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Declaración
del nuevo MAS
Hacen
falta impuestos progresivos, defender los derechos de los
asalariados rurales, la expropiación de los grandes
propietarios agrarios y la unidad de los pequeños
propietarios con los trabajadores y el pueblo
Ni
con el gobierno K, ni con la Sociedad Rural
El
paro del campo ha terminando abriendo una seria crisis
política en el gobierno de Cristina Kirchner. Es, de lejos,
la más importante desde que asumió. En las noches del
martes 25/3 y miércoles 26/3 todo el mundo pudo ver los
cacerolazos que ocurrieron en algunos barrios y ciudades del
país en respuesta al primer discurso de CFK. En esta
Capital, los realizados en Recoleta, Belgrano, Caballito y
Olivos fueron los que marcaron el tono social conservador
de los mismos. Si bien en otros casos –y en los mismos
cortes de ruta del interior– la composición de los
“caceroleros” es más contradictoria, no puede haber
dudas que la reacción proviene, mayoritariamente, de
sectores más o menos acomodados.
En
estos momentos, luego del segundo discurso –este conciliador-
de Cristina K, se está ensayando una “tregua”. No
puede haber dudas que -casi inevitablemente- cualquier
“acuerdo” al que se llegue impactará
negativamente en el bolsillo y condiciones de vida de los
trabajadores.
El
gobierno K es el responsable
Sin
embargo, el responsable político directo de toda esta
situación no es otro que el propio gobierno K. Es que,
en todos estos años, no ha movido un solo dedo para atacar
el monopolio de la propiedad y la renta agraria en
manos de los grandes pulpos del campo. Los grandes ganaderos
y los dueños de los grandes tambos quieren más subsidios.
Los poderosos del sector agrícola, como los monopolios de
la soja, quieren regatear el porcentaje de las retenciones.
Es una pelea entre tiburones: el gobierno y el sector
agrícola más acomodado que está comandando una medida de
fuerza que, por su programa, inevitablemente termina siendo reaccionaria.
Lo que se disputa es el reparto de la renta agraria
extraordinaria, más allá de que el gobierno pretenda
aparecer como “el representante de la población afectada
por la brutal escalada de los precios”.
La
FAA nada tiene que hacer con la Sociedad Rural
En
estas condiciones, los pequeños y medianos productores
(como los de la Federación Agraria Argentina), han sido
arrastrados por las organizaciones de esos grandes
pulpos (como la Sociedad Rural) detrás de un programa (la
disminución indiscriminada de las retenciones, entre otros
puntos), que tendría consecuencias muy graves para los
trabajadores y el pueblo. Se produciría un salto brutal
en los precios de los alimentos de mayor consumo popular.
Este
es el hecho: los pequeños y medianos productores están
poniendo el número en los cortes, detrás de un
programa que monopoliza la oligárquica Sociedad Rural.
¿Qué
hace, entonces, una entidad como la Federación Agraria
Argentina –que se reivindica de los pequeños y medianos
productores– a
la rastra de los intereses de los grandes tiburones del
campo? Es que de la mano de los grandes capitalistas,
pools y terratenientes agrarios, no hay como defender un
programa contra la “concentración de la tierra”. La FAA
se ha equivocado de aliado. Por esa vía, en su lucha contra
el gobierno K, va a un callejón sin salida.
Por
el contrario, la FAA debería tender un puente hacia los
sectores obreros y populares, rompiendo el desacertado
frente único que mantiene con la SRA y la CRA, y que sólo
favorece a ellas.
El
campo no es homogéneo
Claro
que nada de esto quita las responsabilidades del gobierno K
y su infame política agraria. La realidad es que ha
dejado correr o, mejor dicho, ha alentado la concentración
agraria, llevando a la ruina al pequeño productor y
engordando más que nunca a los pulpos del
“agronegocio”. Esta concentración cada vez mayor, hace
que las retenciones indiscriminadas afecten de lleno al
pequeño propietario, entregándolo atado de pies y manos
a los grandes patrones del campo.
Es
que, “paradójicamente”, el gobierno K –como en otros
terrenos de la economía nacional– venía siendo en el
campo el representante político de grandes capitalistas.
En este caso, de grandes empresarios agrarios sojeros
como los Grobocopatel. Estos monopolistas sojeros eran
conocidos por su afinidad con el gobierno K (e, incluso, con
Hugo Chávez en Venezuela), aunque ahora el aumento de las
retenciones acabó con esa prolongada luna de miel.
Por
eso, y siguiendo una lógica de clase clásica en este tipo
de gobiernos “progresistas”, en su primer discurso, a
Cristina K, ni se le ocurrió diferenciar dentro de la
situación del campo a los pequeños productores y
multimillonarios como los Grobocopatel. Mucho menos
acordarse de los súperexplotados peones rurales y
asalariados del campo que alcanzan la cifra de 1.300.000
trabajadores y de los cuales nadie habla. El gobierno K es
así responsable de que los pequeños hayan corrido
–equivocadamente- a abrazarse con la Sociedad Rural
Argentina.
La
disminución indiscriminada de las retenciones aumentaran
aun más la inflación
Otro
elemento contradictorio es cómo está cayendo el paro
del campo y los cacerolazos entre la población trabajadora.
En primera instancia, ha habido una primera reacción de
simpatía.
