Buenos Aires domingo 20 de noviembre del 2016


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En pocas semanas se va a cumplir el primer año del mandato de Mauricio Macri. Se trata de un gobierno representante directo del empresariado y el imperialismo, que vino a llevar adelante el trabajo que el kirchnerismo no pudo completar. Estos intentaron enterrar las enseñanzas de la rebelión popular del 2001, pero no lograron normalizar íntegramente a la Argentina, no pudieron cerrar las secuelas de fondo del Argentinazo. La inestabilidad burguesa y la movilización social han sido características de todos estos años.

Macri expresa un cambio de orientación burguesa: una política de “libre mercado y apertura al mundo” que si en el terreno económico significa un duro ajuste anti-obrero y anti-popular, así como un renovado endeudamiento del país, políticamente asume un carácter reaccionario buscando llevar adelante un ataque en todos los frentes: desde el nivel de empleo y salario, hasta arremetidas en materia de los DD.HH., redoblar la privatización de la educación y la salud, colocándose, a la vez, en contra de los derechos de las mujeres, las minorías y la juventud.

Debido a su carácter de gobierno agente directo de CEOS y empresarios, la burguesía y el imperialismo han vuelto a soldar su unidad en torno a él. Luego de varios años en los que podía decirse que la patronal estaba dividida, la flor y nata del empresariado se regocija con Macri, quien gobierna en asociación con las grandes corporaciones industriales, financieras y extractivas. Y no es sólo el empresariado: la Iglesia Católica se ha transformado en un actor de primer orden para garantizar la gobernabilidad, así como la mal llamada “oposición política”; desde el Frente Renovador de Massa, pasando por los gobernadores del PJ, el kirchnerismo o el PS en Santa Fe. Todas las fuerzas políticas de los de arriba trabajan por la gobernabilidad facilitando que se lleven adelante los planes de ajuste, tanto a nivel nacional como en las provincias, mientras se garantizan su supervivencia como casta política privilegiada y agente del régimen burgués argentino.

Un actor fundamental en la gobernabilidad de Macri y su ajuste es la burocracia sindical, en primer lugar en su expresión cegetista, la más importante y decadente corporación sindical ajena a las necesidades obreras. El contenido real de la unificación de la CGT (ocurrida de espaldas a los trabajadores) ha quedado clara con la política traidora que ha llevado adelante este año: la entrega del paro general a cambio de un bono de fin de año y otras concesiones menores.

Se trata de un acuerdo vergonzoso que deja el salario real casi un 10% por debajo del de 2015 (la mayor caída salarial desde el 2002), que ha posibilitado que pasen 120.000 despidos formales sumados a aquellos que están en negro, mientras la burocracia permite que se cajonee el reclamo por la eliminación del impuesto al trabajo. Esto ha ocurrido a pesar de la enorme concentración del 29 de abril pasado que fue manipulada y traicionada porque no convocaron a ningún paro general aún sabiendo que el gobierno vetaría esa ley anti despidos insuficiente. Entregaron todo a cambio de la gobernabilidad burguesa y de garantizarse sus propios intereses de casta privilegiada a través de los fondos de las obras sociales.

En el caso de las dos CTA, convocaron con éxito a la Marcha Federal del 2 de septiembre pasado que llenó la Plaza de Mayo exigiendo un paro general y a otras medidas de menor envergadura. Aunque colocadas en la oposición al gobierno y críticas de la tregua de la CGT, no dejan de jugar un rol que las hace parte de la burocracia sindical no permitiendo la plena democracia ni la representación de minorías. Y en sus gremios fundamentales como estatales dejan pasar los despidos en el Estado y se vive una feudalización por peleas de aparato, y en sus gremios docentes firmaron paritarias a la baja y dejaron pasar la “evaluación educativa” sin llamar a ninguna lucha real.

Sin embargo desde abajo están creciendo las luchas, cuyo impulso y apoyo concreto es la primera tarea de las fuerzas que integramos este Frente. La bronca contra el gobierno y las patronales aumenta. Se inicia la experiencia con Macri entre los trabajadores y demás sectores populares. Una de las mayores expresiones de descontento, fueron los cacerolazos de junio pasado contra los aumentos de tarifas que lo hicieron retroceder al menos parcialmente, y derivó en la audiencia pública acotada y manipulada de septiembre pasado y una forma tramposa de aplicar los aumentos reduciéndolos inicialmente pero dolarizando la tarifa.

