en el país, 16/11/10

 

 

 

 

 

 

Carta de crítica al artículo “El uso político de los muertos” (Página 12, 24/10/10)
acerca del asesinato de Mariano Ferreyra

Los amores -siempre fieles- de José Pablo Feinmann

Por Luis Mankid, 16/11/10

Los amores de Feinmann, contrariamente a aquéllos de los estudiantes que son flores de un día, persisten a lo largo del tiempo.

Desde fines de los sesenta, pasando por la revista Unidos en los ochenta (Chacho, Cafiero y tutti quanti) , hasta llegar a los fascículos y contratapas de Página 12 en el siglo XXI; el novelista/ensayista/guionista cinematográfico/divulgador de filosofía se mantuvo fiel a la adhesión al peronismo como doctrina y fundamentalmente como vehículo de una supuesta transformación social. Si Menem fue el peronismo malo, él y hoy los K encarnarían el peronismo bueno. Volveremos luego sobre esta dicotomía de cuño dostoieskiano utilizada por nuestro criticado.

Antes, una brevísima digresión histórica. Recordemos que las discusiones con intelectuales que adherían al peronismo desde la izquierda desde los cincuenta en adelante (Puiggros, Ortega Peña, Ramos, intelectuales a los cuales brillantemente Milcíades Peña bautizó como las cortesanas rojas del peronismo) era además una discusión con gran parte de la clase trabajadora que adhería a dicho movimiento. Lo que no le impidió a dicho sujeto social hacerle cientos de huelgas y quites de colaboración al peronismo del Congreso de la Productividad, como a Cámpora, el último Perón e Isabel. Como dijo Alejandro Horowicz, era un indicio "que la clase obrera empezaba a votar contra el peronismo".

Hoy la gran mayoría de la clase es escéptica políticamente. Es otra coyuntura o etapa histórica si queremos ser más abarcadores. Feinmann discute y expresa a una franja progre que cree - como él - que hay que apoyar al mal menor y que a la izquierda de los K no hay nadie... o si los hay expresan una estrategia política que él confunde a sabiendas. Ya veremos cómo.

En estos días los escribas K se sacaron chispas para despegar al gobierno de las patotas

Horacio Verbistky llegó a escribir (algo que de no ser trágico sonaría a chiste de gallegos, con perdón de los ibéricos) que "la gente de Pedraza tiene métodos distintos a la gente de Moyano". José Natanson que se anima con una historia del sindicalismo intenta hacer algo parecido y ubica al moyanismo y al MTA como vanguardia en la lucha antimenemista de la década del 90. Que a partir de esa década sindicalistas como los nombrados, mutaron también a empresarios, posiciones que consolidaron en este siglo, pareciera no importarles a los que escriben tan sesudos análisis políticos. En fin.

Atilio Borón y Eduardo Gruner, mucho más formados y con cierto espíritu crítico del que aquéllos carecen, le piden al gobierno que se dé cuenta que tener de aliados a personajes tan antipáticos como la dirigencia sindical es como "dormir con el enemigo" y le ruegan clamorosamente que los abandone. También de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno.

Pero será Feinmann quien mejor ilustre al intelectual K

El tipo es coherente. De amores que persisten en el tiempo. Ya con anterioridad al conflicto con las patronales del campo y cuando aun no existía Carta abierta, se deshacía en elogios hacia Kirchner primero y sobremanera hacia Cristina después. Las justificaciones envueltas en populismo, fanonismo y aportes del post marxista Laclau, conformaban su arsenal retórico para aquella ímproba tarea.[1]

Dejaremos a un lado sus comentarios sobre el fallecimiento de Kirchner y los consejos “de viejo Vizcacha” que le impartía al disminuido elenco gobernante (“vamos negro Zanini con tu capacidad, se puede”, “fuerza Aníbal, el político con más humor de la Argentina desde Jauretche para acá”, etc) para centrarnos en lo que escribió a propósito del asesinato de Mariano Ferreira.[2]

Esa “piedrita en el zapato” que resultó el cobarde asesinato de Mariano, sirvió para que el intelectual K intentase tres cosas que van de la mano: 1) despegar al gobierno de tan vandálico hecho, 2) revalidar los supuestos logros progresistas del kirchnerismo y 3) mediante amalgamas y falsedades denostar a la izquierda revolucionaria.

