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Rebelión
en el XXIV Encuentro de Mujeres en Tucumán
Las mujeres decidieron:
¡Fuera la iglesia de
los Encuentros!
Por
Patricia López
<<<Fotos
del Encuentro>>>
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La
actuación de Pan y Rosas,
agrupación del PTS
Párrafo aparte merece Pan y Rosas. En varios
Encuentros anteriores vinieron con la línea de que había
que echar a la iglesia ya. Las Rojas les decíamos que no íbamos
a echarla sólo las mujeres de la izquierda (antes de este
encuentro, las demás feministas mantenían la posición de
incluir a la iglesia). Entonces las compañeras armaban
pelea física entre Pan y Rosas y las católicas, con lo
que, por supuesto, no lograban ningún resultado. Esta vez,
cuando sí hubo una rebelión general contra la iglesia, Pan
y Rosas no participó, limitándose a pasar por los talleres
proponiendo que se resolviera que la bandera de Terrabusi
encabezara la marcha de cierre. Eso es lo único que dijeron
en las asambleas que se formaron en medio del quilombo, y no
participaron de la expulsión de las católicas. Insistimos:
no decían “viva Terrabusi y fuera la iglesia”, era solo
Terrabusi, y cuando les preguntaban si tenían algo que
decir respecto a la lucha que estaba ocurriendo en esa
escuela, no decían nada.
Humildemente, nos parece que en el Encuentro no se iba
a decidir el destino de la lucha de Terrabusi, pero sí se
decide en gran medida el del movimiento de mujeres. A
nosotras, por supuesto, nos repugna la actitud antiobrera de
algunas corrientes feministas, pero la rebelión que comenzó
en Tucumán no fue sólo contra la iglesia, pegó también
contra esa burocracia dueña del Encuentro que mantiene al
movimiento tan despolitizado y aislado de la lucha obrera y
popular. Y, como decía Marx, un paso adelante en el
movimiento vale más que mil programas. La unidad en la
lucha que logramos con otras corrientes del movimiento de
mujeres nos posicionan mucho mejor a las feministas
socialistas para dar una pelea ideológica que ayude a
unirlo con el movimiento obrero.
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La avanzada fascista de la iglesia y el
gobierno retrocedió enfrentada por la movilización. La
Comisión Organizadora se divide; el PCR, fuerza de choque
de la iglesia, intenta reacomodarse… ¡Basta de
“consenso” por abajo y acuerdos por arriba! ! ¡Las
mujeres decidieron! ¡Fuera la iglesia de los Encuentros!
La capital tucumana nos recibió con carteles en
puentes y edificios contra la legalización del aborto, de
un tamaño como para que los ángeles miopes los vean desde
el cielo. El obispo de Tucumán venía dedicando sus misas
al Encuentro, diciendo que la emancipación de la mujer es
la virgen María, y tenía organizada una contramarcha. Pero
el clima no venía pesado sólo con la iglesia y el
gobierno: dentro mismo de la Comisión Organizadora las
discusiones se habían puesto tensas, por el intento del PCR[i]
de lanzar a los medios un comunicado (falsamente en nombre
de toda la Comisión) de donde el reclamo de legalización
del aborto había desaparecido. El PCR venía de un triunfo
en el Encuentro del año pasado, donde lograron aislar a la
izquierda de las demás corrientes feministas e imponer a
golpes el pronunciamiento del Encuentro en apoyo a la
patronal agraria. Pero esta vez la reacción no venía con
bombacha y chiripá, sino con cruces y sotanas: ¿cómo
reaccionarían las verdes[ii]
y las violetas[iii], y las participantes no
organizadas del Encuentro, ante un ataque directamente
dirigido a las mujeres, sin mediaciones “políticas”?
La iglesia y el PCR rompen el consenso
La respuesta a esta pregunta llegó el sábado, en la
primera sesión de los talleres. En la misma escuela estaban
los de Anticoncepción y Aborto, Derechos Sexuales y
Reproductivos y Estrategias para la Legalización del
Aborto. Este último taller es donde nunca iban las católicas:
había un acuerdo histórico en que todas las asistentes al
taller de Estrategias están de acuerdo con el derecho al
aborto legal, y discuten allí la mejor forma de lograrlo.
Era el último reducto del feminismo en todo ese enorme
encuentro, el único rincón donde no “se les da la
bienvenida a todas, creyentes y no creyentes” –como reza
el credo del PCR– sino sólo a las que quieren discutir
políticas feministas, sin tener antes que convencer a las
mujeres de la iglesia de que el virus del sida no vuela y
que el placer no produce cáncer. Hay que conocer esta
particularidad del taller para entender el viraje en la política
de la iglesia, que hasta ahora mantenía cierto
“consenso” con la existencia del Encuentro en sí y su
modo de organizarse. Porque la “estrategia” de la
iglesia fue, justamente, invadir el taller de Estrategias
para no dejarlo funcionar. Se vinieron en masa, gritando
cosas como “Si una mujer se muere por un aborto
clandestino, ella lo eligió”, y provocaciones por el
estilo.