Hay paros nacionales de gremios empujados por sus bases, hay paros y movilizaciones sectoriales y regionales. Hay movilizaciones de algunos movimientos sociales que no se dejan conducir por el Vaticano y pelean en forma independiente. Incluso hay ocupaciones de algunas fábricas: un método histórico de lucha que debemos reivindicar y que tuvo su expresión en peleas históricas años atrás como la de los obreros mecánicos en Gestamp.

Por otra parte, el movimiento de mujeres vive un nuevo salto viniendo de un histórico Encuentro de miles de mujeres en Rosario y protagonizando el primer “paro de mujeres” en la historia del país en repudio a los femicidios, con una enorme movilización ese día a Plaza de Mayo y a otras plazas del país, mientras ya se prepara un paro internacional el próximo 8 de marzo, a la par que impulsaremos una gran jornada nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, reclamo que nuestras fuerzas apoyan en oposición a la iglesia y sus cómplices políticos.

También se muestra más activo el movimiento estudiantil, como se pudo apreciar en la rebelión educativa contra el ajuste en la educación, en las movilizaciones a La Plata de miles de estudiantes de Buenos Aires por el boleto educativo, en la participación de miles de mujeres jóvenes en las acciones del movimiento de mujeres y en los centros de estudiantes que comenzamos a recuperar desde la izquierda o donde crecimos en votaciones y representación.

Lo concreto es que más allá de las intenciones reaccionarias de Macri, las relaciones de fuerzas no han sido modificadas. Hubo casos de represión a las luchas en varias provincias del interior como Tierra del Fuego y otras, pero el protocolo anti protesta no ha podido ser aplicado y este 2016 fue un año de una gran cantidad de luchas y movilizaciones, con sectores que han superado con lucha las ofertas salariales del gobierno. Con Macri el desempleo creció, pero todavía no de manera cualitativa, una nueva generación obrera viene haciendo sus experiencias en las fábricas luego de la recuperación de los planteles en la década pasada. Está en desarrollo un proceso de recomposición obrera que combina un fuerte proceso antiburocráticos y algunos clasistas, que están presentes como uno de las experiencias más estratégicas entre los de abajo.

Es este contexto el que coloca la necesidad de la unidad de acción para derrotar a Macri. No hay tarea más importante que derrotar el ajuste y los ataques reaccionarios del gobierno nacional y los provinciales llevando adelante los mayores esfuerzos unitarios en la movilización. Aquella fuerza que desde la izquierda subordine la unidad en las calles a cualquier componenda externa a la lucha misma, sigue una orientación equivocada: sectaria por su forma, oportunista por su contenido.

Esto no significa abrir expectativa alguna en ningún sector burocrático. Significa solamente la elemental exigencia de unir en la acción a todos aquellos que estén dispuestos a dar pasos prácticos reales en la lucha por derrotar a Macri y su gobierno, manteniendo la exigencia de paro nacional y plan de lucha debatido y decidido en la base, el impulso de la democracia de las bases en oposición a la vieja burocracia corporativa, y el apoyo a los nuevos activistas, delegados y dirigentes que van surgiendo.

Por un proyecto de izquierda, socialista y de independencia de clase

La izquierda argentina vive un proceso de enorme riqueza. Se ha ido fortaleciendo, acumulando inserción entre los trabajadores, el movimiento de mujeres y la juventud. Incluso ha logrado éxitos políticos y electorales y tiene una enorme militancia en todo el país. Sin embargo, la división de la izquierda sigue siendo un problema real y en ese contexto lamentablemente el “Frente de Izquierda y de los Trabajadores” ha venido actuando como un permanente factor de división. Por un lado en las luchas y por otro en el plano político-electoral.

Insólitamente, teniendo la posibilidad de convocar a un gran plenario del sindicalismo clasista y antiburocrático, una vez más este año ha impedido la realización del mismo por sus peleas internas y de aparato que frustraron el Encuentro de Racing, que hubiera podido dar una referencia clasista unificada para todos aquellos sectores enfrentados a la burocracia sindical. A diferencia de esa actitud, quienes conformamos este frente seguimos proponiéndoles a todas las corrientes clasistas que avancemos a organizar un evento unitario de ese tipo.

En otras expresiones de la lucha como el movimiento de mujeres o estudiantil, también el FIT viene actuando para dividir y no para unir. Esto no es algo nuevo ni que decimos solamente nosotros: es una opinión compartida por importantes sectores de vanguardia y el activismo, cansados de tanta autoproclamación.