Para tamaño propósito, se vale de una analogía con lo acaecido en los EEUU. Recuerda lo señalado por un periodista yanqui y dice: “sobre Obama (este periodista señaló): ‘Ha hecho muy poco de lo que se esperaba de él’. Y otra sobre los republicanos: ‘Son basura o peor que eso: torturadores’. De esas dos frases –ya que las elecciones están cercanas– quiere sacar una conclusión: ‘No es lo mismo alguien que te decepciona que un enemigo mortal.”

Si uno compra la premisa mayor de su razonamiento, ya está mordiéndose la cola en el círculo que él le propone. En USA hay dos partidos (jamás pensar en propagandizar o agitar para que haya un tercero, independiente de ambas agrupaciones burguesas): el demócrata que es el mal menor y lamentablemente, te provoca decepciones (o tragada de sapos). Clarito. Sólo con otra matriz de pensamiento, aquella que entiende que la política mediatiza la economía, pero que en definitiva los partidos tradicionales (que tienen matices distintos, aunque esto sea mucho menos evidente hoy que hace 50 años y que responden a sectores de la burguesía y por ende como administradores del estado burgués); puede uno no sentirse decepcionado ya que comprende que nada se puede esperar de ellos en el terreno de las transformaciones radicales y hoy también, incluso nada de las reformas estilo primer peronismo.[3]

Continúa:

“Hubo siempre en la Argentina una izquierda que desconoció esta verdad. La Proclama que el ERP lanza ante la llegada de Cámpora al poder es reveladora: como Cámpora no hará la Reforma Agraria, no expropiará a las empresas monopólicas ni disolverá el poder de las Fuerzas Armadas, Cámpora es tan burgués como Lanusse. Al ERP no le importaban las coyunturas políticas.”

La admonición que inaugura el párrafo es falsa de toda falsedad. La izquierda - sacando a la zurda gorila como el PS y el PC u hoy el MST - se divide según él en aquella que adhirió o se travistió de peronismo (él) y la que escogió la herencia guevarista como el PRT y su brazo armado el ERP. Claro está que la cosa no culmina allí. Para hacerlo más trágico aún, el pibe asesinado que da pie al artículo pertenecía a una franja de la izquierda que no se puede (a no ser que uno para nada inocentemente utilice el método de la amalgama) identificarla ni con el stalinismo gorila, ni con el foquismo de Santucho.

Feinmann ignora a sabiendas, que existe una izquierda que luchó contra el golpe gorila del 55, que pidió por el levantamiento de la proscripción del peronismo durante la resistencia y que estuvo en la calle contra Rico en 1987. Otra vez, si uno "compra" la premisa inicial, todo lo demás es deducción pura... y berreta. Pero aguardemos que aun no vino lo mejor...

Oigámoslo:

“Ahora ha sido asesinado el joven Mariano Ferreyra. Lo mataron las patotas de la Unión Ferroviaria…. Aquí, la patota sindical se siente autorizada. Porque ella se sabe parte del Estado, del poder sindical, una herramienta suya que se aplica en circunstancias violentas. ‘Si los zurdos joden, aquí estamos nosotros’. En 1975, en Villa Constitución, una ejemplar huelga obrera de cariz socialista (que rechazó indignada un operativo miliciano montonero que quiso meterse en esa historia que no le pertenecía y los rajaron a los palos y a las puteadas) fue bestialmente reprimida por la acción conjunta de la Triple A y las huestes de Lorenzo Miguel. Se sentían parte del poder, lo eran.”

