En el país, 14/12/08
 

 

 

 

 

 

Discurso del compañero Martín González Bayón

“No estamos ante una crisis más: se está viviendo
la crisis más dramática del capitalismo en décadas”

“Este hecho podría tener consecuencias muy profundas, históricas, universales: este terremoto del capitalismo podría generar que se reabra en la cabeza de millones y millones de trabajadores la idea de que no estamos condenados a vivir bajo este sistema de explotación; que es posible luchar por otro sistema social, un sistema más justo: el socialismo.”

Es un orgullo estar aquí hablando ante todos ustedes: los compañeros de FATE, de Pirelli, del Francés, los compañeros de la Corriente SOB Internacional, los compañeros del FTC, en fin, los compañeros del partido.

Hacemos este Acto y Conferencia en condiciones en las que se ha abierto una dramática crisis económica del capitalismo, posiblemente la más grave en casi un siglo. No todos los días ocurre un acontecimiento así. Un acontecimiento que está llamado a afectar la vida cotidiana de millones y millones de personas en todo el mundo.

Por eso, este Acto y la Conferencia Internacional de nuestro partido los concebimos como un evento de “anticipación”: ¡tratar de sacar todas las conclusiones que se desprenden del hecho de esta crisis para poder actuar en consecuencia!

Es que no se trata de una crisis pasajera, de una crisis más. Se trata de una verdadera crisis del capitalismo como sistema social, de una crisis que expresa las contradicciones y disfunciones profundas de un sistema económico y social que, basado en la explotación de los seres humanos y la naturaleza, muestra una tendencia creciente a preparar crisis cada vez más graves, si es que los trabajadores, los explotados y los oprimidos no terminan con él.

Hay algo más. Esta crisis ocurre 20 años después de la caída del Muro de Berlín, caída que había significado, supuestamente, el fin de la lucha entre las clases, el “fin del socialismo”, el triunfo histórico del capitalismo como “único y eterno” sistema que organiza el funcionamiento de la vida económica y social.

Pero lo que está ocurriendo hoy, frente a los ojos de millones, es un hecho de significado exactamente opuesto. El que se está cayendo -en estos mismos momentos- es “el Muro del capitalismo”, el Muro de Wall Street (la Bolsa de Comercio yanqui), ¡el “santuario” del capitalismo mundial!

Este hecho podría tener consecuencias muy profundas, históricas, universales: este terremoto del capitalismo podría generar que se reabra en la cabeza de millones y millones de trabajadores la idea de que no estamos condenados a vivir bajo este sistema de explotación; que es posible luchar por otro sistema social, un sistema más justo: el socialismo.

En síntesis: un sistema realmente humano donde echemos al basurero de la historia la explotación del hombre por el hombre.

Vayamos por partes. Compañeros, queremos destacar primero la profundidad de la crisis en curso. Es como sí la economía del mundo hubiera detenido su marcha.

Los principales países del norte imperialista (EEUU, Europa y Japón) tendrán en el 2009 un crecimiento nulo o directamente negativo.

En EEUU, el pasado mes de octubre, se registraron más de 500.000 despidos.

Si este índice se multiplicara por los 12 meses de un año, ¡6.000.000 de trabajadores podrían quedar en la calle! …

En España se habla que en 2009 el índice de desempleo podría llegar al 19% de la población activa...

Es decir, ¡un porcentaje semejante al que se registró aquí en plena crisis del 2001 pero ahora en el centro mismo de Europa!...

Yéndonos al extremo Oriente, está el caso de China. En ese modelo de crecimiento capitalista de las últimas dos décadas: ¡millones de jóvenes obreros están volviendo en masa al campo al quedarse sin trabajo en las ciudades!

Esto podría llevar a tensiones sociales explosivas en el país más habitado del mundo.

Es decir, lo que comenzó como una dramática caída de los “mercados”, con desplomes diarios de las bolsas mundiales, y luego se trasladó a los más grandes bancos del mundo (que amenazaron con quebrar masivamente), ha llegado ya, y en todo el mundo, a lo que se denomina la economía real, expresándose bajo la forma de una inmensa ola de suspensiones, despidos e incluso cierre de empresas a escala mundial.

En estas condiciones, cada vez más analistas asemejan esta crisis con la de los años ’30 del siglo XX, la más grave crisis económica que sufrió el capitalismo en su historia. 