En el terreno electoral el FIT se ha cortado solo, negándose a la unidad con fuerzas de la izquierda como las nuestras y otras que se reclaman anticapitalistas. Para esto se ampara vergonzosamente en la cláusula proscriptiva de la ley electoral vigente, y así monopolizar artificialmente la representación de la izquierda. Se adapta a la democracia burguesa y no combate el antidemocrático régimen electoral que introdujera el kirchnerismo y defienden las fuerzas patronales. Un régimen electoral que apunta estratégicamente a proscribir a la izquierda y que deberíamos enfrentar y denunciar en unidad.

De ahí que los múltiples llamados unitarios que le hemos hecho -por separado ambas organizaciones- a dicho frente, nunca hayan tenido respuesta. Incluso ahora mismo, anticipándose a la apertura de la coyuntura electoral, el FIT ha vuelto a cortarse solo convocando en Atlanta a un acto a puertas cerradas dejando afuera todo el resto de la izquierda.

Convocamos entonces a fortalecer este nuevo frente. A las y los trabajadores, a las integrantes del movimiento de mujeres, a la juventud en general, a las demás organizaciones y grupos de izquierda que compartan en lo esencial estas bases políticas y programáticas, los invitamos a sumarse para construir juntos en las luchas cotidianas y en las elecciones, un gran Frente de  Izquierda y Socialista. En sentido opuesto al carácter cerrado del FIT, nuestro frente parte de tener un criterio abierto a la incorporación y aporte de otros sectores en base a acuerdos programáticos.

La pelea por la independencia política de los trabajadores y por construir una gran herramienta política de la izquierda, que se juegue a cambiar todas las bases políticas, sociales y económicas del sistema con un gobierno de los trabajadores y el pueblo, es una lucha histórica de la izquierda en nuestro país que no puede ser reducida sólo a una de las expresiones de la misma. Por eso en la coyuntura creada por el nuevo gobierno de Macri, elegimos privilegiar este paso unitario basado en importantes acuerdos políticos que permiten poner en pie un nuevo Frente de la izquierda socialista para dar esta pelea. Lo hacemos pese a tener importantes matices y diferencias políticas entre nuestras organizaciones, una realidad que se debe asumir mediante debates democráticos, en el marco de la experiencia común en la lucha de clases y en la construcción de este frente.

La construcción de acuerdos unitarios en la izquierda es parte de una pelea que es fundamental, en la medida que la crisis sistémica del capitalismo, se combina con la crisis y retroceso del populismo latinoamericano, de los llamados progresismos y los nacionalismos  (el chavismo, el lulismo y el kirchnerismo), se ha creado una vacancia política mientras crecen entre las nuevas generaciones la experiencia concreta contra un capitalismo decadente y se retoman ideas y debates sobre el socialismo. Razón por la cual este nuevo frente apoya desde Argentina a los trabajadores, las mujeres y la juventud que en todo el mundo luchan contra el imperialismo y los gobiernos capitalistas y sus cómplices políticos y sindicales.

Porque somos conscientes de los desafíos y responsabilidades crecientes de la izquierda en Argentina es que no queremos seguir peleando por separados contra la ley proscriptiva del régimen patronal, ni en otros terrenos de la lucha contra los partidos del sistema. Una convicción de lucha y un elemental derecho democrático nos asiste para estrechar fuerzas. Vemos esta posibilidad de unidad electoral entre nuestras fuerzas, como una oportunidad para quebrar el piso proscriptivo y aportar a la unidad de todas aquellas fuerzas que estamos por transformar la sociedad en base a la movilización obrera y popular y a la organización política de las y los trabajadores y los sectores populares.

A la vez, pese a las diferencias que tenemos con el FIT, conformamos este nuevo Frente de Izquierda y Socialista abiertos a una discusión franca entre los dos frentes de la izquierda argentina para una intervención común, tanto en las luchas como en la pelea política y electoral contra todas las variantes del régimen y el sistema.

 

Por el Nuevo MAS                                   Por el MST-Nueva Izquierda

Manuela Castañeira                                           Alejandro Bodart

Ernesto Aldana                                                 Sergio García

Martín Gonzalez Bayon                                     Guillermo Pacagnini

 

Buenos Aires domingo 20 de noviembre del 2016

 

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