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Los
“desacuerdos de precios” y la inflación
Rodear
de apoyo los conflictos obreros
Cada
nuevo día ofrece un nuevo acto del sainete de los acuerdos de precios. Que se
suma tal empresa, que se baja tal cámara, que firmo, que retiro la firma… Lo
único concreto es que, mientras el gobierno quiere aparecer como el gran
enemigo de la inflación y de los “empresarios inescrupulosos” ávidos de
ganancia, la mayoría de los productos no bajan de precio. Este sistema de
precios acordados tiene –lo saben todos los interesados salvo el consumidor–
un horizonte de término: marzo-abril. Kirchner no quiere un verano recalentado,
así que se dedica a este parche y después
verá que hace.
Por
supuesto, los empresarios ya piensan en el día después, y por eso insisten en
la necesidad de acordar con la CGT aumentos “razonables”, en
lo posible con cláusula de paz social. A la CGT le gustaría, pero quiere
reaseguros de que la bronca salarial no la va a pasar por encima. Ya hay mar de
fondo por la escandalosa cuestión del mínimo del impuesto a las ganancias para
los asalariados.
Toda
esta realidad hace avizorar que en el 2006 las
luchas obreras serán el lugar donde mueran las palabras del gobierno K. Es
decir, el proceso más dinámico de desenmascaramiento
de un gobierno que trabaja por la Argentina como país capitalista “normal”.
Está colocada así la tarea central
para toda la vanguardia independiente y obrera: rodear de apoyo a cada lucha para que se gane, desarrollando en ese
proceso la gestación de un nuevo clasismo entre la vanguardia de los
trabajadores.
Impuestos: pagan los
asalariados, no los accionistas
El
asunto es bien simple: desde el año 2000 (el “impuestazo” del ministro de
Economía Machinea), los que cobran un sueldo de $ 1800 ($ 2200 si son casados)
pagan impuesto a las ganancias. Esto alcanzaba, en el 2000, a la franja superior
de la clase media. Hoy, después de una inflación para el período de cerca del
80%, los afectados por el impuesto son legión.
Se da la situación ridícula de que quien gana lo justo para comprar la canasta
familiar, que es de $ 1800, paga impuestos como si fuera rico. El que tiene un
departamento o casita de 35.000 dólares –una propiedad modesta–, paga
impuesto a la riqueza, clavado en $ 102.500 pesos desde los 90 a pesar de la
inflación y la devaluación. A todo esto, los que tienen millones de dólares
en acciones de la Bolsa no pagan un solo centavo. Ésta debe ser la famosa
“redistribución” que anunciaron Kirchner y Felisa Miceli…
Claro,
en el gobierno saben que subir el “mínimo no imponible” para los impuestos
implica aceptar de hecho un ajuste por inflación, lo que generaría una
catarata de reclamos, desde asalariados hasta encargados de hacer los balances
contables. Por eso, hasta ahora, se mantiene este estado de cosas absurdo y
regresivo. Kirchner no quiere renunciar al ingreso extra que le genera este
esquema, porque la va a hacer mucha falta: hay que tapar el agujero que dejó el
superpago al FMI con más y más superávit fiscal.
Todo el apoyo a las
luchas salariales
Mientras
tanto, por abajo crece la bronca y la
necesidad de salir a pelear por la recomposición salarial. Ya el año
pasado mostró bastante de esto, con luchas muy duras, y este
año la cosa promete ponerse más caliente todavía, al compás de la
inflación y de la “austeridad” fiscal que propone el gobierno.
Pero
ojo: los trabajadores deberán enfrentar una trampa preparada por tres enemigos.
El gobierno, la patronal y la burocracia sindical quieren
ponerle un cepo a los acuerdos salariales, por la vía de dejar la negociación
en manos de los “gordos”, que aceptarán migajas, y violín en bolsa hasta
la próxima paritaria. Y eso no es todo: los últimos convenios muestran que la
burocracia está mucho menos preocupada por preservar el nivel salarial que por
aumentar sus propios ingresos. En efecto, muchos nuevos convenios agregaron cláusulas
que aumentan el aporte sindical y / o lo hacen obligatorio. A los burócratas
les importa poco que los bolsillos de los trabajadores se vacíen mientras la
caja del sindicato engorde. Y el Ministerio de Trabajo promueve gustoso este
negocio redondo entre patrones y burócratas a expensas de los trabajadores. De
modo que hay que estar atentos.
En
estos momentos, la lucha más importante es la de los compañeros del Hospital
Francés, en un conflicto que combina la
cuestión salarial con la defensa de la fuente de trabajo y el control obrero
contra el vaciamiento. El tridente infernal gobierno-patronal-burocracia
funciona también aquí en contra de los intereses de los trabajadores (ver
nota). Por eso, es tarea número uno de todos los luchadores y activistas
rodear de apoyo y solidaridad a ésta y todas las luchas que se den para ayudar
a que triunfen. Porque en las luchas obreras es donde mueren las palabras del
gobierno K.
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