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Discurso
del compañero Martín González Bayón
“No estamos ante una
crisis más: se está viviendo
la crisis más dramática del
capitalismo en décadas”
“Este
hecho podría tener consecuencias muy profundas, históricas,
universales: este terremoto del capitalismo podría generar
que se reabra en la cabeza de millones y millones de
trabajadores la idea de que no estamos condenados a vivir
bajo este sistema de explotación; que es posible luchar por
otro sistema social, un sistema más justo: el
socialismo.”
Es un orgullo estar aquí
hablando ante todos ustedes: los compañeros de FATE, de
Pirelli, del Francés, los compañeros de la Corriente SOB
Internacional, los compañeros del FTC, en fin, los compañeros
del partido.
Hacemos
este Acto y Conferencia en condiciones en las que se ha
abierto una dramática crisis económica del capitalismo,
posiblemente la más grave en casi un siglo. No todos
los días ocurre un acontecimiento así. Un acontecimiento
que está llamado a afectar la vida cotidiana de millones
y millones de personas en todo el mundo.
Por
eso, este Acto y la Conferencia Internacional de nuestro
partido los concebimos como un evento de “anticipación”:
¡tratar de sacar todas las conclusiones que se
desprenden del hecho de esta crisis para poder actuar en
consecuencia!
Es que no se trata de una
crisis pasajera, de una crisis más. Se trata de una
verdadera crisis del capitalismo como sistema social,
de una crisis que expresa las contradicciones y disfunciones
profundas de un sistema económico y social que, basado en
la explotación de los seres humanos y la naturaleza, muestra
una tendencia creciente a preparar crisis cada vez más
graves, si es que los trabajadores, los explotados y los
oprimidos no terminan con él.
Hay algo más. Esta crisis
ocurre 20 años después de la caída del Muro de Berlín,
caída que había significado, supuestamente, el fin de la
lucha entre las clases, el “fin del socialismo”, el
triunfo histórico del capitalismo como “único y
eterno” sistema que organiza el funcionamiento de la vida
económica y social.
Pero lo que está
ocurriendo hoy, frente a los ojos de millones, es un
hecho de significado exactamente opuesto. El que se está
cayendo -en estos mismos momentos- es “el Muro del
capitalismo”, el Muro de Wall Street (la Bolsa de Comercio
yanqui),
¡el “santuario” del capitalismo mundial!
Este hecho podría tener
consecuencias muy profundas, históricas, universales: este terremoto del capitalismo podría generar que se reabra en
la cabeza de millones y millones de trabajadores la idea de
que no estamos condenados a vivir bajo este sistema de
explotación; que es posible luchar por otro sistema
social, un sistema más justo: el socialismo.
En síntesis: un
sistema realmente humano donde echemos al basurero de la
historia la explotación del hombre por el hombre.
Vayamos
por partes. Compañeros,
queremos destacar primero la profundidad de la crisis en
curso. Es como sí la economía del mundo hubiera detenido
su marcha.
Los principales países
del norte imperialista (EEUU, Europa y Japón) tendrán en
el 2009 un crecimiento nulo o directamente negativo.
En EEUU, el pasado mes de
octubre, se registraron
más de 500.000 despidos.
Si este índice se
multiplicara por los 12 meses de un año,
¡6.000.000 de
trabajadores podrían quedar en la calle! …
En España se habla que en
2009 el índice de desempleo podría llegar al 19% de la
población activa...
Es decir,
¡un
porcentaje semejante al que se registró aquí en plena
crisis del 2001 pero ahora en el centro mismo de Europa!...
Yéndonos al extremo
Oriente, está el caso de China. En ese modelo de
crecimiento capitalista de las últimas dos décadas: ¡millones
de jóvenes obreros están volviendo en masa al campo al
quedarse sin trabajo en las ciudades!
Esto podría llevar a
tensiones sociales explosivas en el país más habitado del
mundo.
Es decir, lo que comenzó
como una dramática caída de los “mercados”, con
desplomes diarios de las bolsas mundiales, y luego se
trasladó a los más grandes bancos del mundo (que
amenazaron con quebrar masivamente), ha llegado ya, y en
todo el mundo, a lo que se denomina la economía real,
expresándose bajo la forma de una
inmensa ola de
suspensiones, despidos e incluso cierre de empresas a escala
mundial.
En estas condiciones, cada
vez más analistas asemejan esta crisis con la de los años
’30 del siglo XX, la más grave crisis económica que
sufrió el capitalismo en su historia.