Aquí
se han combinado dos factores. Por un lado, ha decantado una
bronca creciente contra el gobierno de Cristina K,
que viene descargando golpes inflacionarios y poniendo topes
salariales miserables (¡en muchos casos a palos!) sobre los
trabajadores cómo ha sido la reciente lucha de los jóvenes
trabajadores del Casino. A muchos les molesta la arrogancia
de Cristina K y el carácter manifiestamente patronal que
expresa su personalidad.
Otro
hecho importante es qué todavía, entre la población
trabajadora, no hay ninguna claridad sobre las
consecuencias que tendría una reducción indiscriminada de
las retenciones. La gran mayoría no sabe que se
produciría un aumento en las mismas proporciones de los
precios de la canasta básica. Tampoco la gente trabajadora
tiene claro que los que conducen el paro agrario, son
oligarcas, terratenientes y capitalistas tanto o más
antiobreros y antipopulares que el propio gobierno K. La
conveniente pantalla de los pequeños productores cortando
las rutas, ha producido esa peligrosa confusión.
Aumenta
la bronca de la población trabajadora con el gobierno K
Es
en este marco donde, precisamente, se inscribe el discurso
de Cristina K: el mismo cayó muy mal entre sectores
mayoritarios de la población. ¿Por qué ha ocurrido esto
si apareció como un discurso “progresista”?
Es
que no solo hay hartazgo del creciente estilo soberbio y
patoteril del gobierno K (no olvidar, repetimos, la cuestión
de las patotas contra las huelgas de trabajadores como la
reciente del Casino).
También
está el hecho de que en su primer discurso, Cristina K, no
tuvo un solo párrafo dedicado a los pequeños productores.
Atacó al “campo” en general, como si fuera una entidad
indiferenciada donde todos son “ricos”, cuando todo el
mundo sabe que hay allí un arcoiris de situaciones muy
distintas. Es que, contradictoriamente y por una lógica
de clase, el gobierno no puede ir contra aquellos que –en
el fondo- son los que le dan de comer: el
pool sojero y demás grandes propietarios agrarios.
Y
si en su segundo discurso (jueves 27) intentó ensayar un
cambio en este sentido, la habitual duplicidad K debería
poner en guardia en el sentido que lo más probable es que los
acuerdos más profundos los termine anudando con la gente de
la Sociedad Rural y no tanto con los pequeños
productores.
Un
programa obrero y popular
Dirigentes
como D’Elía, Depetris y otros han salido a movilizar
contra los cacerolazos. Estos sectores K pretenden hacer su
repudio al paro del campo desde una ubicación de defensa
cerrada, total e incondicional del gobierno.
No
es eso lo que se necesita.
Es que los problemas de los pequeños y medianos productores
son reales. Y es también una realidad que el
gobierno que ahora sufre el paro agrario, no tomó una
sola medida contra el proceso de brutal concentración de la
tierra y la renta agraria, en todos estos años.
Mucho
menos, insistimos, ha habido política alguna para derogar
el vergonzoso decreto que en plena dictadura militar (1980)
despojó a los trabajadores asalariados del campo de todo
derecho, dándose lugar a una situación en la cual prácticamente
1.000.000 de trabajadores lo hacen en negro; es decir en
las peores condiciones que se puedan imaginar.
No
es alineándose entonces con el gobierno K como se podrá
dar una salida,
tanto a los problemas de estos productores y de los
asalariados del campo, como a la escalada de los precios y
el desabastecimiento que se comienza a notar en carnicerías
y verdulerías.
Hasta
el momento, desde la izquierda obrera y socialista, no hemos
logrado ponernos de acuerdo en un curso de acción común
frente a la crisis que se ha abierto. Vergonzosamente, algunas
expresiones de la “izquierda” están en un abierto curso
derechista hipotecando la independencia política de los
trabajadores apoyando el paro patronal.
Por
esto, hay una necesidad impostergable de poner en pié un
polo de crítica al gobierno K pero desde la izquierda y
los trabajadores saliendo a las calles con una posición de
clase e independiente delimitado tajantemente tanto del
mismo gobierno como del paro agrario tal cual es hoy.
Porque
lo que hace falta es impulsar incondicionalmente las
luchas obreras contra la carestía de la vida, la
esclavitud laboral de los asalariados de la ciudad y el
campo, la miseria salarial y el techo salarial del gobierno
K, así como la unidad de estos con los pequeños
productores agrarios que rompan con la Sociedad Rural. Esto
en la vía de impulsar las siguientes medidas:
1)
Incondicional apoyo a las luchas de los trabajadores por
aumento de salarios y condiciones de trabajo. Contra el
techo salarial K, por paritarios electos en asamblea.
Derogación inmediata del escandaloso decreto de la
dictadura militar de esclavitud laboral de los trabajadores
del campo.
2)
Impuestos progresivos y retenciones diferenciales para
los grandes propietarios, acopiadores y comercializadores
del campo al tiempo que se ponen en marcha créditos baratos
para los pequeños propietarios.
3)
Control obrero y popular de precios y abastecimientos de los
productos de primera necesidad.
4)
Puesta en pié de un monopolio del comercio exterior bajo
control de las organizaciones obreras y populares.
5)
Expropiación sin pago de los grandes capitalistas del campo
que osen acaparar y / o producir desabastecimiento en las
ciudades.
En
definitiva, un programa obrero y popular que apoye de manera
incondicional las luchas obreras, liquide la gran propiedad
agraria, de pasos en la socialización de la producción
agraria y logre unificar a los pequeños productores con los
trabajadores y el pueblo independientemente tanto del
gobierno K como de la Sociedad Rural.
28
de marzo del 2008
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