un campo de batalla
política e ideológica. Y la necesidad de contar con nuestro propio
instrumento político para intervenir batallando políticamente por una
alternativa clasista e independiente se hace tremendamente evidente.
En
la pelea por la verdadera nacionalización del gas y por una Asamblea
Constituyente auténticamente democrática, se deberá ir construyendo la
verdadera alternativa independiente. Los trabajadores y el pueblo bolivianos
deberemos construir nuestro propio instrumento político, que hace falta para
acabar realmente con el imperialismo y el capitalismo en Bolivia y abrir camino
a una Bolivia socialista, obrera, originaria, campesina y popular por la vía de
un auténtico gobierno de los trabajadores y no el engaño
del frente popular.
Probablemente,
el 31 de este mes se realice un ampliado nacional de la COB. Ya están surgiendo
algunos conflictos. Varios ministros del nuevo gabinete han sido objetados por
sectores de trabajadores, como por ejemplo, el ministro de Hidrocarburos, Soliz
Rada, ex diputado por Condepa en momentos en que este partido era parte de la
megacoalición de Banzer. O el nuevo ministro de minería Walter Villaroel,
criticado por la FSTMB por considerarlo de raíz cooperativista. Se cuestiona al
también nuevo ministro de Defensa, San Miguel por estar sospechado ser ex
militante del MNR y de ser actualmente un alto ejecutivo de LAB. Ésta puede ser
una oportunidad para discutir estos temas, sacar conclusiones y comenzar,
consecuente y efectivamente, a dar pasos en este sentido.
SoB
Bolivia
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A
su turno, Morales iniciaba su alocución haciendo referencia a los más de 500 años
de opresión y exclusión a los que fueron sometidos los pueblos indígenas y
originarios del país, remarcando que “había llegado la hora de los pueblos
indígenas y los movimientos sociales”. Además, realizó anuncios en relación
con su programa de gobierno y la Asamblea Constituyente, en la que depositó la
tarea de “refundar al país”.
En
este sentido, antes que nada, debemos decir que, efectivamente, el nuevo
gobierno del MAS constituye un hecho político relevante en un doble sentido.
Por un lado, es un claro reflejo que expresa de manera distorsionada
y no directa (es decir, en el terreno electoral y de las instituciones de la
democracia burguesa, no en el terreno de la lucha) el ciclo político abierto en
Bolivia desde el comienzo del nuevo siglo. En este sentido es que consideramos
que el gobierno del MAS es el
hijo “bastardo” de la rebelión popular: es decir, algo que no existiría
sin ella, pero que, al mismo tiempo y contradictoriamente, a lo que viene es a
liquidarla en tanto tal.
Por
otro lado evidencia también que el MAS ha sabido capitalizar o canalizar (al
menos por ahora) electoralmente el descontento social y el ciclo político
iniciado en el país a partir del 2000 con la Guerra del Agua, con sus picos en
las dos rebeliones populares en octubre del 2003 y en mayo-junio del 2005. Picos
donde, irónicamente, ni Morales ni el MAS fueron, en modo alguno, los
protagonistas. Por el contrario, el rol del MAS fue el de frenar (negociando y
pactando la salida electoral con los partidos de la ex mega coalición) y
encauzar las rebeliones por la vía muerta de las instituciones, conduciendo
las expectativas de los trabajadores y el pueblo ya no a la lucha en las calles,
sino al voto al MAS.
Uso
y abuso de la reivindicación originaria
Bajo
ese clima de algarabía signado por el uso
y abuso de una marcada simbología “indigenista” y una fraseología
demagógica con una fuerte dosis de populismo, la nueva dupla gobernante daba
con su mensaje a la nación claras muestras de los objetivos y las perspectivas
que plantea y pretende alcanzar la nueva gestión del MAS. Lo que se dijo y cómo
se lo dijo, así como lo omitido en los discursos de posesión, han puesto de
manifiesto elementos de una profunda significación que revelan y corroboran la
esencia frentepopulista y reformista del nuevo partido gobernante.
