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Cerró el acto el compañero Héctor “Chino” Héberling
“Deben ser los capitalistas los que
paguen
la
cuenta de la crisis”
Como
todos saben, el año político nacional estuvo atravesado
por la pelea campo-gobierno K. centrada en la disputa por
los ingresos extraordinarios de las exportaciones agrarias.
(...) Durante el año también hubo un segundo proceso, más
“subterráneo” y molecular, pero no por eso de menor
importancia. Se trató de una verdadera “guerra de
guerrillas” del gobierno, los empresarios y la burocracia
sindical contra las posiciones sindicales independientes
logradas por la izquierda entre sectores del movimiento
obrero.
En
este sentido, el año también fue difícil, en la medida
que la mayoría de estas peleas de la vanguardia se saldaron
con derrotas, en algunos casos durísimas por ejemplo, el
caso de los chicos del Casino Buenos Aires que aunque
desplegaron una heroica y valiente lucha quedaron en la
calle los delegados, activistas y cientos de compañeros.
En
este marco, no creemos equivocarnos si señalamos que en el
año que está terminando la lucha de los compañeros de
Fate, de Pirelli, de la Marrón y del Neumático
estuvo
entre las más importantes, especialmente porque se dio en
el seno de una de las principales concentraciones de la
clase obrera industrial del país.
Si
bien esta pelea también terminó en derrota, sobre todo
porque pasaron los 200 despidos, sin embargo, y al mismo
tiempo, para nada se ha tratado de una derrota catastrófica.
La nueva generación de luchadores obreros encarnada en la
Marrón en y los jóvenes dirigentes y militantes obreros
del partido aquí presentes siguen en sus puestos de
combate. Al mismo tiempo, no es algo menor el que hayan
pasado por el necesario aprendizaje que ha significado esta
dura pelea: una verdadera escuela de lucha de clases.
Respecto de los compañeros que han quedado afuera, algunos
de ellos, tenemos el orgullo de decirlo, han ingresado a
nuestro partido. Es decir, más allá del balance
inmediato y coyuntural de la lucha, se sumaron toneladas
de experiencia.
(...) Pero como decíamos al comienzo
de este discurso, la crisis ya llegó y podrían cambiar
todas las tendencias políticas tal cual se han venido
manifestando hasta el momento. (...) Porque la crisis ya
está impactando en los trabajadores bajo la forma de una
verdadera oleada de reducción de horas extras, vacaciones
adelantadas, suspensiones y despidos.
Porque
la receta de los capitalistas, el gobierno K y los
dirigentes sindicales es que seamos los trabajadores los
que paguemos la cuenta de la crisis. (...)
El problema del trabajo es hoy como el
primer problema político de la clase obrera del país. En estas condiciones, la
primera tarea planteada es comenzar a discutir en la
vanguardia obrera con qué programa enfrentar la actual
oleada de despidos y suspensiones.
Porque
el programa de la clase obrera frente a la crisis debe ser
opuesto al de los de arriba: deben ser los capitalistas
los que a costa de sus inmensas ganancias paguen la cuenta
de la crisis. Las suspensiones y despidos deberían ser prohibidos.
Claro
que esto difícilmente lo decrete el gobierno K o lo vote el
Congreso Nacional. Hay que imponer en los hechos este
reclamo elemental con la lucha. Porque lo que se debe
hacer no es suspender ni despedir trabajadores. Por el
contrario, se debe efectivizar a todos los
contratados y reducir la jornada laboral a 6 horas con
igual salario. (...)
Si
aducen procedimientos de crisis, hay que acabar con el
secreto empresario: ¡que se abran los libros de la
contabilidad para que todos los trabajadores sepamos acerca
de las cuentas de los patrones!
Hay
que impulsar la expropiación bajo control de los
trabajadores de toda empresa que suspenda o despida
masivamente. (...) Al hacer esto, para evitar los
fraudes y vaciamientos tan usuales en los estados
capitalistas, hay que imponer que la producción se ponga
bajo administración y control de los trabajadores.
(...)
Este conjunto de medidas tiene un lógica de hierro:
preservar las filas de la clase obrera, hacer que los
capitalistas paguen la cuenta de la crisis, preparar las
condiciones para que los trabajadores se acostumbren a
planificar y, por qué no, a gobernar. (...) Un programa
que, a lo que apunta, es a la transformación socialista
de la sociedad.
Para
estos objetivos, los trabajadores deberán organizarse de
manera independiente de los burócratas sindicales para
llevar adelante un verdadero movimiento de lucha, que
sume la experiencia combativa de los movimientos de
desocupados, la vitalidad de la juventud estudiantil, para
impulsar medidas de lucha radicales como las ocupaciones de
fábrica, coordinaciones reales y efectivas, en la
perspectiva de tomar medidas nacionales como la huelga
general.
Está
planteado entonces comenzar a organizar la resistencia y las
luchas de los trabajadores propagandizando un programa
obrero y socialista frente a la crisis, y preparándose
para la eventualidad de inmensas convulsiones sociales.
(...)
Esto
plantea otro desafío: darle jerarquía a las tareas de educación
socialista en amplios sectores de la vanguardia obrera y
estudiantil, porque a
partir de ahora, el capitalismo, muy probablemente, se volverá
“mala palabra” para amplios sectores.
De desarrollarse estos procesos, podrían generarse las
condiciones para un nuevo salto en el proceso de
reorganización de los trabajadores, donde los sectores de
la izquierda independiente y revolucionaria logremos no ya sólo
defender las posiciones conquistadas años atrás, sino
ganar otras nuevas.
Esto
también está planteado en el terreno político. Es decir, debemos
aprovechar la crisis que está comenzando para redoblar los
esfuerzos para la construcción de nuestro partido, el Nuevo
MAS. (...) Ser más fuertes nos permitiría, también,
hacer valer con más fuerza nuestra política e iniciativas,
llevando adelante frentes únicos con otras corrientes que
tengan la posibilidad de impulsar en un sentido correcto,
experiencias de lucha y organización importantísimas, como
por ejemplo la que se está desarrollando alrededor de los
compañeros de Fate y la Marrón.
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