Muchas participantes del taller exigieron que se
fueran, y al escuchar los gritos empezamos a salir al patio
las que estábamos en los demás talleres. Allí, compañeras
de la Campaña Verde nos invitaban a actuar para sacar a la
iglesia. Se armó una asamblea espontánea en el patio,
donde una de las organizadoras trató de bajar los decibeles
hasta que se hizo la hora de dejar la escuela, y entonces
Las Rojas propusimos reunirnos en la puerta al día
siguiente a las 9 para decidir qué hacer ante este ataque.
La rebelión
Esa noche, algunas Rojas fueron al Festival de la
Visibilidad Lésbica, cuyas participantes no habían estado
en los talleres y no sabían lo que había pasado. El relato
de las compañeras causó indignación general, y se
comprometieron a acudir el domingo.
Las demás nos pasamos la noche haciendo decenas de
cartelitos con un piolín para colgarse del cuello, que decían:
“Decidámoslo de una vez: fuera la iglesia de los
Encuentros”.
Al día siguiente, cuando llegamos con los cartelitos,
tantas mujeres nos los pedían que nos quedamos sin un solo
cartel para nosotras. La iglesia había ocupado los talleres
en masa temprano, junto con el PCR. Empezamos a agitar en el
patio y al rato llegaron las violetas del Festival, con
bombos y redoblantes. Junto a las verdes y muchas mujeres no
organizadas, empezamos a juntarnos en la puerta de cada
taller, donde la patota del PCR hacía cordón para proteger
a las católicas. Llegaron varias integrantes de la Comisión
Organizadora para unirse a nosotras: “¡Estamos podridas
de aguantar los acuerdos del PCR con la iglesia!”, decían.
El repudio no tardó en unificarse: “¡PCR traidor,
siempre junto a la iglesia, la yuta madre que te parió!”.
La patota fue vencida, y las mujeres, aula por aula, fuimos
echando a la iglesia de los talleres. Cada grupo que sacábamos
era seguido por una explosión de cantos y batucada, y luego
la alegre caravana se dirigía al siguiente taller, a
forcejear de nuevo con las chinas, que en poco tiempo
desistieron y se fueron a deliberar a un costado. La movida
no se detuvo hasta que la escuela quedó libre de iglesia,
al menos por unas horas.
El debate de cómo seguirla
Al abrir la escuela a la tarde, el doble de gente de la
iglesia y el PCR volvió a invadir las aulas, esta vez no
permitiendo la entrada a nadie que no fuera de ellas. Teníamos
dos opciones: volver a repetir la movida de la mañana, o
reunirnos a tomar alguna resolución con vistas a la lucha
del año y al próximo Encuentro. Volvimos a concentrarnos
en el patio, y decidimos armar talleres que discutieran cómo
continuar esta pelea. Allí empezaron las diferencias: Las
Rojas propusimos que después de hacer los talleres nos
unificáramos en un plenario. Nos parecía que había que
elegir una comisión organizadora autoconvocada de los
talleres que habían funcionado en esa escuela, que son los
que se refieren a derechos sexuales (anticoncepción,
aborto, estrategias, etc.), y declararlos talleres libres de
iglesia desde que empiece el próximo Encuentro. Veíamos la
necesidad de darle a la rebelión alguna continuidad, para
que no quedara como una anécdota o a mitad de camino. Las
verdes propusieron pedirle a la Comisión Organizadora que
desconociera los talleres donde había estado la iglesia,
pero no quisieron acordar nada hacia los futuros Encuentros,
ni aceptaron un plenario unificado. Tampoco el Plenario de
Trabajadoras quiso hacerlo, y las violetas, que fueron las
primeras en acudir para echar a la iglesia junto con
nosotras, se encerraron en su taller propio de donde echaron
a nuestras compañeras diciendo que Las Rojas somos lo mismo
que la iglesia (¿¿¿???). Esto a pesar de que muchas compañeras
de estas mismas corrientes nos habían expresado su acuerdo
en discutir en común cómo seguirla.
Obviamente, unas horas de rebelión no alcanzan para
romper prejuicios e ideologías instaladas durante muchos años
en el movimiento de mujeres, como el terror a la izquierda o
a la mera unificación de la lucha. Paciencia. Apostamos a
que de esta experiencia vayamos sacando las necesarias
conclusiones y avanzando en la unidad.
El final
Esta negativa de las agrupaciones feministas y el PO a
hacer un frente común para seguir la pelea, le permitió al
PCR reacomodarse rápidamente. En el acto de cierre del
lunes, dijeron que todos los talleres se habían pronunciado
por la legalización del aborto y en apoyo a los
trabajadores de Terrabusi, salvo algunos donde la izquierda
había hecho lío. Miente, miente, que algo quedará.