En
primer lugar, correctamente, Evo Morales en su discurso se ha encargado de hacer
un recorrido por la historia para ilustrar el hecho de la exclusión a la que
por siglos han sido sometidos nuestros hermanos originarios. De hecho, el
comentario que realizó recordando “que los primeros indígenas que
aprendieron a leer y escribir perdieron las manos y los ojos” trayendo a la
memoria el maltrato y la marginación de los indígenas por las clases
dominantes, aún hoy nos corta el aire a muchos.
Pero
al mismo tiempo, tramposa y engañosamente también se ha encargado de
vender la ilusión (basada en sentidas y justas reivindicaciones de las
mayorías excluidas) de que por el hecho
de estar un indígena en el poder las condiciones materiales y de vida de
millones de bolivianos pueden cambiar. A la vez, y vale aquí la anécdota,
resultaba igualmente irónico ver juntos por TV en aquellos días festivos al
Monseñor Juárez y al Príncipe Felipe de Asturias en El Alto durante la
inauguración de un centro sanitario. La monarquía y la iglesia, dos fuertes símbolos
de la Conquista en América, justamente en momentos en que “un indígena se
hacía cargo del poder”. Pues
no es el color, la raza, la inclinación sexual o la religión de quien esté en
el poder lo que define su carácter de clase, sino sus políticas, sobre qué
instituciones se basa y a quién éstas beneficien.
De
hecho la historia también habla cuando nos muestra, por ejemplo, con Cárdenas
y Untoja en nuestro país, en el Perú con Toledo y en el Ecuador con Gutiérrez,
que la sola presencia de indígenas en el
gobierno de un Estado capitalista no ha implicado verdaderas alternativas al
orden vigente. Y en este sentido, el hecho de que Morales sea de origen
aymará (como Lula es de origen obrero), está claro que no es garantía de
transformación.
Reformas
tibias, tímidas y cosméticas
Como
se ha dicho anteriormente, otros de los puntos en los que se ha hecho hincapié
en los discursos es la afirmación de que “ha llegado el momento del
cambio”, “ha comenzado una nueva era”. Pero, contradictoriamente, los
anuncios que hizo el MAS acerca de las medidas y políticas que llevará a cabo
parecen indicar que sólo se trata de tibias, tímidas y cosméticas reformas,
no medidas de fondo que se dirijan directamente a afectar en los hechos la
propiedad privada y la ganancia de los capitalistas, terratenientes,
banqueros y empresarios nacionales e internacionales, manteniendo intactas
las estructuras económicas y de poder, dando luz verde y reafirmando la
continuidad de la Bolivia capitalista de hoy.
Por
ejemplo, al referirse al caso de los recursos naturales y la tierra, no incluyó
ninguna medida que plantee la expropiación
sin indemnizar a los grandes pulpos transnacionales, empresarios locales (como
Goni o Doria Medina) y terratenientes. Se limitó a decir que se
“recuperarán los recursos naturales”, lo que no es más que un engaño que
sólo implicará en los hechos que el Estado va a “regular más”, no
que los recursos pasen, efectiva y realmente, a manos de los trabajadores
bolivianos. Además, como lo hizo durante la campaña electoral, ha vuelto a
dar garantías y tranquilidad a las inversiones extranjeras y nacionales, públicas
y privadas al repetir que “... no se puede prescindir de la inversión
extranjera”, “se dará seguridad jurídica a las inversiones nacionales y
extranjeras”, “todos los que han invertido tienen derecho a ganar, y vivir
mejor, solo que no sobre la explotación indiscriminada de otros”.