Todo lo anteriormente narrado sucedió bajo un gobierno peronista con el cual Feinmann no rompió en aquellos agitados días. La represión selectiva ya había empezado en la primavera camporista (se desalentó y persiguió la ola de ocupaciones de fábrica post devotazo) y ni que hablar luego con Lastiri, el propio Perón e Isabel. Paradójicamente será el propio Feinmann quien documente esto en sus fascículos (hoy ya libro) sobre el peronismo.

Además no olvidemos que los gobiernos y los regímenes también están condicionados por las relaciones de fuerza entre las clases. Eso explica la mayor permisividad del interregno camporista que la represión desnuda posterior, como en otra perspectiva sucederá con el gobierno K, hijo del “que se vayan todos” del 2001 y de la masiva respuesta callejera por el asesinato de Kosteki/Santillán, provocando que Duhalde no pudiese continuar y opte por un pollo suyo: el santacruceño.

Claro está que para Feinmann hay patotas buenas y hay patotas malas. Hay patotas con mayor llegada al gobierno y patotas que no tienen absolutamente ninguna relación con el estado… burgués. No nos extraña que el autor de dicho razonamiento cite a menudo – y no para denostarla – aquella admonición nietzscheciana de no hay hechos sino interpretaciones. Sin ponerse colorado, escribe:

“Esta patota, la que asesinó a Mariano Ferreyra, no es parte del poder, ni mucho menos del Estado. Ha sido, en principio, enardecida por los medios que hoy se rasgan las vestiduras por la muerte del joven militante del PO. Luego pertenece a un sector de los ferroviarios. De esos sectores que deben ser urgentemente depurados. Pero, ¿alguien cree que esa depuración es fácil? ¿Alguien cree que la van a realizar los que hoy le tiran el cadáver al Gobierno, como Eduardo Duhalde, por ejemplo? Duhalde es la antidepuración del Aparato. Porque es el Aparato. De Narváez es el Aparato. Y los demás son oportunistas.”

Es entendible luego de leer esto, saber por qué el autor de dicho “razonamiento” no escribió jamás una sola línea condenando las patoteadas que sufrieron los laburantes del Casino del empresario “nacional y popular” Cristóbal López, o de los aprietes varios de los muchachos de Moyano para todo aquel que ose sacar los pies del plato del emporio sindical/hereditario que posee (sin querernos acordar que el gran Hugo participó activamente en la regional marplatense de la CGT hacia 1975 cuando ésta chupaba activistas casi a diario) o de la patota de la UTA irrumpiendo sobre los compañeros de subte en donde no hubo un muerto por casualidad.

El resto es bien propio de los editoriales de 6 7 8. Duhalde es el aparato. Moyano, la juventud sindical, los intendentes y gobernadores disciplinados por la caja del gobierno no son aparato. Nuevamente el polemista necesita de interlocutores que mantengan la mayor cantidad de tiempo posible la incapacidad para pensar. Ni hablar de la capacidad para recordar.

Pero su tarea de nueva cortesana roja del peronismo, no estaría completa sin demonizar a la izquierda revolucionaria.[4]

“El joven Mariano Ferreyra, si militaba en el PO lo hacía porque tenía la certeza de que todo es el Poder. Que no hay matices. Que no hay con quién dialogar. Que este Gobierno, que se propuso desde su inicio no reprimir, que fue brutalmente criticado por toda la clase media, por el alguna vez célebre Ingeniero Blumberg y sus velitas, al que se le pidió una y otra vez gatillo fácil, pena de muerte (recuérdese a casi toda la farándula clamando por la pena de muerte), no es lo mismo que el que lo sucederá si es derrotado.”

La izquierda revolucionaria sabe diferenciar los matices. El PO como una parte de ella ha participado de infinidad de marchas unitarias y en defensa de las libertades democráticas cuando éstas estuvieron amenazadas. La izquierda clasista no tiene una concepción aparatista o estatalista de la política y el poder. No cree ser "ella" como nomenclatura partidaria, la encargada de construir un nuevo tipo de estado, sino la clase trabajadora acaudillando a los sectores subalternos con sus respectivos organismos y partidos, a quienes les correspondería dicha tarea. Por eso vivió - y murió lamentablemente - un pibe como Mariano.