Y no parecen estar tan
errados realmente.
En todo caso, hay algo que
a estas alturas sí está clarísimo: esta es la crisis más
dramática que ha generado la economía capitalista en décadas
y décadas.
Una crisis que, por su
profundidad, está llamada a afectar, y ya lo está
haciendo, todos los “equilibrios” mundiales.
Es una crisis
que abre una nueva situación mundial.
Dicho de otra manera: ¡el
mundo en el que
nos “acostumbramos” a vivir en los últimos
10, 20, 30 o aun 50 años podría estar cambiando dramáticamente!
Una caída tan aguda de la
economía mundial no puede menos que afectar todas las
demás esferas de la vida: nada podrá ser igual a como
era antes.
Porque hay que tener en
cuenta que sin economía, sin asegurar condiciones mínimas
para la reproducción social, todo lo demás no puede
funcionar.
Esto es lo que está
ocurriendo:
¡está tan “trabado” el funcionamiento
de la economía que no podría dejar de tener consecuencias,
hasta en el último rincón del globo terráqueo!
La palabra, compañeros,
es la de “equilibrios”. La crisis, al ser tan
profunda, apunta a afectar todos los equilibrios, todas
las “normalidades”, alrededor de las cuales ha estado
organizado el funcionamiento del mundo en las últimas décadas.
Una normalidad es que en
el norte del mundo, en los países imperialistas, la tasa de
desempleo habitualmente es relativamente baja.
Pero ahora, con la crisis,
la tasa de desempleo apunta a dispararse a las nubes, con lo
cual inmensas convulsiones sociales están puestas al
orden del día (como ya parece estar ocurriendo en Grecia).
Otro ejemplo: EEUU ha
venido cumpliendo -en los últimos 50 años- el papel de
policía del mundo. ¿Qué va a pasar ahora con este
“policía”, cuando todo el mundo sabe que está
empantanado en los “bárbaros” y “atrasados” países
de Irak y Afganistán, al mismo tiempo que su economía
muestra una tremenda bancarrota frente a los ojos del mundo?
Y otro elemento más: en
las últimas décadas nos hemos “acostumbrado” a que las
grandes luchas sociales y obreras sólo ocurrían en los países
de la “periferia” del mundo, los países
“atrasados”. ¿Qué impacto tendría hoy si en países
centrales del mundo -como los mismísimos EEUU, Europa, Japón
o China-
se desencadenaran grandes luchas sociales?
El impacto sería
tremendo:
¡imagínense un corte de ruta en Berlín, París
o Londres, o una ocupación de fábrica, como ya está
ocurriendo en estos últimos días en Chicago, transmitida
en vivo y en directo por la CNN!
Es a esta ruptura, este
quiebre de los equilibrios a los que estaba acostumbrado
el mundo, a lo que llamamos una nueva situación mundial.
Es decir,
a la
eventualidad de un mundo muchísimo más cruzado por enormes
crisis y convulsiones sociales, grandes luchas obreras y de
masas, eventualmente más guerras y, porque no, ¡nuevas
revoluciones socialistas en el siglo XXI!
Estamos ante las puertas
de un nuevo período histórico donde es posible que se dé
la reapertura, luego de varias décadas, de la lucha por
la revolución socialista; tarea que puede recobrar hoy renovada
actualidad,
jalonada por la dramática crisis del capitalismo en el centro mismo del sistema mundial.
Pero acabar con el
capitalismo no va a ser cosa fácil.
Se trata del mayor desafío
que tiene por delante la humanidad, algo nada sencillo de
resolver.
Ya mismo los capitalistas
están apelando a dos tipos de mecanismos para desviar
la responsabilidad por la crisis del sistema capitalista
como tal, descargando, a la vez,
todo el peso de la
crisis sobre los hombros de la clase obrera mundial.
La asunción de Obama como
presidente en los EEUU es un buen ejemplo de esto. ¿Qué es
lo que se busca con la elección del primer presidente negro
en la historia de ese país hiperracista? Se busca desviar
la atención dando la impresión de que si a EEUU lo
gobierna un presidente de color, ya no se trataría del
principal país imperialista,
garante de las relaciones
de explotación y opresión a escala mundial.
También se busca, claro
está, en los propios EEUU, hacer pasar durísimas
medidas antiobreras y antipopulares bajo el manto de
legitimidad que otorga la apariencia de que, si lo hace un
representante de una “minoría racial”... sería porque
“no
hay otra alternativa”...
