Socialismo o Barbarie, periódico, Nº 71, 26/01/06
 

 

 

 

 

 

Los “desacuerdos de precios” y la inflación

Rodear de apoyo los conflictos obreros

Cada nuevo día ofrece un nuevo acto del sainete de los acuerdos de precios. Que se suma tal empresa, que se baja tal cámara, que firmo, que retiro la firma… Lo único concreto es que, mientras el gobierno quiere aparecer como el gran enemigo de la inflación y de los “empresarios inescrupulosos” ávidos de ganancia, la mayoría de los productos no bajan de precio. Este sistema de precios acordados tiene –lo saben todos los interesados salvo el consumidor– un horizonte de término: marzo-abril. Kirchner no quiere un verano recalentado, así que se dedica a este parche y después verá que hace.

Por supuesto, los empresarios ya piensan en el día después, y por eso insisten en la necesidad de acordar con la CGT aumentos “razonables”, en lo posible con cláusula de paz social. A la CGT le gustaría, pero quiere reaseguros de que la bronca salarial no la va a pasar por encima. Ya hay mar de fondo por la escandalosa cuestión del mínimo del impuesto a las ganancias para los asalariados.

Toda esta realidad hace avizorar que en el 2006 las luchas obreras serán el lugar donde mueran las palabras del gobierno K. Es decir, el proceso más dinámico de desenmascaramiento de un gobierno que trabaja por la Argentina como país capitalista “normal”. Está colocada así la tarea central para toda la vanguardia independiente y obrera: rodear de apoyo a cada lucha para que se gane, desarrollando en ese proceso la gestación de un nuevo clasismo entre la vanguardia de los trabajadores.

Impuestos: pagan los asalariados, no los accionistas

El asunto es bien simple: desde el año 2000 (el “impuestazo” del ministro de Economía Machinea), los que cobran un sueldo de $ 1800 ($ 2200 si son casados) pagan impuesto a las ganancias. Esto alcanzaba, en el 2000, a la franja superior de la clase media. Hoy, después de una inflación para el período de cerca del 80%, los afectados por el impuesto son legión. Se da la situación ridícula de que quien gana lo justo para comprar la canasta familiar, que es de $ 1800, paga impuestos como si fuera rico. El que tiene un departamento o casita de 35.000 dólares –una propiedad modesta–, paga impuesto a la riqueza, clavado en $ 102.500 pesos desde los 90 a pesar de la inflación y la devaluación. A todo esto, los que tienen millones de dólares en acciones de la Bolsa no pagan un solo centavo. Ésta debe ser la famosa “redistribución” que anunciaron Kirchner y Felisa Miceli…

Claro, en el gobierno saben que subir el “mínimo no imponible” para los impuestos implica aceptar de hecho un ajuste por inflación, lo que generaría una catarata de reclamos, desde asalariados hasta encargados de hacer los balances contables. Por eso, hasta ahora, se mantiene este estado de cosas absurdo y regresivo. Kirchner no quiere renunciar al ingreso extra que le genera este esquema, porque la va a hacer mucha falta: hay que tapar el agujero que dejó el superpago al FMI con más y más superávit fiscal.

Todo el apoyo a las luchas salariales

Mientras tanto, por abajo crece la bronca y la necesidad de salir a pelear por la recomposición salarial. Ya el año pasado mostró bastante de esto, con luchas muy duras, y este año la cosa promete ponerse más caliente todavía, al compás de la inflación y de la “austeridad” fiscal que propone el gobierno.

Pero ojo: los trabajadores deberán enfrentar una trampa preparada por tres enemigos. El gobierno, la patronal y la burocracia sindical quieren ponerle un cepo a los acuerdos salariales, por la vía de dejar la negociación en manos de los “gordos”, que aceptarán migajas, y violín en bolsa hasta la próxima paritaria. Y eso no es todo: los últimos convenios muestran que la burocracia está mucho menos preocupada por preservar el nivel salarial que por aumentar sus propios ingresos. En efecto, muchos nuevos convenios agregaron cláusulas que aumentan el aporte sindical y / o lo hacen obligatorio. A los burócratas les importa poco que los bolsillos de los trabajadores se vacíen mientras la caja del sindicato engorde. Y el Ministerio de Trabajo promueve gustoso este negocio redondo entre patrones y burócratas a expensas de los trabajadores. De modo que hay que estar atentos.

En estos momentos, la lucha más importante es la de los compañeros del Hospital Francés, en un conflicto que combina la cuestión salarial con la defensa de la fuente de trabajo y el control obrero contra el vaciamiento. El tridente infernal gobierno-patronal-burocracia funciona también aquí en contra de los intereses de los trabajadores (ver nota). Por eso, es tarea número uno de todos los luchadores y activistas rodear de apoyo y solidaridad a ésta y todas las luchas que se den para ayudar a que triunfen. Porque en las luchas obreras es donde mueren las palabras del gobierno K.