El cacerolazo reaccionario

Hay que poner en pie una alternativa realmente independiente desde la clase obrera, opuesta tanto a los K como a la oposición reaccionaria

 

Crisis de la política sin principios del FIT

 

El jueves pasado se produjo un amplio cacerolazo contra el gobierno de Cristina. Sus dimensiones sorprendieron a sus mismos organizadores. Pero esta masividad no pudo negar lo restringido de su composición social. Emergió desde los barrios mas “chetos” de la Capital, del norte del Gran Buenos Aires y de distintas ciudades del interior del país. Fue esencialmente una “movilización” de sectores de clase media alta.

Como las marchas de Blumberg y, sobre todo, como la coalición sojera del 2008, se trata nuevamente de una manifestación reaccionaria y conservadora de los sectores pudientes de la sociedad, que salen a protestar en defensa cerrada de sus intereses inmediatos.

Sin embargo, hay sectores sociales más amplios que han simpatizado equivocadamente con el cacerolazo. Esto se debe, por un lado, al relativo deterioro de la situación económica y de la popularidad del gobierno.

Pero, por el otro lado, el factor fundamental es que no existe un polo alternativo al gobierno desde la clase trabajadora y a la izquierda. No hay grandes luchas obreras y la dividida burocracia sindical capitula a uno u otro bloque político patronal, oficialista u opositor.

Por esos motivos, hay sectores populares confundidos que, aunque no participaron, miraron con simpatía a esta movilización "opositora" pero socialmente de privilegiados y políticamente archireaccionaria.

En medio de la crisis mundial más grave desde la Gran Depresión del siglo pasado, el arbitraje capitalista del gobierno de Cristina molesta a muchos sectores de la gran burguesía y de la clase media alta. El arbitraje del gobierno se hace, sin ninguna duda, en beneficio de los intereses generales del capitalismo argentino. Pero este arbitraje se ve obligado a tocar algunos intereses particulares (por ejemplo, la administración del dólar, poner algún freno a la evasión fiscal y la fuga de divisas, etc.) Pero la "solución" de estas contradicciones por parte de los sectores que están detrás de la convocatoria al cacerolazo, es la vuelta a los buenos tiempos del neoliberalismo salvaje.

Lo del dólar y otras medidas "estatistas", es un motivo importante del "malestar cheto". Pero no es la razón política principal: la fundamental tiene que ver con el temor al continuismo del régimen "populista" actual. Concretamente: una posible reforma de la Constitución consagraría los principales elementos del modelo y, sobre todo, podría habilitar la re-reelección de Cristina.

Desde el Nuevo MAS rechazamos, como lo hicimos en el 2008 en la pelea entre el gobierno y los “sojeros”, a ambos bandos burgueses. Esto es de principios para las corrientes socialistas revolucionarias.

Por eso, es una vergüenza que corrientes del FIT, como Izquierda Socialista (IS), se declaren a favor de una jornada organizada ostensiblemente por de Narváez, Cariglino y el Peronismo Federal, con la colaboración de Macri y la promoción desenfrenada del grupo Clarín y La Nación. Izquierda Socialista, en el 2008, mezcló sus banderas con la Sociedad Rural en el acto de los “sojeros” en Palermo, presidido por el gorila Biolcati. Hoy vuelve a las andadas.

También es una vergüenza la capitulación apenas disimulada de sectores de la llamada "izquierda independiente" a los planes continuistas y de "capitalismo administrado" de los K, política que permitió reabsorber –en sentido capitalista– la rebelión popular del 2001, y cooptar a la flor y nata de los movimientos de lucha.

Por un tercer polo obrero y popular en la política nacional

La política revolucionaria sólo puede ser la de movilizar y poner en pie un tercer polo en la política nacional: el polo de la independencia de clase frente a todas las variantes patronales, el polo de las luchas desde abajo de la clase obrera. Esa es la tarea actual de los revolucionarios.

Es en este sentido que, lamentablemente, los proyectos puramente electoralistas como el FIT (Frente de Izquierda y de los Trabajadores), se vienen derrumbando a pasos acelerados bajo las presiones de la lucha de clases. Después de las elecciones del año pasado, no ha habido un solo tema importante de la agenda política nacional y del movimiento obrero en la que el FIT y sus integrantes hayan actuado unidos. Son los limites del electoralismo sin principios que no se basan en criterios políticos y de clase, sino en arreglos de mini-aparatos para lograr algún "poroto" electoral o sindical.

Dos ejemplos de esto son el desastre de dividir al activismo y a la izquierda frente a Pedraza en las elecciones de la Unión Ferroviaria [1] y, ahora, las posiciones diametralmente opuestas que se expresan en el FIT ante a la oposición burguesa reaccionaria expresada en el cacerolazo.

El Nuevo MAS reitera la posición asumida cuando el conflicto del 2008 entre el gobierno y los “sojeros”, de absoluta independencia de clase frente a ambos bandos burgueses y por la recomposición del movimiento obrero. Ni el gobierno kirchnerista, ni la oposición “cheta” y reaccionaria que salió el jueves a golpear cacerolas, pueden ser una opción para los trabajadores. Es necesario un tercer polo de la clase obrera y los sectores populares.

 

 

Comité Ejecutivo, sábado 15 de septiembre del 2012