Ha
hablado de su “plan de austeridad”, que contempla la reducción de su sueldo
y el de funcionarios, pero no ha dicho nada acerca de aumento de salarios. No ha dicho
nada sobre cómo efectivizar la abolición del decreto 21.060, ni cómo
garantizar verdaderamente salud y educación para todos. Se ha referido
solamente (y en general) a “acabar con la pobreza”... pero no dijo cómo. En
el caso de la salud, prometió un seguro social universal. En el caso de la
educación, no habló de abolir las reformas educativas, ni de aumentar la
cantidad de ítems. Solamente se ha referido (también en general) a acabar con
el analfabetismo. Objetivos e intenciones loables todos, pero
que no implican un cambio radical en la estructura del sistema y que por lo
tanto sólo pueden ser “pan para hoy y hambre para mañana”. A lo sumo,
paliativos y medidas superficiales de ese corte, tan de moda en otros gobiernos
centroizquierdistas de la región.
¿“Sociedad”
con Estados Unidos”?
Por
ahora, ha logrado alguna “ayuda” externa. Zapatero condonó la deuda y
contribuirá con planes de salud. Obviamente que a cambio de condiciones
propicias para las inversiones españolas. Chávez ofrece diesel y planes de
alfabetización a cambio de soja. Evo se ha referido también a mantener una
relación con los organismos internacionales y con los Estados en calidad de
“socios, no de patrones”. Dijo también “que trabajaremos junto con la DEA
en el tema del narcotráfico”. Ni una palabra referida a la deuda externa, ni
una palabra referida al genocidio estadounidense en Iraq. También se ha
mostrado dispuesto, sin sonrojarse, a
“discutir” los tratados con Estados Unidos como el ALCA y el TLC.
En
su discurso Evo Morales ratificaba, una vez más, las “enseñanzas” de su
gira post triunfo, donde se entrevistó con presidentes y empresarios de los
cuatro continentes. Su conclusión es que “luego
de conversar con varios mandatarios, he aprendido la lección de que el rol de
un presidente debe ser el de hacer buenos negocios para su país”.
Sarcásticamente,
los grandes temas, impuestos en las calles por los trabajadores y el pueblo como
el Octubre boliviano, el Gas y las reivindicaciones de los trabajadores, estuvieron
ausentes. De octubre se acordó al principio al pedir, “honorablemente”,
un minuto de silencio por los caídos... No
habló de nacionalización. En días posteriores declaraba que “se
realizaría una nueva revisión de los contratos” y “se establecerían
nuevos precios. Es decir, con respecto al tema del gas, su política parece
reducirse a renegociar con las petroleras
nuevos contratos que impliquen un poco más de lo que ya están dando en materia
de impuestos y regalías, es decir, se continuará dejando en manos de estas el
colosal negocio del gas y el petróleo. ¿Y las reivindicaciones de los
trabajadores? Para otro momento…
No somos iguales
Se
trata en el fondo de jugar con esas ilusiones y llamar a confiar en un gobierno que promete
dar algo para no perder todo, un gobierno burgués de frente popular. Esto
es, un gobierno, públicamente declarado por el propio Morales en Tiwanaku, “de
conciliación de clases” e intereses. Un gobierno donde la representación
política con origen en sectores no capitalistas (sobre todo de origen campesino
y pequeño burgués intelectual) se hace cargo de gestionar el Estado y el régimen
capitalista. Y, como dijo claramente desde San Francisco García Linera, “un
Estado fuerte, donde estén de un lado los trabajadores y el pueblo y del otro
los empresarios, los terratenientes, las Fuerzas armadas”. ¿Es esta la
“inclusión” de la que hablan? De hecho se plantea, como lo afirmó Morales “respetar la propiedad privada” y la convivencia pacífica de los
trabajadores y oprimidos con terratenientes, banqueros, empresarios, y compañías
transnacionales. Es, en última instancia, un gobierno burgués “atípico”, encabezado por una
organización política de origen campesino y plebeyo, pero que se asienta sobre
la base del Estado capitalista y sus instituciones representativas (y
represivas) y gobierna para mantener el statu quo. O sea, el poder seguirá
estando en manos de la burguesía y las transnacionales.