Pero esto es absolutamente
falso: la elección de un presidente negro y la figura de
Obama son otros de los tantos mecanismos tramposos,
de las tantas “mediaciones” que se inventa, de tanto en
tanto el sistema capitalista, para
desviar el repudio, la
bronca y el justo odio que sienten las masas populares en
este sistema capitalista de explotación y opresión.
Porque
la realidad es que detrás de los renovados cantos de
sirena, de la mano de Obama viene el intento -haciendo
ajustes al neoliberalismo capitalista aquí y allá- de descargar
todo el peso de la crisis sobre la clase trabajadora mundial.
Esto
es lo que ya está ocurriendo en todos los países del
globo. ¡Lo que se esta viviendo es una verdadera ola
mundial de destrucción del empleo!
Es decir, ¡los
capitalistas están optando por suspender y echar
masivamente de sus puestos de trabajo a millones y millones
de trabajadores,
cuando se podría reducir la jornada
laboral y evitar dejarlos en las calles!
Pero esta reducción de la
jornada laboral (además de otras medidas que afecten las
ganancias y la propiedad de los capitalistas) desde ya que
jamás las pondrán en marcha los mismos capitalistas
voluntariamente: ¡no vaya a ser cosa que, mundialmente,
los trabajadores descubran que trabajando 8 ó 6 horas se
pueda vivir!
No señor, el grito de
guerra del capital es claro:
¡Los
que siguen trabajando deben hacerlo como esclavos, y, los
demás, a la calle sin compasión!
Porque los capitalistas de
ninguna manera quieren perder su gran “conquista” de los
últimos 20 ó 30 años:
¡haber vuelto a imponerle a la
clase obrera mundial condiciones de trabajo esclavas,
propias del siglo XIX!
Es por esto mismo es que,
de la mano de Obama, no habrá ninguna vuelta a un
“Estado benefactor” como el que imperó a lo largo
de algunas décadas en la segunda mitad del siglo XX.
Salvo, claro está, que le
sean impuestas concesiones y reformas
como subproducto de
luchas revolucionarias de las masas trabajadoras, lo que
para nada está descartado del horizonte.
Pero la política hoy de
los Estados capitalistas mancomunados y los empresarios no
es esa: es dejar en la calle a todos los trabajadores que
haya que dejar, para que sea la clase obrera mundial la que
pague los costos del reestablecimiento de las ganancias
empresarias y se logre salir así de la crisis.
Pero esta es una parte de
la crisis.
La crisis ya tiene un
efecto material muy claro: es un mazazo permanente sobre
las condiciones de vida y conciencia de las más amplias
masas en el ámbito mundial.
Una crisis que pone en riesgo
el empleo, la vivienda, las jubilaciones e incluso,
eventualmente, el poder comer, no tiene menos que afectar
la vida cotidiana de millones y millones de explotados y
oprimidos.
Y estos millones y
millones, al ser arrojados fuera de los canales habituales
de la vida, serán obligados a reaccionar.
Se trata de eso:
de un
casi inevitable efecto de “acción” y “reacción”.
Ya hemos señalado cómo
la receta capitalista para la crisis significa un ataque
masivo a las condiciones de trabajo y de vida de las más
amplias masas.
En lo inmediato, es un
hecho cierto que las luchas obreras y populares recién
comienzan a despuntar. Esto está desconcertando
a muchos compañeros, grupos, partidos e intelectuales
“marxistas”.
Sin embargo no hay que
impresionarse.
Compañeros, siempre a
la clase trabajadora le ha costado responder a una ofensiva
de despidos masiva. Todo un primer momento se lo lleva
el
“asimilar” el golpe.
Por ejemplo, cuando la
famosa crisis de los años ’30, a la clase obrera yanqui
le llevó casi 4 años
ponerse de pie y comenzar a luchar.
Pero, cuando lo hizo, lo
realizó apelando a métodos revolucionarios:
piquetes de
huelga, comités de autodefensa, ocupaciones de fábrica,
apaleando a los carneros.
Ante la magnitud inédita
de la crisis, compañeros, casi inevitablemente, más
temprano que tarde,
va venir una oleada de luchas obreras
y de masas en los cuatro puntos cardinales del globo.
Y esto ya podría estar
comenzando a ocurrir.
Sólo basta ver la explosión
obrera, popular y juvenil que está en curso, en estos
mismos momentos, en Grecia.
O las movilizaciones
masivas estudiantiles en Italia sólo semanas atrás.
O la lucha de los obreros
de la Nissan y Pirelli en Barcelona.
