En el país, 28/03/08
 

 

 

 

 

 

Declaración del nuevo MAS

Hacen falta impuestos progresivos, defender los derechos de los asalariados rurales, la expropiación de los grandes propietarios agrarios y la unidad de los pequeños propietarios con los trabajadores y el pueblo

Ni con el gobierno K, ni con la Sociedad Rural

El paro del campo ha terminando abriendo una seria crisis política en el gobierno de Cristina Kirchner. Es, de lejos, la más importante desde que asumió. En las noches del martes 25/3 y miércoles 26/3 todo el mundo pudo ver los cacerolazos que ocurrieron en algunos barrios y ciudades del país en respuesta al primer discurso de CFK. En esta Capital, los realizados en Recoleta, Belgrano, Caballito y Olivos fueron los que marcaron el tono social conservador de los mismos. Si bien en otros casos –y en los mismos cortes de ruta del interior– la composición de los “caceroleros” es más contradictoria, no puede haber dudas que la reacción proviene, mayoritariamente, de sectores más o menos acomodados.

En estos momentos, luego del segundo discurso –este conciliador- de Cristina K, se está ensayando una “tregua”. No puede haber dudas que -casi inevitablemente- cualquier “acuerdo” al que se llegue impactará negativamente en el bolsillo y condiciones de vida de los trabajadores.

El gobierno K es el responsable

Sin embargo, el responsable político directo de toda esta situación no es otro que el propio gobierno K. Es que, en todos estos años, no ha movido un solo dedo para atacar el monopolio de la propiedad y la renta agraria en manos de los grandes pulpos del campo. Los grandes ganaderos y los dueños de los grandes tambos quieren más subsidios. Los poderosos del sector agrícola, como los monopolios de la soja, quieren regatear el porcentaje de las retenciones. Es una pelea entre tiburones: el gobierno y el sector agrícola más acomodado que está comandando una medida de fuerza que, por su programa, inevitablemente termina siendo reaccionaria. Lo que se disputa es el reparto de la renta agraria extraordinaria, más allá de que el gobierno pretenda aparecer como “el representante de la población afectada por la brutal escalada de los precios”.

La FAA nada tiene que hacer con la Sociedad Rural

En estas condiciones, los pequeños y medianos productores (como los de la Federación Agraria Argentina), han sido arrastrados por las organizaciones de esos grandes pulpos (como la Sociedad Rural) detrás de un programa (la disminución indiscriminada de las retenciones, entre otros puntos), que tendría consecuencias muy graves para los trabajadores y el pueblo. Se produciría un salto brutal en los precios de los alimentos de mayor consumo popular.

Este es el hecho: los pequeños y medianos productores están poniendo el número en los cortes, detrás de un programa que monopoliza la oligárquica Sociedad Rural.

¿Qué hace, entonces, una entidad como la Federación Agraria Argentina –que se reivindica de los pequeños y medianos productores–  a la rastra de los intereses de los grandes tiburones del campo? Es que de la mano de los grandes capitalistas, pools y terratenientes agrarios, no hay como defender un programa contra la “concentración de la tierra”. La FAA se ha equivocado de aliado. Por esa vía, en su lucha contra el gobierno K, va a un callejón sin salida.

Por el contrario, la FAA debería tender un puente hacia los sectores obreros y populares, rompiendo el desacertado frente único que mantiene con la SRA y la CRA, y que sólo favorece a ellas. 

El campo no es homogéneo

Claro que nada de esto quita las responsabilidades del gobierno K y su infame política agraria. La realidad es que ha dejado correr o, mejor dicho, ha alentado la concentración agraria, llevando a la ruina al pequeño productor y engordando más que nunca a los pulpos del “agronegocio”. Esta concentración cada vez mayor, hace que las retenciones indiscriminadas afecten de lleno al pequeño propietario, entregándolo atado de pies y manos a los grandes patrones del campo.

Es que, “paradójicamente”, el gobierno K –como en otros terrenos de la economía nacional– venía siendo en el campo el representante político de grandes capitalistas. En este caso, de grandes empresarios agrarios sojeros como los Grobocopatel. Estos monopolistas sojeros eran conocidos por su afinidad con el gobierno K (e, incluso, con Hugo Chávez en Venezuela), aunque ahora el aumento de las retenciones acabó con esa prolongada luna de miel.

Por eso, y siguiendo una lógica de clase clásica en este tipo de gobiernos “progresistas”, en su primer discurso, a Cristina K, ni se le ocurrió diferenciar dentro de la situación del campo a los pequeños productores y multimillonarios como los Grobocopatel. Mucho menos acordarse de los súperexplotados peones rurales y asalariados del campo que alcanzan la cifra de 1.300.000 trabajadores y de los cuales nadie habla. El gobierno K es así responsable de que los pequeños hayan corrido –equivocadamente- a abrazarse con la Sociedad Rural Argentina.

La disminución indiscriminada de las retenciones aumentaran aun más la inflación

Otro elemento contradictorio es cómo está cayendo el paro del campo y los cacerolazos entre la población trabajadora. En primera instancia, ha habido una primera reacción de simpatía.