La izquierda revolucionaria, y entre ella el PO, no es foquista. Posee, como otras corrientes de la izquierda clasista, otro acervo que es (sin nombrar a Marx) el de Lenin y Trotsky. Autores y prácticas políticas que Feinmann o ignora olímpicamente (en el caso del segundo) o confunde a sabiendas en el caso del primero (para él Lenin junto a Guevara son los creadores de la “vanguardia iluminada”).

Y de allí entonces su necesario colorarlo:

“Salvo que Uds. todavía crean –como creía el Che en su Mensaje a la Tricontinental– que hay que hacer la guerra total porque, de este modo, acudiendo a la teoría de la hecatombe, la acción del enemigo “se hará más bestial todavía, pero se notarán los signos del decaimiento que asoma”. No, dudo que crean en eso. Pero sí incurren en la interpretación totalizadora del campo enemigo: todos son lo mismo. …Por decirlo claro, lo que sigue a esto es un enemigo mortal. Lo que tenemos es un gobierno que posiblemente nos haya decepcionado y nos decepcione, pero ante el cual se pueden plantear libremente las causas de esas decepciones. El que diga que a Mariano Ferreyra lo mató el Gobierno es un torpe.”

Una media verdad termina siendo una falsedad total. Es cierto que no fue línea del gobierno matar a Mariano, pero cuando Pedraza le informa a Schiavi que al día siguiente sus muchachos actuarán para impedir el corte en el Roca, el gobierno da vía libre y de alguna manera libera la zona (y como ya vimos antes no es la primera vez que actúan las patotas en este o en otros gremios). Pero también es de torpes (Feinmann dixit) buscar el chivo expiatorio de Duhalde para intentar despegarse de las patotas… malas.

Lo que sigue en su análisis es aun peor: Ferreyra era un ultra que se la buscó, a este gobierno le arrojaron un muerto porque jamás reprimió y entonces cerremos filas tras él, porque si no... el diluvio, el enemigo mortal.

Feinmann debería saber que la CORREPI tiene a disposición de quien quiera y sepa leer, la cantidad de presos por protestas sociales durante el kirchnerismo. La patota no debutó a fines de octubre en Avellaneda, tiene más de un caso de apriete y de función de policía bajo los K. De todas maneras y si bien ocurrió allá lejos y en el sur, con un gobierno de otro "signo" político, recordemos que a Fuentealba lo mataron durante el gobierno nacional de los K y hasta hoy hay más impunidad que otra cosa sobre ese vandálico hecho.

Luchemos para que con Mariano no pase lo mismo. Desde ya advertimos - sin contarnos entre los adeptos a la futurología - que el gobierno tratará de encubrir todo lo que pueda a esa putrefacta burocracia sindical que forma parte imprescindible de su estructura de poder. Para esa tarea, intelectuales y amores fieles como los que expresa Feinmann, resultan sin ningún tipo de duda, un severo y perverso obstáculo.


Notas:

1: Para una crítica de dichas posiciones, véase Mankid, Luis: Populismo, izquierda “teórica” e izquierda revolucionaria. SoB edición digital, Marzo 2010

2: Feinmann, José Pablo. Sobre el uso político de los muertos. Página 12 24/10/10

3: Para un excelente análisis de los “logros” económico sociales de los siete años de kirchernismo, ver Marcelo Yunes  Mitos y verdades de la economía K. SoB nro 191 11/11/10

4: Parece que esta prédica hizo escuela. Recientemente en el programa oficialista TVR, la invitada de turno – Hebe Bonafini – dijo con un dejo de fastidio “esa izquierda que le mete cosas raras en la cabeza a nuestros pibes”.