Y no parecen estar tan errados realmente.

En todo caso, hay algo que a estas alturas sí está clarísimo: esta es la crisis más dramática que ha generado la economía capitalista en décadas y décadas.

Una crisis que, por su profundidad, está llamada a afectar, y ya lo está haciendo, todos los “equilibrios” mundiales.  Es una crisis que abre una nueva situación mundial.

Dicho de otra manera: ¡el mundo en el que nos “acostumbramos” a vivir en los últimos 10, 20, 30 o aun 50 años podría estar cambiando dramáticamente!

Una caída tan aguda de la economía mundial no puede menos que afectar todas las demás esferas de la vida: nada podrá ser igual a como era antes.

Porque hay que tener en cuenta que sin economía, sin asegurar condiciones mínimas para la reproducción social, todo lo demás no puede funcionar.

Esto es lo que está ocurriendo: ¡está tan “trabado” el funcionamiento de la economía que no podría dejar de tener consecuencias, hasta en el último rincón del globo terráqueo!

La palabra, compañeros, es la de “equilibrios”. La crisis, al ser tan profunda, apunta a afectar todos los equilibrios, todas las “normalidades”, alrededor de las cuales ha estado organizado el funcionamiento del mundo en las últimas décadas.

Una normalidad es que en el norte del mundo, en los países imperialistas, la tasa de desempleo habitualmente es relativamente baja.

Pero ahora, con la crisis, la tasa de desempleo apunta a dispararse a las nubes, con lo cual inmensas convulsiones sociales están puestas al orden del día (como ya parece estar ocurriendo en Grecia).

Otro ejemplo: EEUU ha venido cumpliendo -en los últimos 50 años- el papel de policía del mundo. ¿Qué va a pasar ahora con este “policía”, cuando todo el mundo sabe que está empantanado en los “bárbaros” y “atrasados” países de Irak y Afganistán, al mismo tiempo que su economía muestra una tremenda bancarrota frente a los ojos del mundo?

Y otro elemento más: en las últimas décadas nos hemos “acostumbrado” a que las grandes luchas sociales y obreras sólo ocurrían en los países de la “periferia” del mundo, los países “atrasados”. ¿Qué impacto tendría hoy si en países centrales del mundo -como los mismísimos EEUU, Europa, Japón o China- se desencadenaran grandes luchas sociales?

El impacto sería tremendo: ¡imagínense un corte de ruta en Berlín, París o Londres, o una ocupación de fábrica, como ya está ocurriendo en estos últimos días en Chicago, transmitida en vivo y en directo por la CNN!

Es a esta ruptura, este quiebre de los equilibrios a los que estaba acostumbrado el mundo, a lo que llamamos una nueva situación mundial.

Es decir, a la eventualidad de un mundo muchísimo más cruzado por enormes crisis y convulsiones sociales, grandes luchas obreras y de masas, eventualmente más guerras y, porque no, ¡nuevas revoluciones socialistas en el siglo XXI!

Estamos ante las puertas de un nuevo período histórico donde es posible que se dé la reapertura, luego de varias décadas, de la lucha por la revolución socialista; tarea que puede recobrar hoy renovada actualidad, jalonada por la dramática crisis del capitalismo en el centro mismo del sistema mundial.

Pero acabar con el capitalismo no va a ser cosa fácil.

Se trata del mayor desafío que tiene por delante la humanidad, algo nada sencillo de resolver.

Ya mismo los capitalistas están apelando a dos tipos de mecanismos para desviar la responsabilidad por la crisis del sistema capitalista como tal, descargando, a la vez, todo el peso de la crisis sobre los hombros de la clase obrera mundial.

La asunción de Obama como presidente en los EEUU es un buen ejemplo de esto. ¿Qué es lo que se busca con la elección del primer presidente negro en la historia de ese país hiperracista? Se busca desviar la atención dando la impresión de que si a EEUU lo gobierna un presidente de color, ya no se trataría del principal país imperialista, garante de las relaciones de explotación y opresión a escala mundial. 

También se busca, claro está, en los propios EEUU, hacer pasar durísimas medidas antiobreras y antipopulares bajo el manto de legitimidad que otorga la apariencia de que, si lo hace un representante de una “minoría racial”... sería porque “no hay otra alternativa”...