Aquí se han combinado dos factores. Por un lado, ha decantado una bronca creciente contra el gobierno de Cristina K, que viene descargando golpes inflacionarios y poniendo topes salariales miserables (¡en muchos casos a palos!) sobre los trabajadores cómo ha sido la reciente lucha de los jóvenes trabajadores del Casino. A muchos les molesta la arrogancia de Cristina K y el carácter manifiestamente patronal que expresa su personalidad.

Otro hecho importante es qué todavía, entre la población trabajadora, no hay ninguna claridad sobre las consecuencias que tendría una reducción indiscriminada de las retenciones. La gran mayoría no sabe que se produciría un aumento en las mismas proporciones de los precios de la canasta básica. Tampoco la gente trabajadora tiene claro que los que conducen el paro agrario, son oligarcas, terratenientes y capitalistas tanto o más antiobreros y antipopulares que el propio gobierno K. La conveniente pantalla de los pequeños productores cortando las rutas, ha producido esa peligrosa confusión.

Aumenta la bronca de la población trabajadora con el gobierno K

Es en este marco donde, precisamente, se inscribe el discurso de Cristina K: el mismo cayó muy mal entre sectores mayoritarios de la población. ¿Por qué ha ocurrido esto si apareció como un discurso “progresista”?

Es que no solo hay hartazgo del creciente estilo soberbio y patoteril del gobierno K (no olvidar, repetimos, la cuestión de las patotas contra las huelgas de trabajadores como la reciente del Casino).

También está el hecho de que en su primer discurso, Cristina K, no tuvo un solo párrafo dedicado a los pequeños productores. Atacó al “campo” en general, como si fuera una entidad indiferenciada donde todos son “ricos”, cuando todo el mundo sabe que hay allí un arcoiris de situaciones muy distintas. Es que, contradictoriamente y por una lógica de clase, el gobierno no puede ir contra aquellos que –en el fondo- son los que le dan de comer: el pool sojero y demás grandes propietarios agrarios.

Y si en su segundo discurso (jueves 27) intentó ensayar un cambio en este sentido, la habitual duplicidad K debería poner en guardia en el sentido que lo más probable es que los acuerdos más profundos los termine anudando con la gente de la Sociedad Rural y no tanto con los pequeños productores.

Un programa obrero y popular

Dirigentes como D’Elía, Depetris y otros han salido a movilizar contra los cacerolazos. Estos sectores K pretenden hacer su repudio al paro del campo desde una ubicación de defensa cerrada, total e incondicional del gobierno.

No es eso lo que se necesita. Es que los problemas de los pequeños y medianos productores son reales. Y es también una realidad que el gobierno que ahora sufre el paro agrario, no tomó una sola medida contra el proceso de brutal concentración de la tierra y la renta agraria, en todos estos años.

Mucho menos, insistimos, ha habido política alguna para derogar el vergonzoso decreto que en plena dictadura militar (1980) despojó a los trabajadores asalariados del campo de todo derecho, dándose lugar a una situación en la cual prácticamente 1.000.000 de trabajadores lo hacen en negro; es decir en las peores condiciones que se puedan imaginar.

No es alineándose entonces con el gobierno K como se podrá dar una salida, tanto a los problemas de estos productores y de los asalariados del campo, como a la escalada de los precios y el desabastecimiento que se comienza a notar en carnicerías y verdulerías.

Hasta el momento, desde la izquierda obrera y socialista, no hemos logrado ponernos de acuerdo en un curso de acción común frente a la crisis que se ha abierto. Vergonzosamente, algunas expresiones de la “izquierda” están en un abierto curso derechista hipotecando la independencia política de los trabajadores apoyando el paro patronal.

Por esto, hay una necesidad impostergable de poner en pié un polo de crítica al gobierno K pero desde la izquierda y los trabajadores saliendo a las calles con una posición de clase e independiente delimitado tajantemente tanto del mismo gobierno como del paro agrario tal cual es hoy.

Porque lo que hace falta es impulsar incondicionalmente las luchas obreras contra la carestía de la vida, la esclavitud laboral de los asalariados de la ciudad y el campo, la miseria salarial y el techo salarial del gobierno K, así como la unidad de estos con los pequeños productores agrarios que rompan con la Sociedad Rural. Esto en la vía de impulsar las siguientes medidas:

1) Incondicional apoyo a las luchas de los trabajadores por aumento de salarios y condiciones de trabajo. Contra el techo salarial K, por paritarios electos en asamblea. Derogación inmediata del escandaloso decreto de la dictadura militar de esclavitud laboral de los trabajadores del campo.

2) Impuestos progresivos y retenciones diferenciales para los grandes propietarios, acopiadores y comercializadores del campo al tiempo que se ponen en marcha créditos baratos para los pequeños propietarios.

3) Control obrero y popular de precios y abastecimientos de los productos de primera necesidad.

4) Puesta en pié de un monopolio del comercio exterior bajo control de las organizaciones obreras y populares.

5) Expropiación sin pago de los grandes capitalistas del campo que osen acaparar y / o producir desabastecimiento en las ciudades.

En definitiva, un programa obrero y popular que apoye de manera incondicional las luchas obreras, liquide la gran propiedad agraria, de pasos en la socialización de la producción agraria y logre unificar a los pequeños productores con los trabajadores y el pueblo independientemente tanto del gobierno K como de la Sociedad Rural.

28 de marzo del 2008