Sin embargo, aunque escondieron la acción de todas las
mujeres de la escuela haciéndola pasar por “líos de la
izquierda”, esta afirmación del reclamo de legalización
del aborto es un intento de “concederle algo” a la
rebelión contra la iglesia, que se volvió contra el propio
PCR haciendo que perdiera por completo el control de esa
escuela y cuestionando su control general sobre el
Encuentro. Suponemos que a estas horas ya estarán tratando
de recomponer acuerdos con otras corrientes con miras al
Encuentro que viene. Y esperamos sinceramente que la
convicción con que nos levantamos ese domingo no ceda ante
una nueva maraña de transas por arriba. Luchemos por eso.
Conclusiones
Por nuestra parte, creemos que lo que pasó en Tucumán
marca un antes y un después.
Las Rojas estábamos, por decirlo así, “en nuestra
salsa”. Donde mejor se expresó el significado de esta
movida fue en las voces de compañeras que no son de la
izquierda, que van desde hace años a los Encuentros
convencidas de que no se puede echar a nadie porque hay que
respetar la diversidad, y de que el famoso “consenso”[iv]
es la mejor forma de funcionar. Estas compañeras parecía
que se habían sacado una montaña de encima, sobre todo las
de la Comisión Organizadora, que todo el año se aguantaron
las agachadas del PCR con la iglesia. Su reacción tuvo la
fuerza y el alivio de quien, por fin, sigue sus propias
convicciones por encima de transas y maniobras. O también
la salida de una compañera de la Campaña Verde que pasaba
con nosotras por los talleres: cuando alguien se puso a
recordarle la diversidad y el consenso, ella contestó,
anticipándose a Maradona: “¡Basta de consenso, me ch…
ésta el consenso!”. Tiene razón la compañera. Lo que
quedó cuestionado irremediablemente no fue la mera presencia
de la iglesia, sino la organización misma del Encuentro de
Mujeres, mantenida incluso a golpes por esa repodrida
burocracia estalinista con el único fin de paralizar
cualquier posibilidad de acción unificada del movimiento.
Que este es el único objetivo del “consenso” ha quedado
recontraarchiprobado desde que el PCR se caga en ese
consenso cuando conviene a su política, y lo utiliza sólo
como arma para silenciar cuestionamientos, evitar que las
mujeres decidan nada y arreglar todo por arriba. Y esa política
es cada vez más peligrosa para el movimiento de mujeres,
porque ese partido está aliado con el fascismo más
excecrable, como la Sociedad Rural y la iglesia.
Las bases sobre las que está construido este Encuentro
tambalearon, y apostamos a que la unidad que construimos
para defendernos de la avanzada fascista abra la puerta para
discutir con calma, sin mitos ni prejuicios, sobre qué
nuevas bases tiene que funcionar el movimiento de mujeres.
Tenemos por delante el Día Contra la Violencia hacia
las Mujeres, el 25 de noviembre, y proponemos juntarnos a
hacer un balance de este Encuentro y organizar una gran
marcha para ese día, con centro en el derecho al aborto
legal, y avanzar en un plan para sacar definitivamente a la
iglesia de los Encuentros, como acto inaugural de una nueva
etapa de lucha del movimiento.
[i] PCR:
partido estalinista maoísta, actualmente aliado al
movimiento de derecha reunido a partir de la lucha de la
oligarquía sojera por no pagar impuestos a la exportación,
devenido en bloque político fascista.
[ii] Campaña
Verde: llamada así por el color de sus pañuelos, está
dirigida por feministas históricas, dedicadas
principalmente a la actividad académica. Presentaron un
proyecto de ley por el aborto legal con una campaña de
firmas en todo el país, a partir de la cual organizaron
mujeres en varias provincias.
[iii] Llamamos
así a las activistas organizadas en innumerables grupos
feministas o posfeministas, que generalmente rechazan a
los partidos y la lucha política en general.
[iv] Este
método funciona así: no se vota; mientras haya una
sola mujer entre veinte mil que se oponga, el punto no
se lleva adelante. Es imposible entonces que del
encuentro salga ninguna acción unificada, por ejemplo,
por el derecho al aborto, ya que incluso si el taller de
estrategias lo propusiera, en los otros talleres (donde
sí va la iglesia) muchas mujeres expresarían su
oposición.
|
Acto
de apertura del XXIV Encuentro de Mujeres en
Tucumán |
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“Decidámoslo de una vez: fuera la iglesia de los
Encuentros”
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La patota del PCR hacía cordón para proteger
a las católicas
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Festejos
después de sacar a la iglesia |
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Autoconvocadas
el día sábado |
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Marcha
por la Catedral |
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Acto
de cierre del XXIV Encuentro de la Mujer en Tucumán |
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