Ya
lo hemos dicho, pero vale la pena repetirlo, sobre todo en
este período de “luna de miel” que se inicia recorrido por expectativas e
ilusiones populares. El programa de gobierno el MAS no incluye verdaderas
transformaciones estructurales como las planteadas con sangre en las rebeliones
de octubre y de mayo-junio. Todo lo contrario, parece tratarse de mínimas
reformas, parece tratarse de la administración de una serie de concesiones que
pueden impactar sobre algún sector, pero que, en lo profundo, no cuestionan el carácter racista y explotador del Estado boliviano.
El engaño de la Constituyente pactada
Otro
gran tema al que se refirió Morales, y al que apuesta mucho, es
el de la Constituyente, ya que la mayoría de la población ve en ella la
posibilidad y el ámbito donde se puedan resolver sus problemas imponiendo su
mayoría numérica por la vía electoral. Es en este sentido que la Asamblea
Constituyente podría, eventualmente, transformarse en una caja de resonancia
frente a la fragmentación política, económica y social del país. Pues frente
a ella se expresan intereses y posiciones contrapuestos.
Morales
ya ha anunciado las fechas para su realización. Para febrero o marzo se espera
tener la ley de convocatoria; para julio se tiene previsto la elección de los
congresales constituyentes, y se espera que comience a sesionar el 6 de agosto
en Sucre. Pero aún
no se sabe cuales serán los criterios para determinar la representatividad ni
cuáles serán los temas a tratar.
Desde
el punto de vista de la derecha y los sectores más reaccionarios, está claro
que buscarán insistir en atenuar el carácter “unitario” del Estado para
hacer valer el peso de las autonomías, y obviamente esto se relaciona con el
monopolio de los recursos naturales que buscan para sí. Por su parte, el MAS y
la burguesía del altiplano afirman la “unidad” del Estado; entre otras
cosas, porque necesitan que el reparto de los ingresos por los recursos
petroleros llegue a todas las regiones. Pero, en todo caso, lo que no cuestiona
ningún sector patronal, lógicamente, ni tampoco el nuevo gobierno, es el carácter
capitalista del Estado boliviano.
Esto
mismo explica que los reclamos democráticos y la Constituyente tal como la
concibe el MAS es sólo una serie de reformas a nivel del régimen político
–en la búsqueda de su relegitimación–, pero sin plantearse un solo objetivo de transformación social real. Lo
reiteramos, la Asamblea Constituyente por sí misma no resuelve las tareas
colocadas en las calles por las masas populares. Se podrá discutir de todos los
temas, se podrán votar una serie de reformas o derechos democráticos, pero
si no cambian radicalmente las condiciones materiales y de vida de las mayorías
explotadas y oprimidas, estas medidas serán sólo formales.
Esta
y no otra es la trampa de la Constituyente pactada de Morales y Linera. Porque
no será de la mano de ellos que vendrá la verdadera Constituyente
Revolucionaria que se exigió en los levantamientos populares. Y
que aunque declare formalmente el carácter multiétnico y multicultural del país,
no podrá acabar realmente con el racismo imperante en Bolivia.
Nota:
1.
Una nota de color sigue siendo la política
derechista del Partido Obrero argentino que, sin tener un solo militante en
el país andino, persevera en el ataque artero al único sector que aun de
manera inconsecuente –y muchas veces poco seria–, se viene manteniendo
independiente del nuevo gobierno de Frente Popular y puede ser un punto de apoyo
para la construcción del IPT. Nos estamos refiriendo a la dirección de la COB
y, sobre todo, a los compañeros mineros de la FSTMB, atacados directamente por
Morales al poner al frente del Ministerio de Minería a un representante de las
cooperativas mineras. Así como se esmera
el PO en atacar a este sector, le hace de coartada en este preciso momento a la
trampa que encarna el MAS boliviano. Algo lamentable desde todo punto de
vista.
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