Pero esto es absolutamente falso: la elección de un presidente negro y la figura de Obama son otros de los tantos mecanismos tramposos, de las tantas “mediaciones” que se inventa, de tanto en tanto el sistema capitalista, para desviar el repudio, la bronca y el justo odio que sienten las masas populares en este sistema capitalista de explotación y opresión.

Porque la realidad es que detrás de los renovados cantos de sirena, de la mano de Obama viene el intento -haciendo ajustes al neoliberalismo capitalista aquí y allá- de descargar todo el peso de la crisis sobre la clase trabajadora mundial.

Esto es lo que ya está ocurriendo en todos los países del globo. ¡Lo que se esta viviendo es una verdadera ola mundial de destrucción del empleo!

Es decir, ¡los capitalistas están optando por suspender y echar masivamente de sus puestos de trabajo a millones y millones de trabajadores, cuando se podría reducir la jornada laboral y evitar dejarlos en las calles!

Pero esta reducción de la jornada laboral (además de otras medidas que afecten las ganancias y la propiedad de los capitalistas) desde ya que jamás las pondrán en marcha los mismos capitalistas voluntariamente: ¡no vaya a ser cosa que, mundialmente, los trabajadores descubran que trabajando 8 ó 6 horas se pueda vivir!

No señor, el grito de guerra del capital es claro:

¡Los que siguen trabajando deben hacerlo como esclavos, y, los demás, a la calle sin compasión!

Porque los capitalistas de ninguna manera quieren perder su gran “conquista” de los últimos 20 ó 30 años: ¡haber vuelto a imponerle a la clase obrera mundial condiciones de trabajo esclavas, propias del siglo XIX!

Es por esto mismo es que, de la mano de Obama, no habrá ninguna vuelta a un “Estado benefactor” como el que imperó a lo largo de algunas décadas en la segunda mitad del siglo XX.

Salvo, claro está, que le sean impuestas concesiones y reformas como subproducto de luchas revolucionarias de las masas trabajadoras, lo que para nada está descartado del horizonte.

Pero la política hoy de los Estados capitalistas mancomunados y los empresarios no es esa: es dejar en la calle a todos los trabajadores que haya que dejar, para que sea la clase obrera mundial la que pague los costos del reestablecimiento de las ganancias empresarias y se logre salir así de la crisis.

Pero esta es una parte de la crisis.

La crisis ya tiene un efecto material muy claro: es un mazazo permanente sobre las condiciones de vida y conciencia de las más amplias masas en el ámbito mundial.

Una crisis que pone en riesgo el empleo, la vivienda, las jubilaciones e incluso, eventualmente, el poder comer, no tiene menos que afectar la vida cotidiana de millones y millones de explotados y oprimidos.

Y estos millones y millones, al ser arrojados fuera de los canales habituales de la vida, serán obligados a reaccionar.

Se trata de eso: de un casi inevitable efecto de “acción” y “reacción”.

Ya hemos señalado cómo la receta capitalista para la crisis significa un ataque masivo a las condiciones de trabajo y de vida de las más amplias masas.

En lo inmediato, es un hecho cierto que las luchas obreras y populares recién comienzan a despuntar. Esto está desconcertando a muchos compañeros, grupos, partidos e intelectuales “marxistas”.

Sin embargo no hay que impresionarse.

Compañeros, siempre a la clase trabajadora le ha costado responder a una ofensiva de despidos masiva. Todo un primer momento se lo lleva el “asimilar” el golpe.

Por ejemplo, cuando la famosa crisis de los años ’30, a la clase obrera yanqui le llevó casi 4 años  ponerse de pie y comenzar a luchar.

Pero, cuando lo hizo, lo realizó apelando a métodos revolucionarios: piquetes de huelga, comités de autodefensa, ocupaciones de fábrica, apaleando a los carneros.

Ante la magnitud inédita de la crisis, compañeros, casi inevitablemente, más temprano que tarde, va venir una oleada de luchas obreras y de masas en los cuatro puntos cardinales del globo.

Y esto ya podría estar comenzando a ocurrir.

Sólo basta ver la explosión obrera, popular y juvenil que está en curso, en estos mismos momentos, en Grecia.

O las movilizaciones masivas estudiantiles en Italia sólo semanas atrás.

O la lucha de los obreros de la Nissan y Pirelli en Barcelona.