Aunque tome su tiempo,
frente a un ataque de la magnitud como el que se está
viviendo, para lo que tenemos que prepararnos, es para una
tremenda reacción de masas.
La
clase obrera no va a ir mansamente al matadero.
Esta reacción obrera,
aunque sea desigual de región a región, y de país a país,
casi inevitablemente tendrá una impronta revolucionaria. Porque
puede poner en riesgo la estabilidad social y política
capitalista, no ya en la periferia del mundo, sino en su
centro mismo.
¡Por
ejemplo: ahora mismo es noticia mundial que sacudió a toda
la sociedad yanqui, la ocupación de una planta metalúrgica
en los mismísimos EEUU, algo que no se veía en ese país
desde los años ’30 del siglo pasado!
Compañeros, tenemos que
tener perspectivas claras.
La lucha contra la masacre
mundial del empleo, debe ir combinada con otra tarea de más
amplias miras.
Como decíamos al
principio de esta intervención, no estamos ante una crisis
más: se está viviendo la crisis más dramática del
capitalismo en décadas.
Una
crisis del capitalismo que, de tan grave, no puede menos que
afectar el prestigio y la legitimidad del sistema que había
aparecido como “triunfador” en las últimas décadas.
Pero la novedad es que
ahora, el mismísimo sistema capitalista es el que está
sumido
en una profundísima crisis. Crisis de la cual no puede
echarle la culpa a nadie.
Y sin embargo, el
capitalismo nunca se morirá de muerte natural, esto lo
decimos categóricamente.
No
existe tal “catastrofismo”, tal crisis definitiva, que
nos permita sentarnos, pasivamente, a ver pasar el cadáver
del capitalismo.
Ya Carlos Marx, el
fundador de la tradición socialista, en el famoso “Manifiesto
Comunista” hace más de 150 años,
había señalado
que para acabar con el capitalismo hacía falta la acción
consciente del sujeto que está llamado a enterrarlo: la
clase obrera mundial.
La caída del Muro de Berlín,
20 años atrás, dio lugar, (salvo en Cuba), al retorno del
capitalismo en el tercio del mundo donde había sido
expropiado.
Pero al mismo tiempo,
liberó a las masas trabajadoras del chaleco de fuerzas del
más fuerte aparato contrarrevolucionario que haya existido
en la historia: el estalinismo.
Esto, sumado a la brutal
crisis económica capitalista de hoy, podría
reabrir las
condiciones para nuevas revoluciones socialistas como hace décadas
que no están en el orden del día.
Revolución socialista que
no tiene nada que ver con la prédica de un Chávez, un
Morales o un Correa acerca del “Socialismo del siglo
XXI”.
Estos discursos, que
tienen matices reales con respecto al neoliberalismo de los
últimos 20 años, en realidad, lo que buscan, no es acabar
con el capitalismo, su objetivo es la utopía reaccionaria
de sostener otro tipo de capitalismo, con un supuesto
“rostro más humano”.
Es
justamente porque defienden un capitalismo humano, pero
capitalismo al fin de cuentas, que estos gobiernos sólo
alcanzaron a paliar, pero no a resolver, las más profundas
lacras del capitalismo, lacras como el desempleo de masas
que sigue campeando en Venezuela; o las dramáticas
condiciones de pobreza a las que siguen sometidas las masas
populares en Bolivia.
Para acabar con estas
lacras hace falta acabar con el capitalismo.
A eso apostamos desde el
Nuevo MAS y la Corriente Socialismo o Barbarie
Internacional.
Porque las corrientes que
se definen como socialistas revolucionarias, tienen que
apostar en la lucha estratégica y de cada día,
precisamente a ese objetivo: impulsar, organizar y apoyar
la lucha de la clase obrera y su vanguardia en la
perspectiva de acabar con el capitalismo.
En la perspectiva del
poder de la clase obrera.
En la perspectiva de
nuevas revoluciones socialistas en este siglo que se inicia.
Finalizando,
para estos objetivos queremos hacer un llamado
internacionalista desde la Corriente SOB.
Se
debería ir pensando en la realización de una Conferencia
Internacional de corrientes socialistas revolucionarias para
discutir un programa frente a la crisis y eventualmente la
coordinación de acciones para cuando comiencen las grandes
luchas de masas.
•
¡Muchas gracias compañeros!
•
¡Viva la lucha de la
clase obrera mundial!
•
¡Viva la lucha por la
revolución socialista!
•
¡Viva la construcción
del Nuevo MAS!
•
¡Viva la corriente
internacional Socialismo o Barbarie!
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