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Diputados
dio media sanción a la ley de matrimonio gay
¿Hay
que darle el Sí a los K?
Por
Inés
Las
Rojas, 05/05/10
El
principal argumento contra el llamado matrimonio gay es que
atenta contra la familia tradicional, lo que estaría
produciendo la caída moral de la sociedad y a la que se le
atribuyen el aumento de la delincuencia y otros males.
El PRO de Macri, en tren de parecer progresista,
propone la “unión civil” en lugar del matrimonio. El
argumento sería que da los mismos derechos y es más
“moderno” que el matrimonio. Pero la diferencia entre el
matrimonio y la unión civil, es que el primero incluye la
posibilidad de adopción, mientras que la unión civil no lo
permite. La que expuso con mayor claridad los argumentos de
la derecha fue la abogada
y docente de la UCA Úrsula Basset, quien “insistió en
que el matrimonio heterosexual “sano” (“estable y
duradero”, definió) es una suerte de remedio social:
produce menos violencia doméstica, garantiza más
escolaridad, menos estadísticas criminales, “menos
emigración, menor necesidad de servicios sociales y públicos”
y la moderación de otros males. “Los beneficios del
matrimonio se extienden a los pobres y a las comunidades
minoritarias”, agregó. (Página 12, 19/3/10).
Todo
este palabrerío intenta ocultar que los mayores índices de
violencia hacia mujeres, niños y niñas y personas no
heterosexuales se producen dentro de la familia. Que las
violaciones a menores ocurren mayoritariamente a manos de
personas del entorno familiar. Que las mujeres abusadas y
golpeadas lo son en su mayoría dentro del matrimonio, como
en el caso de Wanda Taddei. Que la discriminación hacia las
personas no heterosexuales está también en la familia,
como el asesinato de Natalia Gaitán a manos del padrastro
de su pareja.
La
Federación le da el sí a los K
Las
compañeras y compañeros de la Federación LGTBI, con María
Rachid al frente, vienen haciendo la campaña más mediática
para que se apruebe la ley de matrimonio gay. Por otra
parte, impulsan que la mayor cantidad de parejas de gays,
lesbianas, trans, etc., inicien los trámites para el
matrimonio y presentaciones de recursos de amparo en caso de
ser rechazados. La estrategia, dicen, será efectiva porque
no pueden frenar cientos de amparos. La Federación además
viene siguiendo la estrategia de seducción de los diputados
y diputadas, apelando a su “valentía” para aprobar la
ley de matrimonio y dejar atrás la discriminación hacia
las personas no heterosexuales.
Según María Rachid, la discriminación se terminaría
con la sanción del matrimonio gay. En un discurso de
“seducción” a los diputados, dijo entre otras cosas: “Quizás,
incluso, si el Estado dijera que somos iguales ante la ley,
el padre de la novia de Natalia Noemí Gaitán no la hubiera
asesinado por el sólo hecho de rechazar la idea de que su
hija sea, para él, tan diferente.”[i]
La
campaña de la Federación se viene centrando en la
batalla dentro de los marcos de la política
parlamentaria. Apelando a la “valentía” de diputados y
diputadas se les llama a terminar con la desigualdad jurídica
que legitima la desigualdad social. De esta manera, Rachid
hace aparecer como una generosidad de los mismos diputados y
diputadas que son parte del sistema de dominación una lucha
que vienen llevando adelante hace décadas los movimientos
lgttbi. Si hemos llegado a esta posibilidad no es por la
“generosidad” de ciertos políticos del sistema, sino
por la lucha de las “minorías” por su reconocimiento,
contra la persecución, la violencia y la humillación.
También,
Rachid y la Federación legitiman al gobierno K,
embelleciendo las supuestas acciones del INADI a favor de
las personas lgttbi. Pero esta fachada “progresista”
oculta toda la política K hacia los derechos de las mujeres
y de las personas lgttbi. Porque fundamentalmente, este
gobierno sigue manteniendo todos los vínculos y toda la
imbricación del Estado con la Iglesia Católica.
Aunque
es cierto que la ley de matrimonio sería un avance en la
equiparación de derechos y sería un avance hacia la no
discriminación, no se puede decir que la discriminación va
a terminar de una vez con el matrimonio. Uno de los aspectos
más importantes es la ley de educación sexual. Que entre
otras cosas, y gracias a los compromisos del gobierno K con
la Iglesia, promueve una visión de la sexualidad
heterocentrada, donde no aparecen por ningún lado las
parejas de personas no heterosexuales. La única forma de
relacionamiento sexual –afectiva es la heterosexual. Y al
no aparecer la diversidad, se santifica y se naturaliza que
lo “normal” es la unión heterosexual.
Hacer
propaganda para un gobierno, diciendo que es “gay
friendly” porque apoya la ley, es ocultar toda una política
de género que tiene por objetivo mantener las apariencias
de progresista, pero que en los hechos es no dar ni un solo
paso hacia la despenalización del aborto y esto lo hace
responsable de que se sigan muriendo cientos de mujeres por
año a causa de abortos clandestinos mal practicados.
Fuera
el Estado, los curas y los gobiernos de nuestros cuerpos
En
definitiva de lo que estamos hablando es del derecho de
todas las personas a decidir sobre su propio cuerpo. A que
no sea el Estado el que defina quién se debe unir con quién,
qué tipo de sexualidad es la correcta y cuál no, quién y
cuántos hijos debe tener.
La
equiparación de los derechos civiles es una pelea histórica
del movimiento lgttbi y la ley de matrimonio gay representa
un avance. Exigimos
el derecho de todas las personas a elegir con quién vivir
su vida y cómo vivirla.
Sin
embargo, nos parece un error de la Federación promover la
idea de que la legalización del matrimonio gay vendrá a
resolver todos los problemas de la discriminación. Alguno
dirá, de a un derecho por vez. Y nosotras decimos, todos
los derechos todo el tiempo. No habrá derecho a decidir
para todas las personas, hasta que no haya derecho a elegir
libremente la sexualidad. La sexualidad será libre el día
que no se imponga ningún tipo de matrimonio, que la unión
entre las personas responda únicamente a su voluntad y no a
la necesidad económica. La sexualidad será verdaderamente
libre cuando las mujeres no tengamos que cargar con todo el
trabajo doméstico ni con el mandato de la maternidad
obligatoria. Cuando cada persona pueda elegir con quien
estar y con quien dejar de estar sin ser juzgada por sus
elecciones. Cuando todas y todos podamos ser nosotras mismas
y tengamos que andar ocultando nuestra vida por temor a ser
despedidas o discriminadas.
Y
para ello hará falta terminar con una de las instituciones
más retrógradas de la sociedad, el matrimonio burgués,
que es la santificación de la familia patriarcal, donde el
padre manda, donde las mujeres son sometidas al trabajo doméstico
y los niños y las niñas son propiedad privada.
Sí,
estamos por el derecho de las personas a poder casarse si
quieren, porque estamos por el fin de toda discriminación y
estamos por la equiparación de derechos civiles. Pero nos
parece peligroso hacer creer que terminará la discriminación
porque haya casamiento gay. Y sobre todo nos parece criminal
utilizarlo para apoyar a un gobierno que es responsable de
que se sigan muriendo 800 mujeres por año por abortos
clandestinos, que mantiene a Romina Tejerina presa o no ha
hecho una campaña nacional por el caso de Natalia Gaitán.
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