Aunque tome su tiempo, frente a un ataque de la magnitud como el que se está viviendo, para lo que tenemos que prepararnos, es para una tremenda reacción de masas. La clase obrera no va a ir mansamente al matadero.

Esta reacción obrera, aunque sea desigual de región a región, y de país a país, casi inevitablemente tendrá una impronta revolucionaria. Porque puede poner en riesgo la estabilidad social y política capitalista, no ya en la periferia del mundo, sino en su centro mismo.

¡Por ejemplo: ahora mismo es noticia mundial que sacudió a toda la sociedad yanqui, la ocupación de una planta metalúrgica en los mismísimos EEUU, algo que no se veía en ese país desde los años ’30 del siglo pasado!

Compañeros, tenemos que tener perspectivas claras.

La lucha contra la masacre mundial del empleo, debe ir combinada con otra tarea de más amplias miras.

Como decíamos al principio de esta intervención, no estamos ante una crisis más: se está viviendo la crisis más dramática del capitalismo en décadas.

Una crisis del capitalismo que, de tan grave, no puede menos que afectar el prestigio y la legitimidad del sistema que había aparecido como “triunfador” en las últimas décadas.

Pero la novedad es que ahora, el mismísimo sistema capitalista es el que está sumido en una profundísima crisis. Crisis de la cual no puede echarle la culpa a nadie.

Y sin embargo, el capitalismo nunca se morirá de muerte natural, esto lo decimos categóricamente.

No existe tal “catastrofismo”, tal crisis definitiva, que nos permita sentarnos, pasivamente, a ver pasar el cadáver del capitalismo.

Ya Carlos Marx, el fundador de la tradición socialista, en el famoso “Manifiesto Comunista” hace más de 150 años, había señalado que para acabar con el capitalismo hacía falta la acción consciente del sujeto que está llamado a enterrarlo: la clase obrera mundial.

La caída del Muro de Berlín, 20 años atrás, dio lugar, (salvo en Cuba), al retorno del capitalismo en el tercio del mundo donde había sido expropiado.

Pero al mismo tiempo, liberó a las masas trabajadoras del chaleco de fuerzas del más fuerte aparato contrarrevolucionario que haya existido en la historia: el estalinismo.

Esto, sumado a la brutal crisis económica capitalista de hoy, podría reabrir las condiciones para nuevas revoluciones socialistas como hace décadas que no están en el orden del día.

Revolución socialista que no tiene nada que ver con la prédica de un Chávez, un Morales o un Correa acerca del “Socialismo del siglo XXI”.

Estos discursos, que tienen matices reales con respecto al neoliberalismo de los últimos 20 años, en realidad, lo que buscan, no es acabar con el capitalismo, su objetivo es la utopía reaccionaria de sostener otro tipo de capitalismo, con un supuesto “rostro más humano”.

Es justamente porque defienden un capitalismo humano, pero capitalismo al fin de cuentas, que estos gobiernos sólo alcanzaron a paliar, pero no a resolver, las más profundas lacras del capitalismo, lacras como el desempleo de masas que sigue campeando en Venezuela; o las dramáticas condiciones de pobreza a las que siguen sometidas las masas populares en Bolivia.

Para acabar con estas lacras hace falta acabar con el capitalismo.

A eso apostamos desde el Nuevo MAS y la Corriente Socialismo o Barbarie Internacional.

Porque las corrientes que se definen como socialistas revolucionarias, tienen que apostar en la lucha estratégica y de cada día, precisamente a ese objetivo: impulsar, organizar y apoyar la lucha de la clase obrera y su vanguardia en la perspectiva de acabar con el capitalismo.

En la perspectiva del poder de la clase obrera.

En la perspectiva de nuevas revoluciones socialistas en este siglo que se inicia.

Finalizando, para estos objetivos queremos hacer un llamado internacionalista desde la Corriente SOB.

Se debería ir pensando en la realización de una Conferencia Internacional de corrientes socialistas revolucionarias para discutir un programa frente a la crisis y eventualmente la coordinación de acciones para cuando comiencen las grandes luchas de masas.

• ¡Muchas gracias compañeros!

• ¡Viva la lucha de la clase obrera mundial!

• ¡Viva la lucha por la revolución socialista!

• ¡Viva la construcción del Nuevo MAS!

• ¡Viva la corriente internacional Socialismo o Barbarie!